Soy Plural

The word "literature" has different meanings depending on who is using it. It could be applied broadly to mean any symbolic record, encompassing everything from images and sculptures to letters.

Thursday, February 20, 2014

 
Capítulo 2.
Consecuencias de las violaciones
de derechos humanos en Colombia
Impactos en la vida de las mujeres

81
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Introducción 83
I. Impactos de la violencia en las mujeres 84
- El mayor impacto de la pérdida de seres queridos: ejecuciones 86
extrajudiciales y desapariciones forzadas
- Relación entre las violaciones sufridas y las consecuencias en las mujeres 87
II. Vivir en medio del miedo 88
- Ese miedo que nos quedó sembrado en el alma 88
- La muerte inminente 90
- El terror ejemplificante 91
- La extensión de la amenaza: incertidumbre y sin sentido 93
- El territorio como fuente de peligro 96
- Las secuelas del miedo 99
- La ruptura de vínculos sociales 101
- La familia como objetivo 104
- No como mujer sino como mamá 105
- El miedo en niños y niñas 109
- Enfrentar el miedo 111
- No hablar, no denunciar 112
- Borrar las huellas 114
- Manejo de las amenazas 116
- Relación con las instituciones y exigibilidad de derechos 117
- El miedo frente al retorno 118
III. Procesos de duelo. Haciendo frente a las pérdidas 120
- Procesos de duelo alterados 121
- En la desaparición forzada 124
- Sin poder expresar el dolor 126
- Imposibilidad de recoger o identificar los cuerpos 128
- La alteración de los rituales 129
- El duelo entre las crueldades 136
- El manejo del impacto del duelo 138
- La relación con los ausentes 139
- Explicaciones sobre la muerte y la desaparición 141
- El duelo en el destierro 142
IV. El impacto que no puede quedar atrás 142
- Reexperimentar el horror 143
- No dejar de pensar 144
- El sueño que deja de serlo 147
- Testigas de la violencia 149
82
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
- Buscando un porqué 151
- Camino a la afectación de salud 152
- Tratando de enfrentar la situación 153
V. Tristeza e impotencia en el contexto de impunidad 155
- El fin de una vida 156
- Llorar en silencio 160
- ¿Hay un camino para salir de aquí? 162
VI. El impacto en los proyectos de vida 164
- ¿Qué realidades vivía antes de los hechos de violencia? ¿Quién eras? 164
- Se quebró la vida 167
- El proyecto de cambio social 168
VII. Indignación frente a la injusticia 173
- La injusticia de la guerra 173
- Nunca nos iba a tocar 175
- Entre la responsabilidad y el buen nombre 177
- El manejo de la rabia 179
- El maltrato del Estado: necesidad de reconocimiento 187
- Injusticia en el trato a victimarios y víctimas 190
- Un desafío para el futuro 191
VIII. Los sentimientos del sin sentido 192
- La culpa en la búsqueda de sentido 192
- Mirando hacia atrás 194
- Culpabilizando a las víctimas 197
- Falta de respuesta del Estado como fuente de culpabilidad 200
IX. Impactos en la salud de las mujeres 202
- La vida enferma 202
- Alto estrés permanente y problemas de salud 206
- Dejar de comer 210
- Los dolores que no se pueden expresar 211
- Las secuelas de la violencia indiscriminada y masiva 213
- Hospitalizaciones 216
- Nivel de atención y salud integral 219
83
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Introducción
Yo pensaba que el hombre no era capaz de hacer tanta maldad. Bajo Atrato, Chocó,
1998, P.139.
En este apartado se analizan las consecuencias que las violaciones de derechos humanos
y la violencia contra las mujeres han tenido en sus vidas. El análisis del impacto de la
violencia es parte de lo que nos acerca a la experiencia de las víctimas. Las violaciones
de derechos humanos no pueden ser consideradas como una epidemiología de los hechos,
donde se contabilizan los muertos o las violaciones de derechos humanos como una estadística
del horror. Todos esos hechos son vidas truncadas, dolores e impactos que deben
ser escuchados para tratar de entender el alcance y las secuelas que esa violencia ha dejado
en las mujeres víctimas y sus familias y comunidades.
Se analizan el impacto del miedo como consecuencia de la violencia sufrida y las estrategias
de terror utilizadas en la guerra y la represión política, con una grave afectación a la
población civil y especialmente a las mujeres.
Las víctimas más afectadas según este estudio con aquellas que han perdido a sus seres
queridos. Un capítulo aborda los desafíos y consecuencias de estos procesos de duelo
alterados desde el inicio por el carácter traumático y súbito de la muerte violenta o la
desaparición forzada, su carácter intencional y el bloqueo de muchas de las formas en que
las mujeres, sus familias y comunidades han construido en la historia para llevar a cabo
esos procesos.
Más adelante se abordan las consecuencias de los hechos traumáticos en las mujeres, el
impacto de la tristeza y el dolor, los impactos traumáticos que suponen experiencias de
ruptura de la propia existencia y numerosos problemas como recuerdos traumáticos y
afectaciones psicosociales consecuencia de la pérdida, la tortura o el desplazamiento. Se
abordan también cómo los proyectos de vida de las mujeres quedaron truncados como
consecuencia de la violencia sufrida.
Los sentimientos de injusticia y culpa por lo sucedido son otras afectaciones con un fuerte
impacto psicosocial en las mujeres y su entorno. Dichas consecuencias deben ser entendidas
reacciones normales frente a las experiencias anormales y extremas vividas por las
mujeres, pero también nos hablan de la importancia de encontrar un sentido a los hechos,
de la dignidad de las víctimas y de la necesidad de reconocimiento y justicia.
Por último se analizan los impactos en la salud de las mujeres. Las secuelas de la violencia
se inscriben en el cuerpo de las mujeres dándose numerosas afectaciones a su salud
como consecuencia directa de los hechos el empeoramiento de sus condiciones de vida.
Dichos impactos tienen secuelas a largo plazo que se siguen dando años después y muestran
la importancia de los programas de atención en salud para las víctimas. Además,
junto con eso se analizan los problemas graves de salud mental que se han dado en una
minoría importante de las mujeres entrevistadas.
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La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
I. Impactos de la violencia en las mujeres
Ocho de cada diez mujeres que dieron su testimonio señalaron el enorme impacto afectivo
que tuvieron los hechos. También en la misma medida el gran impacto económico,
en sus condiciones materiales de vida (80.73%; n=754). Casi en la misma medida, las
mujeres señalaron que sus proyectos de vida se habían visto truncados (76.45%; n=714) y
un grave deterioro en las condiciones de vida (74.52%; n=696). Además, más de la mitad
de las mujeres vieron afectadas sus condiciones sociales (53.43%; n=499).
Con la situación que sucedió pues la vida mía cambio mucho porque, perdí parte
de mi trabajo de tantos años y también mi cuerpo deprimido, de no haber podido
alcanzar mis metas propuestas debido a la violencia. Riosucio, Chocó, 1991,
P.496
Cambió todo totalmente, todo, todo, cambié psicológicamente, socialmente, porque
ya yo no soy la misma persona que era anteriormente, en todo cambié, económicamente
todo. Samaniego, Nariño, 2001, P.437
Casi la mitad de las mujeres expresaron que la violencia tuvo consecuencias sobre su rol
en la vida pública o privada (48.72%; n=455), y en su identidad como mujeres (47.22%;
n=441). Este fuerte impacto señalado muestra las consecuencias no solo en su estado de
ánimo o su situación económica, sino en su identidad, la percepción de sí mismas o su
vida en relación.
Las consecuencias en la salud han sido también muy frecuentes. Más de la mitad de las
mujeres entrevistadas expresaron haber tenido alteraciones en la alimentación como pérdida
de apetito o insomnio (61.78%; n=577), dificultades para conciliar el sueño o pesadillas.
Las secuelas personales más importantes son pues las consecuencias en la salud. Los
problemas de salud se señalaron de forma grave en cinco de cada diez mujeres, correspondiendo
a enfermedades relacionadas con la experiencia de violencia vivida (46.04%;
n=430) y un empeoramiento de la situación de salud como consecuencia. Una de cada
tres tuvo dolores físicos inmediatos como consecuencia de las violaciones sufridas tales
como tortura y agresiones físicas (29.44%; n=275), pero a largo plazo las secuelas en la
salud fueron más graves, siendo señaladas por cuatro de cada diez mujeres con dolores
crónicos (39.72%; n=371).
El empeoramiento en la situación de salud en algunos casos llevó a que una de cada
cinco mujeres tuviera que ser hospitalizada (19.49%; n=182). Además, las consecuencias
en la salud conllevaron discapacidades físicas o sensoriales en un 12.85% (n=120),
un 7.07% (n=66) refirió heridas y un 4.18% (n=39) fracturas causadas por la violencia.
Casi una de cada diez, un 9% (n=83) expresó adicciones relacionadas con la experiencia
vivida.
Respecto su vida y salud sexual, casi una de cada tres mujeres víctimas describe un fuerte
impacto sobre su sexualidad (28.91%; n=270), como consecuencia de las violaciones de
85
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
derechos humanos. Si bien la frecuencia de violencia sexual es menor (13.2%; n=123) estos
datos muestran el fuerte impacto de otras violaciones de derechos humanos, el duelo,
estrés y sufrimiento vivido por las mujeres en su sexualidad.
Más de cuatro de cada diez mujeres refirieron separación y abandono como consecuencia
de la violencia sufrida (41.86%; n=391) que ha tenido secuelas a largo plazo. Los impactos
negativos en su situación social conllevaron una fuerte estigmatización social en casi
cuatro de cada diez víctimas (37.69%; n=352).
Respecto al impacto en la actualidad más de seis de cada diez mujeres expresaron sentirse
todavía emocionalmente muy afectadas (63.60%; n=594), lo que muestra el impacto a
largo plazo de la violencia y las secuelas psicosociales. Así mismo estos datos refuerzan
la necesidad de contar con mecanismos de apoyo psicosocial a pesar de que hayan pasado
varios años desde los hechos sufridos.
Con el conjunto de las consecuencias descritas se realizó un análisis factorial que agrupó
las respuestas en 3 factores29. Estas agrupaciones muestran cómo se asocian las consecuencias
en los testimonios de las víctimas.
El primer factor incluye las consecuencias socioafectivas y en el proyecto vital, y es referido
por el 91.6% (n=856) de las mujeres. En dicho factor se asocian las condiciones
afectivas, económicas y en su proyecto de vida. Las consecuencias que conllevaron un
deterioro en las condiciones de vida, y en sus consecuencias en su rol como mujeres, en
la esfera pública o privada.
El segundo factor, más centrado en consecuencias específicas como mujeres incluye el
impacto en la sexualidad, la identidad de género, la estigmatización y la soledad o el
abandono, y fue referido por un 74% (n= 691) de las mujeres.
Finalmente, el tercer factor hace referencia a consecuencias en la salud y en el cuerpo de
las mujeres que conllevó tanto lesiones físicas producidas por las violaciones de derechos
humanos, y que en ocasiones requirieron de hospitalizaciones, como las consecuencias
en la salud y enfermedades que han condicionado y lastrado sus vidas. Este tercer factor
fue mencionado por un 79.3% (n=741) de las mujeres.
29 Los tres factores realizados con la rotación varimax explicaron el 46.27% de la varianza. El primer factor
explica el 26.37% de la varianza, el segundo factor el 12.10%, y finalmente, el tercer factor el 7,78%. Ver
tabla II en el anexo.
86
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Impactos de las violaciones de los derechos humanos contra las mujeres
Consecuencias
socio-afectivas
y proyecto de vida
Impactos específicos
como mujer
Consecuencias
en la salud
y el cuerpo
Condiciones afectivas Estigmatización social Hospitalizaciones
Condiciones económicas Identidad como mujer Discapacidad física
o sensorial
Se trunca el proyecto de vida Sexualidad Heridas
Deterioro en las condiciones
de vida
Separación familiar
abandono
Fracturas
En las condiciones sociales Dolores crónicos
Consecuencias en vida
pública o privada
Adicciones
Enfermedades
91.6% 74% 79.3%
El mayor impacto de la pérdida de seres queridos: ejecuciones
extrajudiciales y desapariciones forzadas
Para ver la relación entre las diferentes formas de violencia con las secuelas producidas,
se cruzaron las violaciones sufridas por las mujeres con los factoriales de las consecuencias
señalados anteriormente. Este análisis muestra el mayor impacto de las violaciones
del derecho a la vida y sus mayores secuelas en la vida de las mujeres.
La pérdida violenta de seres queridos (r=.095) supone tener más consecuencias en el
plano socio-afectivo y del proyecto vital, comparativamente con las otras violaciones.
También supone sufrir más consecuencias específicas como mujer, en su sexualidad e
identidad de género, así como de estigmatización o separación familiar o aislamiento social,
que se relacionan con tener familiares asesinados (r= .082) o desaparecidos (r= .116).
Igualmente, un mayor impacto en la salud y el cuerpo de las mujeres se asocia con tener
familiares asesinados (r= .141) o desaparecidos (r= .082), que supone la mayor pérdida
traumática. Finalmente, la percepción de estar todavía en la actualidad emocionalmente
muy afectadas (63.60%) se da más en las mujeres que tienen familiares asesinados (r=
.135) o desaparecidos (r= .065). Es decir, las ejecuciones extrajudiciales y desapariciones
forzadas son las violaciones de derechos humanos con mayor impacto y en todas las áreas
de vida de las mujeres.
87
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Relación entre las violaciones sufridas y las consecuencias en las mujeres
Por otra parte, se cruzaron los dos factoriales (violaciones e impactos) o formas de agrupar
tanto los hechos violatorios como las consecuencias en las mujeres.
La comparación global de las violaciones con las consecuencias sufridas mostró que
el mayor impacto socioafectivo y en el proyecto de vida se relaciona con haber sufrido
violaciones asociadas al primer factor de hostigamiento y destrucción (atropellos,
amenazas, vigilancia o requisas) (r= .218). También dicho impacto se relaciona con
haber mostrado más consecuencias en los otros dos niveles, tanto en el plano físico de
secuelas en la salud y el cuerpo (r =. 353) como en el efectos específicos como mujer
(r =. 359).
Más consecuencias específicas como mujer, en su sexualidad e identidad de género, así
como de estigmatización o separación familiar o aislamiento social se relaciona con haber
sufrido hostigamiento y destrucción asociadas a atropellos, amenazas, vigilancia o
requisas (r=. 203), torturas (r= .160) o violaciones contra el derecho a la vida (r= .098).
Es decir, las consecuencias como mujer están ligadas al conjunto de las violaciones de
derechos humanos sufridas. También las consecuencias y efectos como mujer están relacionadas
con más consecuencias en el plano socio-afectivo (r= .359) o físico (r= .330), lo
que significa que se asocian las secuelas en el cuerpo y enfermedades a las consecuencias
y efectos como mujeres.
Igualmente, un mayor impacto en la salud y el cuerpo de las mujeres se asocia también
con haber sufrido hostigamiento y destrucción y las violaciones asociadas a atropellos,
amenazas, vigilancia o requisas (r=. 186), torturas (r= .164) o violaciones al derecho a la
vida (r= .141) y con más consecuencias en los otros planos ya descritos. Es decir, también
dichas consecuencias en la salud y el cuerpo se asocian al conjunto de las violaciones
descritas, reafirmando la importancia de dichas consecuencias en la vida de las mujeres.
Finalmente, estar todavía en la actualidad emocionalmente muy afectada (63.60%) se
relaciona con el hostigamiento y destrucción de haber sufrido violaciones asociadas a
atropellos, amenazas, vigilancia o requisas (r=. 126), torturas (r= .116) o violaciones
contra el derecho a la vida (r= .098).
También las mujeres que se encuentran emocionalmente más afectadas en la actualidad
refieren más consecuencias socioafectivas en sus vidas (r= .302) y en la identidad como
mujeres (r= .373) y en el plano de la salud y el cuerpo (r= .295).
Asimismo, se encontró una correlación negativa entre haber sido desplazada y estar en
la actualidad aun emocionalmente afectada (r= -.092), lo que parece indicar una mejor
situación emocional en las mujeres desplazadas que fueron entrevistadas para el estudio
que el resto de las mujeres que siguen viviendo en medio de la violencia.
88
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
II. Vivir en medio del miedo
Me tocaba dormir en la casa de los vecinos por el miedo, porque amanecía la casa
con un poco de flores y me decían que me iban a matar. Entonces yo desplacé a
mis hijos. Saravena, Arauca, 1996, P.137.
Ese miedo que nos quedó sembrado en el alma
El impacto más repetido en los testimonios de las mujeres es el miedo. Un miedo permanente
a consecuencia de los eventos violentos o de las situaciones asociadas con el
conflicto y presentes en los territorios que habitan. Un miedo que se asocia a la desesperación,
la angustia y la impotencia frente a una situación incontrolable que amenaza y
golpea sus vidas.
Un desespero, angustia de no poder hacer nada para devolverle la vida a alguien
que uno quiere, ese dolor se queda mucho tiempo en el pecho y los sustos, porque
por cualquier cosa uno está alerta de pensar que van a colocar otra bomba en
cualquier parte. La Hormiga, Putumayo, 1998, P.548.
Ser testigo de los hechos o del dolor de otras mujeres y familias, hizo que en muchas
comunidades con casos de ejecuciones extrajudiciales o desapariciones forzadas, la extensión
del dolor llevara a una situación de terror.
Pues duro para mí, eso es una cosa dura que uno mirar los vecinos, las mamás llorando,
cosa aterradora, entonces yo seguí otra vez, tres años más aguantando…
San Antonio Getuchá, Caquetá, 2000, P.549.
Uno de los impactos más negativos del miedo es la inseguridad permanente que supone
en la vida de las víctimas. Después de sufrir hechos traumáticos, el miedo a la posibilidad
de nuevas amenazas y violaciones se cierne sobre la vida de las víctimas. En las
comunidades directamente afectadas por el conflicto armado, en ningún caso las mujeres
señalaron contar con medios de protección o defensa del Estado. Más bien el Estado se
convirtió en parte del problema considerándolas bajo sospecha o como parte del enemigo.
O alguien ausente frente a la dinámica marcada por quienes controlaban el territorio o
hacían incursiones en las comunidades.
Uno queda como marcado de uno sentirse así, como ya los veía a ellos o veía un
grupo y ya no se sentía seguro, por eso fue que más bien cerré los ojos y me vine
de por allá. Corregimiento Belén de Bajirá, Antioquia, 1992, P.19.
El sentimiento de inseguridad se traduce en aislamiento. Mantenerse lejos de todo y de
todos es un indicador del nivel de terror sufrido, lo que hizo que las mujeres dejaran de
participar en actividades de la vida comunitaria o en organizaciones sociales.
89
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Yo ya no me sentía muy segura, estaba en un grupo por ejemplo y ya tenía miedo
siempre me quería ir por miedo, como que uno tiene algo de persecución. No me
sentía estable en ninguna parte, empecé a decaer, uno como que no estaba en ninguna
parte, no quería salir. Corregimiento Belén de Bajirá, Antioquia, 1992, P.19.
Esa percepción de vulnerabilidad extrema se traduce en las mujeres en una vivencia de
mayor riesgo por el hecho de ser mujeres.
Al ser mujer piensas que te van a hacer más daño o que eres más vulnerable a que
te hagan más daño. Creo que esa afectación emocional fue fuerte para esa época.
Popayán, Cauca, 2006, P. 309.
A mí me da hasta temor la violencia social, de que te roban en la calle también. Es
impresionante. Este país, para nosotras las mujeres, resulta muy inseguro, en toda
parte… A raíz de eso, como que, yo siento temor, como que todo el tiempo estoy
como insegura en la calle. Solo uno se siente seguro en su casa, y se encierra, pero
el tema no es encerrarse. Vereda el Manco, Huila, 2005, P.874.
Las reacciones corporales, el sentimiento de angustia y nerviosismo permanente, interfieren
también en cualquiera de las cosas que nos hacen sentir bien o recuperarnos en la
vida. Los afectos, la alimentación, el descanso o el sueño se vieron interrumpidos en la
mayor parte de los casos. Estos impactos del miedo y la sensación permanente de incertidumbre,
suponen un estado de alerta siempre presente en los testimonios de las mujeres
afectadas.
No dormía, no comía bien sino que yo era inquieta, los nervios, la niña herida
de los nervios, el niño. Me sentía muy intranquila, todo me tenía intranquila por
lado y lado. Y yo lo mismo, sin saber qué me iba a pasar. Puerto Berrio, Antioquia,
1999, P.21.
Muchos nervios, paralizada dormida, como encalambrada, como entumecido el
cuerpo. ¡Una cosa más maluca! Yo no sé. Puerto Berrio, Antioquia, 1999, P.21.
Otro de los impactos vinculados con el miedo es el sentimiento de persecución, la sensación
de que en cualquier momento pueden suceder de nuevo actos de violencia y un
estado de alerta permanente. Esa alerta, que es un mecanismo de protección frente al peligro,
pierde su función defensiva cuando se convierte en un estado tal que genera enormes
consecuencias negativas en la salud y la vida de las mujeres. Un tiempo especialmente
vulnerable en los relatos de las mujeres es la noche, que pasa así de ser un tiempo de descanso
y recuperación, a convertirse en fuente de tensión permanente. El lugar de la vida
convertido en territorio del miedo
Mi hija venía en embarazo y ella se mantenía asustada y preocupada, nerviosa.
A veces ni dormíamos porque nos daba miedo que de pronto llegaran a tocar la
puerta. Barrio Miraflores, San José del Guaviare, 2007, P.35.
90
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
En mi salud, entré en un choque demasiado nervioso, tanto yo como mis hijos
de todo sentíamos miedo, y llegamos a una etapa que le teníamos miedo a la oscuridad.
Ya llegar para nosotros las seis de la tarde ya era algo… o sea, ya nos
entraba como ese desasosiego, mirar hacia la derecha, hacia la izquierda, hacia
al frente, hacia atrás de pronto no estuviéramos perseguidos o algo. Eso fue fatal,
fatal. Callo Embarrado, El Castillo, Meta, 2002, P.152.
En ese estado de alerta, cualquier detalle o ruido se hace sospechoso y se transforma en el
signo de que algo malo puede suceder. Muchos de esos signos están asociados al modus
operandi de los perpetradores.
Qué cambio en mi vida eso, tener la guerrilla de aquel lado. Así que imagínate,
aquí la gente todo lo tenía que hacer era con miedo. Tú sentías una moto y tu
decías ya vienen a matar, sentías un carro entrar y ya vienen a matar. O sea eso
fue horrible, horrible. San José del Playón, María La Baja, Bolívar, 1999, P.203.
La muerte inminente
La incertidumbre permanente en las zonas de conflicto se refiere en muchos testimonios
como una sensación de muerte inminente, o la muerte como una amenaza sobre la gente
en cualquier momento. Esa angustia, alerta y temor suponen un desvalimiento frente a lo
que puede suceder sin aviso. Las mujeres no relataron otros medios propios de protección
que aislarse o esperar, mientras en muchos casos tuvieron posteriormente que huir como
única salida.
De lo más horrible en la vida es que usted esté así, con un desasosiego, con una cosa
que si usted cree que la van a matar, entonces usted se siente como oprimida, una
cosa aquí tan grande. Corregimiento Piamonte, Caucasia, Antioquia, 2005, P.201.
Algunas mujeres incluso dan cuenta de un sentimiento de pérdida de interés por la vida
como consecuencia del miedo. El miedo extremo, más allá de la amenaza vital supone,
para esas mujeres un sinsentido tal de la vida que refieren el deseo de morir, para evitar
seguir viviendo lo que pasa a su alrededor o en sus familias.
Bueno la verdad es que a mí se me bajó tanto la moral como mujer que yo ya ni
quería seguir pa´lante, quería morirme, porque la verdad es que mantenía un
miedo que yo no lo soportaba, todo lo que veía era la muerte. Cucal, Bolívar,
1996, P.202.
El miedo y las amenazas cotidianas, limitan las actividades básicas y suponen una situación
de desánimo y tristeza.
Uno iba pasando y se encontraba la balacera, y uno tenía que devolverse, con
dos o tres muertos en el camino. Ya uno se ponía triste y así se le quitaban a uno
91
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
las ganas de trabajar. Trabajaba uno con miedo y todo eso, y así sucesivamente
pasaba. Bolívar, 2005, P.205.
En otros casos, el sentimiento de impotencia frente a las amenazas o impactos sufridos y
la inseguridad generaron un fuerte impacto psicológico, sentimiento de pérdida y tristeza
permanente, incluso un cuestionamiento de sí mismas entre las mujeres.
Como mujer, me sentía como impotente… tenía como el temor de que me iban a
matar a mí. En ese entonces muy débil, impotente, por eso me vi en la necesidad
de que me baje la autoestima, estaba muy deprimida y me tocó salir de la comunidad.
Arjona, Bolívar, 2001, P.237.
El terror ejemplificante
La extensión del miedo como una estrategia de control social en el conflicto armado interno
colombiano ha superado, como indica el testimonio citado, no solo la lógica incluida
en el Derecho Internacional Humanitario, con sus reglas de protección a la población civil
o la “prohibición” de atrocidades. También ha cuestionado el sentido de humanidad de los
perpetradores y llevado hasta el extremo el sinsentido de la guerra.
Y nosotros con ese temor y ese miedo, y decíamos: “Pues, hasta aquí nos llegó
ya el día… aquí nos vamos a morir todos”. Y como cuando esa gente llega es a
acabar con todo, hasta con el nido de la perra... Vereda Siberia, Corinto, Cauca,
2010, P.314.
Las descripciones de las mujeres sobre el actuar de los actores armados en sus territorios
de vida muestran un modo de acción cruel, violento y repetido que, una vez cometida la
acción, puede regresar a repetir la destrucción. Este temor permanente supone un contexto
de arbitrariedad, donde la persona no puede protegerse porque percibe que cualquier
acción que lleve a cabo no tiene capacidad de disuadir a quien golpea.
Esa gente no tiene piedad. A ellos usted les puede clamar, se les puede arrodillar,
usted les puede hablar… ¡Bendito mija!, eso lo mechonean a uno, esa gente es
mala. Esa viejita murió al poquito tiempo, de las 14 personas que yo le digo. Resguardo
Mosoco, Páez, Cauca, 1986, P.302.
Esta aparente irracionalidad de la violencia con atrocidades y crueldades terribles, tiene
sin embargo una racionalidad interna. La de transmitir una idea de control total y de que
el otro está en las manos del perpetrador. La idea del desprecio máximo por la vida y por
los muertos.
Yo me desplacé porque se metió la guerrilla y uno allá vivía con mucho miedo,
porque uno que no estaba enseñado a estar viendo esos muertos así, esas cabezas
92
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
de muerto, yo pues vivía con mucho miedo y yo por eso me desplacé de allá. Bogotá,
D. C., 2007, P.126.
La sevicia es uno de los actos que más terror transmite a los sobrevivientes y familiares,
como una extensión paralizante del destino que les espera, y una forma de tortura psicológica
sobre el sufrimiento de la persona asesinada y de anticipar su propio sufrimiento
si no siguen las órdenes.
Pero siempre a uno le daba miedo por allá mataron tres, o sea, los picaron,
esa gente a esos tres los picaron, los enterraron en un mismo hueco, todos
picados y entonces a nosotros nos dio miedo. Casi la mayoría de la gente,
porque toda esa gente se salió y quedamos nosotros solos. El Cedral, Neiva,
2011, P.177.
Y ahí quedaba la carne así moviéndose. Como cuando pican leña así que amontonan
encima los brazos, las piernas, así. Roncesvalles, Tolima, 2000, P.184.
Estas atrocidades tienen un enorme impacto en los sobrevivientes y en la sociedad, dado
que transmiten un poder omnímodo y generan un horror que paraliza. En algunos casos,
las acciones pueden ser vistas como realizadas por sádicos que sacan placer patológico
de hacer sufrir al otro.
Son, en todo caso, mecanismos de deshumanización entrenados y reforzados por las
prácticas de control de grupos armados, especialmente en Colombia por parte de grupos
paramilitares, como en este caso donde al terror se suma el desconcierto y la burla del
sufrimiento de la mujer.
Entonces llegó el paramilitar y me dijo: “que saludes le dejó su marido, que
se acabó despedir de este mundo”. Y riéndose dijo “la niña la dejó donde una
evangélica, que vaya por ella, usted a buscarla”. Me dijo así. Entonces yo, yo
no supe dónde quedé, yo me quedé… no, yo no supe, yo no supe, yo me quedé
como hipnotizada, yo no hallaba si preguntarle a él… cómo lo habían matado,
ni nada, ¡no! yo me quedé como… como hipnotizada. Roncesvalles, Tolima,
2000, P.184.
Esas atrocidades tienen un efecto paralizante, utilizado de forma intencional y mostrando
no solo el poder sobre la vida de quienes tienen las armas, sino el grado de deshumanización
al que han llegado.
Las mujeres no pudieron hacer nada porque les dio temor. Eso por más que sea
uno, cuando uno no sufre en carne propia las cosas… está como quietico más
bien. Murillo, Tolima, 2010, P.144.
93
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Pasándose de bando
En algunas ocasiones miembros de los grupos armados pasan de un bando al otro, lo
que hace la situación más peligrosa para las víctimas y poblaciones afectadas, dado
que cualquier contacto supone la posibilidad de una futura nueva amenaza, más aún
cuando existe tanta “movilidad” entre los diversos actores armados.
Este tipo pues al final, en esos días, ya habían más denuncias sobre el tipo, entonces
la guerrilla lo llama a juicio y el tipo huye, entonces ya no me extorsionaron más,
el tipo huye, entonces después es que apareció con un comando de las AUC, que se
metió allá. Este también fue un hecho que me tuvo preocupada y sobre todo sin saber
qué hacer, porque pues dependía de la plata. Si no entregaba el dinero, perdía mi
vida, y la de mis hijos y mi hija. Corregimiento Bayano, Bolívar, 2000, P.218.
La extensión de la amenaza: incertidumbre y sin sentido
La incertidumbre impide continuar con la cotidianidad e introduce un temor permanente
sobre la seguridad propia y de los seres más cercanos. La casa, vecinos y territorio adquieren
un halo de riesgo porque de cualquier lugar o persona puede provenir el peligro. Se
trata de una de las ideas más potentes para inhibir la acción, interrumpir la cotidianidad,
atemorizar y someter las voluntades.
Yo si vivo ahí con los otros pequeños, pero con mucho miedo y mucho temor porque
uno no sabe qué día les dé las ganas de volver a hacer lo mismo con cualquiera
de nosotros. Chigorodó, Antioquia, 2001, P.56.
Muy triste, porque en esos casos uno vive muy acongojado y con miedo que vengan
a abusar con nosotros también, muchas cosas. El Castillo, Meta, 2005, P.130.
Las mujeres insisten en la dimensión personal, la más íntima de las emociones, afectos,
sentimientos, producidos por el trauma en sus vidas que implica el acontecimiento violento.
El acto violento, que supone en muchas ocasiones el abandono de los territorios, básicamente
altera la vida de los afectos. “A uno le cambia la vida” es una de las expresiones
con las cuales las mujeres dan cuenta de los efectos que en diversos aspectos, suscitan las
violaciones de derechos humanos.
Los efectos traumáticos se hacen notables en la pervivencia del suceso en la memoria, en
la imposibilidad de hablar del mismo, en el sentimiento de permanente amenaza.
Ya no veo la vida como la veía antes, ya para mí todo es temor, ya yo no salgo de
noche, ya me da temor salir a la calle, me da pánico todo. Yo veo un uniformado
y para mí es como si se me acabara la vida en ese instante, me siento mal psicológicamente.
Medellín, Antioquia, 2002, P.83.
94
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Del tema no podía hablar. Ahora es que hablo del tema, porque cada vez que
hablaba de él me ponía a llorar, me ponía muy nerviosa. No salía a la calle por
miedo. Florencia, Caquetá, 2003, P.108.
Sentimientos de desconcierto e inseguridad se hacen notables en buen número de los
testimonios. El desconcierto viene de la falta de sentido de proporcionalidad o de poder
dar sentido a la arbitrariedad de la violencia en sus vidas. Especialmente en las zonas de
conflicto armado, la inseguridad se extiende en todas las áreas de la vida.
Entonces esa violencia hace que… desconcierta a uno, lo traslada a vivir como todo
nervioso, inseguros de tener una tranquilidad. Guaquira, Putumayo, 2007, P.132.
Las mujeres que dieron su testimonio relataron una y otra vez, y en todas las regiones del
país donde se tomaron testimonios, el quiebre del sentido de seguridad y de las creencias
básicas que nos permiten estar en el mundo. Aquellas que ven un sentido de proporcionalidad
en las acciones, que suponen que el otro no es directamente una amenaza o que el
mundo es algo con propósito y con sentido.
Después de los hechos no hice nada porque a mí prácticamente se me fue el mundo.
Bogotá, Guaquira, Putumayo, 2007, P.132.
El fuerte impacto del terror cuestiona la validez de esas creencias o presunciones y genera
un estado de zozobra con la intencionalidad de controlar la población y el territorio.
O sea, yo creía que eso nada más le pasaba a gente que se las debía, pero es que
uno, sabiendo que uno no le debía nada a nadie, entonces uno piensa: “Estos
hijuemadres son muy animales, por qué primero no averiguan bien, para uno poder…
para estar seguro, y no tirar. Es que la sorpresa es saber que le tiran a uno
la puerta, y que no tiene tiempo sino de sentarse, y uno temblando ahí ya parado,
ya no había posibilidad de nada. Belacazar, Cauca, 2009, P.302.
De la extensión de la amenaza a la violencia indiscriminada contra cualquiera ya sea por
desobedecer sus mandatos, por estar en el lugar considerado sospechoso, por cerrar la
puerta, por abrir las ventanas o por cualquier otra razón absurda.
Entonces cuando ya duraron como dos horas en eso, ahí mismo llegaron y claro
uno del miedo cerraba las puertas y ahí comenzaron a darle patada a las puertas,
que abrieran, y uno con semejante… “y métase debajo de las camas y cúbrase con
los colchones”, nos decían “ustedes ¿por qué se encierran?, ustedes algo deben”.
Barrio Nelson Mandela, Cartagena, Bolívar, 2004, P.271.
Un caso especialmente duro es el de las personas que fueron testigos de hechos de violencia.
El miedo en estos casos viene no solo de las imágenes aterradoras de lo sucedido, sino
del hecho de que son consideradas las siguientes que pueden ser asesinados para evitar
que se conozcan o se denuncien los hechos.
95
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Nosotros le contamos el caso a un familiar y él nos ayudó a conseguir una casa en
invasión, o sea, sobre todo por proteger a los niños. Ya estando… en Cimitarra,
nunca nos llegamos a ver así de frente pero, siempre el miedo, porque eso es como
usted llegar y en este momento mirar que alguien que mató, y usted sabe quién fue
el que lo mató. Entonces obvio que eso le van a cargar el tique a usted. Bogotá,
D.C., 2007, P.195.
En otros casos esa extensión se dio con el uso de listas con nombres de personas a ser asesinadas,
confeccionadas por los mismos perpetradores o sus informantes, y que extienden
la amenaza hasta los aspectos más íntimos de la persona.
Siempre eran los paracos, que los paracos decían, que mira que los paracos mataron
en tal parte a fulano de tal, o que mira que es que allá los encontraron en tal
camino, o que vayan al cementerio para que reconozcan ese montón de cadáveres,
como cuando llamaron que se murieron esas 14 personas. Entonces uno era ahí,
todo pendiente… es que uno hasta miedo le daba salir ese día. Oriunda, Zambrano,
Bolívar, 2001, P.296.
Ya estaba el rumor de que andaban los paras y que, todo esto de que andaban con
una lista… Y entonces, pues uno está con temor, porque llegaron mucha gente, al
que no le quitaban los carros, le quitaban las motos y se las llevaban. Entonces…
Dagua, Valle del Cauca, 2000, P.863.
En otros, el ataque indiscriminado se dirige contra toda una vereda o comunidad, por el
hecho de ser de tal lugar controlado por otro actor armado. Estas acciones se han dado
también en la extensión del terror por parte del ejército colombiano.
Uno estaba pues, en la casa, por ejemplo, yo estaba así sentada en la casa, cuando
el helicóptero bajaba bombardeando, tiraban bombas por ahí en partes donde
pues… no sé si les tiraría a la guerrilla o no le tiraría bombardeo, bueno, y enseguida
ese miedo que uno mantenía que ya el Ejército bajaba, porque la bulla era
que el Ejército iba a bajar e iba a acabar con el campesino. Algarrobo, Villanueva,
Bolívar, 2005, P.297.
La persistencia de los rumores, ya sea como fenómenos de comunicación grupal que se
aceleran y distorsionan en contextos de violencia o por el uso de dichos rumores como
una forma más de amenaza contra la gente, ha generado también un enorme impacto en
las mujeres y sus familias.
El miedo, sí, porque nosotros ya hemos escuchado rumores que ellos se mantienen
todo el tiempo, y que mantienen rondando y vigilando, y que de un momento
a otro, pues también andan con listas y fotografías, entonces ese es el temor de
nosotros, es el temor ¡Mucho!, porque inclusive esta semana tuve una compañera
que también fue amenazada y todo, y ella me dice: “Esa gente no perdona, esa
gente cuando… deja pasar el tiempo y cuando menos piensa ¡Tenga, lleve! y no
96
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
vuelven a avisar. Ellos ya no avisan más, ya les avisaron la primera vez, ya la
última no, ya el golpe avisa”. Santander de Quilichao, Cauca, 2000, P.316.
El territorio como fuente de peligro
Toda esta situación de alerta permanente, inseguridad, aislamiento o desconfianza como
parte de los efectos del miedo, y la propia peligrosidad y estrategias de control de los
actores de la guerra, ha convertido en muchos lugares del país la vida de la gente, y su
relación con el territorio, en una fuente de peligro. Hay toda una resignificación de los
lugares y de los espacios sociales que se convierten así en marcados por la violencia.
A mí me parecía que esa gente iba a llegar por mí y me iba a matar, yo allá con
mis dos hijos, yo le pedía mucho a Dios y ese día el bus me parecía una eternidad
que se demoraba en pasar, yo era ese miedo, ese miedo que a mí me parecía que
iban a venir por mí y me iban a llevar. Castilla, Meta, 1998, P.160.
Demoré tres meses así con esa psicosis que yo iba caminando y a mí me parecía
que alguien iba detrás, y yo miraba para atrás, así demoré tres meses, que gracias
a Dios tuve que ir a psicología y todo eso. Montería, Córdoba .1996, P.160.
Pienso que algún día esa gente me llegue a encontrar a mí, o a mis hijos, entonces
yo todavía me da mucho miedo e inclusive en este barrio que es tan inseguro, no
hay autoridades, ni nada, solamente Diosito que es el que nos protege. Roncesvalles,
Tolima, 2007, P.187.
Los caminos en donde hubo capturas o ejecuciones, el lugar donde quedaron los cuerpos,
la Iglesia donde fue el atentado, la escuela utilizada como centro de torturas. Esas y otras
circunstancias frecuentes en la guerra han cambiado la relación con el territorio de una
buena parte de la población, especialmente de las víctimas del conflicto. El propio territorio
se vuelve fuente de peligros y riesgos por la presencia de actores armados en disputa.
Si bien en algunos lugares esa presencia era de vieja data, no se daba en la dinámica de
disputa y afectación a la población civil posterior. Dicha presencia y acciones, lo constituye
en extraño y ajeno. La resignificación a causa de su crueldad, se extiende al territorio
mismo, y el hecho de vivir en él genera un sentimiento de terror.
Pues cuando… a mi papá lo mataron, vuelvo y le repito, fue algo que me dejó a mí
desubicada, totalmente porque uno siente miedo, ya de por sí uno sentía miedo,
uno no podía dormir, sentía en las noches esas balaceras, esas cuestiones, esos
gritos. Eso que todos los días amanecían muertos, descuartizados, mejor dicho
gente vuelta nada. Sentía uno miedo ¡solamente por vivir ahí ya sentía miedo!
Coyaima, Tolima, 2009, P.142.
Hay una transformación del territorio como fuente de vida al del peligro cuando acecha la
guerra, y al territorio marcado por el terror cuando se es objeto de los actos violentos. Este
97
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
carácter de territorio de peligro insospechado, impredecible y desconocido, se traslada
frecuentemente a la ciudad u otras zonas, tras el desplazamiento o la huida.
Estamos enseñados al campo donde todo es libre, llegamos a acá a una ciudad
donde uno no puede ni salir, porque me daba mucho miedo que me quitaran los
niños, y todavía me da mucho miedo, o sea nos afectó mucho. Vereda San Cristóbal,
San Jacinto, Bolívar, 1989, P.214.
Aquí uno se siente como más extraño, la libertad de los niños, todo, uno también,
porque yo duré como unos 6 meses que yo no salía, yo no salía ni al parque ahí,
nada, yo no salía, a mí me daba miedo. Retiro Nuevo, Bolívar, 2001, P.246..
Lo que pasa es que como acá uno se mantiene encerrado no le matan, pero yo sí
temo diariamente. Cualquier cosa le puede pasar a uno. Riosucio, Chocó, 1997,
P.250.
También la cotidianidad y los hábitos se alteran de manera considerable a consecuencia
del miedo. Lo que en otros momentos eran hechos de la vida cotidiana normales, quedan
marcados por el significado que tienen para los actores armados que controlan el territorio
y se convierten entonces en cuestiones a evitar o dejar de hacer, para evitar ser nuevamente
objeto de violencia.
Uno siente que le afectan porque ya uno no sigue siendo lo mismo. Se levanta con
más temor, ya no sale a la calle, no sale uno a caminar por ejemplo el domingo.
Siempre uno acostándose temprano, no prendiendo el radio porque si iban a coger
a alguien y escuchaban los radios, llegaban a mirar quién estaba despierto, entonces
no podía haber luces prendidas, nada. Entonces todo eso lo llenaba a uno
de miedo. No podía gozar lo mismo, ya se mantenía con ese temor a toda hora, así
donde estuviera. Mi casa era al aire libre, para mí fue muy tenaz porque yo decía,
a qué horas llegan y me matan aquí. Buenos Aires, Cauca y Montería, Córdoba,
2003, P.353.
El sentimiento de ser perseguida perdura aun cuando se abandona el territorio donde
sucedieron actos violentos o en el cual se fue víctima de uno de ellos. La amenaza del territorio
y las percepciones de las mujeres se trasladan con ellas. Los nuevos territorios de
desplazamiento pueden ser también lugares de control o de otras dinámicas del conflicto,
en la que se reproduce el impacto del miedo.
Mucho desespero, y como mucha ansiedad, como el temor, uno siente como que le
va a salir alguien, le va a llegar con insultos. Entonces, mandar uno a los hijos a
la calle… por ejemplo acá se le ha dicho mucho, no le vaya recibir nada a nadie,
si va por la calle que sea rápido y no decir ninguna clase de datos, si lo asedian
cuente en la casa todo lo que pase. Como ellos no solamente están allá en esa
tierra, ellos tienen mucha conexión… Unguía, Chocó, 2002, P.264.
98
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
El temor a ser localizada se sitúa en la misma lógica de tratar de evitar el peligro, pasar
lo más desapercibida posible y evadir cualquier situación que puede llevarle de nuevo a
ser perseguida.
Me ha tocado estar trasteándome de lado a lado, muy rara la persona a la que le
dé la dirección donde vivo, porque me da temor de que lleguen a mi casa, porque
vivo con mi hijo menor de 23 años, y me da pavor que le suceda algo más a la
familia. Barrio Nelson Mandela, Cartagena, Bolívar, 2003, P.243.
En esos nuevos contextos, las alteraciones en las actividades cotidianas como el trabajo
se suscitan, no solo por los riesgos que supone salir a la calle, sino por el temor de dejar
solos a los hijos mientras se labora.
Me han afectado porque yo quisiera trabajar como lo hacía en mi pueblo aquí
no lo puedo hacer porque aquí me siento insegura aquí, yo siento de que si yo
encargo a mis hijos para yo irme a trabajar. Pienso que me le puede pasar algo,
no sé, siento como un temor de dejarlos solos a ellos. Pivijay, Magdalena, P.259.
Terror en detalles de la vida cotidiana
Un aspecto que resulta sobresaliente, es la resignificación de los detalles como lugares,
objetos o ruidos que antes eran cotidianos, y que adquieren un halo terrorífico a
partir del evento violento.
Esa violencia comenzó en el año 2000, de ahí para acá eso fue horrible, esas
motorizadas daban miedo. Yo corría a esconderme, y mis hijos también cuando
oíamos una motorizada. Turbo, Antioquia, 2002, P.240.
No me gusta escuchar, por ejemplo en la Navidad, cuando echan voladores
y tiros al aire, me afecta. Pienso que es lo mismo que pasó en 2000, cuando
se tomaron el pueblo y lo dañaron y tumbaron la casa. Hubo muchas de esas
cosas allá. Acandí, Chocó, 2006, P.242.
Ella actúa muy nerviosa, oye sonidos de motos y ella queda espantada, como
muy asustada, entonces yo sí creo que necesitaría un muy profundo apoyo
psicológico. Santiago de Tolú, Sucre, 1999, P.247.
Esos territorios siguen generando miedo mucho tiempo después, cuando algún familiar
tiene que desplazarse a ellos. El mantenimiento del conflicto armado y los
impactos del terror sufrido conllevan en estos casos un proceso entre las medidas de
seguridad, el manejo del peligro y los efectos del miedo, que necesitan comprensión
y apoyo mutuo.
99
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Mira que, o sea yo no puedo quedarme aquí en mi casa sola, cuando mi esposo
no está, yo tengo que llamar a un familiar para que venga y me acompañe, o sea
tengo un miedo terrible cuando mi esposo sale a una vereda, hay ocasiones que
me dice: … yo estoy bien, no canse tanto; pero yo sigo, tímbrele, o donde está, o
si se hizo de noche. En mi vida no he de volver a la montaña, no, nunca más. El
Tambo, Cauca, 2001, P.341.
Las secuelas del miedo
Las secuelas de ese terror se han prolongado en la vida de las mujeres durante mucho
tiempo, no solo en las situaciones de mayor peligro en el momento de los hechos. Ya
sea por el control territorial de actores armados, o por el impacto a medio plazo de la
violencia, el miedo ha acompañado durante años a las mujeres que dieron su testimonio.
Las memorias recurrentes e imágenes del terror forman parte de la vida de muchas supervivientes.
Todo lo que veía en mi mente eran esos recuerdos, con decirte que tenía miedo de
salir, de hacer una cosa o la otra, porque todo lo que veía eran esos personajes
aquí en mi memoria. San Jacinto, Montes de María, Bolívar, 2002, P.284.
Y esos impactos del terror impiden que algunas mujeres tengan una recuperación. La
sensación de quedar marcadas o de imposibilidad de recuperarse después de las terribles
experiencias vividas, está presente en muchos relatos de las mujeres.
Y uno nunca se recupera de eso porque siempre está porque uno queda traumatizado
cualquier, cualquier sonido que se escuche ya uno piensa que o sea que son
cosas malas, que a uno le va a pasar algo. Sapzurro, Chocó, 1998, P.288.
Esos impactos posteriores marcan la cotidianidad de las mujeres víctimas, asociando situaciones
frecuentes en la vida cotidiana con los hechos de violencia sufridos, generando
miedo y sensación de peligrosidad permanente. Además de las estrategias de la guerra y
cómo estas utilizan perversamente a la población civil, esos impactos muestran que el miedo
termina alterando el sentido de la realidad que se vuelve totalmente amenazante, incluso
en aspectos que para otras personas serían considerados menores o sin importancia.
Acá ni en las fiestas uno tiene tranquilidad porque si echan un tiro artificial uno
cree que es una bomba y que esa puede ser una estrategia para que en ese bullicio
entrase la otra gente. Uno no tiene tranquilidad ni en las fiestas, ni a ninguna
hora. Puerto Colón, San Miguel, Putumayo, 2000, P.536.
El sentimiento de persecución se traduce en aislamiento, en una vigilancia constante del
entorno. El miedo transforma así la vida cotidiana en una posibilidad de amenaza permanente,
especialmente cuando se realizan ciertas actividades como salidas de la comunidad
o la casa, o momentos en que la persona se encuentra sola.
100
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
A mí me ha afectado demasiado, o sea a veces uno hasta se desespera, uno quiere
salir, pero quiere salir con toda la familia, le da miedo dejar… Yo siento miedo,
pienso que me siguen, que me van a exigir, que de repente lo van a matar. Vereda
Capilla, Samaniego, Nariño, 2004, P.368.
En el pueblo, después de las cuatro de la tarde, ya no podían salir, porque ya eran
ráfagas encima. Encontrábamos cocas de bala en el patio de la casa, porque el
helicóptero se paraba ahí en un barranco a dar bala. Del ejército, con el avión
fantasma, no se podía dormir, era tan bajitas las balaceras, y se sentía el impacto
tan duro, que se caían los platos de los loceros, las ollas de la cocina. Eso fue algo
que no… no lo supera uno. Granada, Antioquia, 1999, P.895.
Uno de los efectos sociales más negativos del miedo es la desconfianza frente a los otros.
Si bien la desconfianza puede ayudar a las víctimas a enfrentar las situaciones de peligro
tratando de prevenir nuevos actos de violencia, supone también un indicador del impacto
del terror. Por una parte, la desconfianza limita las posibilidades de solidaridad o de
relaciones sociales significativas o de apoyo, que se van reduciendo cada vez más, hasta
quedarse solamente en el ámbito más cercano de la propia familia. Por otra parte, el contacto
con otras personas se vuelve más amenazante y estresante.
Yo ya no confió en nadie yo vivo en una urbanización y a mí me ven salir y entrar.
Yo no hablo con nadie. Corregimiento Nutibara, Frontino, Antioquia, 1990, P.57.
El miedo además de producir la huida de los territorios, sustrae las condiciones para el
restablecimiento de los vínculos sociales, incluso con los más cercanos. Los actos violentos
marcan a quienes habitaban los territorios y se produce el temor de no ser bien
recibidos a donde llegan luego de la huida o el desplazamiento.
Después del desplazamiento lo que uno vivió fue crítico sobre todo por ese, ese
miedo que nos quedó sembrado en el alma y que hasta hoy todavía tenemos miedo.
Teníamos tanto miedo que casi no nos atrevíamos ni a salir a calle a visitar
al vecino y si lo hacíamos, lo hacíamos de forma rápida y casi de noche, si nos
reuníamos en las tres o cuatro familias que quedamos en cada calle. San José del
Playón, María La Baja, Bolívar, 1999, P.203.
Las reacciones de desconfianza extrema no son solo de parte de las víctimas que han
sufrido hechos traumáticos. Forman parte del clima de miedo que se vive en muchas
comunidades.
Ese barrio donde yo vivo, en el entorno donde yo estoy, está muy, muy opaco. Muy
triste. Yo converso mucho con ellas, y ellas lloran y cuentan, les da miedo hablar.
Vergel, Valle del Cauca, 2009, P.888.
El hecho de haber sufrido directamente la violencia puede convocar la solidaridad de
otros, pero también la desconfianza es un indicador del grado de penetración del terror.
Romper las formas de solidaridad y aislar a las víctimas de su contexto es parte de los
101
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
objetivos de una estrategia de terror y control social, pero también el aislamiento como
una forma de protección es una respuesta normal frente al peligro por parte de quienes no
han sido “directamente” afectados. El contacto con la víctima puede ser visto por otros,
como vecinos o amigos, como una fuente de peligro.
Ellos nos dejaron solos porque les daba miedo, les daba miedo ayudarnos,
acompañarnos. A las personas, a los vecinos les daba miedo. Clemencia, Bolívar,
P.234.
El aislamiento por parte de vecinos y conocidos produce un sentimiento de desamparo. El
quiebre de la comunicación y las relaciones de apoyo es un indicador de la profundidad
de las fracturas producidas por el miedo.
Nos sentíamos desamparados, porque nadie nos quería acompañar ni nadie nos
quería ayudar porque tenían como miedo. Clemencia, Bolívar, P.234.
La ruptura de vínculos sociales
Uno de los efectos colectivos del terror es la ruptura de los lazos sociales. Esa ruptura
no tiene que ver solamente con la tensión de la violencia o el clima de inseguridad. En
muchos casos en Colombia es parte de un objetivo intencional de romper las dinámicas
colectivas o acabar con organizaciones sociales.
Entonces nosotros estábamos muy preocupados, porque en esos días había muchas
amenazas, contra muchos compañeros e incluso a la organización a la cual
pues yo pertenezco todavía. María La Baja, Bolívar, 2005, P.254.
Cuando llegaron las amenazas de que no podíamos trabajar en las veredas en el
pueblo, para nosotros fue muy duro porque las personas que estaban trabajando
en la asociación que habíamos conformado, que era la asociación de ganaderos,
mataron muchos, muchos socios de ahí. Entonces sentimos miedo, más sin embargo
nos quedamos en el pueblo. Granada, Antioquia, 1999, P.895.
Por vínculos sociales entendemos las relaciones con los otros miembros de la comunidad
o los grupos de referencia, que proporcionan apoyo social, información, apoyo material
o un sentido de vida compartido. La presencia de actores armados y la extensión de actos
violentos, sumado a la idea referida por las mujeres de la falta de sentido o proporcionalidad
de la violencia contra los suyos, transforman al cercano en riesgoso, y este carácter
supone un sentimiento de pérdida de vínculos, de tristeza frente a los hechos y las consecuencias
en sus relaciones sociales.
Un efecto de tristeza, de romper cadenas de amistad con muchas personas, porque
aprende uno a tener miedo, entonces muchas veces se rompen lazos de amistad
porque usted no quiere arrimársele a nadie porque le da miedo que toda persona
102
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
que se le arrime le vaya a hacer daño. Entonces psicológicamente lo afecta demasiado
a usted y afecta a su familia. Andes, Antioquia, 2010, P.81.
Las mujeres dan cuenta de la vivencia de un riesgo permanente proveniente del otro en
tanto no saben quiénes pueden actuar violentamente. La extensión de la sospecha a través
del modus operandi de los perpetradores quiebra las relaciones de confianza al interior de
las comunidades.
Usted a todo momento usted tiene miedo de todo, ya uno no es sociable, porque
ya no soy sociable, ya uno no tiene amigos, porque no sé quién es. Por eso digo
que es muy fundamental la familia, la unión familiar, entonces estando reunida mi
familia yo soy feliz, así no tenga uno muchas cosas, pero ya uno no es la misma
persona que era antes, con muchos proyectos. Cesar, 1991, P.237.
En otros casos, como en el siguiente testimonio, además del control territorial de distintos
actores armados, estos pertenecen a la misma familia de la víctima, con lo que
las consecuencias de cualquier gesto pueden convertirse en una amenaza cruzada sobre
su vida, además de la ruptura de la mínima confianza al interior de dichas relaciones de
parentesco.
A raíz de eso yo me vine, cuando salí, a Dios gracias salí, sale uno con un doble
miedo, porque se vuela de la guerrilla, sale de allí, y dos pueblos más abajo están
los paramilitares, que también son familiares, pero que están en el otro bando. De
pronto tal vez uno se ha relacionado con ellos por alguna cosa, así sea porque te
hallan obligado y vos estés compartiendo una gaseosa, y te dicen siéntese aquí y
tómese la gaseosa conmigo, entonces cuando vos vas a salir, vos ya… Vereda el
Manco, Huila, 2005, P.874.
Por ejemplo, la estrategia del Estado colombiano de generar una red de informantes de
un millón de personas por todo el país, extendió la sospecha de que cualquiera puede
denunciarte y una situación de tensión frente al uso de dichas denuncias para ganar otro
tipo de beneficios. Como una forma de mantener a la población bajo su control, tanto la
guerrilla como los grupos paramilitares han intentado contar con informantes dentro de
las comunidades. Todo ello ha generado en muchas de ellas, una situación de profunda
desconfianza en la que el miedo quiebra los lazos sociales y comunitarios.
Uno no sabe estos de qué, de donde son, entonces uno pues vive de la zozobra
porque hasta para hablar en la calle o en una reunión es la desconfianza porque
uno no sabe con quién está reunido socialmente. Montería, Córdoba, P.86.
Tenemos miedo, vivimos como asustados en el pueblo, aquí andamos caminando,
pero vivimos asustados, tememos que nos vayan a ver por ahí y nos vayan hacer
alguna maldad. A pesar de que nosotros no sabemos quiénes son ellos, ellos pueden
saber quiénes somos nosotros. Belmira, Antioquia, 1986, P.90.
103
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Los vínculos sociales son también la posibilidad de transformar las condiciones de vida.
Están vinculados a la lucha contra la injusticia, la mejora de las condiciones de vida o el
logro de la participación social y política orientada al cambio social. El miedo se percibe
como el mayor obstáculo extendido en el país para ese cambio.
Yo vivo con mi hijo, ahorita, pero con ganas también de marchar, pero no quiero
marchar porque yo pienso que Colombia es muy linda y bella, si uno vence el
miedo puede hacer algo más. Lo que a veces nos aterra es el miedo, el miedo no
nos deja actuar, ni nos deja hacer las cosas para que esto cambie algún día. Corregimiento
Bayano, Bolívar, 2000, P.218.
Incluso muchas mujeres han sido amenazadas por pertenecer a organizaciones de víctimas,
como en el caso de familiares de desaparecidos o de personas ejecutadas, en donde
son evidentes las responsabilidades de agentes del Estado, quebrando los lazos sociales
como consecuencia del miedo y la criminalización de las víctimas.
Le afecta a uno al contorno con sus vecinos, con sus compañeros de trabajo,
incluso con sus compañeros de estudio, y todo esto hace que la gente con esta
problemática se retire de uno, tengan miedo, porque como para nadie es un secreto
de que las madres estamos amenazadas, y yo nuevamente digo, qué triste ver
que nosotras, fuera de que somos víctimas, somos revictimizadas. María La Baja,
Bolívar, 2005, P.258.
Uno de los efectos del miedo es la desvinculación de los procesos organizativos. Ese es
parte del objetivo del terror, cuando se dirige contra personas u organizaciones que tienen
un rol social importante en la defensa de los derechos humanos o formas de participación
política para el cambio social. Pero también frente a pequeños procesos organizativos
considerados un obstáculo para el control social propiciado por los perpetradores.
No me vinculo a nada, no trabajo en lo social en nada, en nada, para bajar el
perfil, para evitarme eso, y los señalamientos. Sigo temiéndole a todo, yo no puedo
ver nada uniformado porque no sé… sigo con el temor de que de pronto esa fue
una detención, y que de pronto después puede ser una desaparición. Pues me da
miedo, me da miedo todo eso. Urabá, Antioquia, P.275.
Si bien la mayoría de las veces, la familia aparece como el único núcleo de apoyo en las
situaciones más dramáticas, también en los casos de mujeres lideresas, esta puede verse
afectada por la polarización social o el miedo. En el siguiente caso, el rechazo de la familia
por las consecuencias que mostrar apoyo a la mujer podría traer, fue la causa de un
profundo sentimiento de soledad y la huida.
El alcalde se compromete a brindarme unas garantías de protección, pero finalmente
yo salgo de ahí, y empiezo pues a esconderme. Lo más triste es que mi
familia, todo el mundo me dio la espalda, porque tenían miedo, yo siempre lo he
104
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
entendido. Entonces fui y me escondí en Barranquilla, por allá donde unas compañeras,
y estuve ahí un tiempo escondida. María La Baja, Bolívar, 2005, P.254.
La familia como objetivo
En contextos donde el conflicto armado ha penetrado en el tejido social de forma importante,
las consecuencias de la violencia en la víctima directa se extienden frecuentemente
a la familia. Con demasiada frecuencia, en los testimonios de las mujeres la amenaza se
extiende hacia otros miembros de la familia, especialmente cuando quieren denunciar, o
cuando se muestran acciones de solidaridad con los afectados. El siguiente caso es de una
mujer lesbiana, amenazada.
A mí me dijeron: ¡se va y por acá no queremos verla o si no la matamos! ¡Si no
asesinamos a su familia! ¡Si no tomamos represalias contra su madre! Por ser lo
que soy, homosexual. Por ser lo que soy. Me parece injusto que ellos como paramilitares
y guerrilla no tienen por qué tomar esas represalias porque ellos no son
nadie para hacer todas esas cosas, yo se los dije en la cara ese día por eso me
dieron también tan duro. Bogotá, D.C., 2008, P.198.
Un ejemplo de esta extensión del miedo se da en los casos de amenazas, donde no solo
la víctima directa, sino su familia o sus hijos son considerados frecuentemente como objetivo
para aumentar el sentimiento de inseguridad y paralizar a la persona. Por ejemplo,
las amenazas a defensoras de derechos humanos frecuentemente se extienden de forma
explícita o implícita hacia sus familiares, que viven la zozobra del ataque a su familiar,
pero también el riesgo de la extensión de la acción como una forma de golpear a la víctima
directa.
A esto se debe el miedo expresado por muchas mujeres según el cual a partir del ataque a
uno de los miembros de la familia, tienen un temor permanente de que otros de sus allegados
sean igualmente objeto de amenazas. Todo ello supone una evaluación permanente
de sus condiciones de seguridad y el manejo del miedo frente a un estado de cosas ante el
que no cuentan con protección.
Como en abril yo le dije que mejor no se metiera a eso, porque nos siguieron las
amenazas, nos mandaron a decir que a él no lo dejaban subir, que ni creyera que
iba a negociar el barrio, que ni creyera que iba a llegar a presidente [de la organización],
entonces yo escuché en varias ocasiones, y le dije que él seguía en eso,
que yo no vivía más con él, porque yo no quería más problemas, que no quería estar
huyendo más, ni con tanto temor. Vereda Mundo Nuevo, Bolívar, 2001, P.226.
Las mujeres dan la impresión generalizada, según sus testimonios, de temer más por la
vida de los miembros de la familia que por la vida e integridad propia. En todas estas
circunstancias son especialmente afectadas, como si dicha afectación fuera proporcional
al sentimiento de responsabilidad con sus familias y seres allegados.
105
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Ellos me dijeron que si me veían hablando con él, o me veían reunida con él, venían
y me mataban a mi familia. Andes, Antioquia, 2010, P.81.
Tenemos miedo porque así como mataron mi hijo nos pueden seguir matando a
nosotros. Porque ese día mataron a mi hijo y mataron al papá, entonces tenemos
miedo que nosotros también nos pueden matar, entonces nosotros estamos huyendo.
Montería, Córdoba, P, 90.
No como mujer sino como mamá
La familia es el eje de muchas de las reacciones de miedo asociadas con actos de agresión
sufridos por las mujeres y las consecuencias de las pérdidas o la violencia. Es el motivo
del resguardo, pero también de la disposición de exponerse a situaciones peligrosas si es
necesario para salvaguardar al otro, sobre todo a los hijos e hijas.
Yo no pienso si no en ese niño, donde me quiten ese niño vea yo le digo algo que
lloro ahí, me expongo a que me quiten mi vida. Porque donde me quiten el único
retoño que tengo… ¡hay Dios! Barrio la Cruz, Antioquia, 2010, P.8.
El miedo de que a los hijos les pase algo violento es permanente en las mujeres, lo que se
traduce en una zozobra y sentimientos cercanos al pánico.
Yo le tengo mucho agüero, porque tengo muchos amigos que les han matado a los
hijos después de estar acostados. Yo salir de mi casa después de estar encerrada
ya no salgo. Entonces ella se fue hacer la llamada y no se demoró para sonar una
balacera. Yo me bajé de la cama y era aquí pegada: “Dios mío me dejaste sola,
pero yo qué he hecho?” y yo sentí que sonó la puerta y que mataron a mi hija,
cuando ella me dijo: “no mami soy yo”. Barrio Popular, Medellín, Antioquia,
1998, P.66..
El miedo de las madres por los hijos se hace también notorio en las ciudades. En ese contexto,
el miedo apunta a paralizar la vida de los hijos por el temor materno de que algo les
suceda cuando salen a realizar las actividades cotidianas.
Yo me pegué una enfermada. Me dio daño de estómago, me dio vómito. Yo no me
podía mover de la cama, era en un temblor. Yo le decía no se vaya a trabajar y ella
me decía pero como no voy a ir. Se quedaron dos hijas aquí conmigo. Porque a mí
me parecía que la iban a matar. Yo le decía: “después de que esté aquí no salga”.
Me da unos nervios porque vivimos en un barrio muy horrible. Barrio Popular, Medellín,
Antioquia, 1998, P.66.
Estos y otros muchos testimonios dan cuenta de una diferencia sustancial entre el impacto
del miedo como mujer y como madre. Es en la actitud como madre, en el sentimiento de
amor y de protección de los hijos e hijas, el ámbito en el cual se suscitan los mayores
106
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
efectos de miedo y temor por lo que les pueda ocurrir en el contexto de conflicto armado.
Las mujeres expresan muy frecuentemente el temor por los riesgos y peligros que corren
hijos e hijas, más que por ellas mismas.
Yo tenía una paz y cambió por la intranquilidad… No como mujer sino como
mamá, mi estado de ánimo cambiaba, en tal punto que llegó un momento en que
yo le dije a Dios “te lo entrego, vos sabrás que haces con él porque yo ya no puedo
hacer nada”. Porque a los jóvenes por un lado les entra y por el otro les sale,
ellos no ven la magnitud del problema. Corregimiento Versalles, Santa Bárbara,
Antioquia, 1997, P.74.
Si me van a matar a mí, que me maten a mí, pero pues no a mi familia. Caserío La
Bonga, Achi, Bolívar, 2008, P.294.
En ello influye la centralidad de la maternidad para la mayor parte de las mujeres entrevistadas,
que se extiende como un intento de protección y preocupación por sus hijos,
más allá del lugar de vida. Todo ello incide también en las pautas de comunicación en la
familia. Las evaluaciones de lo que contar o no a la madre para no preocuparla, suponen
inversamente, una percepción de que probablemente no le cuentan las cosas para que
no se preocupe. Si bien esos mecanismos son comprensibles y están muy extendidos en
general en la vida cotidiana, también pueden llevar a situaciones en las que la comunicación
trata de evitar los aspectos problemáticos, en lugar de abordarlos en una medida
que permita tener una mejor evaluación de la realidad o enfrentarla de forma conjunta.
Entonces todos y todas conocemos cómo es el sentimiento de protección y de querer
el bienestar para sus hijos y para sus hijas, que hace que mi madre se descomponga
mucho, se angustie mucho, el pánico que ella vive, sobretodo porque no puede hacer
un seguimiento de nuestra vida porque está por fuera de la ciudad. Y también es el
pensar que nosotros le podemos estar mintiendo por no preocuparla a ella, entonces
es como la angustia diaria. También es mi abuela, es mi tía, son mis primas, son
todas las que me rodean que tienen la misma angustia. Cauca, 2006, P.307.
Una de las preocupaciones que manifiestan algunas mujeres son los efectos que, en términos
de creencias y decisiones en los hijos menores, se derivan de los conflictos vividos
en los sectores urbanos. La posibilidad de verse involucrado con grupos o pandillas, que
puedan llevarles a una implicación en situaciones de mayor riesgo, es vivido con angustia
por muchas madres con hijos e hijas adolescentes.
Que ellos se metan a su cuento, que ya cuando sean mayores de edad que ya ellos
verán si sí. Uno les advierte las cosas, pero si a ellos les va a gustar esa vaina pues
entonces ya, pero como ellos estaban menores… El papá decía que temía mucho
porque los muchachos jóvenes son muy atravesados y consiguen amistades que no
deberían tener, y entonces él se mantenía psicosiado, y yo también me mantenía
muy nerviosa. Barrio Santo Domingo, Medellín, Antioquia, 1997, P.88.
107
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
El sentimiento de incertidumbre con los seres queridos se toma las relaciones, sobre todo
de las mujeres para con los hijos y compañeros. De manera permanente las habita el sentimiento
de que algo puede sucederles, como la muerte y la agresión.
Pero cuando el hombre sale a trabajar, cuando eran como las dos, ya yo estaba
que no cabía en mi casa, pensando que de pronto lo mataron, que le habrán hecho…
Cucal, Bolívar, 1996, P.202.
Las madres, igualmente, albergan el temor de que algo les suceda a ellas debido a que
dejarán a sus hijos solos, alterando su vida, sus relaciones sociales o la búsqueda de satisfacción
de las necesidades familiares, cuando por ejemplo salen a trabajar fuera de su
casa o a participar en actividades sociales u organizaciones.
En lo primero que yo pienso es en mis hijos, porque qué tal que uno vaya a seguir
con eso y que lleguen y pues vengan a buscarlo a uno y lo maten, y dejar mis hijos
tan pequeños… Putumayo, 2002, P.397.
El temor a perder a su familia está en la base de sus estrategias de protección y supervivencia,
como las que se asocian al desplazamiento. Buscar un contexto algo más seguro,
o al menos salir del lugar de mayor peligrosidad para la familia es la motivación central
en esos casos, aunque suponga perderlo todo.
Yo dije pues que mejor me voy para el pueblo. Perdí a mi esposo y ahora qué tal
que me cojan mis hijos también. Entonces dije mejor me voy y por eso me vine
para el pueblo. Orito, Putumayo, 2000, P.514.
El temor por los hijos, es entonces uno de los impactos más notables del miedo en las mujeres.
Se podría decir, que conservar la vida de sus hijos e hijas se convierte en un mandato
autoimpuesto, en un sentido afectivo y de responsabilidad por los otros, y las mujeres
se disponen a hacer lo que sea necesario para lograrlo. Las estrategias de autoprotección
en la familia deben considerar algo más que los momentos de estar juntos, para tener reglas
claras con los hijos e hijas que permitan tener seguridad sobre el comportamiento que
tendrá cada quien en situaciones de peligro. En caso contrario, como señala el siguiente
testimonio, la preocupación se extiende frente a cualquier posible circunstancia.
Aquí hay gente muy afectada. Hay niños muy afectados que oyen un tiro y se caen,
les da ataque, porque todos esos tiros los tenemos en la mente. Uno estar de pronto
desayunando o almorzando o en cualquier momento cuando ¡pum! una bomba,
y correr a esconderse. Pero, lo que es en el día por lo menos, imagínese que los
hijos están estudiando y yo me estoy escondiendo. Entonces también mi pensamiento
está en cómo estarán mis hijos allá en el colegio ¿será que se bajaron?,
¿no será que van a coger por allá una esquirla o algo? Esto es muy, muy duro,
duro, duro, duro. Puerto Colón, San Miguel, Putumayo, 2000, P.536.
108
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Además del impacto del miedo, la adaptación a las situaciones de peligro permanente supone
también admitir que hay situaciones que no pueden evitar o controlar de tal manera
que se garantice su seguridad y protección.
Pero más que todo yo digo me voy a cuidar, pero mis hijos no. Yo tengo una niña
estudiando, tengo un nieto de dos añitos y de pronto uno por mucho cuido que
tenga, en cualquier momento se escapa y uno no sabe qué puede suceder. Yo vivo
muy afectada en ese aspecto. Puerto Colón, San Miguel, Putumayo, 2000, P.536.
Un miedo específico y que genera una enorme preocupación a las mujeres es el gran
temor de que sus hijas sean violentadas sexualmente en el contexto del conflicto. Ese
miedo no es genérico, pensando en una posible agresión, sino que se basa en numerosas
experiencias vividas por las mujeres en numerosas regiones del país, donde el control
de actores armados legales o ilegales, vuelve la vida de las mujeres en una condición de
vulnerabilidad frente a los comportamientos violentos y el control de la vida y el cuerpo
de las mujeres.
Tengo miedo que cualquier ratico entran, ese es el miedo que yo tengo y pasa que
uno tiene las muchachas de así que estén señoritas, y eso que las ven, por eso es
que se entran a violarlas. Y yo tengo la muchacha, por ella me da miedo. Samaniego,
Nariño, P.338.
En otros casos los miedos por los hijos e hijas es a que sean asesinados o que sean objeto
de reclutamiento forzado. También el miedo de que se vean envueltos en un nuevo ciclo
de violencia, tomando venganza contra otros o los responsables de la violencia sufrida.
Yo sólo pensaba, en que me llegaran a quitar mis hijos, se los llevaran, me los mataran.
Eso era lo que yo más pensaba de mis hijos. Riosucio, Chocó, 1998, P.171.
Mi esposo murió por los paramilitares, en el año 2005. Tengo 3 hijos, entre ellos
hay dos varones, los muchachos ya se hicieron jóvenes, pero pues ellos seguían
sintiendo esa presión. Es zona donde existía el paramilitarismo y guerrilla, entonces,
por causa de esas presiones, yo me sentí obligada a que mis hijos salgan de
allá, porque pues había la amenaza de que mis hijos se vengaran la muerte del
papá. Eso me causó a mí ese terror para sacarlos de allá de esa zona. San Miguel,
Putumayo, 2005, P.894.
La protección de los hijos e hijas es considerada como una prioridad absoluta. Las mujeres
muestran siempre sus valoraciones de las alternativas para manejar el riesgo o evitar
el peligro. Una de las medidas más extendidas de protección de los hijos es abandonar el
territorio.
De todo eso tenía miedo, de que mis hijos crecieran porque cuando las niñas que
se iban levantando también se las llevaban. Entonces de eso me dio miedo, prime109
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
ro se vino el papá de mis hijos a trabajar acá… yo salía de allá a acá a buscar el
mercado aquí… Chigorodó, Antioquia, 2010, P.55.
Todo lo de la ida para España, era una manera de proteger a mi hija… fue una
manera de proteger a mi hija porque yo estaba muy nerviosa y con mucho temor
de que me la fueran a desaparecer también. Frontino, Antioquia, 1990, P.53.
Sin embargo, la salida de una parte de la familia no disminuye siempre el impacto del
miedo por los otros. Como muestra el siguiente caso, uno de los impactos del desplazamiento
es la separación forzada y el miedo por la familia que quedó en el lugar de los
hechos.
Entonces llamé a preguntar cómo está eso, cómo había quedado mi mamá, y todos,
porque nosotros y ellos quedamos también muy preocupados. Acababan de
enterrar unos, y salimos los que estábamos amenazados, estaba la gente azorada…
Caserío La Bonga, Achi, Bolívar, 2008, P.294.
El miedo en niños y niñas
Niños y niñas son particularmente afectados por la violencia que viven sus familias. Algunas
de ellas, ya mujeres, dieron su testimonio recordando los momentos en que pasaron
miedo en su infancia en los momentos de ausencia de la madre.
Recuerdo que nosotros llorábamos mucho, me acuerdo que mi mamá empezó a
trabajar y a ella le tocaba dejarnos solos. Si mamá se demoraba más de lo que
decía, nos encontraba en la casa llorando a todos y entonces nos decía: “ustedes
por qué lloran que yo no sé qué”. Nosotros le decíamos: “donde le pase algo a
usted qué”. El Jardín, Antioquia, 1993, P.31.
En los jóvenes también se sienten los efectos de los miedos de las madres. Las mujeres
que han sido víctimas tienden a tener una actitud de mayor control y miedo frente a la
situación de sus hijos y los riesgos en general de la vida cotidiana. Se altera su vida social
y relacional, permanentemente refieren miedo de que algo les suceda y ese temor se
traduce en aislamiento
Siento que yo estoy perjudicando a mi hijos porque vea sale mi hijo que tiene
26 años a estudiar y le digo que me llame. Si él no me llama, me estoy muriendo
de angustia. Yo los aprieto mucho. La niña que tiene quince años, no
la dejo tener vida propia, ni la tengo yo. Corregimiento Nutibara, Frontino,
Antioquia, 1990, P.57.
Niños y niñas son espectadores de actos violentos o de las consecuencias de los mismos
en sus familias, situación a partir de la cual se instala también un sentimiento de miedo
por circunstancias que no alcanzan a comprender. En estos casos se puede ver un cruce de
110
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
impactos. Además de los temores y miedos suscitados en sus familiares adultos, en niños
y niñas igualmente se instala un sentimiento de desconcierto e incomprensión.
Bien asustados, estaban pequeños. Estando ahí en la puerta, ellos veían gente pasar
y les preguntaban qué pasa y la gente se asustaba y se abrazaba a uno. Estaba
el papá y estaba yo ahí y la gente huyendo y corriendo, y mi mamá decía vámonos,
vámonos... San José del Playón, María La Baja, Bolívar, 1999, P.203.
Los niños y niñas, padecen sus propios impactos por la violencia cuando son testigos de
hechos traumáticos, afectados directamente o por vivir en contextos de tensión y miedo.
Por otra parte, sufren otros impactos mediados sobre todo por las madres, la información
que tengan y si son tenidos en cuenta por quienes enfrentan la situación al tomar decisiones.
En muchas ocasiones, se alteran de manera radical la cotidianidad y los hábitos de
sus hijos e hijas. El miedo se da como una consecuencia directa en niños y niñas a partir
de la presencia de actores armados que perciben como amenazantes.
La niña cuando los veía se escondía, decía “mami, mami, allá vienen los hombres”.
Yo le dije “no mija ellos no te van hacer nada, vente vámonos para el
cuarto”. Nos metíamos en el cuarto. Cuando yo veía por la rendija que ya se iban
lejos, entonces nosotras salíamos y siempre vivíamos con esa sensación. Corregimiento
del Camarón, Bolívar, 1993, P.223.
Los niños y niñas también sienten el impacto del terror y muestran el pánico como una
respuesta de miedo extremo a las acciones violentas en los territorios que habitan, con
alteración del sueño y miedo constante.
Porque ya mis hijas no dormían, no comían, me decían “mami vámonos” porque
cuando llegaban las noches lloraban, se me metían debajo de la cama, me decían:
“mami van a venir a matarnos vámonos, nos van a venir a matar” y yo a ellas les
decía que se calmaran que de ahí nos íbamos a ir. De ahí decidí venirme. Unguía,
Chocó, 2000, P.263.
En la cotidianidad de niños y niñas se siente una alteración a partir de las decisiones y
medidas que toman las madres como protección, medidas que alteran la vida social y los
vínculos de los más jóvenes.
Les afecta a mis niñas porque pues tenerlas como tan encerradas. Las llevo a mi
colegio donde trabajo, en las tardes, para que ellas patinen, para que jueguen,
pero no es lo mismo, pues ellas a veces quieren salir a la calle, quieren irse a pasear
con las amigas. El Tambo, Cauca, 2001, P.341.
Es recurrente el temor por los hijos, por lo que pueda sucederles, a ello se asocia un sentimiento
de impotencia en tanto no pueden protegerlos totalmente, situación que se traduce
en un miedo permanente.
111
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Vivo atacada de nervios porque tengo más hijos, ya no tengo confianza, gracias
a Dios sé que mis hijos no están haciendo nada malo, pero en esta situación no
importa que ellos sean buenos. Cuando sale a jugar futbol me atacan los nervios
y me trato de controlar, que Dios me lo bendiga y que nada malo me le pase.
Antes de sucederme esto, yo era más tranquila, salían ellos y los encomendaba a
Dios, y no estaba pensando que les podía suceder algo así. El Bagre, Antioquia,
2002, P.557.
Los efectos que se producen en los niños y niñas, a su vez repercuten en las mujeres que
son quienes más se hacen cargo de su cuidado y están más atentas a sus reacciones y
necesidades emocionales.
Cuando yo veía las lágrimas de mis hijos, el llanto de mi hija pequeña sí, porque
pues mi hijo el mayor no, pero mis hijos pequeños cuando yo los veía llorar,
cuando yo veía la preocupación de la noche, de que ellos temían, que ellos temían
un atentado, de algo en la casa y que ellos en ese miedo permanente, eso
sí lo desmorona sí lo desmorona a uno, lo hace como más frágil, las situaciones
emocionales… Corregimiento Carmelo, Cajibíio, Cauca, 2006, P.371.
Enfrentar el miedo
Ante las situaciones de riesgo, algunas mujeres dan cuenta de medidas de protección,
sobre todo materializadas por ellas mismas, para tratar de ganar control sobre el miedo y
la vivencia del riesgo. Todas estas maneras de enfrentar los hechos, con medios precarios
y sin embargo con fuerte compromiso de protección de la vida, se basan en un uso positivo
del miedo. Aquél que ve en el miedo un mecanismo de defensa frente al peligro y lo
usa como una manera de percibir el riesgo y tratar de tomar decisiones para manejarlo de
forma más adecuada o disminuir el peligro.
Con una disciplina muy cuidadosa de decir dónde estaba, para dónde iba, siempre
dejaba una agenda: de tal hora a tal hora voy a estar en una parte, de ahí voy
para tal parte. Entonces siempre dejaba el itinerario de donde iba a estar y en qué
horarios. Comuna 1, Medellín, Antioquia, 1996, P.64.
El abandono de los territorios y el sacar de los mismos a las personas que corren riesgos,
es una de las medidas que señalan las mujeres.
Una vez yendo para el trabajo, yo trabajaba donde mi hermana, entrando a la
casa mi hermana vio cuando él iba en un taxi y me iba a disparar, yo no vi pero
mi hermana sí, y ahí fue cuando se reunió toda la familia y llamaron a esa belleza
que era el esposo mío a decidir para donde me mandaban. Entonces mi hermana
ya les contó todo lo que había pasado. Zaragoza, Antioquia, 1998, P.69.
112
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Otra de las medidas de protección es el encierro. El aislamiento social para tratar de protegerse
de la violencia puede verse como un indicador de impacto, pero también como
una manera de evitar el peligro, aunque esta situación tiene efectos negativos cuando
permanece en el tiempo.
Yo estaba en mi casa encerrada, yo me quedo en mi casa encerrada, yo me estoy
volviendo loca. Comuna 13, Medellín, Antioquia, 2002, P.79.
Otras mujeres reportan que la protección la dejan “en manos de Dios”. La explicación
es que “no hay nadie por encima de Él”, pero también puede conllevar pasividad o falta
de acciones que permitan disminuir la exposición al riesgo o puede fácilmente funcionar
como una idea mágica frente la inminencia del peligro. En otras, esta forma religiosa de
afrontar el miedo se dirigió a tratar de mantener la unidad y la calma antes de salir.
Nosotros no hicimos nada, nos protegió sería Dios, porque nosotros no hicimos
nada para buscar una protección. Macayepo, Sucre, 1998, P.236.
Entonces dije, me voy a ir, esto es un aviso, me voy, me metí, yo dije Dios mío, cogí
a mis dos hijas, y me hice en un rincón, en la casa donde estábamos, una como de
19 años, y la otra tenía 14 añitos, y dije “vamos a orar, vamos a orar, porque hoy
tenemos que salir de aquí”. Cartagena, Bolívar, P.244.
Las formas de apoyo mutuo incluyen también formas de darse cobertura con otras personas
para afrontar el miedo. Por ejemplo, frente al riesgo mayor percibido, de ser víctima
de violencia sexual en una situación no acompañada.
Como yo en ese tiempo estaba soltera… a mí me daba miedo que esos manes me
fueran a violar por ahí, en esos caminos. Entonces yo a cualquiera, al primero
que me cogía por ahí yo decía que este es el marido mío, para que ellos no me
fueran a hacer nada. Varias personas me ayudaban, tranquila, tranquila doña
no se asuste que nosotros le ayudamos. San Jacinto, Montes de María, Bolívar,
2002, P.284.
No hablar, no denunciar
El silencio es parte del impacto del terror cuando se impone como una forma de destruir
el tejido social, pero en otras ocasiones el silencio se convirtió en algo activo, como una
forma de protección para no exponerse al peligro.
Me afectó porque a mí me daba miedo hasta salir al patio de mi casa a mí me daba
mucho miedo inclusive yo callé. Hasta el año antepasado nadie sabía mis cosas,
porque yo era calladita, porque nos dijeron “en 24 horas tienen que desocupar la
vereda”. Urrao, Antioquia. 1998, P.52.
113
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
El no hablar como forma de defenderse en un territorio hostil también ha llevado a muchas
víctimas a no denunciar lo sucedido. En ello hay que considerar no solo el impacto
del miedo o las formas de autoprotección de las mujeres, sino sobre todo la falta de garantías
para la denuncia en un país como Colombia, donde muchas mujeres y hombres han
sido asesinados por denunciar a los perpetradores o reclamar sus derechos. El silencio es
una estrategia para protegerse, no solo porque el otro prohíba explícitamente hablar, sino
por temor a las consecuencias en términos de su actuar violento.
Cuando yo llegué y vi esa gente allí, pues todo el mundo se me vino encima porque
dije yo qué más puedo hacer aquí, si les hago reclamos me toca es... me causa
es la muerte. Natagaima, Tolima, 1998, P.141.
No denunciar por temor a las consecuencias constituye un intento de protegerse de ser
nuevamente agredidas, a costa de la impunidad de los perpetradores y frecuentemente del
aislamiento social de las víctimas. En algunos casos como los relatados a continuación,
las mujeres víctimas señalan la connivencia de las autoridades.
La muerte de papá a mí me dio muy duro. Soy muy nerviosa, y no he ido de pronto
a poner denuncias o algo así, por el mismo temor por lo que le pasó a mi hermana.
Porque mi hermana, ella… eso sí hacía ella, se dedicó a denunciar, a averiguar
cuáles fueron los motivos… Líbano, Tolima, 2006, P.154.
…y cuando nosotros les dijimos a ellos, que mi hermano les dijo quiénes se los
habían llevado, ¡mire que a mi papá y mi hermano se los llevó fueron Los Masetos
esos, y que ellos los mataron o los van a matar! Y el man nos miraba y le
daba risa, y la policía decía ¿qué, cuáles?... bueno, creo que ellos ya sabían que
nosotros lo estábamos buscando. La Pedregosa, Norte de Santander, 1995, P.743.
Otra estrategia de protección es no hablar de la situación con personas extrañas, porque
no se sabe quién es el otro. El silencio puede traducirse igualmente en no denunciar.
Nosotros duramos dos años para contar en la casa dónde estábamos, dos años
para contarle a un mismo hermano porque hasta me daba miedo, a pesar de que
era mi hermano, me daba miedo que de pronto lo cogían y lo torturaran por ahí…
Oriunda, Zambrano, Bolívar, 2001, P.296.
Más vale callados, porque es que uno por allá, uno reconoce que se queda como…
o sea, no habla por miedo de que si la gente se da de cuenta, entonces matan a uno
por eso. Algarrobo, Villanueva, Bolívar, 2005, P.297.
Los espacios más familiares, como la propia casa, se constituyen en fuentes de peligro
debido a acciones violentas sucedidas a otros en dichos espacios “mataban la gente en la
cama, hasta a uno le da miedo por eso de la casa”. Urrao, Antioquia, 1996, P.72.
114
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Los barrios, en las ciudades, se constituyen en fuentes de riesgos por los enfrentamientos
entre grupos, situación que motiva la decisión de quedarse encerrados en las casas. Los
enfrentamientos entre grupos armados en los barrios producen una sensación de pánico y
un constante temor por la seguridad y protección de los hijos.
Me acuerdo que a mí me agarraba como una confusión cuando yo sentía los enfrentamientos
y si los hijos míos estaban ahí al pie mío yo sentía esa tiramenta, y
yo muchas veces viendo como pasaban esos soldados heridos. Argelia, Antioquia,
1990, P.85.
Borrar las huellas
Sin embargo, la mayor parte de las veces la huida no es la única manera de evitar el peligro.
Las mujeres describieron todo un conjunto de maneras de tratar de borrar las huellas
de su destino, de forma que minimizar el riesgo de frecuente control territorial de actores
armados en el lugar de posible desplazamiento.
En ese momento llamó mi papá, entonces cuando contestó… él no contestó, le pasó
un celular a otro señor: “Que ¿qué quiere?”, entonces dijo: “no, que soy el papá de
Amparo”, y si, habló conmigo, entonces yo le dije: “me tocó irme porque se me iban
a llevar al chino”, entonces le dije a mi papá: “no vaya a decir allá, para dónde
nos fuimos y todo, porque si no, vienen a buscarnos”. Vereda Albania, Villagarzón,
Putumayo, 2005, P.306.
No contesté porque pueden ser los paracos o la guerrilla… a dónde… ellos están
llamando para saber dónde está uno”. Vereda Albania, Villagarzón, Putumayo,
2005, P.306.
La huida está asociada al impacto del terror, pero supone una postura de evaluación más
activa de las mujeres frente al empeoramiento de la situación y el riesgo de verse directamente
afectada.
Al otro día le dije que me venía y me vine. A mí ellos no me dijeron váyase ni nada,
pero yo del pánico dije me voy porque sinceramente me sentí muy acobardada.
Como me cayeron así de sorpresa me pueden caer otro día y me pueden salir matando.
Entonces cogí mis dos chinos y arranqué, me subí a mi bus, me vine y aquí
estoy. No quiero volver más allá porque ellos siempre están en la misma parte de
donde yo salí. Cuanambí, Nariño, 2002, P.512.
La asociación de la vida en el área rural y el miedo a la violencia hace que muchas mujeres
señalen que no quieren que sus hijos regresen a sus lugares de origen para no verse
afectados por el conflicto que todavía continúa. Las zonas rurales adquieren una significación
de peligro a partir de los eventos violentos vividos en ellas, y que conduce a la
aspiración de que los hijos adquieran una formación que les permita no vivir en el campo.
115
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Irme del campo y más que todo que fuera así, estudiar, el estudio de ellos porque
eso es lo que yo más deseo para que ellos no vuelvan al campo, esos serían los
deseos más grandes que tengo yo, que mis hijos no vuelvan al campo, sino que
se salgan a la ciudad a trabajar por cuenta de ellos y no tengan que sufrir lo que
uno… El Tambo, Cauca, 2004, P.304.
La pérdida del espacio de vida y del territorio, ahora ya conquistado por el miedo, hace
que el trabajo y el habitar zonas rurales se pierdan como una aspiración y se asocie con
el sufrimiento.
De todas maneras por allá yo no vuelvo. Allá nosotros mejor dicho tierra era lo
que había, pero de nada sirve. Para qué uno se va a agarrar a irse a sufrir, de ninguna
manera uno tras irse por allá tiene que anhelar antes es salirse donde uno
pueda tener una solución. Vereda Albania, Villagarzón, Putumayo, 2005, P.306.
La huida de los territorios es una decisión que toman algunas mujeres con el propósito de
sustraerse de los riesgos que supone habitar un espacio en el cual son frecuentes los actos
agresivos y como una consecuencia directa del miedo.
Yo quedé con la sensación que yo estaba mal, por eso ya yo en últimas le dije a mi a
mi compañero: “bueno la verdad es que si tú no te vas yo me voy porque yo aquí me
siento mal yo no duermo ni como bien, siempre que pasa esa gente yo estoy mal”.
Yo vivía con un bolsito metido debajo de la cama con mi hija que tenía seis años,
para enganchármelo aquí e irme enseguida. Corregimiento del Camarón, Bolívar,
1993, P.223.
La decisión de huir de su casa y territorio sigue siendo en muchos casos un aspecto abierto
y una opción obligada por las circunstancias en muchos casos. Todo ello muestra el
desplazamiento no solo como una situación del pasado, sino como un problema ligado a
las formas de control del territorio por actores armados en la actualidad y la persistencia
de la violencia contra la gente.
A mí me tiene estresada, eso es horrible, por ejemplo yo estar aquí en la casa y
que en cualquier momento sigan y escuchar las balas ahí, eso es horrible. Irme,
cambiar, irme definitivamente, poderme llevar mi familia y salir de aquí, aunque
es triste. Es como muy triste uno dejar su terruño, su gente, su pueblo que lo vio
nacer, que lo vio crecer, que compartió tantas cosas maravillosas, eso es muy
triste. Pero si a uno la situación lo obliga, le toca. Vereda Siberia, Corinto, Cauca,
2010, P.314.
En otras muchas ocasiones, la decisión de huir es de pocas horas, ante la inminencia
del peligro. El desplazamiento, se asocia, las más de las veces, con amenazas de grupos
armados que explicitan la voluntad de que los pobladores desalojen un territorio. Las
amenazas contra los hijos e hijas han sido utilizadas como una potente estrategia de desplazamiento
forzado contra las mujeres.
116
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Ocurrieron que ellos llegaron diciéndonos que teníamos que desocupar la zona, nos
daban 2 horas de plazo para que le desocupáramos eso porque ellos iban a tomarse
eso para ellos y nos vinimos, nos embarcamos en bote y nos vinimos, aguantando
hambre y sin nada, no trajimos nada, todo quedó allá; porque que le digan a uno de
una hora a otra “desocupa” uno se va y con ese miedo, porque a esa gente no hay
quien no les tenga miedo Riosucio, Antioquia, 1992, P.99.
“Señora, si usted no quiere que su hijo aparezca por ahí muerto ¡Tiene que irse!,
mire a ver qué va a hacer”, entonces, yo ya me tomó la angustia… esa angustia,
esa preocupación, esa desesperación, que qué iba a hacer. Santander de Quilichao,
Cauca, 2000, P.316.
Manejo de las amenazas
Para las mujeres que viven directamente la amenaza contra su vida, por ejemplo lideresas
de procesos comunitarios, el miedo transforma todo en la existencia, cobrando singular
importancia la preservación de quienes son más cercanos. La doble preocupación por sí
misma y por los suyos, genera mayor tensión porque las estrategias más efectivas para cada
uno muchas veces pueden aparecer como contradictorias, y por lo tanto más estresantes.
Cambiar tu estilo de vida, ya no preocuparte solamente por tu vida, sino por la
vida de las personas que te rodean, porque indiscutiblemente cuando estás en el
estatus de amenazado… pones en riesgo a tu vínculo más cercano, eso implica familia,
compañera, amigos y amigas. Entonces digamos que es una doble preocupación,
no solamente preocuparte por tu vida, por tu bienestar, por tu integridad,
sino también por el de las personas que te rodean. Es pensar que te están siguiendo,
es la zozobra y sentir que hay hostigamientos reales, personas tomando fotos,
sentir que tienes que cambiar tu cotidianidad… no puedes salir incluso desde
cierto horario, que ya no puedes andar a pie por la ciudad, son muchos elementos
que te cambian a ti. Cauca, 2006, P.307.
La intimidación y la amenaza malogran la vida aunque haya pasado el período de riesgo.
El sentimiento de vulnerabilidad de haber estado amenazado y la indeterminación
que supone siempre el origen o el fin de la situación de amenaza hace para las mujeres
amenazadas difícil evaluar cuándo esta terminó, cuándo puede retomar su vida con tranquilidad
debido a que no se ha dado un cambio en las condiciones del contexto, ni existe
aún un proceso de paz definitivo en el país que ofrezca condiciones de protección para
las víctimas.
Había constantes amenazas, constantes seguimientos, igual después de una amenaza
de esas uno no vuelve a tener digamos una vida tan normal como el resto de
la gente. Me refiero a que si tú estás amenazada, alguna vez en tu vida has estado
amenazada, siempre vas a estar pensando que algo te va a pasar, entonces no vas
disfrutar de los espacios tan libremente como una persona que nunca le ha sucedido
algo así. Popayán, Cauca, 2006, P.363.
117
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
En algún caso excepcional una de las mujeres relató cómo conseguir instrumentos para
la defensa personal, se convirtió en una manera de manejar su miedo, dando al menos
un sentido de costo para los perpetradores que querían asesinarla y la tenían amenazada.
Me compré unas botas de seguridad, de esas botas que tienen hierro y andaba diario
con botas de seguridad, y en mi mochila cargaba un destornillador y a ese destornillador
le había sacado punta porque yo salía a la calle y sentía que a cualquier
hora me cogían y me echaban a un carro. Entonces yo decía, a mí aunque sea con
estas botas de seguridad yo les doy pata por las canillas, y con ese destornillador
con punta yo les doy chuzo para dónde les quepa, pero a mi fácilmente no me van a
llevar, alguna cosa tengo que hacer. Urabá, Chocó, 1995, P.169.
Relación con las instituciones y exigibilidad de derechos
Ese miedo teje también las posibles gestiones ante las instituciones. Ya sea para hacer una
denuncia o para registrarse para la ayuda humanitaria, la necesidad de dar datos sobre
lugares de nacimiento o de vida, la familia o los hechos sufridos supone para las mujeres
víctimas una nueva vivencia de peligro que tratan de limitar al máximo, ante el temor de
que los datos proporcionados ante instancias estatales sean revelados a actores armados,
o porque algunos de sus agentes son percibidos como agresores.
Y así fue que yo me vine, recogí el pasajito [dinero de transporte] y me vine, como
me daba miedo ir a pedirle plata allá donde le dan a uno los alcaldes para que
se venga, a mí me daba miedo, porque eso allá, lo avientan [delatan] a uno. San
Diego, Cesar, P.295.
Hay unos registros, en la red de desplazamientos, y esa gente se coge todo, entonces
ya deben de saber que nosotros denunciamos, que nosotros fuimos desplazados.
Entonces, ahí está el problema, nosotros ¡Tememos por eso!, nosotros tememos,
nosotros todo el tiempo… yo temo qué puede suceder con eso y entonces,
pues, no sé qué hacer. Santander de Quilichao, Cauca, 2000, P.316.
Lo que para un funcionario de la Personería o la Defensoría son informaciones estadísticas
o datos para verificar la situación, se convierten para la víctima en preguntas peligrosas
y sospechas sobre donde puede terminar esa información, y el nivel de relación de las
instituciones con algunos de los actores armados.
Queda uno muy traumatizado, yo salí traumatizada, cualquier cosa, uno no quiere
saber nada de eso, cualquier cosa que le miente, o que le dicen que esto es zona
roja y uno dice no. Carmen de Bolívar, Bolívar, 1990, P.266.
En otros casos porque esos lugares donde se concentran las demandas de las víctimas
pueden ser espacios donde encontrarse de nuevo con personas de las que se quiere estar
lejos, y una amenaza para el anonimato o el aislamiento social que se quiere mantener.
118
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Entonces un amigo que me dijo, “por qué no va a la Personería, que están ayudando
a los desplazados”, pero yo le dije “¿no es peligroso?”. Iban a hacer entrevista,
y yo nunca estuve en las grabaciones, porque como ahí dizque le tomaban
fotos a uno, entonces yo no. Quebrada Seca, Sucre, 2000, P.251.
A mí me da miedo de pronto vengan otra vez, a mí me da miedo decirles, uno se
los encuentra por allá cuando va a Acción Social y encuentra gente de la vereda.
Montes de María, Sucre, P.269.
En otros muchos casos las mujeres víctimas no hacen sus denuncias porque los únicos
organismos del Estado donde poder denunciar, son aquellos que han estado implicados
en las agresiones contra la gente. Como se recoge en este testimonio del Putumayo, otras
autoridades del Estado conocen la situación pero hay una falta de acción para investigar
los casos, cuando no una complicidad con los mismos. Todo ello hace que muchas mujeres
víctimas no tengan confianza en el Estado a la hora de denunciar los casos o realizar
gestiones ante la justicia.
Mamás que han perdido sus hijos, que la misma policía los ha matado. Ellas no
hablan, por miedo. Porque cuando yo puse la demanda aquí en la estación de Los
Mangos, la fiscal me dijo que yo era una mujer de mucho valor, porque tuve el
valor de ir a denunciar el caso. Yo le dije a ella, “doctora, los policías corruptos,
están matando los jóvenes. Los jóvenes de donde yo vivo”. Y ella me decía, “pero
yo no puedo creer que un policía haga eso”. Yo le dije “si doctora, usted no me
va a creer a mí, pero si yo se lo digo es porque yo lo he visto con estos ojos. Hay
mamas, que no vienen a denunciar, porque le da miedo, que los policías las amenacen,
y las maten”. Vergel, Valle del Cauca, 2009, P.888.
La búsqueda de asistencia o de justicia se ve bloqueada entonces por el impacto del miedo.
El miedo es la reacción más frecuente de las mujeres víctimas en el contacto con las
instituciones y tiene que ser comprendido y aceptado como parte de la aceptación de la
persona y de la comprensión de los desafíos que genera el proceso de ayuda. La obligación
de los sistemas de ayuda es entender esas respuestas como normales, no otorgando
a las respuestas de las mujeres significados negativos, y buscando que el miedo no se
convierta en un obstáculo para respetar o hacer valer sus derechos.
Ese desplazamiento pues le deja un trauma psicológico y eso es una máscara que
uno dura mucho tiempo con ella, o yo personalmente hablo, duré mucho tiempo con
esa mascara de terror. Pues gracias a Dios con el tiempo nos fuimos quitando esa
máscara, ya sabiendo reclamar los derechos, sabiendo que es lo mío, que es lo que
me pertenece. Mampuján, María La Baja, Bolívar, 2000, P.232.
El miedo frente al retorno
Por último, en las condiciones actuales otro miedo presente en las mujeres desplazadas
es el miedo al retorno. Por una parte la posibilidad de retornar supone confrontarse con
119
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
los recuerdos traumáticos de la violencia sufrida y probablemente una mayor conciencia
de las pérdidas.
Y entonces pues, eso fue ¡horrible, horrible! Yo pues, no quisiera ni acordarme
del día en que fue eso. ¡Me da nostalgia! ¡Me dan como ganas de llorar!, cuando
me acuerdo. Desde eso yo no he vuelto por allá, y no pienso volver… yo no pienso
volver… El Tambo, Cauca, 2004, P.303.
Muchas de las mujeres entrevistadas no evalúan siquiera la posibilidad de retornar por el
enorme terror vivido y el miedo a que dichas agresiones puedan volverse a producir, en
un contexto de control militar del territorio o disputa entre actores armados.
No volver por allá, no me dan ganas de volver, protegerse de no contar que es
desplazado ni nada de eso. San Jacinto, Montes de María, Bolívar, 2002, P.284.
No, yo no me vuelvo para allá, porque a mí me da mucho miedo. Uno no debe
nada, pero por lo menos yo ya no pienso volver. Principalmente, porque ya esas
tierras se quedaron, donde me mataron mi marido yo no quiero volver. Donde
yo vivía, eso es zona roja. Pues, eso se mantenía la guerrilla. Ya ahora, llegó el
ejército, entonces, ya está el ejército, y la mayoría ya está allá. Puerto Caicedo,
Putumayo, 2008, P.845.
O frente a rumores o informaciones sobre nuevas agresiones que se han dado contra campesinas
que están en su proceso de demanda de tierras.
A mí me da miedo volver por allá, a mí me da miedo porque dicen que esa gente,
no sé si será verdad, que comentaban que el que vuelva no sé… y que no se ven,
esos sí se ve, yo digo que esa gente, eso no se pierden, entonces uno le da temor
volver por allá, a mí me da temor. San Diego, Cesar, P.295.
Hasta el pueblo, pero para allá para la finca no, porque a mí me daba miedo, porque
uno oye comentarios: “Que la gente que sea desplazada, y que vuelven a sus
tierras, la matan”, entonces a uno le da miedo y yo por allá no bajo. Algarrobo,
Villanueva, Bolívar, 2005, P.297.
El retorno supone para las personas un nuevo desplazamiento, y no tanto la vuelta a un
lugar que dejaron. Es decir, pueden darse frecuentes problemas familiares por la evaluación
de la situación de los hijos e hijas y sus expectativas, pero también por el miedo
dado que los retornos se hacen, todavía en la actualidad, sin las condiciones políticas y de
protección necesarias por parte del Estado.
Esa es la visión mía, volver a mi territorio pero uno ve que eso es una meta imposible
de cumplir porque con este Estado tan corrupto, y estos medios tan degradantes
que lo rodean a uno que no sabe si está hablando con el mismo enemigo. Uno no
puede, ya con toda las experiencias que he vivido no. Sur de Bolívar, P.278.
120
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
No me interesa volver, pienso que es miedo de… de volver a vivir algo similar,
puede ser miedo. Cauca, 2001, P.300.
Esas experiencias de las mujeres muestran el necesario compromiso del Estado para
ofrecer a la población desplazada que quiere retornar y/o recuperar sus tierras, condiciones
de seguridad y protección para hacerlo. La participación de las víctimas y
especialmente de las mujeres en esos procesos de retorno y reconstrucción de sus vidas
es fundamental.
Decimos nosotros por allá, es que si vamos, ¡nos ponen a abonar un palo, porque
a veces la familia no lo entierra a uno, ¡lo entierran ellos mismos por ahí, a abonar
un palo! Porque hay mucha gente que no aparece, hay mucha gente que se la
llevan y uno tiene la esperanza que si van a encontrar a un familiar vivo y nada…
Samaniego, Nariño, P.338.
III. Procesos de duelo. Haciendo frente a las pérdidas
No comía, no dormía, me mantenía llorando, porque es muy cruel. Yo decía, o sea,
hicieron eso, y que al menos uno hubiera encontrado el cuerpo para poderle dar
cristiana sepultura a su ser querido. Pero es muy doloroso que el día de mañana,
así como ahora, no sepan mis hijas donde irle a llorar o irle a llevar un ramo
de flores al papá. Eso fue frustrante, eso fue duro, parte el alma. Buenos Aires,
Cauca, 2000, P.329.
La pérdida de seres queridos en contextos de violencia política o conflicto armado, desata en
los familiares y sobrevivientes un sentimiento de tristeza permanente y un dolor profundo,
de incertidumbre cuando se trata de desaparición, y de desconcierto cuando resulta incomprensible
la causa de la muerte. El proceso de hacer frente a esas pérdidas de vidas humanas,
de afectos, de amores y vínculos significativos es lo que se llama duelo. Un proceso
que está totalmente alterado en los casos de violencia política, y que alcanza proporciones
gigantescas en el caso de Colombia, con decenas de miles de muertos y desaparecidos en
las últimas décadas. En algunos casos, los familiares conocieron los hechos o han tratado de
hacer los rituales de duelo aún en formas precarias. En la mayoría no se han investigado los
hechos. Mientras muchas mujeres reflejaron esas experiencias de una forma amplia en sus
testimonios, otras solo han podido hacer una referencia escueta en los mismos.
Lo enterraron como N.N. y ya no se nada más de él más nunca. Apartadó, Antioquia,
1997, P.128.
Como ya se señaló en la introducción, según los datos de este estudio, comparando el
conjunto de violaciones de derechos humanos y las consecuencias en la vida de las mujeres,
la pérdida violenta de seres queridos conlleva tener más consecuencias en el plano
socio-afectivo y del proyecto vital, comparativamente con las otras violaciones. También
121
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
supone sufrir más consecuencias específicas como mujer, en su sexualidad e identidad de
género, así como de estigmatización o separación familiar o aislamiento social, que se relacionan
con tener familiares asesinados o desaparecidos. Igualmente, un mayor impacto
en la salud y el cuerpo de las mujeres.
La percepción de estar todavía en la actualidad emocionalmente muy afectadas se da más
en las mujeres que tienen familiares asesinados o desaparecidos. Es decir, las ejecuciones
extrajudiciales y desapariciones forzadas son las violaciones de derechos humanos con
mayor impacto, y éste se da en todas las áreas de vida de las mujeres.
Procesos de duelo alterados
Si bien los procesos de duelo son procesos normales en situaciones de pérdidas de vidas,
afectos y amistades, en los casos de violencia política y conflicto armado como en Colombia
esos procesos están alterados desde el inicio. Las consecuencias de la violencia
generan procesos de duelo traumáticos, con un enorme sentimiento de injusticia y miedo.
El carácter súbito y sin sentido hace más difícil entender o aceptar la pérdida, y asimilarla
en la vida de las personas sobrevivientes. La participación de agentes del Estado o grupos
armados, y la falta de seguridad o de protección para la población civil, generan en las
mujeres un enorme dolor e impotencia.
Acababan de matar a Eusebio Toro. Lo mataron en la casa dos policías, dos fulanos
dijeron que venían de parte de la autoridad, le tocaron en la casa y lo mataron
en el patio de la casa. Nos tocó verlo ahí, su familia le puso una sábana. Eso fue
una cosa aterradora que me dolió a mí en el alma, porque le hicieron como una
zanjita que para que no se mojara, porque estaba lloviendo. Entonces, yo digo:
“Ay! ¿Cómo es esto? Un hombre que acaba de participar en una actividad política
y a las tres horas ya está muerto” ¿Cierto?... también de la Unión Patriótica
él. Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
Las muertes violentas y desapariciones forzadas cuestionan o hacen mucho más difíciles
y complicadas las tareas de duelo. Es decir, suponen enormes dificultades para aceptar
la irreversibilidad de la pérdida o poder expresarse sobre ella. Hacen que los familiares
tengan que enfrentar el proceso de duelo en condiciones muy estresantes y precarias,
aprendiendo a vivir en medio del dolor y la tristeza con esa pérdida, pero también tratando
de sobrevivir y apoyar a los suyos. Las mujeres son las más afectadas por estas condiciones
de enfrentar la vida cotidiana con una enorme sobrecarga afectiva y social. Por
último cuestionan la forma en cómo se recuerda al familiar, o hacen mucho más difícil el
restablecimiento de vínculos afectivos.
Entonces… una muerte marca muchísimo, o sea, es algo que es… yo aceptaría la
muerte, todavía hubiera aceptado mejor la muerte de mi hijo si hubiera sido una
122
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
muerte natural… y dice uno bueno, Dios se los da, pues Dios se los quita… pero
en la forma que fue mi hijo muerto, no. La Granja, Barrancabermeja, Santander,
1996, P.709.
En la mayoría de los casos, una de las fuentes de mayor impacto es no poder comprender
cuál fue la motivación de la muerte del ser querido, es el carácter súbito, traumático y
sin sentido de su pérdida, en tanto se tenía de él una imagen que no es coherente con los
hechos violentos asociados con su muerte.
El dolor porque él era tan sano, obediente en la casa, a pesar de que era de poca
edad de 19 años era muy responsable, es una cosa muy dura y no se la deseo a
nadie, y quitarle la vida a una persona por chisme o por no investigar, ni pedir
papeles. A mi hijo lo mataron inocentemente y al otro joven también, no eran
dañinos; el mío no era dañino y un niño de 14 años qué podía hacer, estudiaba.
Espinal, Tolima, 1990, P.533.
La tristeza se asocia con la pérdida intempestiva y violenta de un ser querido y es una reacción
normal frente a la misma. Aunque en muchas mujeres, la vida entera se impregna
de esta tristeza haciendo que el ser querido perdido sea evocado constantemente, y sin
poder hacer ese proceso de duelo que permanece dolorosamente estancado o revivido
durante años.
La tensión que yo sufrí era por muerte de mi hijo, mucho sufrí, hasta ahora sufro
yo mejor dicho adónde mirarlo. Esa cédula que cargo por ahí, la miro y le digo:
mijo a donde te fuiste. Y llego allá donde trabajaba y digo buenos días hijo. Yo lo
veo a él donde estaba trabajando, ahí lo veo. He sufrido mucho y sufriré también,
hasta que yo me muera será. Puerto Colón, San Miguel, Putumayo, 2001, P.537.
Todo ello hace que el tiempo de esos procesos se alargue y sea vivido de una forma
traumática.
Ahí una vida muy triste, muy azarada, hasta los tres años casi de muerto, yo lloraba,
yo no hacía sino pensar prácticamente en esa persona, me ha ido muy duro.
Quibdó, Chocó, 2001, P.472.
Los pensamientos repetitivos y preocupaciones constantes en relación a la persona
fallecida, el desear fuertemente su presencia, el sentirse fuertemente impactado o con
estupor por la muerte, el llanto repetido o el rechazo a aceptar la muerte son a la vez
experiencias frecuentemente descritas por las mujeres y algunos de los indicadores
psicológicos del duelo complicado30.
30 Bacqué,M-F. (1997). Deuil et Santé. Paris: Eds. O. Jacob.
123
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Estos hechos… cómo le dijera, muy angustiosos. Yo todos los días pienso en mí
hijo, desde que me levanto estoy con el recuerdo, con todo, todo lo que hago tengo
que estar pensando en él. Yo me levanto pensando en él… digo ¿hijo te acuerdas
cuando tal cosa? Y entonces hablo hasta sola, hablo mucho con él. Ahí voy miro
las fotos y las acaricio así, cualquier cosa hago, pero yo me mantengo siempre
con él en la cabeza. Soacha, Cundinamarca, 2008, P.781.
En otros casos el no poder ver el cuerpo debido a la descomposición en la que se encuentra,
produce sentimientos de tristeza. La pérdida súbita y violenta da lugar a sentimientos
de desconcierto que resultan muy difíciles de resolver, y que muchas veces se instalan a
veces de manera permanente en la vida.
El cuerpo estaba dañado y ya a él lo entregaron fue con el ataúd ya asegurado,
ya no había cómo verlo, no lo pudimos ver. De ahí en adelante, para mi han sido
momentos duros, no sé, yo ando pero no ando. Ahora se me olvidan las cosas, no
sé qué estoy haciendo, como unos nervios. Ando como por andar y ha sido muy
duro para mí. Naya, Cauca, 2001, P.327.
También ponen de manifiesto un modus operandi por parte de los perpetradores. Esta
deshumanización de las víctimas y ausencia de sensibilidad y empatía por los familiares
y su dolor, caracteriza el modo de acción de todos los actores armados en estos casos.
Cuando llegando arriba, en toda la escuela de Santa Clara, mi tío iba con el camión
que venía llevándolo para arriba. Al llegar allá dizque un guerrillero de esos
dijo: “qué ya vienen con ese perro que murió ayer, no hay que enterrarlos, hay que
mandarlos por un hueco, que no lo van a velar, es un perro que murió” y que no iba
a pasar para arriba, que se regresen. Vereda Santa Clara, Putumayo, 2002, P.524.
La mayor parte de las ejecuciones o desapariciones forzadas se hicieron estigmatizando
a las víctimas, criminalizándolas, como una forma de justificar la acción. Muchos familiares
reivindican el buen nombre de sus fallecidos o desaparecidos y cuestionan las
versiones justificadoras de esas violaciones de derechos humanos.
Bueno, ese día que los estábamos enterrando a ellos también mandamos a hacer
la misa del primer año de muerto de papá y de Moncho. Eso fue muy, muy duro,
ya nos fuimos al sepelio de ellos a enterrarlos… Una señora me dice: “mamita
es que sus hermanos salen en la prensa como si fueran… que dicen que matados
subversivos”. Todavía los desgraciados los matan y los sacaron en la prensa dizque
como subversivos. Con razón que había ese poco de ejército en el momento
del entierro. Le cuento que eso fue más duro todavía y más rabia. La Pedregosa,
Norte de Santander, 1995, P.743.
Ahí empieza la lucha por demostrar que él no es un guerrillero. Entonces, yo me
desespero, empiezo a llamar a todo el mundo en Bogotá, mire que a Andrés le
pasó esto, apareció muerto, dicen que es guerrillero, ¿yo qué hago? Contratamos
124
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
un abogado, pero entonces a mí no me querían entregar el cuerpo. Bogotá, D.C.,
2008, P.771.
Las mujeres establecen una diferencia entre el asesinato y la desaparición. Las diferencias
entre un suceso y el otro se establecen a partir de si pueden o no recuperar el cuerpo del
ser querido asesinado o desaparecido. El cuerpo opera a la manera de un punto clave que
permite iniciar el proceso de duelo, aunque este sea muy doloroso y traumático.
En la desaparición forzada
En caso de desapariciones, el manejo de la pérdida incierta es muy difícil. Un 18% de
las mujeres entrevistadas tenían familiares desaparecidos. Entre la esperanza y la lucha
por encontrar a sus seres queridos, la vida de las familiares de personas desaparecidas
transcurre muchas veces en un difícil y tortuoso proceso de búsqueda, plagado de riesgos
y situaciones de tensión para las mujeres.
Por otra parte, con el paso del tiempo o los signos en otros casos de que pueda haber fallecido,
el duelo muchas veces no se resuelve psicológicamente debido a la imposibilidad
de constatar la muerte del ser querido. Predomina una situación de incertidumbre y de
búsqueda, y la ausencia de información y la negación de las autoridades en otros casos sobre
el destino de la persona querida, generan un malestar permanente. Incluso en las situaciones
en que la mujer puede empezar a pensar que su familiar está muerto, la esperanza
aunque pequeña de que sobreviviera, de que se encuentre en algún lugar inhóspito, genera
una situación psicológica muy difícil de manejar entre la certeza y la incertidumbre.
Ella todavía se mantiene muy enferma, dice que no, que ella de todas maneras
tiene fe de que algún día vuelva o que… claro que ella en estos días ya me dijo que
ahora si ya no lo esperaba, que ella de todas maneras estaba ahí como si volvía o
no, así... Dabeiba, Antioquia, 1998, P.23
Quedó desaparecido y ese trauma nunca se le borra a uno. Riohacha, Guajira,
2007, P.102.
Entonces el no tener certeza de si efectivamente se produjo la muerte del ser querido o no,
supone frecuentemente un estado de zozobra permanente en las mujeres entrevistadas.
Hasta el año pasado fue que yo me enteré de la muerte de él, porque yo andaba
todavía como que… yo todos los diciembres, hasta el año pasado, lo esperaba a
él. Vereda Patio Bonito, Líbano, Tolima, 2001, P.153.
Un aspecto clave de esta dificultad, incluso cuando la mujer tiene la certeza de la pérdida,
es la imposibilidad de poder hacer el ritual de entierro.
Cuando me avisaron, yo me fui enseguida e hice las vueltas, conseguí el cajón, la
comadre me ayudó, lo llevamos al cementerio. No lo pudimos ni velar, lo tenían
125
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
en cuarto frío, no lo velamos sino en el cementerio y el mismo día lo enterramos
porque no se podía hacer velorio. No se podía llevarlo a la casa porque lo mataban
a uno, mataban a la familia. Barrio Mandela, Cartagena, Bolívar, 1998, P.248.
Uno de los elementos indispensables para la elaboración del duelo es la constatación de
la pérdida como definitiva y para ello tiene una función básica ver el cuerpo y constatar
su fallecimiento. En este conflicto armado colombiano y en el contexto de la represión
política iniciada en los años ‘80, la desaparición forzada ha ido haciéndose una estrategia
cada vez más masiva. Una estrategia para invisibilizar los hechos, para pretender eliminar
o diluir la responsabilidad de los perpetradores en la niebla del silencio, y sobre todo para
prolongar el dolor de la familia. Se trata de una de las estrategias más eficaces para mantener
un estado de dolor psíquico permanente, de doblegar las voluntades, como parte de
una estrategia de terror, asimilándose a una forma de tortura psicológica.
Tenemos una esperanza de que algún día se pueda saber la realidad de mi hijo,
que pasó o puede también llegar, como en muchas ocasiones hay. Me he dado
cuenta por televisión que a los treinta, cuarenta años han llegado sus hijos a la
casa. Yo guardo esa esperanza de que algún día pueda encontrarlo. Samaniego,
Nariño, 2001, P.348.
La desaparición de un ser querido, con las imposibilidades que esta situación supone en
términos de no poder realizar los rituales asociados culturalmente con la muerte, instala la
permanente esperanza de que la muerte no se haya producido o incluso que el ser perdido
vuelva mágicamente.
Hoy en día el sueño mío es que yo de pronto vaya por ahí en el camino con mis
hijos y que de pronto Pedro resucitará. Tierralta, Córdoba, 1993, P.82.
Las mujeres, y especialmente las madres, son quienes más alientan los procesos de recuperar
los cuerpos o los restos, con la intención de preservar algo del ser querido perdido,
como un punto de partida de un proceso que haga posible el desprendimiento afectivo del
que ya no está.
Mi mamá nunca ha podido superar eso, mi mamá nunca superó, mi mamá siempre
decía: “es que yo tengo que ir por los restos”, pero siempre todos se opusieron.
Belmira, Antioquia, 1986, P.90.
En otros casos, las mujeres han hecho su propio proceso de despedida y de asimilación
de ese duelo traumático. Si bien no se pueden establecer formas positivas o negativas de
enfrentar esa pérdida, que depende de múltiples factores, un aspecto clave a considerar es
la voluntad de la persona y respetar su propio proceso.
¿Sabes qué hice con la ropa de él, las cosas de él? Las metí en una caja, las mantuve
guardadas durante muchos años, hasta hace tres años que las regalé. Las
126
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
guardé porque pensaba que iba a volver. Pero ya yo no creo, ya di eso por perdido,
o sea ya di el caso, ya lo di, ya no está vivo. Buenos Aires, Cauca, 2000, P.329.
En general son las mujeres quienes más frecuentemente muestran ese impacto, en un profundo
malestar y dolor, pero también la lucha por encontrar una respuesta. Las denuncias
de las mujeres que han formado parte del movimiento de familiares de desaparecidos en
Colombia muestran ese papel activo y cómo sus denuncias han contribuido a presionar
a las autoridades y grupos armados, y denunciar internacionalmente dichas prácticas.
Dichas demandas se asimilan también a las que tienen algunos familiares de personas
secuestradas por la guerrilla y que murieron durante el cautiverio.
Escuchó el 18 de junio, por las emisoras, que las familias de los secuestrados
pedían que por favor les devolvieran, aunque fuera los cuerpos, para hacer el
duelo y darles una sepultura digna. Barrio Cerros de Maracay, Valle del Cauca,
2002, P.879.
Sin poder expresar el dolor
Uno de los impactos más negativos después de la pérdida traumática de seres queridos
es la imposibilidad de expresarse sobre la pérdida de la persona, el llanto o la rabia en
contextos donde todo eso se vuelve peligroso, o donde no hay condiciones ni apoyo para
poder hacerlo. El hecho de que la pérdida no se puede expresar o compartir abiertamente,
porque la persona está estigmatizada, la negación social de los hechos y la ausencia de
apoyo social constituyen factores de riesgo de duelo complicado muy frecuentes en los
casos de violencia política en Colombia.
A la muerte violenta de un ser querido, que tiene una causa social y política, se suman
factores como el no poder llorar, no poder recoger los cuerpos ni expresar públicamente
el dolor suscitado por el hecho. Todas esas cosas, que en los contextos de las diferentes
culturas forman parte del proceso de duelo normal, se hayan en estos casos alteradas. Los
ritos o las denuncias resultan peligrosos para los familiares, porque no se pueden hacer
ceremonias en condiciones, ni expresar la solidaridad con los otros. La expresión puede
hacer que las mujeres sobrevivientes sean de nuevo golpeadas, identificadas o señaladas.
Esta imposibilidad de expresarse sobre la pérdida agrava el proceso de duelo.
Me volví como al dolor. Uno allá se pone que uno no podía ir a enterrar a nadies,
no podía llorar a ningún muerto. Montería, Córdoba, P.86.
La falta de registro e inscripción del cuerpo, bien por desaparición o porque se impide
recogerlo luego del asesinato, ocasiona un efecto de suspensión que impide el “cierre
afectivo”, incluso la expresión sobre esa pérdida incierta. En otros casos esa negación de
la expresión tiene incluso que ver con la imposibilidad de recuperar los cuerpos, debido
al control que tienen los perpetradores sobre el territorio o las amenazas explícitas de no
127
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
recoger los cadáveres, como frecuentemente en el caso de los grupos paramilitares. También
numerosos enterramientos hechos sin conocimiento de los familiares han sido parte
de la reciente historia de Colombia.
Después, nos contaron que unos vecinos habían pasado por allá y lo habían encontrado
muerto en la orilla del caño y ellos, como para que los gallinazos no
acabaran con él, hicieron un hueco al pie de un limonero y ahí lo metieron. O sea
que nosotros como familiares no pudimos entrar a cogerlo ni nada. Comuna 13,
Medellín, Antioquia, 2002, P.877.
El control de las zonas por los actores armados, en este caso grupos paramilitares todavía
hoy en día, limita la posibilidad de acceso de los familiares a lugares de entierro y la posibilidad
del duelo o la investigación de los hechos.
Para colmo a mi hermano lo torturaron, le arrancaron las uñas, le quemaron los
testículos, lo rajaron los brazos y las piernas… lo torturaron muchísimo. Al hermano
que lo reconoció ya la policía le dijo que era mejor que dejara eso quieto
para que no se calentara él, que hiciera de cuenta que no había pasado nada, que
está aquí enterradito en el cementerio. Mi mamá y nosotras nunca pudimos ir
por allá porque eso es zona de conflicto. Por televisión dicen que se desmontaron
las autodefensas, pero eso son mentiras, esa gente sigue ejerciendo su poder. De
hecho nadie de la familia nos asomamos por allá, porque nos dijeron que no podíamos
entrar. Belmira, Antioquia, 1986, P.90.
Sin embargo, en algunos pocos casos las comunidades y familias afectadas confrontaron
a los perpetradores, como en este caso a un grupo del ejército en Huila, por los asesinatos
cometidos.
Cuando arrastraban a mi hija, les pusieron una barrera ahí, para no dejar pasar
la gente, entonces él se pasó a quitarle el arma a uno de ellos, que qué pasaba, que
nos explicaran. Entonces uno de ellos se agarró a disparar al aire, a dispararle
a la gente, pues como había gente tomada y la gente muy brava, que dijeran por
qué los habían matado y que explicaran. Entonces ellos, recogieron los cuerpos y
los trasladaron al departamento del Huila. Los botaron a la orilla de un río, ahí
los dejaron, y dijeron que ahí los fueran a recoger. Peruanza de Garzón, Huila,
2006, P.859.
La limitación de las formas de duelo comunitario supone una ruptura de las tradiciones
y de la cohesión alrededor de los ritos de despedida, donde se expresa la solidaridad con
los deudos y familiares. Esa limitación de la expresión de la solidaridad hace que los ritos
pierdan su función de apoyo mutuo.
Que sí, contestó uno y dijo: “lo pueden recoger de ahí, le pueden hacer su velorio
pero no lo vayan a hacer con bulla”. Belmira, Antioquia, 1986, P.90.
128
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
También el miedo limita en general la expresión del duelo. En algunos casos por el ambiente
de terror, en otros por las amenazas explícitas sobre su expresión.
La reacción de nosotros fue pues ahí donde estábamos llorar y no nos dejaban ni
llorar, que si llorábamos pues mejor dicho. Entonces uno amenazado tiene que estar
calladito, no tuvimos ninguna reacción ahí, asustados ahí muertos del miedo.
Timba, Cauca, 1999, P.436.
En otros casos, los cuerpos tuvieron que ser llevados fuera del lugar de los hechos, en medio
de condiciones precarias y de extrema peligrosidad. El riesgo asumido por muchas personas
en el trasporte de personas gravemente heridas o muertas, muestra la solidaridad mutua y la
importancia de recuperar los cuerpos para las familias y comunidades afectadas.
Cuando nosotros veníamos en el camino, todos juntos veníamos con la muerta
porque nosotros no la dejamos, ella venía dejando su charco de sangre en todo el
camino. La traían en hamaca. Entonces como no era a ella sola que iban a matar,
iban a matar a otros más, los que pudieron se fueron. Y nosotros, mejor dicho,
llorando, dando gritos por todo el camino con esa señora muerta en el camino.
Ahí en la carretera la recogió un carro y la dirigió hasta arenal. Corregimiento
Bayano, Bolívar, 2000, P.218.
Imposibilidad de recoger o identificar los cuerpos
La imposibilidad de expresión llegó al extremo de no poder recoger los muertos, o incluso
no poder recoger siquiera sus nombres como en el caso de la Comuna 13 de Medellín tras
el control de grupos paramilitares a partir de 2002. En otros casos, el hecho de no poder
recoger los cuerpos hizo que se los comieran los animales.
Me tocó en Riosucio, ver bajar balsas de hombres de tres, de dos, de cinco y los
gallinazos, ir allí sobre las barrigas de esos señores picándolos. Mataron a un
señor que era comerciante muy trabajador y nadie, nadie tenía derecho a cogerlo
pero allí dieron la orden como de cinco que bajaron muertos que los cogieran. Los
cogieron y los arrimaron allí a la orilla de esas casetas que utilizan en las aguas
para lavar y bañarse, y los gallinazos allí les rompieron la barriga. Riosucio,
Chocó, 1991, P.496.
La recogida e identificación de los cuerpos es parte del proceso de duelo bloqueado por
distintos actores armados. El reconocimiento es parte del derecho de los familiares para
poder identificar y tener certeza de la muerte de sus seres queridos. También supone exponerse
al horror de las muertes, la descomposición de los cuerpos o las lesiones de tortura
y mutilaciones frecuentes, pero es también el medio para confirmar su muerte. Hay que
tener en cuenta que la falta de claridad sobre la muerte o las dudas sobre la identificación
de los cuerpos suponen tareas inacabadas o inciertas que pueden tener un impacto a largo
plazo negativo.
129
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Sobre todo el físico, porque no poderla ver en un ataúd, como que duele, como que
usted llega y decir bueno traen a mi suegra, vamos a verla, vamos a hacer el velorio.
Pero tenía el ataúd sellado por la sangre que derramó o estaba derramando
de lo reventada que estaba por dentro, no se podía ver. Eso duele, duele porque
uno no puede ver esa persona, ni por última vez decir ¡bueno ya esta es la última
vez que la veo! Fue un shock de que a usted le borraron a alguien de un momento
a otro, ya, así. Y eso duele mucho. Sellado el ataúd con bolsas. Imagínese usted la
magnitud de eso. Bolívar, 2007, P.784.
En otros casos las mujeres han tenido que seguir un tortuoso camino de contactos con
testigos, visitas a la morgue, al cementerio, conversaciones con vecinos y responsables de
funerarias o cementerios para tratar de identificar signos que coincidieran con días en que
fueron llevadas personas muestras u otros detalles de los hechos que pudieran ponerles
sobre la pista de sus familiares.
El panteonero le había dicho que habían enterrado tres muchachos que estaban
como de NN porque no tenían papeles, y por las circunstancias de la vida, ese día
como a las seis y media de la noche se habían llevado a uno. Y allá ya entregaron
que miren la ropa y después que si lo reconocían. Entonces ya habían visto la camisa
y que sí que él. Entonces que ya sacarlo, ya ir al cementerio a sacarlos para
lavarlos y entregarlos. Túquerres, Nariño, P.508.
La alteración de los rituales
El ritual del entierro “humaniza” la muerte, hace posible un proceso de asimilación en términos
psíquicos, facilitando el desprendimiento afectivo y la continuación con la propia
existencia. En condiciones “normales” estos rituales tienen una dimensión comunitaria, y
siguen ciertas reglas y usos tradicionales. En estos casos de muertes violentas, los rituales
pueden mostrar la solidaridad con los familiares y también constituyen lugares de recuerdo
colectivo o incluso de denuncia de los hechos.
Cuando se da el bloqueo o el impedimento de estos rituales se produce una suerte de
suspensión de un proceso que no puede culminarse. También la ausencia de información
o las amenazas implican impedir el proceso de búsqueda, lo que tiene efectos muy negativos
en estos procesos.
Lo que más me duele es que nunca lo pudimos encontrar y lo que más quería era
haberlo encontrado para haberlo enterrado, porque esa gente, en ese entonces,
no dejaba que la gente fuera a buscar su duelo sino que se oponían a uno. Según
lo mataban, amenazaban que nos iban a matar. Entonces por eso no lo pudimos
encontrar nunca para enterrarlo, sino que quedó desaparecido y ese trauma
nunca se le borra a uno. Riohacha, Guajira, 2007, P.102.
130
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Numerosos relatos de las mujeres señalan las órdenes bajo amenaza de muerte de no recoger
los cuerpos. En ocasiones, con la intención explícita de hacer un mayor daño a los
sobrevivientes. En otros, para poder retirarse a sus zonas de retaguardia. Sin embargo, el
impacto en los familiares conlleva en ambos casos impedir encontrar el cuerpo y poder
hacer los rituales de entierro. Muchos ríos en regiones como el Chocó y otras zonas de
selva, se convirtieron en fosas comunes.
A él lo mató la guerrilla porque, según ellos, era colaborador de los paracos.
Quienes lo mataron dijeron que no lo podía coger hasta dos días. Pero llovió mucho
y el aguacero se lo llevó, no lo pudimos enterrar. Tolima, 1960, P.121.
Que se consuma, en el río, en el agua. Es muy duro. Tolima, 1960, P.121.
A ello se suma la alteración de los procesos personales como la expresión del dolor y
el dominio que ejerce el otro, tanto en el ámbito social, como territorial, comunitario y
personal, dominio derivado del poder que se impone por las armas. Además, el control de
los actores armados se continúa luego del asesinato y entierro del ser querido, mediante
acciones de seguimiento y hostigamiento a la familia y dolientes.
Bueno de ahí lo se recogió porque ni la policía quiso irlo a recoger, lo recogieron
sus hermanos lo enterraron y a los tres días del velorio nos tuvimos que salir, o
sea prácticamente huyendo porque se oían rumores de que ellos nos iban a coger
a todos en el velorio. El velorio fue suspendido y se le terminó de hacer en Magangué.
Carmen de Bolívar, Bolívar, 1990, P.266.
También me dijeron que desocupara porque si no me pasaba lo mismo que a ellos,
así que tuve que salir a duras penas con lo que tenía, no pude enterrar a mis seres
queridos, esto me dio muy duro. San Bernardo del Viento, Córdoba, 1994, P.267.
Varias son las circunstancias que conducen a la alteración de los rituales de entierro en
los casos referidos por las mujeres entrevistadas, como la imposibilidad de recuperar los
cuerpos, de realizar su entierro en condiciones dignas o el hecho de que los cuerpos fueran
comidos por los animales.
Mi papá no podía venir porque lo mataban y nosotros estábamos muy pequeños,
ahí lo dejaron… subió un primo de nosotros y lo recogió y lo enterró pero los
huesitos porque se lo habían comido los gallinazos. Barrio Miraflores, San José
del Guaviare, 2007, P.35.
En otras, las amenazas de muerte llevan incluso a no poder participar en los rituales de
duelo o despedida, como en este caso al tener que huir antes incluso de poder enterrar a
su hermano.
El papá llegó, como a las doce del día de Saravena, el vio a su hijo, nos los llevamos
para la iglesia, para el sepelio… llegaron unos manes, un señor alto que yo la
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
realidad no le pude mirar la cara. Vi al man hablando con mi hijo, pero no supe
más nada. Pero le dijo: “¡si usted no se va dentro de 24 horas, o sea, usted tiene
que desocupar Barrancabermeja antes de que entierre a su hermano porque no
respondemos por su vida!” Las Granjas, Barrancabermeja, Santander, 2004, P.748.
En algunos casos, grupos paramilitares incluso han sido parte del negocio de las funerarias
en ciertas regiones, con lo cual convirtieron a estas en mecanismos para ocultar
los hechos, conocer las respuestas de los familiares y hacer negocio, en un ejercicio de
perversión, control y crueldad.
Ellos la velaban y todo y le daban el cajón, pero le cobraban a uno más de un
millón de pesos. La funeraria era de ellos, de los paracos. Fueron paracos los
que la mataron, las autodefensas… ellos mismos la recogieron. Entonces no me
la dejaron velar porque yo la saqué de donde ellos, donde la funeraria y la llevé a
donde otra funeraria de la Candelaria y entonces ellos… porque yo no tenía plata
y todavía la estoy debiendo. Ocaña, Norte de Santander, 2004, P.777.
Otra de las dificultades asociadas con la imposibilidad de los rituales es que, en ocasiones,
la familia no tiene manera de enterarse de la muerte y cuando saben la noticia, ya está
sepultado el cuerpo
Explicaciones a nadie, ni que escuchara a nadie, entonces yo la pasaba llorando
ahí ocho días. A los ocho días me llevaron al cementerio para que supiera donde
estaba él. Fui y lo habían puesto en una tumba muy bonita y ahí me di cuenta
donde estaba él y ya, ya me vine para acá. Urabá, Antioquia, 1985, P.42.
Las mujeres parecen en los testimonios como las más frecuentemente encargadas de los
ritos de duelo, quizá como una función profundamente articulada al cuidado de la vida y de
los cuerpos de sus familiares. Se trata de una tarea de cuidado que se prolonga más allá de la
existencia y que cumple con una función comunitaria particularmente importante, en tanto
permite la inscripción de la muerte y de la pérdida en la red simbólica colectiva.
Yo así me toque velarlo en la calle, pero que me maten con él ahí, porque para mí
era muy duro salir y dejarlo ahí, sin saber si le daban sepultura. Entonces el papá
decía que no, que mirara a lo que nos estábamos exponiendo y yo, que nos expongamos
o lo que sea, pero yo no lo dejo sino enterrado, inclusive es una cosa muy
triste, y esas son cosas que a uno nunca se le olvidan, porque eso fue tirándole la
última palada de tierra y nosotros saliendo en un carro para acá. Vereda Loma,
Urrao, Antioquia, 1996, P.70.
En la mayor parte de los casos analizados, las mujeres no pudieron hacer sus ritos en
condiciones mínimamente aceptables. Las referencias a ceremonias en medio del miedo,
sin tiempo para su despedida, sin poder llevar a cabo las prácticas tradicionales, tejen la
experiencia de las mujeres. Por ejemplo, en este caso por las amenazas de grupos paramilitares
y el temor a las consecuencias hacia los familiares.
132
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Lo enterramos el dos, yo le hice las vueltas a los dos días, cuando me avisaron.
Conseguí el cajón, la comadre me ayudó, lo llevamos al cementerio, no lo pudimos
ni velar, lo tenían en cuarto frío. No lo velamos sino en el cementerio y el
mismo día lo enterramos porque no se podía hacer velorio. No se podía llevarlo
a la casa porque lo mataban a uno, mataban a la familia”. Apartadó, Antioquia,
1997, P.128.
Algunas mujeres dan cuenta de que al dolor e impacto producido por la muerte de un ser
querido, se suman múltiples dificultades económicas para llevar a cabo el entierro.
No teníamos plata para velarlo, eso costaba mucho. Entonces ¿qué me tocó hacer?
Pasar por el dolor de que mis hijos no lo vieran y sacarlo de ahí en una
funeraria que la alcaldía de Medellín me regaló. Sector Maruchenga, Bello, Antioquia.
1992, P.78.
En diferentes regiones del país, las referencias al entierro son variadas aunque conservan
un significado común en relación a los fallecidos. Las referencias a la sepultura como un
descanso y respeto con la persona fallecida son generales.
Yo quedé en un hueco total, que lo único que me importaba era encontrarlos y
darles una cristiana sepultura; y luché, y luché y nos metimos y nos decían que
no nos metiéramos allá porque nos mataban, a mí no me importaba eso. En ese
momento para mí no había lágrimas, lo importante era salvarle la vida a los que quedaban
y enterrar a mi papá y encontrar a mi hermano, que esa era la otra meta mía.
Encontrar a mi hermano porque yo sabía que no podía descansar en paz hasta que él
no estuviera en cristiana sepultura. Palmira, Valle del Cauca, 2007, P.167.
La expresión “descansar en paz” habitualmente se dirige a los muertos, sin embargo la
mujer que reporta este testimonio da cuenta de cómo la propia paz depende de llevar a
cabo un ritual definido por la cultura para cerrar el vínculo con el otro, se supone que el
alma del difunto no descansa si no se hacen dichos rituales.
En ningún momento vi su cuerpo. Yo simplemente llegué allá, me mostraron el
certificado de defunción y pasó todo esto que le acabo de contar. Y gracias a la
buena generosidad de este señor de la funeraria de Cúcuta, nos salvó la vida a mi
hermano y a mí, pero regresé con las manos vacías a enfrentar un mundo distinto.
San Onofre, Bolívar, 1999, P.192.
El proceso de búsqueda de los desaparecidos, de los cuerpos o posibles lugares de entierro
clandestino, supone para las mujeres arriesgar su propia vida.
Ese día, todos llegamos con machete y azadón. Eran las cinco de la tarde y no la
encontrábamos, decíamos que era una trampa, que en cualquier momento nos iban
a matar a todos. Yo lloraba y rezaba. Hasta que nos sentamos en un barranquito y
cosas de Dios, yo solté el machete, lo clavé en la tierra y el machete se fue hasta la
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
cacha. Dijo el sobrino quítense de ahí que ahí hay algo, dije ¡ay, Dios mío! pasar
tanto tiempo por acá y estaba ahí. Carmen de Bolívar, Bolívar, 1990, P.266.
En los casos donde los restos de sus seres queridos fueron localizados, la demanda central
de las mujeres es ir a recogerlos, recuperarlos a pesar de las enormes dificultades y
aunque sea tiempo después. Las demandas de recuperación no caducan para las mujeres
y tienen siempre una función dentro del proceso de duelo, aunque puedan vivirse de diferentes
maneras según el tiempo transcurrido desde los hechos. Las mujeres muestran
su firme voluntad y la necesidad de hacerlo por encima de cualquier peligro, dificultad
económica o práctica para llevarlo a cabo.
De ahí pues nosotros no pudimos ir a recogerlos, como que llamaron helicópteros
de Granada y de ahí se llevaron un poco de gente y los niños míos. Ahorita
estaban diciéndome que de pronto hay una Comisión para entregarnos los restos.
Clemencia, Bolívar, 1996, P.268 .
Me dijo que él se encontraba allí, yo le dije afanosamente que como así para recuperar
el cadáver de él, ella me dijo que tenía que esperar porque la Fiscalía y
los juzgados se encontraban en paro y que pues valía cuatrocientos mil pesos la
exhumación del cadáver. Le dije a mí no me importan los cuatrocientos mil pesos,
yo miro cómo los consigo, quiero que me diga qué requisitos necesito para traer.
San José del Playón, María La Baja, Bolívar, 1999, P.258
Sin embargo, los entierros de forma precaria, sin participación de los familiares o hechos
de cualquier manera sin respetar sus tradiciones ni el sentir de los familiares son vistos
después como un nuevo impacto.
Terrible, eso cada una cogió por su lado, ni el entierro les dejaron hacer a ninguna
de esas personas, eso lo que hacían eran unos pozos y échelos ahí como caiga,
eso es muy terrible, yo no me quisiera ni acordar de eso. Carmen del Bolívar,
Bolívar, P.279.
Numerosos rituales y entierros se hicieron en condiciones de riesgo y en medio de fuertes
peligros para los familiares, como en el siguiente caso.
Llegamos a acompañar a nuestra hermana y enterrar a nuestro sobrino y enterrándolo
llega la guerrilla a la casa de mi mamá a preguntar quiénes han venido.
Mi hermana, a la que la buscaba la guerrilla, no pudo ir a enterrar al sobrino.
Teníamos un primo que es policía y está en Ibagué, y tampoco pudo ir, a mis
hermanas las afectó mucho. Mi hermana perdió su bebé y encima a su otro hijo,
las otras, venirse a una ciudad sin nada, sin ayuda económica como empezar de
nuevo. Santa Cruz de Lorica, Córdoba, P.282.
En otros, se trataron de hacer incluso en medio de enfrentamientos o acciones armadas,
como en el caso de la masacre del Naya.
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La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Eso es cerca del Naya. Lo estuvimos allí velando un rato y ahí lo echamos para allá y
ese día mismo, como estaban peleando por allá, llegamos e hicimos un medio entierro,
pues no lo pudimos enterrar bien. Cuando estábamos en el cementerio empezó una
plomacera [disparos] y pues nos tocó dejarlo ahí como más se pudo y correr para la
casa otra vez. Barrio El Porvenir, Santander del Quilichao, Cauca, 2001, P.326.
Lo íbamos a velar allá cuando en esas empezaron que es que, los paracos estaban así
al frente y la guerrilla así al frente y empezaron el tiroteo y nosotros quedamos en el
medio de ellos con el cadáver de mi hermano allí, o sea nosotros estábamos ahí en el
cementerio y empezó esa balacera así, se veían balas cuando pasaban y nosotros en el
medio. Ya la mayoría de los acompañantes se fueron atemorizados y nosotros solo los
que quedábamos allí, enterrando, la pura familia. Naya, Cauca, 2001, P.327.
En los casos de masacres, dichos entierros colectivos en medio del terror fueron la experiencia
más común, marcando la vida colectiva.
Si así en el camino donde lo habían tirado, ellos habían ido y lo habían tirado
barranco nomás encima, lo taparon así nomás tapado, porque se mantenían
caminando perros y gallinazos, entonces se lo comían, y por eso lo han tapado,
mientras llegaban los familiares. Ese día nosotros fuimos por la noche y fuimos
poquito, ¿cómo íbamos a hacer para destapar si no habíamos llevado pala ni
nada, así como hacíamos? Llegamos y más de uno, pues el temor y el lloramiento
viendo ahí qué hacíamos, y nos devolvimos en las mismas. Barrio El Porvenir,
Santander del Quilichao, Cauca, 2001, P.326.
No poder tener el cuerpo para darle sepultura, bien sea por desaparición, porque se impida
recuperar el cuerpo o por secuestro, obstaculiza la elaboración del duelo, dejando
un sentimiento de permanente incertidumbre y sentimiento de vacío. La demanda de las
mujeres familiares con personas asesinadas o desaparecidas es que en Colombia pueda
darse un proceso de reconocimiento, investigación de los hechos e información sobre el
destino de sus familiares.
Que ninguna mujer pase por el dolor de ser desplazada, de tener un hermano
secuestrado, de no saber qué le pasó. Y acostarse todos los días con esa incertidumbre
de lo que le pasó. Porque si está muerto uno sabe dónde está enterrado.
Yo ese duelo ya lo hubiera cerrado, pero como no sé dónde está, ese duelo no lo
he podido cerrar. Porque nadie me ha dicho lo que pasó con mi negro. Porque si
me hubieran dicho “mire, su hermano está en tal parte, váyase”. Uno cierra y
uno se conforma, porque está enterrado en alguna parte. En este caso no sé absolutamente
nada. Eso le pido, eso yo quisiera ver algún día en este país. Segundo
Nuevo, Bolívar, 2002, P.293.
Las mujeres entrevistadas hicieron lo imposible por tratar de rescatar los cuerpos de sus
seres queridos asesinados y darles una digna sepultura. En muchas ocasiones les tocó
gastar lo que no tenían para pagar traslados, certificados o gestiones para los funerales o
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
sepultura, tratando de buscar apoyos solidarios de diferentes personas o instancias, como
en este caso, para sacarlo de una fosa común y llevarlo o enterrarlo dignamente.
Para mí fue muy duro saber que mi hijo estaba enterrado allá, no era mi hijo de
sangre, pero era mi hijo de crianza. Empecé en Cúcuta, yo iba a la Fiscalía, yo
iba a derechos humanos y ninguno me colaboraba, aquí monseñor me ayudaba,
a lo último pero contadito. Un señor de la vereda al verme desesperada me dijo
tranquila, consígase 300 mil pesos y yo le ayudo a sacar los huesitos, ya con cuatro
años, seis meses que tenía mi chino enterrado y la Fiscalía aquí, por medio de
monseñor él me… me ayudó a enterrarlo, pero mi vida de ahí para acá ha sido…
Vereda Campo Seis, Santander, 2003, P.775.
En otros casos, frente a la imposición de los perpetradores y el miedo que impide buscar a
la persona, y desobedeciendo ese mandato, las comunidades y familias afectadas hicieron
sus ritos en base a su cultura aún sin la presencia del cuerpo, como una forma de despedida.
Estas tradiciones que pudieron expresarse de forma parcial y fragmentada han sido
sin embargo un soporte para los familiares.
Nadie podía ir a buscar nada, no pudimos irlo a buscar y entonces ya yo me vine
para acá para Quibdó y allí la gente como hacían sus novenas, se le hizo la última
novena ahí, y pues me vine. No hicimos nada de irlo a buscar ni nada, porque
esa gente reaccionaba tan duro que nadie podía ir a buscar su deudo. Riohacha,
Guajira, 2007, P.102.
El impacto cultural
En lugares de fuerte cultura afrodescendiente o indígena, la dimensión colectiva de
las pérdidas o la imposibilidad de recoger los cuerpos, tienen un fuerte impacto cultural.
Las reglas y normas sobre el duelo ayudan a restructurar la relación entre los
vivos y los muertos, y en muchos de estos casos la imposibilidad de recuperar los
restos, de saber dónde están o la destrucción de los cuerpos, pueden tener diferentes
sentidos en el marco de la cultura. En el caso de Chocó son frecuentes expresiones
como “el aguacero se lo llevó”, o “que se consuma, en el río, en el agua, es muy
duro”, para señalar de qué manera los cuerpos quedan a disposición de los elementos
naturales ante la imposibilidad de recogerlos y darles entierro.
Estas circunstancias alteran el proceso de duelo, tanto en lo personal o familiar como
en lo comunitario y social, en tanto se impiden los rituales que permite inscribir en lo
simbólico la muerte de los fallecidos y reestructurar las relaciones de apoyo y solidaridad.
Además, las muertes han tenido en muchos contextos una dimensión masiva,
con un fuerte impacto comunitario. El duelo puede tener en esos casos también una
dimensión colectiva, como en el caso de las masacres. La movilización colectiva en
algunos de estos casos supone una forma de afrontar estos duelos colectivos, pero el
significado y los impactos culturales son aspectos claves a considerar.
136
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Se los llevaron los paramilitares, regresó uno solo y después aparecieron los otros.
Mataron a un amigo que no fue enterrado, se consumió en el río Atrato. Después
aparecieron otros, había siete en esa fosa común. Se dieron cuenta porque el uno
sacó un pie y una mano porque no los pisaron bien, hicieron el hueco y los metieron
ahí y llovió. En esos días estaba lloviendo mucho, entonces sacó una rodilla y una
mano. Riosucio, Chocó, 1991, P.496.
El duelo entre las crueldades
Otro aspecto que aparece vinculado con las dificultades para la elaboración de los duelos
y el manejo de las pérdidas afectivas es la crueldad con que se realizaron numerosos actos
de sevicia y masacres. Además del acto mismo del asesinato, se añade aquí la crueldad
expresada por tortura o despedazamiento del cuerpo, prácticas que se refieren especialmente
en los casos de grupos paramilitares.
Así no se mata ni a un animal. No pude ni acercarme al ver a mi papá en el estado
en que lo mataron, porque así no se mata a un animal. Santiago Pérez, Ataco,
Tolima, 2007, P.125.
Mi hijo lo mataron e iba bajando por el río, agua abajo, sin cabeza, con los brazos
amarrados por detrás. El Castillo, Meta, 2005, P.130.
Esa crueldad resulta insoportable. Las atrocidades cometidas con torturas hasta la muerte
o posteriormente en las mutilaciones de los cuerpos muestran el máximo desprecio por la
vida y por el dolor de las víctimas
Pero usted no se imagina en las condiciones que estaba mi papá, tremendo, terrible.
Yo nunca pensé ver a mi papá en un cajón, pero que se muriera de viejito, no
en una situación como yo lo encontré. A mi papito le habían quemado la carita
con ácido, lo habían rajado de extremo a extremo… una cosa muy, muy horrible.
Palmira, Valle del Cauca, 2007, P.167.
Estos actos de sevicia suponen una expresión del horror hasta el que se está dispuesto y
transmiten un significado de terror y de dominio sobre los afectados. El aparente exceso
de crueldad inmotivada, incluye una racionalidad de difundir el terror de forma ejemplificante,
paralizar a las familias o comunidades afectadas, y llevar a cabo el desplazamiento
forzado o la sumisión total. También supone el máximo desprecio de destruir hasta la propia
imagen del ser querido. Otras “razones” de estas atrocidades son el ocultar los actos
evitando el ruido de las armas. Otras aparecen como absurdas y a la vez racionales, como
por ejemplo hacer enterramientos clandestinos en lugares más reducidos, lo que muestra
el grado de deshumanización de los perpetradores.
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Es así para que la gente no escuche disparos ni nada, que a la gente la pican
porque así es más chiquitico el huequito, mientras que el cuerpo entero se lleva
más. Yo ese día en medio del dolor decía, gracias a Dios no la encontramos
ese día. Hubiera sido más duro recién. Fue muy doloroso. Carmen de Bolívar,
Bolívar, 1990, P.266.
En el caso de los llamados falsos positivos, de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo
por miembros del ejército colombiano, no solo se trata de una muerte a la que no es posible
dar una explicación dado que se trata de ejecuciones presentadas de forma manipulada
como enfrentamientos, sino que al tratarse de la actuación de representantes públicos
que tienen la obligación de proteger a la gente, se resignifica la acción del Estado, de ser
teóricamente protector a ser agente del terror.
Lo señalan como un narcoterrorista, donde dicen “ah, ustedes vienen por el narcoterrorista”.
Entonces hubo una controversia, donde demostraba que mi hijo
era de educación especial, pero el juez dijo “es el reporte del ejército”. Le dije
“sí señor es la palabra de ellos contra la mía, pero puedo demostrar que mi hijo
permanecía en la casa ya que era de educación especial, no entiendo por qué lo
tildan de pertenecer a un grupo al margen de la ley”. Yo creo que esa palabra
nunca la podría entender mi hijo. María La Baja, Bolívar, 2005, P.258.
A esta circunstancia se suma una expresión de irrespeto por los cuerpos y de los sobrevivientes,
dado el control, la sospecha, o la estigmatización intencional de víctimas y
sobrevivientes llevados a cabo. Al igual que el ritual, demostrar respeto por el cuerpo
del otro se encuentra asociado a los procesos de duelo y cuando esto no está presente se
suma como elemento que dificulta el proceso. Parte del ceremonial de entierro, supone
la importancia de transformar el NN en un nombre propio que recupera la identidad y
singularidad. Esto impide que los cuerpos sean tratados como desechos, como basura que
se arruma y se desecha.
Miedo y terror en exhumaciones de ejecuciones extrajudiciales
Dije “¿por qué están separados así, no están en el mismo cementerio? Dijo: “señora
es que acá la masividad de cadáveres que llega es mucha, el cementerio se saturó,
no tenemos espacio para meter N.N. No llega nadie a reclamar así gente, entonces
tocó alquilar un cementerio comunitario y abrir fosas más grandes para que quepan
quince cadáveres, porque el cementerio tiene capacidad para seis cadáveres. Él
preguntaba cuál cadáver queríamos exhumar primero. Yo le dije que quería que el
de mi hijo fuera muy temprano, antes de que los medios de comunicación hicieran
el rastreo, porque yo realmente me siento incómoda. Tengo una familia que proteger
y no sé a qué nos estamos enfrentando. Nos dijo, “si usted está a las cuatro de la
mañana, iniciamos a las cuatro de la mañana”, le dije listo.
138
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Yo aún, entre todo lo que estaba pasando, no podía creer que mi hijo estuviera muerto,
no entendía la magnitud del problema al que nos estábamos enfrentando. Ya habían
sacado a mi hijo, sacaron un cadáver, el segundo y el tercero era mi hijo. No
me dieron la oportunidad de identificarlo porque los del Ejército nos rodearon y
mandaron a un señor de civil para que le tomara fotos a mi hijo. Mi hijo mayor se
enojó mucho, le botó la cámara para que no se llevara las fotos de su hermano. Estábamos
muy enojados, porque nos estaban irrespetando nuestro duelo, nuestro dolor.
Nos obligaron a que diéramos un reporte. Les dijimos que solamente queríamos el
cadáver de mi hijo y ya nada más. Entonces ellos llegaron a presionarnos que quién
era la persona que estaban exhumando. Ya a él lo embalsamaron, lo metieron en el
cofre. No tuve la oportunidad de mirar a mi hijo, lo llevamos a la funeraria, de ahí
quedó en la funeraria en velación. María La Baja, Bolívar, 2005, P.258.
El manejo del impacto del duelo
Algunas mujeres dan cuenta de la diversidad de los duelos cuando se trata de la muerte
de los hijos y de los compañeros afectivos, o de las distintas relaciones que tenían con los
fallecidos y de sus distintas maneras de manejar la pérdida. No se trata del mismo dolor ni
de la misma pérdida por la diversidad de significaciones que tienen las relaciones, las características
personales o el grado de apoyo social y formas de afrontamiento diferentes.
Me afectó horriblemente cuando mi esposo murió, fue muy duro, muy duro. Pero
cuando me mataron mi hijo… se acabó, ya no, ahí nada. Yo cantaba: sin tu amor
ya no hay alegría… y son 17 años ¿y usted cree que soy capaz? No, porque es que
él y yo no éramos como mamá e hijo, éramos como dos amigos, él y yo éramos
amigos. Sabaneta, Antioquia, 1974, P.75.
La muerte de un ser querido produce impactos en los vínculos familiares, y en la vida
que las mujeres podrían tener o imaginan con sus seres queridos vivos. El apoyo afectivo
y económico que proporcionarían a sus vidas hoy en día, actualizan el sentimiento de
pérdida.
Ella llora su hermano: “si mi hermano viviera esto aquí no estaba así, si mi hermano
viviera ¿te imaginas cómo te tuviera la casa de linda? porque él era muy
trabajador”. Yo delante de ella no lloro ni hablo cosas malucas, porque la afecto
más. Sabaneta, Antioquia, 1974, P.75.
Igualmente, algunas mujeres dan cuenta de una referencia permanente al ser querido que
han perdido, se trata de un sentimiento de añoranza y de constante evocación de su presencia
por la significación que tenía para la familia o la mujer.
Entré a la universidad, no he sido de las mejores estudiantes pero tampoco mala.
De pronto en las exposiciones que me tocaba hacer en clases a veces las palabras
139
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
no me salían o me distraía mucho, no era como muy buena para expresarme,
se me dificultaba mucho. A veces estaba en clases y como que pensaba en otras
cosas, me ponía a pensar en él o a veces me ponía a escribir en el cuaderno. Recuerdo
que comenzando los primeros semestres, mis compañeros me decían que
dejara de pensar en el novio. Y lo que ellas nos sabían era quién era, pues estaba
pensando en mi papá y que las cosas que escribía eran para él. Santander de Quilichao,
Cauca, 2000, P.316.
Sin embargo, en la práctica totalidad de las situaciones, y a veces al margen del impacto
afectivo, las mujeres han tenido que adaptarse a la situación, a vivir sin la persona y centrarse
en la vida cotidiana. Algunas mujeres dan cuenta de estas tareas y a la vez estrategias
para enfrentar los duelos, como ocuparse del cuidado de sus hijos
Buscar la comida para los niños que decían: “ay mamá yo tengo hambre”, y no
había nada. Eso como que me distraía, me cambiaba lo que me había sucedido
a mí y me hacía como pasarme a otro plano de mirar una necesidad que estaba
presente. Usted se puede imaginar yo tal vez por allá encerrada llorando y la
gente con hambre. No, yo no era como de esas personas. Buenos Aires, Cauca,
2001, P.310.
Muchas mujeres no han tenido otro remedio que adaptarse a la situación sin ningún tipo
de apoyo. Las tareas de adaptación se hacen en estos casos de forma mucho más precaria
y estresante. Las mujeres tienen que enfrentar el cuidado de las hijas e hijos, la sobrevivencia
económica o hacer de padre y madre a la vez con sus hijas e hijos, en un contexto
difícil y sin apenas apoyo.
De ese tipo, y aquí, por lo menos en esos tiempos, a uno nunca lo ayudaron. Decir
tal vez las autoridades: “llevemos la señora, ella tiene un trauma porque pasó por
eso”, no a uno no le ponían un psicólogo. Uno tenía que pasarlo así, únicamente
que la gente le decía: ”tenga mucho valor mija, usted tiene sus niños pequeños”,
pero no saben lo que uno tiene por dentro que eso le está trabajando a uno. Uno
lleva eso y nunca se olvida, eso es un trauma horrible. Vereda Piedra de Bolívar,
El Tambo, Cauca, 2001, P.324.
La relación con los ausentes
Las formas de recuerdo de sus familiares fallecidos o desaparecidos son muy importantes
para las víctimas. Si bien esas formas de relación con los ausentes pueden ser vistas
en ocasiones como barreras para el proceso de duelo y despedida, más bien suponen en
general formas adaptativas y positivas de mantener un lazo afectivo distinto con los que
ya no están, y que frecuentemente las mujeres señalan que les ayuda a enfrentar el duelo
o superar la tristeza.
140
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Yo después de la muerte de mi hijo soñé un día que estábamos en un campo así
todo verdecito, todo bonito, y yo estaba de la mano con él, conversando. Entonces
él me dijo: “yo me voy, me tengo que ir ya, cuídese mucho que la Virgen las acompañe
y siga en su camino, trabaje, capacítese”. Me dijo muchas cosas. Entonces
yo le dije: “no se vaya, me voy con usted”. Y me dijo “usted no se puede ir conmigo
usted se tiene que quedar yo en voy solo”. Y salió y se fue. Antioquia, 2007, P.1.
Numerosas mujeres compartieron en las entrevistas sus sueños con los ausentes. Algunos
sueños tienen una función claramente adaptativa en ese proceso de duelo y tienen como
“tema” la relación con la persona y el desprendimiento, a la vez que el recuerdo y frecuentes
mensajes para su vida.
Para mí es como si mi esposo se hubiera ido y ya va a llegar. Me sueño a mi esposo
y me dice que no le gustó que hubiera hecho aseo y sacado a botar cosas de
él. Y me dijo que me iba a dejar y que para siempre. Me lo soñé delgadito. Bucaramanga,
Santander, P.571,
Todo cambió porque imagínese cuando me acuesto tengo presente mi hijo, me
coloco a servir la comida tengo presente mi hijo y así eso no se me sale de la
mente. En el sueño, parece que lo veo desnudito y se me para y se me presenta sí
en sueños. Mocoa, Putumayo, P.449.
A veces he tenido sueños de que lo miro a él y que me quiere decir algo, no sé si
será psicosis mía o es real que me quiere decir algo, cuando me pongo a hablar
de él, siempre lo miro en la noche o no sé si es por lo que cuento. Puerto Guzmán,
Putumayo, 2011, P.572.
El recuerdo de los seres queridos es un aspecto clave en los procesos de duelo. También
en muchos casos de la violencia en Colombia, dichas formas de recuerdo se encuentran
distorsionadas por la incertidumbre sobre la pérdida, el recuerdo traumático de las atrocidades
o la falta de espacios sociales de recuerdo colectivo. Para las mujeres que han
perdido a sus familiares, mantener una imagen positiva de ellos es muy importante. Integrar
esa imagen y recuerdo de la persona ausente en la dinámica familia, poder hablar
de él, sus aficiones, cómo era o incluso las ambivalencias es un aspecto positivo para el
proceso de duelo.
Ella, para tomar, toma al escondido de mí y pone su música y eso. Es ahí donde
mi hermano viviera porque ella ya tiene tres nietos y de esas tres nietas hay dos
que son mellizas una es blanca, y una negra pero negra y las llaman las nucitas.
Entonces me dice, mami te imaginas donde mi hermano viviera ¿cómo estaría de
matado con estas muchachas? y le digo yo pues imagínate, y si mi hermano viviera
nosotros no pasábamos por esta, porque él vivía pendiente de que a ella no le
faltara nada y de que a la otra tampoco le faltara nada y cuando son groseros los
nietos conmigo les dice: “denle gracias a mi Dios que mi hermano no está vivo,
porque si no otro gallo les cantaba”. Sabaneta, Antioquia, 1974, P.75.
141
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Explicaciones sobre la muerte y la desaparición
Una parte de las dificultades que numerosas madres especialmente tienen en la relación
con sus hijos e hijas, es cómo explicar la muerte violenta, sus porqués, o la desaparición
forzada. La falta de sentido de las muertes, su carácter intencional, la acción de los perpetradores
y el nivel de desarrollo cognitivo y moral de los niños y niñas condicionan el
tipo de explicaciones y el nivel de comprensión de ellos.
Cuando ella tenía como 7 añitos es donde ella veía de que la gente que muere los
entierran en el cementerio y un día me dijo, que yo le decía que el papá estaba
muerto pero que yo nunca la llevaba al cementerio a visitarlo, que si era que él
estaba en el cementerio o dónde era que estaba. Entonces es algo que, a mí me
dolió mucho cuando ella me habló de esa manera, cuando era muy niña, todavía
está muy niña. Santander de Quilichao, Cauca, 2001, P.318.
Las explicaciones aparentemente sencillas que pueden dejar los niños y niñas un tiempo
tranquilos frente a la eventualidad de un regreso, como que se ha ido de viaje o que regresará
pronto, suponen con el tiempo nuevos impactos dada la ausencia de relación la
explicación y la experiencia directa. Por otra parte conlleva la búsqueda de explicaciones
alternativas que pueden relacionarse más con su conducta: “si mi papá no vuelve debe ser
que yo hice algo malo, o si no me llama por mi cumpleaños es que no me quiere”.
Yo me había hecho a la idea que él se había ido de viaje y que en cualquier momento
podía llegar. Yo no había trabajado el duelo y eso fue lo más duro. Popayán,
Cauca, 2001, P. 323.
En el caso de los desaparecidos o de las personas cuyos cuerpos no pudieron ser recuperados,
la falta de sepultura, de lugar de encuentro simbólico, de referencia para la relación
con los deudos tiene un impacto también en el duelo de los niños y niñas, que tienen
mayores dificultades para asimilar la pérdida y contar con explicaciones que les ayuden
a entender lo sucedido.
Es muy doloroso que el día de mañana, así como ahora, no sepan mis hijas donde
irle a llorar o irle a llevar un ramo de flores al papá. Eso fue frustrante, esa cosa
acá, eso fue duro, parte el alma. Buenos Aires, Cauca, 2000, P.329.
La posibilidad de mantener el diálogo con los niños y niñas, responder a sus preguntas
honestamente en la medida de lo posible y no darles explicaciones simplistas que
generen mayor malestar o preocupación, es parte del camino que muchas mujeres han
tratado de hacer, en medio de enormes dificultades, y que puede ayudar a un acompañamiento
en estos procesos. La peor estrategia en estos casos es el silencio o pensar
que los niños y niñas no se enteran de lo que sucede a su alrededor o que no son tan
sensibles a la pérdida, aunque la expresen de otras maneras, especialmente a través de
su comportamiento.
142
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
El duelo en el destierro
Una de las consecuencias de las que dan cuenta las mujeres como resultado del asesinato
de un ser querido es la necesidad de abandonar el territorio dado, que probablemente se
encuentra expuesta al mismo riesgo de ser asesinada.
Después de eso no esperé novenas ni nada, me tocó huir porque pensaba que lo
mismo que le había pasado a él me iba a pasar a mí, porque yo aún conocía a las
personas que le hicieron eso a él. Entonces me tocó huir para donde mi papá y mi
mamá. Guaquira, Putumayo, 2007, P.132.
Ello supone que a la pérdida violenta del ser amado, se suma el duelo que deberá
enfrentar a consecuencia de no poder seguir viviendo en su territorio o de no poder
participar en los rituales o volver al lugar de entierro, ceremonias de aniversario y
otras formas de recuerdo. No solo pierde al ser amado como consecuencia de un acto
violento, sino su comunidad y territorio. Si bien el desplazamiento aparece como una
posibilidad de salvaguardar la propia vida, se trata de una sumatoria de duelos con un
efecto acumulativo.
Después ya la familia hicieron muchas cosas para enterrarlo, colaboraciones de
los vecinos, familiares y después de eso no espere novenas ni nada, me toco huir
porque pensaba pues lo mismo que lo mismo que le había pasado a él me iba a
pasar a mí, porque yo aún conocía a las personas que le hicieron el hecho a él, y
entonces como familiares y todo eso cerca yo me todo huir para donde mi papá y
mi mamá. Buey, Chocó, 2005, P.462.
También supone que hay que vivir duelos en un contexto de separación familiar forzada.
Frecuentemente el desplazamiento forzado lleva a la desestructuración familiar, bien por
falta de recursos, problemas de seguridad o diferentes alternativas de vida posterior, especialmente
cuando se trata de personas jóvenes o adultas.
El muchacho me dijo: “estoy amenazado, si yo hablo a mí me matan”. Imagínese
el chino ya tenía 16 años, él un pelado, ya un hombre y me dijo “no mami, ¡váyase
para Cúcuta! Y yo me voy donde mi tío”. Bogotá, D. C., 2008, P.200.
IV. El impacto que no puede quedar atrás
Usted se acuesta, y ya tiene eso en la cabeza ya está pensando, ¿por qué sucedió
esto?, ¿por qué nos tuvimos que venir?, ¿por qué dejamos todo tirado? Antes uno
tiene es trauma ahí, así usted se esté riendo o esté en medio de la gente, usted tiene
eso como fue hace diez años. Samaná, Caldas, 2002, P.120.
Una de las características de los hechos traumáticos es que se re-experimentan de múltiples
formas tiempo después de los hechos. En el caso de Colombia, hay que tener en
143
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
cuenta que además los hechos de violencia han seguido produciéndose y muchas mujeres
han vivido diferentes episodios de terror y violencia que potencian sus efectos. Más de
seis de cada diez mujeres entrevistadas (62%) señalaron tener problemas de sueño como
pesadillas o insomnio, y no poder dejar de pensar en los hechos vividos, sus seres queridos
o el impacto de la pérdida.
Reexperimentar el horror
En muchos casos, la re-experimentación se da a través de ruidos, situaciones o lugares
que hacen que la víctima vuelva al escenario del horror. Muchas mujeres hablan en ese
sentido de “trauma” como una herida que no termina de curar, y que se realimenta con las
cosas que siguen sucediendo a su alrededor.
Yo tuve un trauma que todavía lo siento. Voy caminando por una parte y se me
pone como angosto el callejón, se me pone angosto y pienso que vienen persiguiéndome.
Siento los pasos y todo. Volteo para atrás y no viene nadie. Y yo
todavía veo la candela y la gente gritando, yo la tengo aquí en la cabeza. Piñique,
Atlántico, 2004, P.257.
Muchas mujeres han vivido esas reacciones no solo de forma individual, sino con sus
familias y sus hijos e hijas, lo que es también una fuente de tensión.
Yo llegué donde mi suegra a sufrir mucho, mis hijos no podían ver una moto porque
corrían para meterse debajo de la cama, se despertaban llorando y yo con
pesadillas, mi marido no quería ir al trabajo. Él decía que no se atrevía a recibir
una mala noticia. La familia se desestabiliza, mis hermanas se fueron para otros
barrios a sufrir también. Barrio Mandela, Cartagena, Bolívar, 1998, P.248.
Muchos de esos pensamientos o imágenes tienen un carácter intrusivo, es decir, le vienen
a la persona en cualquier momento y se vuelven incontrolables, ocupando toda su mente
y no dejándole pensar en otra cosa.
Las enfermedades que he tenido han sido muy graves, porque se le enferma a uno
la mente, el corazón porque uno piensa mucho, esos pensamientos se le vienen,
uno busca para no pensar y de momento se le meten las cosas a la mente. Yo estoy
comiendo y desde que se me vienen las cosas a la mente, hasta allí llego la comida.
Eso es como no sé... Alto Baudó, Chocó, 2003, P.414.
En el caso de las personas con impactos físicos severos como discapacidades (amputaciones,
problemas sensoriales, etc.) las propias secuelas físicas hacen difícil mantener la
mente alejada del impacto de la violencia. Las marcas en el cuerpo mantienen en muchos
casos el impacto psicológico que las personas tienen que aprender a manejar.
Me afectó en lo psíquico porque siempre lo tengo presente, siempre lo vivo recordando,
o sea como que todo lo que pienso generó en mí eso de violencia; y en lo
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La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
físico porque tengo las secuelas o sea tengo las pruebas en mi cuerpo. Bojayá,
Chocó, 2002, P.478.
En otros casos, hay hechos que reactualizan el impacto y convierten la cotidianidad en
algo controlado por la violencia. Especialmente donde la presencia de actores armados o
la disputa del territorio está activa, y la posibilidad de sufrir directamente nuevos hechos
algo que se da todos los días, la vida de la gente se transforma en una presencia permanente
de pensamientos negativos que anticipan la acción y son una muestra del nivel de
terror que viven.
Me he sentido muy mal, mal, mal, yo vivía muy bien, sabrosa con mis hijos y desde
que se metió la guerrilla a ese río, desde ahí el corazón mío no me para y la cabeza
no me descansa; cuando es de pensar una cosa, pienso es en muerto ¿cómo
fue que lo mataron? Y pienso también en los que están ahí porque no sé qué ha
pasado. Puerto Asís, Putumayo, 2005, P.446.
Vivir en el lugar en que se han producido los hechos convierte la realidad cotidiana en
más amenazante. Para muchas mujeres la vereda o el lugar donde se criaron o vivieron se
convirtió de repente en fuente de tensión, de recuerdos traumáticos o de nuevos peligros.
Tratar de vivir una cierta normalidad es mucho más difícil cuando todo a tu alrededor te
lleva a los hechos violentos, o el modus operandi y el control de los perpetradores vuelve
la casa, o el barrio en un escenario en el que ya no se puede estar tranquilo. En esos contextos,
el desplazamiento forzado puede ser también un intento de disminuir la tensión.
Con solo pensar, yo no soy capaz de dormir allá… a mí me parecía que ya me iban
a sacar, que ya llegaban y me decían, o sea yo sentía como esas voces, se va o la
matamos y yo no, no, yo aquí no soy capaz. Y al otro día en la primer línea me
vine, yo descansé, yo dije gracias a mi Dios llegué al pueblo, porque en el pueblo
no me da miedo. Vereda Loma, Urrao, Antioquia, 1996, P.70.
Nos vinimos porque había mucha violencia, igual, en el barrio, en la casa en la
cual yo vivía, que era mi casa, vivía muy aterrorizada, cualquier ruido, yo ya me,
si?, yo no me podía ni dormir, era como celadora, como vigilante de la casa. No
dormía por ese motivo, porque muchas matanzas en esa cuadra en Tumaco. Entonces
nos tocó venirnos. Barrio Ciudadela, Tumaco, Nariño, 1992, P.875.
No dejar de pensar
Aún tengo en mi pensamiento ese avión fantasma en mi memoria, a mí me afecto
psicológicamente, en nunca jamás volver a ese pueblo porque igual ya usted de
querer tanto su pueblo, de haber vivido en ese pueblo desde pequeña, ver esa
guerra, ver esas muertes, ese miedo, esa zozobra, entonces a mí me afectaron
muchísimo. Han pasado años y aún tengo en mi memoria eso, aun ahorita recordando
a uno lo afecta. Cali, Valle del Cauca, P.163.
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
En muchas ocasiones las imágenes repetitivas se refieren al sufrimiento de la víctima y
se mantienen durante mucho tiempo. La frecuencia de atrocidades y crueldades como la
tortura que se dan en Colombia, ha hecho que muchas mujeres sobrevivientes se vean
afectadas por imágenes del horror y el pensamiento obsesivo sobre el sufrimiento padecido
por sus seres queridos.
Yo no podía dormir porque yo me imaginaba un vacío así en el cuerpo. Yo me sentía
vacía. Me lo imaginaba a él cómo amarrado en un árbol haciendo frio y que
esa pierna le dolía bastante en invierno, y no eso no me dejaba dormir. Medellín,
Antioquia, 2001 y 2011, P.50.
No me da hambre, me duele mucho la cabeza, me duele mucho el cerebro, y todo
el tiempo paso con la película. Todo… todo… todo… todo el tiempo. San Félix,
Caldas, 2002, P.644.
Este “qué le harían” ha sido el horizonte de muchas noches e insomnios para las mujeres
entrevistadas.
Uno ya muere con esto uno tiene sus noches que no duerme de pensar tantas cosas
que le harían cómo lo maltratarían, adónde lo tirarían. Puerto Boyacá, Antioquia.
2002. P.30.
En la mayor parte de las ocasiones, el fuerte sentimiento de injusticia respecto los hechos
o la víctima hace que dichos pensamientos repetitivos se mantengan durante más tiempo.
Así, sufrimiento de un pensamiento que no he podido borrar porque yo todo el tiempo
estoy pensando que cómo murieron ellos voy a morir yo, porque mire que uno
no vale ser inocente de las cosas. Vereda la Balsita, Dabeiba Antioquia, 1995, P.2.
Si bien pensar sobre los hechos de forma reiterada es una respuesta normal frente a hechos
traumáticos, y por tanto una forma también adaptativa de tratar de afrontarlos, el
pensamiento obsesivo sobre los mismos, o dar vueltas en su cabeza siempre de la misma
manera sin conseguir poner distancia de los hechos o entenderlos de alguna forma, se
convierte en una experiencia retraumatizante para muchas mujeres.
Desde el primer día fue un desespero, no dormía al no saber qué había pasado
con él. Porque todavía estaba desaparecido, eso es una zozobra que mis hijos y
yo no dormíamos pensando dónde estará, si estaba vivo, si estaba muerto, si lo
estaban torturando o qué habían hecho con él. Y todavía sigo… quiero saber qué
fue lo que pasó, porque ya está enterrado y quiero saber qué pasó, porque es con
algo que yo vivo. Mis hijos y yo vivimos con eso todo el rato, porque no sabemos
qué fue lo que pasó. La Calera, Cundinamarca, P.504.
Algunas mujeres entrevistadas relataron los detalles del horror que aún les han seguido
torturando durante mucho tiempo. Especialmente los casos de torturas y crueldades, suponen
para las mujeres sobrevivientes un horizonte en el que las barreras entre la fantasía
146
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
y la realidad se borran, y en el que las marcas, recuerdos o comentarios de otras personas
generan siempre nuevas preguntas y malestares.
Todos los días soñaba, yo no podía dormir, yo me acostaba a dormir y me levantaba
desesperada, sentía una cosa horrible en la cabeza, como una desesperación,
como ganas de salir corriendo, un guayabo, recuerdos que le quedan a uno de él,
y todo. Y yo decía ¡huy no! si se lo echaron a los caimanes, yo me ponía a pensar
¿cómo lo matarían? ¿Qué le harían? ¿Cómo lo torturarían? Qué le comió el
caimán vivo, qué le hicieron ¡huy! Yo pensaba tantas cosas. Yo decía, ¡huy no! Si
hubiera estado yo en ese momento, que yo hubiera tenido con qué defenderme, si
hubiera sido gasolina y fósforo para haberlo echado, yo pensaba… Simití, Bolívar,
1999, P.760.
Para muchas mujeres esta incertidumbre se convirtió en una tortura psicológica, como
en el caso de las personas desaparecidas.
Yo por ejemplo, me levantaba todos los días, y le decía “Señor que hoy corra con
mejor suerte”. (Llanto) Uno como madre es difícil perder un hijo en esa situación,
en esa forma. Se levanta uno y ve su cama vacía, va uno a comer y no esta él, está
comiendo y tendrá hambre. Se va uno a acostar a dormir, y dice yo acá en una
cama limpia, mi hijo estará en el piso, en qué condiciones se encuentra. Yo creo
que esos ocho meses de búsqueda de mi hijo fue una tortura muy dura. (Llanto).
Barrio Compartir, Soacha, Cundinamarca, 2008, P.138.
Además, en los contextos donde la situación de peligro y violencia, se mantiene el impacto
de dichos pensamientos negativos por el nivel de riesgo y temor de pasar por lo mismo,
de que los hechos vuelvan a producirse.
No dormía tranquila, ni vivía tranquila, pero al estar aquí ahora sí puedo dormir
tranquila, no siento miedo, no está uno pensando mire que de pronto allá en el
monte, haya alguien que lo esté viendo a uno. Melgar, Tolima, 2004, P.147.
Dicen que persisten más no los conocemos, y tememos siempre la sombra de la
noche, con el temor de que vuelvan a atacarnos. Es algo que uno nunca más tiene
un sueño profundo, siempre que los perros ladran hay alguien en el pueblo caminando.
Cesar, Bolívar, 1991, P.237.
Las vivencias amenazantes aumentan el pensamiento repetitivo, muchas veces sin poder
hacer nada para enfrentar la situación, especialmente cuando las víctimas se enfrentan a
situaciones respecto las cuales no tienen ninguna posibilidad de control y no existen medios
de protección por parte del Estado para la seguridad de las víctimas.
Yo no dormía, la cabeza daba unas vueltas y unas vueltas y uno acababa de pensar
una cosa y pensaba la otra, y volvía y terminaba esa, y volvía y pensaba que por
qué había pasado todo eso, todo. Vereda El Rayo, Tarazá, Antioquia, 1996, P.51.
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Una de las características del impacto traumático es que este se repite en el tiempo a partir
de estímulos o cosas que lo recuerdan y reactualizan el malestar. La asociación de hechos
actuales con la violencia sufrida es un mecanismo que aumenta ese impacto.
Y de noche no dormía. No era sino pensar y pensar en el momento como me fui, y
por eso hoy en día, cuando suena el celular un sábado o domingo, pienso que algo
está pasando o cuando escucho de pronto sonidos de escopeta o alguna bulla por
ahí, ¡por allá mataron una persona! lo primero que pienso es eso. Corregimiento
Cristiania, El Jardín, Antioquia, 2009, P.25.
Bueno yo entré como en crisis nerviosa, no podía dormir siempre escuchaba las
voces de esas personas o sea eso es algo que tú tienes permanente en tu corazón,
a cada rato se te viene a la mente lo que viviste eso es como un espejismo que tú
siempre tienes ahí presente. Carmen de Vereda Mundo Nuevo, Bolívar, 2001, P.226.
También el aislamiento emocional, es decir la imposibilidad de compartir sus experiencias
y sentimientos con otras personas de confianza, hace que los pensamientos repetitivos
sean más negativos para la víctima, que no encuentra así la posibilidad de descargar,
de expresar lo que le sucede y disminuir así la tensión. Muchas víctimas refieren ese
pensamiento permanente como fuente de enfermedades hasta la actualidad.
Me enfermo de la pura tensión, no puedo dormir, y no hay ni con quién hablar con
quién decir: estoy sola ayúdeme. Ni para la remesa, para a quién esperar, para
nada. Vereda Tamavioy, Putumayo, 1994, P.521.
En medio de las situaciones de tensión la permanencia de las amenazas hace que las personas
tengan que gastar toda su energía psicológica en identificar el peligro y en un estado
de máxima alerta frente a la acción de diferentes actores armados. Para muchas mujeres
esto supuso evaluar permanentemente las situaciones de peligro, el riesgo de verse comprometidas
o atacadas por diferentes grupos, y un alto estrés permanente que afectó de
forma muy negativa su vida y su salud.
Muchas enfermedades y mucho estrés, en ese tiempo por la noche yo no podía
dormir, en el día no podía comer y me la pasaba solo mire para los caminos, como
un guarda asustado, a ver quién llegaba, en qué forma. Si llegaba la guerrilla, si
llegaba el ejército, porque estábamos como en medio de dos fuegos. Puerto Guzmán,
Mocoa, Putumayo, 2005, P.530.
El sueño que deja de serlo
Y en cuanto esto… que nos ha afectado, a todos nos ha afectado la tranquilidad
para dormir, uno se duerme como sobresaltado. No dormimos como dormíamos antes
y le da a uno como un nerviosismo. Al rato le da a uno como una angustia, como
un estrés, no sé, por épocas nos da. Bellavista, Magdalena, 1996, P.791.
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La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Las pesadillas suponen un indicador de malestar e impacto traumático importante. Pueden
considerarse como formas de re-experimentar el trauma de nuevo a través de sueños
con un componente amenazante o aterrorizante.
Eso es lo que más a uno lo estresa porque como le digo, los sueños son los que más
vuelven a hacer recordar. Lo que ha pasado y lo que ha dejado botado. Vereda La
Playa, El Tambo, Cauca, 2001, P.321.
Así como otras personas re-experimentan el miedo o el impacto vivido en situaciones
que les recuerdan lo sucedido, las pesadillas son maneras de hacerlo durante el sueño e
impiden también que este pueda tener un efecto relajante o reparador.
Porque las pesadillas mías eran muy duras porque para mí eran unos monstruos
muy grandes, muy gigantes que volaban estilo murciélagos y ellos me perseguían
y yo corría y corría y nunca los enfrentaba. Barrios Aures, Medellín, Antioquia,
2006. P.58.
En muchos casos son la causa de buscar tratamiento farmacológico, aunque estos pueden
generar dependencia y convertirse en parte del problema cuando se usan de forma crónica.
Yo no dormía, a mi tenían que dar pastillas para dormir porque yo lloraba día y
noche, hay yo no sé y ahora para acabar de completar este otro también… yo he
sufrido tanto. Frontino, Antioquia, 1996, P.49.
Horrible. Horrible. Porque yo, yo he estado, en tratamiento con un psiquiatra.
Me pongo a llorar, para poder dormir me tomo una pasta, yo no duermo, yo me
sueño con ellos, yo me he soñado con ellos, ahí sentado a un lado, y yo les digo,
ahí mijitos, esto no es vida. Barrio Aranjuez, Antioquia, 2003, P.872.
Los problemas de sueño, ya sea en forma de insomnio, un sueño superficial o pesadillas
afectaron a más de seis de cada diez víctimas entrevistadas. En medio de las situaciones
de tensión, el insomnio es parte de los mecanismos de alerta frente a la preminencia de
las amenazas y la mayor vulnerabilidad en la noche, pero frecuentemente esos problemas
son persistentes en el tiempo, incluso cuando la persona ya dejó de vivir en el lugar de
mayor tensión.
De miedo uno no duerme. Uno cuando le pasa una cosa de esas, uno pasa mucho
tiempo que uno no duerme. Uno se la pasa esperando, a qué hora van a llegar a
matarlo, así viva en otro lugar. Florencia, Caquetá, 1998, P.866.
La vivencia de la tensión y zozobra permanente produce problemas de sueño que tienen
consecuencias también negativas en la salud de las personas. La falta de descanso cierra
el círculo aumentando la tensión, generando mayor cansancio y malestar en las víctimas
que no encuentran mecanismos compensadores o un sueño normalizado en el que puedan
compensar de la tensión diaria.
149
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Yo no podía dormir, yo no dormía ni en el día, ni en la noche, yo pensaba, yo oía,
sentía que me tocaban la puerta, sentía que me tocaban la ventana, sentía que
había gente por alrededor de la casa, o sea, me mantenía como yo no sé, y cuando
eso el marido estaba vivo, él se acostaba a dormir, él se despertaba y me regañaba
que por qué no dormía. Yo le decía por ahí hay gente, él salía para afuera y él
decía ¡por ahí no hay nada! Antioquia, 1997, P.753.
Si bien durante las situaciones de gran tensión, el insomnio es parte de los mecanismos
de alerta frente al peligro, también se mantiene hasta mucho tiempo después. En sobrevivientes
de tortura y violencia política, el insomnio y las pesadillas son uno de los
impactos más persistentes en el tiempo. A pesar de haber disminuido la tensión, esos síntomas
no solo mortifican a la persona, sino muestran la persistencia del impacto a medio
o largo plazo, confirmando a la persona la dificultad de dejar atrás el hecho traumático, o
al menos poner una distancia psicológica frente al mismo. Otras mujeres, con el paso del
tiempo y la mejora de su situación, han podido ir normalizando su sueño mostrando su
capacidad de recuperación.
Uno allá lloraba mucho, uno casi no podía dormir… pues, yo casi no podía dormir,
me levantaba, me ponía a andar por ahí adentro, y me volvía y me acostaba… uno
no es capaz de dormir, como lo hace ahora ¡No! Mistrató, Risaralda, 2002, P.669.
Muy tranquila por acá y por allá se sentía muy mal, muy… intranquila, no dormía,
por allá, mire que una noche es súper cortica, uno se acuesta y enseguida
amanece… una noche era como, como tres noches, uno no veía las horas de que
amaneciera. Vereda de San Pedro, Nariño, P.595.
Si bien en muchos casos esa recuperación ha sido espontánea, en otros casos la víctima
necesitó de acompañamiento terapéutico para enfrentar el impacto de la violencia, en
donde los problemas de sueño son un síntoma más, pero a la vez hacen que otras dificultades
y malestares se hagan más persistentes debido al bloqueo de la capacidad de
recuperación.
El psicólogo lo tuve por meses, le agradezco mucho a él porque hasta ahora es
que estoy volviendo a comer, a dormir porque de lo que lo mataron a él, yo no
sabía qué era dormir. Yo me acostaba así y permanecía así y decía donde hubiera
un velorio para irme, porque yo no podía dormir. Mi hija me puso en manos del
psicólogo y eso me sirvió harto, bendito sea mi Dios, ya medio duermo. Puerto
Inírida, Guainía, 2007, P.588.
Testigas de la violencia
Además de las personas afectadas por las pérdidas familiares o las víctimas de tortura o
daños físicos, uno de los grupos más afectados por la violencia es el de las mujeres que
fueron testigos de los hechos. Los pensamientos repetitivos e imágenes traumáticas les
150
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
afectan especialmente a ellas. En los casos de violencia masiva o generalizada como la
vivida en Colombia, numerosas mujeres o niñas y niños fueron testigos de lo sucedido.
A los dos años de haber matado a mis dos primos mataron a mi hermano y lo mataron
delante de mí. Así que los dos episodios fueron muy cerca de mí y es difícil,
es difícil, no duerme uno más nunca un sueño profundo. Cesar, 1991, P.237.
Las imágenes de las atrocidades cometidas suponen un enorme impacto emocional que
puede acompañar a las víctimas durante mucho tiempo.
Yo de ahí duré como tres meses que no comía porque veía todas las barbaridades
que habían hecho, las torturas que habían hecho a esas personas ahí muertas
cómo las habían hallado, y quiere decir que casi no dormía, y cerraba los ojos y
veía patente ahí todo ese poco de muerto. Iba al médico, me llevaban, me traían y
yo no tomaba sino agua y cuando me provocaba decía que un tinto así calientico
y ya. Quibdó, Chocó, 2001, P.472.
Las mujeres que fueron testigos se han visto más afectadas por estas imágenes del horror
vivido, así como por confrontarse con sentimientos de responsabilidad o culpa al haber
estado en medio de la situación y no haber podido hacer nada por las víctimas.
Ha quedado psicológicamente como enferma. Yo creo que ella de ver que a todos
los estaban matando, ella también tiene una cosa que ella dice “que la van a matar,
que no sale a la calle porque la matan” o sea que también está enferma. Alto
Atrato, Quibdó, 2000, P.495.
Mi hijo al que le tocó ese caso, a él le quedaron muchas secuelas porque me
tocó llevarlo a diferentes lugares porque él no dormía, como el señor era su
amigo y él lo vio matar... el niño no dormía. Tuve que ir donde los médicos
para que le dieran drogas para poder dormir los primeros meses hasta que
ya... Y quedó con muchos nervios, a veces habla de noche. Riosucio, Chocó,
1991, P.496.
Aunque muchas víctimas han tratado de borrar eso de los recuerdos, los esfuerzos por olvidar
pueden tener más bien un efecto rebote, dado que la persona gasta mucha energía en
una tarea imposible que le hace estar focalizada todo el tiempo sobre lo mismo. Son muy
duros los recuerdos de atrocidades, crueldades y exposición al horror, tan frecuentes en las
masacres y ejecuciones especialmente en el modus operandi de los grupos paramilitares.
Ay no, yo no sé, en todo. En todo, porque es que yo prácticamente, de esa historia,
quisiera como borrarla de mi mente, pero es algo que está, está ahí, ahí. Y
no se me puede borrar. Yo a cada momento, miro a mi hermano muerto, ahí con
la cabeza en dos, ahí no, no. Horrible. (Llanto). Olaya Herrera, Nariño, 2006,
P.838.
151
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
El recuerdo de las personas fallecidas o desaparecidas tiene un enorme sentido para sus
familiares, pero en algunos casos también lleva a un aumento del malestar, cuando la
persona no encuentra la manera de darle un sentido o tener un recuerdo positivo. Como
en este caso, la mera presencia de imágenes o fotografías de la víctima, lleva a la mujer a
una situación de descontrol y malestar.
En mi vida esos hechos me han afectado muchísimo, porque yo siempre tengo la
foto de mi hermanito en la casa. A veces siento como ese ánimo de estar como
tranquila, como en paz, pero cuando lo veo, eso de una vez me lleva al piso porque
es algo que nunca lo he podido superar, ni creo que lo superaré. Es como un
recuerdo que yo tengo en la mente, que yo siempre tengo ese trauma de lo que viví.
Quibdó, Chocó, 2000, P.472.
Buscando un porqué
Si bien hay un núcleo de inexplicabilidad en la violencia y las atrocidades cometidas
contra la población civil, y específicamente contra las mujeres, la búsqueda de sentido, de
tratar de entender los hechos, es un mecanismo positivo de afrontamiento. Una forma de
tratar de asimilarlos. Sin embargo, la mayor parte de las mujeres entrevistadas señalan en
sus testimonios una enorme confusión y sin sentido, sin posibilidad de tener una respuesta
a esas preguntas.
De pronto la pensadera me dio si yo nunca he sufrido de dolores de cabeza, eso sí.
Pero la pensadera de quien fue, cómo fue, por qué fue, dónde fue. Si esto es para
siempre. Iba al médico y decía: “tienes mucho estrés, piensas mucho, deja de pensar”.
A nadie le contaba que yo me la pasaba en esas pensando por qué, quienes
serían, por qué le hicieron eso. Entonces yo creo que ahí están las consecuencias.
Mocoa, Putumayo, 2005, P.531.
La búsqueda de una explicación, puede ayudar a la persona a entender mejor la situación
a la que se enfrenta o la pérdida, y puede ayudar a evitar respuestas culpabilizadoras que
son más negativas e injustas con ella. Esta necesidad de encontrar respuestas y no poder
hacerlo, aumenta las formas de pensamiento obsesivo y la preocupación y ansiedad en
muchas mujeres entrevistadas.
Yo creo que lo que afecta es el alma, el corazón y la mente, por lo mismo que te
digo, son tantas cosas y uno se queda con tantas preguntas, y ¡por qué! ¿dónde
y cuándo? ¿y si hubiera hecho?, ¿y si no hubiera hecho?, ¿y si por esto o si por
aquello?. Landázuri, Santander, 2004, P.103.
Ese permanente cuestionamiento puede también afectar a las creencias básicas sobre la
seguridad o el sentido del mundo, y las creencias religiosas, que cuestionan cómo ha sido
posible lo sucedido.
152
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Hay noches que no puedo dormir, sufro de insomnio, de tanto pensar, pero por
qué nosotros tenemos que… ni que fuéramos gente mala o asesina. Pero venimos,
gracias a Dios, Él lo sabe, de una familia muy humilde y venir a pagar semejante
cantidad de consecuencias que hemos sufrido nosotros, por qué me pregunto yo.
Castilla, Meta, 1998, P.160.
Camino a la afectación de salud
La persistencia de ese tipo de pensamientos repetitivos y la imposibilidad de una desconexión
psicológica de la pérdida o el horror puede hacer que la persona sienta que ha
perdido el control de su vida, un sufrimiento que tiene un punto de inicio en los hechos y
que sigue y sigue dándose con un recuerdo persistente. La sensación de “enloquecer” fue
referida por muchas mujeres entrevistadas.
Me siento traumatizada, porque hay veces que yo digo “ahí señor ¿será que me
voy a enloquecer?” porque hay cosas que yo las hago como cuando una persona
que no tiene el sentido como completo. Yo antes decía que los que hablaban solos
eran locos, y pues hay veces que yo hablo cosas como personas cuando no tienen
la cabeza buena. Solo le pido a Dios que me ayude y que permita que todas estas
cosas puedan desaparecer de mí. Villagarzón, Putumayo, 2002, P.445.
Muchas mujeres señalan la frecuencia en que el personal de salud con el que han consultado
sus problemas, incide en estos pensamientos persistentes como fuente de su malestar
y de su afectación en la salud.
Hay veces vivo muy enferma. Entonces pienso demasiado, y de lo que pienso me
siento a veces maluca y todo. Los médicos me dicen, que no puedo estar pensando
y todo. Me ha afectado demasiado la salud. Olaya Herrera, Nariño, 2008, P.878.
Para muchas víctimas, estos pensamientos han sido el camino a la afectación en salud. La
relación con el nivel de estrés y las secuelas del mismo en la salud física son importantes.
La investigación en psicología de la salud muestra, como lo apoyan los testimonios de
numerosas víctimas, que el impacto del estrés permanente termina teniendo efectos en la
salud física muy negativos, siendo causa frecuente de problemas de tipo psicosomático
o cardiovascular.
Probablemente el efecto más repetido en los testimonios de las mujeres afectadas por
estos pensamientos repetitivos sea el dolor de cabeza. Diferentes tipos de cefaleas o migrañas
forman parte de los efectos de la tensión psicológica.
O sea a mí me dio muy duro, primero que todo a mí me da mucho dolor de cabeza.
Me he envejecido mucho de tanto pensar, dejar mi finquita allá botada, eso es muy
doloroso para mí. Cada vez que pienso en mi mamá o en la finquita de dejarla
botada, venirme para acá fue muy duro, me duele la cabeza. Pitalito, Huila, 2009,
P.123.
153
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Mucho (llanto). Mucho porque de ahí quedé sufriendo de la presión. Se me durmió
la boca, del susto en la noche no dormía, tenía sueño y no dormía, todo lo tenía en
la cabeza, todo lo que había pasado. San José del Playón, María La Baja, Bolívar,
2002, P.207.
Para muchas mujeres afectadas, estos pensamientos repetitivos fueron convirtiéndose en
nuevas fuentes de malestar, como un nudo sin solución en el que las sucesivas vueltas no
hacen sino generar mayor enredo y preocupación.
Tratando de enfrentar la situación
Para muchas mujeres víctimas, las imágenes de lo vivido proyectan el pasado como único
horizonte en el presente e impiden tener otra perspectiva de la vida. Muchas víctimas
necesitan un acompañamiento individual o colectivo, pero también un marco social de
reconocimiento que ayude a ir dejando atrás el impacto traumático. Cuando los hechos
no se reconocen y las mujeres han tenido que guardar en su corazón o su pensamiento
muchos de estos hechos, el impacto psicológico es mayor, un dolor lacerante que todavía
muchas viven.
Mi sueño es… no sé ni cual será mi sueño porque no tengo cabeza para pensarlo,
todo lo que pienso es malo, o sea como que todo se me viene, en el momento que
quiero pensar algo bueno se me viene todo el recuerdo de Bojayá, y como que todo
se me mezcla allí y entonces lo que hago es desesperarme y en estos momentos no
sé cuál será mi sueño. Bojayá, Chocó, 2002, P.478.
La necesidad de ser consciente de estos impactos también puede llevar a cambiar la forma
en cómo se afrontan. Por ejemplo, dejar de luchar contra esos pensamientos negativos es
una estrategia más efectiva que seguir buscando una salida inexistente.
La consecuencia que uno siempre vive pensando lo de atrás, vive, ay no, pero
si vivía yo, cómo me pasó esto, yo qué hice, entonces uno vive, martillándose,
pensando, todo el tiempo lo mismo, y nunca le encuentro la solución. Bocas de
Satinga, Nariño, P.877.
Por último, un aspecto clave tanto para las mujeres víctimas como para el acompañamiento
psicosocial, es entender estas formas de impacto como reacciones normales frente
a experiencias a normales, y sobre todo evitar estar buscando formas de sentido que se
convierten más bien en pensamiento obsesivo. Como muestra el siguiente testimonio, la
búsqueda permanente de una explicación a algo que no lo tiene puede aumentar el malestar
en la persona, e incluso generar mayor estrés pensando en que no se puede superar la
situación, en lugar de tener una postura más flexible que permita ir asimilando el impacto
y enfrentar la situación de forma más activa.
154
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Siento que ahorita lo hemos superado y como que no lo he masticado bien, el por
qué, por qué la vida se ensañó conmigo desde que nací y hasta la fecha y se sigue
ensañando cada día más. No lo entiendo, no me lo explico, me duele demasiado la
cabeza, pienso que es debido a que pienso demasiado lo que ha pasado y lo que
quién sabe que más pueda pasar. Icononzo, Tolima, 1999, P.166.
Si bien algunas mujeres pueden estar mucho tiempo después afectadas por ese tipo de
problemas, otras han logrado ir dejándolos atrás, a pesar de que aparezcan en momentos
concretos como pensamientos intrusivos o pesadillas. Lo importante es poder retomar la
vida y evitar que esos problemas interfieran de forma permanente la vida o el bienestar
de la persona. La existencia de pesadillas o problemas esporádicos puede ser normal, más
allá de la preocupación que generen, o la constatación, como lace esta mujer, de que “eso
vive en la cabeza de nosotros”.
Bastante, o sea la verdad que me afectaron mucho. A pesar de los años, todavía
no he podido superar eso. A veces de repente duermo y recuerdo en la madruga y
me acuerdo todos esos momentos. Lloro, a veces se me alteran los nervios a pesar
de que hace mucho tiempo. Eso es difícil. Una cosa que yo creo que nunca la voy
a poder superar porque eso vive en la cabeza de nosotros. San Jacinto, Bolívar,
1994, P.204.
Si bien los testimonios de las mujeres muestran el nivel de impacto de la violencia y la
importancia del acompañamiento psicosocial a las víctimas, también señalan algunas
experiencias de aprendizaje. Más que enfrentar directamente esos pensamientos traumáticos,
se trata de tener una postura flexible con los mismos. A veces dejarlos pasar,
y ser consciente de que pasarán. En otros casos, mantener la mente con pensamientos
positivos o imágenes diferentes que puedan ayudar a poner distancia. En otros, las mujeres
han tratado de mantenerse activas de forma que las situaciones de la vida cotidiana
u otras experiencia positivas puedan ayudarles a tener la mente ocupada en otras cosas,
a distraerse, centrarse en otros aspectos de sus vidas y disminuir el malestar.
Lo único que he hecho es tratar de incluirme en algo, porque eso hace que me olvide
de lo que pasó, o sea que no esté en la mente, porque olvidarme, uno no se olvida,
porque esas cosas era como si estuviera pasando, no me salían, solo era en la cabeza
esas cosas, entonces yo dije: yo voy salir de esto y voy a incluirme en algo, entonces
siempre he pensado en estar con la mente ocupada, ya bien sea capacitando,
asistiendo a algún taller que me invitan y haciendo los trabajos de la casa, porque
si uno se queda de pronto en la casa sin ocupación, es como que todos los recuerdos
de atrás empiezan otra vez a... Villagarzón, Putumayo, 2002, P.345.
En esas maneras de poner una cierta distancia emocional frente al dolor de la pérdida o
las imágenes del horror, algunas mujeres han tenido también apoyo familiar, teniendo en
la relación con sus hijos experiencias significativas y de sentido que les han ayudado a ir
asimilando la situación, en medio de enormes dificultades. Y como señala uno de estos
testimonios, no olvidar, pero poder vivir con ese recuerdo.
155
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Yo estaba en mi casa con mis hijos, mis hijos me decían mamá, pues no piense
ya, porque ya nosotros ya la perdimos y ya no la vamos a recuperar por más que
pensemos ni nada. Entonces pues yo también traté de ir asimilando, ya si pienso,
pero no como al principio. Reposo, Chocó, P.412.
Es que de todas maneras uno nunca se olvida de lo que ha pasado, así uno se
vaya, siempre está con el suceso, se acuerda de lo que ha sufrido. Puerto Nare,
Antioquia, P.665.
V. Tristeza e impotencia en el contexto de impunidad
Imagínese el corazón de mi pobre mamá, el sufrimiento de ella, si yo, que aparento
ser fuerte, que yo nunca lloro por él, siempre estoy pensándolo y extrañándolo,
pues para ella, que vivía con él, lo era todo. Él fue el apoyo, por eso nunca se
casó, por eso nunca tuvo hijos, y él le decía eso: “mamá yo no me voy de esta casa
por usted. El día que usted se muera y yo estoy vivo, ese día yo me voy, porque yo
aquí en esta casa no me quedo ni por mi papá ni porque no tenga donde entrar, yo
me quedo es por usted”. Todo esto, es muy difícil de superar, imposible digo yo.
Cuando me veo agobiada de todas las cosas, de todas las necesidades, pienso en
él y digo: si estuviera aquí, todo sería diferente, pero ya no. Ya nunca va a estar.
Entonces ha sido muy duro. La Florida, Nariño, 2008, P.369.
Como señala este testimonio no se puede imaginar ese dolor. El dolor y la profunda tristeza
son los sentimientos más frecuentemente señalados por las mujeres cuando hablan
de los impactos de la violencia en sus vidas. Tristeza y dolor que están relacionados con
la pérdida de familiares y con el desplazamiento forzado.
Como mujer me ha afectado mucho porque perdimos muchas vidas, vivíamos en
una zozobra, sufrimos mucho porque de todas maneras, cuando uno pierde a una
persona sufre mucho. Eso y que uno nunca espera esto. Pero las cosas se dan,
será el destino o los grupos que hay, muchas cosas. Sincelejo, Sucre, 2007, P.276.
Hay que recordar que, en relación a las consecuencias que tuvo la violencia en las mujeres
entrevistadas, destaca un fuerte impacto afectivo en ocho de cada diez mujeres entrevistadas
(80.7%), así como un severo impacto en sus condiciones económicas (80.7%) y de
vida (74.5%). También tres de cada cuatro señalaron un quiebre y pérdida de su proyecto
vital por los hechos de violencia (76.4%).
Por otra parte, tres de cada cuatro mujeres que dieron su testimonio habían sufrido desplazamiento
forzado (76.2%). Por otra parte, la violencia contra las mujeres también conllevó
pérdidas materiales en más de cuatro de cada diez casos (42%), ya sea como resultado
de la destrucción de sus bienes (19.7%), debido a la destrucción provocada durante los
156
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
allanamientos (11.9%) o mediante la requisa (10.5%) de los mismos. Todo ello supone un
enorme impacto de pérdidas masivas y múltiples.
El sentimiento de tristeza está relacionado con el desplazamiento y la pérdida de seres
queridos. Por verse obligadas a abandonar su territorio, los animales, la vivienda, los
amigos y los lazos establecidos en el pueblo. Por la pérdida de familiares, la ruptura
de los lazos afectivos y en la mayor parte en que se trataba de varones desaparecidos
y/o asesinados que ocupaban el rol de proveedor y guía de la familia, el vacío de la
pérdida se asocia al empeoramiento de las condiciones de vida, la desestructuración
familiar y la sobrecarga de roles en las mujeres. Como características generales, pueden
señalarse que:
• Existen añoranzas de pensar cómo sería la vida si el familiar estuviera vivo, que al
contrastarlas con la realidad generan dolor.
• El hecho violento irrumpió en la forma como las personas experimentaban su vida
cotidiana, de tal forma que este se ha convertido en el referente central para explicar
su realidad.
• La tristeza, en la mayoría de los casos, se mantiene afectando de forma significativa
su estilo de vida y su identidad, y es más fuerte cuando no se sabe el paradero de los
familiares y cuando no se ha podido enterrar.
• El dolor y la tristeza se relacionan con pensamientos y deseos de muerte.
• En el caso del desplazamiento, la tristeza y el dolor por las pérdidas se asocia tanto
a las pérdidas materiales, como consecuencia de verse obligadas a abandonar sus
viviendas y pueblos, así como los medios de subsistencia, como de apoyo social.
El fin de una vida
Las mujeres que dieron su testimonio mostraron un profundo dolor porque toda su vida se
acabó, lo que más se quería les fue arrebatado. El asesinato o la desaparición forzada de
sus seres queridos, la masacre en muchas comunidades, supuso la pérdida de los afectos
que daban sentido o con los que mantenía esa otra vida que habita en el tiempo de vivir.
Mientras este siguió existiendo para las sobrevivientes, la vida que lo habitaba se acabó
en muchos casos.
Mucho porque prácticamente de ahora en adelante yo no he tenido ni sosiego
para mí, ni para mis nietos. Ni para mis hijos, porque prácticamente se acabó
todo. Te puedo decir que prácticamente lo que yo más quería y más cuidaba, no lo
tengo. San Carlos, Antioquia, 2001. P.4.
El carácter súbito de esas pérdidas, marca un antes y un después en la vida de las mujeres
afectadas y sus familias en el que hay que empezarlo todo de nuevo, desde los pedazos en
que quedó convertida su vida tras sufrir los hechos.
157
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Los hechos me afectaron muy duro como mujer, me dolió bastante, perdí todo de la
noche a la mañana, no tengo nada. Estoy nuevamente saliendo a flote. Es como si
comenzara de nuevo y me siento totalmente triste, agobiada porque lo perdí todo.
Santa Rosa, Bolívar, 2007, P.274.
Esas pérdidas tienen día y hora. Son memorias frescas como una fotografía del momento
en que recibieron la noticia, en que vieron cómo se lo llevaron, en que fueron testigas
de los hechos. Conservan detalles del día, los colores, la ropa, el olor que caracterizan el
dolor de su ausencia.
Yo digo que las angustias sí deterioran porque cuando estás en una fiesta estás
alegre y sonriendo y llegas a tu casa y así estén tus hijos, tu familia, siempre hay
alguien que falta. Y así uno aunque no comunique verbalmente, siente el altibajo
en comidas que uno hace. Yo me acuerdo de la última comida que mi hijo se comió
un ajiaco que él mismo fue por las guascas que era para el cumpleaños de mi sobrina
mayor. Esa fecha para mi es inolvidable porque mi sobrina mayor cumplía
años y por la muerte de mi hijo. Manrique, Antioquia, 2002. P.16.
El dolor del desplazamiento tiene que ver con la pérdida de un modo de vida. Es difícil
imaginar lo que eso supone para una persona. Habitualmente, por parte del Estado, el desplazamiento
forzado tiende a verse como un problema de ayuda humanitaria y no como
una violación de derechos humanos. En los programas de reparación, la población desplazada
es vista por una parte como un problema inabordable, dada la enorme cantidad de
desplazados en conflictos armados como el colombiano; y por otra, como algo que puede
enfrentarse con algunas medidas limitadas de ayuda humanitaria por un corto tiempo. Sin
embargo, los desplazados como la población refugiada, arrastran un pesar y una tristeza
fruto de esa pérdida que tiene enormes efectos a largo plazo. Ese sentimiento de pérdida
es fácilmente visto como nostalgia por el pasado o con una actitud de pasividad por buena
parte de la sociedad o el Estado, que no responde ni al dolor ni a la experiencia sufridas,
ni a los derechos humanos que fueron violados y sus consecuencias actuales. Hay veces
que los detalles de esas estrategias explican mejor que cualquier análisis el impacto en
las víctimas.
Yo siento tristezas al ver que no tengo a quién pedirle una libra de panela, ni unos
zapatos, mal vestido y no tener a quien pedirle nada. Alberto destapó la bolsa,
metió las manos, y era puro papel higiénico. Se le salieron las lágrimas esa noche.
Uno acostumbrado a vivir bien y tener que venir a recoger basura aquí, para
poder sobrevivir. Marquetalia, Caldas, 2001, P.129.
Además, el desplazamiento conlleva la mayor parte de las veces la soledad de la pérdida
de una red de relaciones sociales en la que construimos nuestra identidad como personas.
Este sentimiento de soledad y abandono estuvo presente en tres de cada cuatro mujeres
entrevistadas (74%).
158
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Hay unas que se tuvieron que venir desplazadas para Medellín y no pudieron volver
por la tristeza porque se quedaron solas, se les desapareció el esposo, el hijo
y desplazadas. Entonces la casita se quedó sola. Yolombó, Antioquia, 2000, P.73.
El escenario más inhóspito del desplazamiento probablemente sea la estación de buses.
En numerosos relatos, las mujeres llegan con sus familias con el miedo y lo poco que
pudieron sacar, y toda su tristeza a flor de piel, en un contexto de ires y venires en el que
ellas están a mitad de camino hacia ninguna parte. Acaban de ser expulsadas de su tierra
y no tienen siquiera donde ir a pasar la noche muchas veces.
Muy triste al llegar a la Terminal. Yo llegué a pensar que nunca iba ser capaz
de superarme, salir del trauma, al llegar a la Terminal y ver esa carramenta,
eso a mí me estresaba eso me daba nervios. Salir a la calle era como con ese
miedo que la gente nos mirara, que la gente nos viera en la forma que nos
había tocado salir. Ana estaba esperando una hija y al hijo. Llegamos allá y
nos trajeron a un ranchito en la torre. Un ranchito de tablas. Sufrimos mucho
porque la alimentación que daba la Cruz Roja era mucha lenteja. El mercado
pues a veces muy pasado, como gorgojeado. Y uno ver esa situación y acostumbrado
a que tenía las gallinitas, los cerdos, que a uno le daba por comerse
un huevo y no tenía que comprarlo, sino que lo recogía del nido. Argelia,
Antioquia, 1990, P.85.
En camión para acá, a Bucaramanga. Luego pedirles a los conductores, comentarles
el caso, que nos trajeran acá a Bucaramanga porque nos había pasado
esto, y llegar aquí al centro y pedirle a alguien ayuda, para que nos echaran
por allá para el Norte. Los primeros días duros porque llegar a una parte donde
uno no tenga, ni para comer, ni para nada. Barrio Alfonso López, Bucaramanga,
Santander, P.726.
Para muchas mujeres el hecho de haber dejado todo, y especialmente el marco de sus relaciones
y afectos construido por ellas como un espacio propio se resume en una pérdida
central en sus vidas: la casa.
Y mucho dolor porque todo lo que habíamos construido se quedó allá, eso sí
bastante porque no sabíamos, solamente la esperanza de que nos iba a recibir mi
mamá pero pues, en esas circunstancias todo lo que construimos se quedó allá;
eso es un dolor horrible porque uno tiene sus cosas y para dejarlas botadas así.
Jordan Guisia, Putumayo, 2000, P.352.
Pero para las mujeres desplazadas las pérdidas no son solo hacia atrás, también suponen
barreras y dificultades añadidas a las normales para cualquier otra persona de su condición
o estatus social. Estas barreras para tener un desarrollo personal y familiar son
referidas por las mujeres desde lo que supone para sí mismas, y también para el país, en
el acceso a los derechos sociales básicos, como la salud o la educación.
159
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Siempre dicen que yo tengo una mirada muy triste, que en mi corazón hay mucha
tristeza, yo he tenido momento depresivos, acabo de salir de ese momento de
luto que fue muy duro para mí, duro, duro, duro. De querer a veces como hasta
desobligarme con mis propios hijos y hasta morir. O sea como que uno a veces
pierde ese ánimo de salir adelante, porque uno ve que tienen tantas barreras en
este país, que no son solamente las barreras normales, cotidianas, porque uno
sabe que tiene que afrontar la vida como llegue, pero a veces no sé, yo siento que
acá en Colombia hay barreras para la salud, la educación, hasta en la cultura.
Siento que aquí todo es demasiado difícil, tener un médico es difícil, que me hagan
un diagnóstico es difícil, que pueda tener mis hijos en la universidad es difícil,
que pueda exigir mis derechos es difícil. Así lo siento. Aunque en este momento
digamos como que estoy renaciendo, y sé que mi activismo no se va a acabar con
tantos obstáculos. Fusagasugá, Cundinamarca, 2004, P.140.
Otra fuente de dolor y tristeza en las víctimas es la ausencia de justicia y la impunidad
de los hechos. Tener que adaptarse a un contexto local o una sociedad donde su dolor
no es reconocido y la convivencia con los victimarios hace que tengan que agachar la
cabeza en un contexto donde las amenazas y el poder de coacción siguen vigentes. En el
siguiente caso, madre e hija reconocen al responsable del asesinato de su hijo (y hermano)
que además trata de coaccionar a la muchacha para que se vaya con él, sin posibilidad de
denunciar o hacer algo frente a las amenazas.
Veníamos caminando cuando yo vi que había una gallada de muchachos y yo estaba
toda cabeciagachada, imagínese lo habíamos acabado de enterrar. De pronto
vi que mi hija miró a uno de ellos y volteó la cara, ella no me dijo nada, pero dentro
de los tipos estaba el que lo había matado a él. Como a los dos días veníamos
en un taxi cuando otra vez nos encontramos al tipo y ella bajó la cabeza. Ella me
dijo: “sí mamá es él”. A mí me dio una lloradera. Fuera de eso, el muy descarado
vivía echándole los perros a la muchacha. Dizque como que le gustaba ella. Yo me
volví un mar de lágrimas. Me acuerdo que me bajé de ese taxi aquí en la esquina
llorando. Barrio Manrique, Medellín, Antioquia, 2001, P.37.
En otros casos, las mujeres están tan centradas en la pérdida que, en ausencia de apoyo, se
quedan en su propio dolor y tristeza. Sin otro remedio que la aceptación de la situación,
muchas mujeres se centran en su vida cotidiana, resignándose a vivir solas el impacto
sufrido.
Obligada hice esas vueltas en la policía porque mi sentir no me daba. Púes a mí en
ese momento no me importaba esa parte del dinero de lo legal y todo eso. No, la
vida siguió como normal entre comillas. Atendiendo a mi hijo, mi casa, mis cosas.
Medellín, Antioquia, 1993, P.44.
Sufrir y sufrir, derramar lágrimas, ya hasta el momento me he cansado de llorar,
porque con llorar no los revivo, pero sigo pensando que la vida sigue, y que tengo
que seguir luchando para y por mí, y por mis hijos, pero que eso fue muy duro. Y el
160
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
vacío que hay en mi corazón, que yo ya no soy la misma, no soy la misma. Caseríos
de Frías, Tolima, 2000, P.164.
Llorar en silencio
Muchas mujeres llevan ese dolor guardado en su corazón, y tratan de no expresar su pesar.
La mayor parte de las veces, las mujeres tratan de evitar que otros les vean llorar para
mostrar una imagen fuerte de sí mismas ante la familia, y evitar que los hijos e hijas se
sientan más afectados. Ese sentimiento de responsabilidad con los otros se deriva aquí
incluso hacia el control de sus propias necesidades psicológicas.
Si entonces cuando lloro, lloro en silencio para que no me vean, ni mi mamá, ni la
sobrina mía, ni los hermanos, más lloro por la noche que todos están dormidos,
me salgo para el patio, me prendo un cigarrillo y me pongo a llorar, a recordarlos
a ellos. Chigorodó, Antioquia, 1989, P.36.
Sin embargo, este ejercicio de guardar la tristeza para no afectar a los otros, tiene también
un costo emocional para muchas mujeres. Si bien la contención emocional puede ayudar
a centrarse en la vida cotidiana, la represión de esa expresión no es positiva para su situación
psicológica ni para la salud.
Yo trato de hacer fuerza como para no desesperarnos pues, yo lloraba mi tristeza,
mi angustia en las noches. En el día trataba de estar bien, para que ellos tampoco
como que se desesperaran. Aparentemente se vio la situación como normal pero
cada uno era con su tristeza. Granada, Antioquia, 2002, P.46.
El cambio que hubo fue sufrimiento mucho sufrimiento porque comenzando yo
miraba que mis hijos sufrían mucho por la muerte de la abuela porque ella era
casi la que los crió, la que los manejaba a diario, mis hijos sufrieron mucho por
eso. Entonces yo sufría moralmente porque no podía comentarles a ellos que yo
sufría, porque ellos se recordaban más y lo otro también es por el hecho de que
mi mamá era la que me cuidaba mis niños para que yo pudiera trabajar. En este
momento, después de lo sucedido, yo ya quedé amarrada de manos y pies. Puerto
Asís, Putumayo, 2006, P.515.
Sin embargo, otras mujeres han vivido ese dolor como algo íntimo que tiene que ver con
su duelo como una forma de amor por su ser querido que es un espacio propio que quieren
mantener. Guardar el dolor como un espacio en el que estar una misma y, por otra parte,
difícil de compartir con otras. Respetar las diferentes maneras de asumir o expresar ese
dolor es importante, evitando juzgar o señalar a las mujeres víctimas las maneras cómo
tienen que manejar la situación.
Yo no quería, yo quería mi dolor para mi sola. Yo decía que ese era un dolor mío y
no era de nadie, y que yo no lo iba compartir con nadie. Barrio Popular, Medellín,
Antioquia, 1998, P.66.
161
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Si bien las actitudes frente a ese dolor pueden ser diferentes según la persona, la relación
con la víctima y otras cuestiones, la mayor parte de las veces la ausencia de un reconocimiento
público y de un contexto social favorable hace que las mujeres tengan que guardar
su dolor y vivirlo de forma contenida. Pero en el caso de los familiares de personas
desaparecidas, el dolor es aún mayor debido a la incertidumbre sobre su destino, y la
impotencia frente a los hechos.
Un dolor inmenso, porque no saber qué hicieron con él, si lo echaron al río o lo
echaron a las fosas, no saber nada de él, si siguió nada, que yo sé que él murió,
porque yo salí a hacer las averiguaciones, y me dijeron que sí, que lo habían matado,
que lo habían echado a una fosa. No podía hacer nada en ese momento, eso
es una frustración que uno siente muy... El Tambo, Cauca, 2004, P.373.
Muchas mujeres asocian la tristeza también a un dolor que no les deja ser ellas mismas,
que afecta su propia estima, su capacidad de acción y su identidad como mujeres. También
a ciclos de cambios profundos en el estado de ánimo que desestabilizan sus vidas.
Lo que sucedió se refleja en mi cuerpo porque yo siento un vacío, me siento sola,
vacía, mucha tristeza, mucho dolor con lo que pasó. Autoestima muy baja, mucha
tristeza, muy triste a veces me encuentro. Buenos Aires, Cauca, 2001, P.452.
Hoy estoy contenta, estoy bien, y mañana de pronto me agarra la tristeza más
terrible, la desesperación. Ya visto todo eso. Me dijeron que me saliera de allá,
pero yo decía, si me van a venir a acabar aquí, pues que vengan y me acaben a mi
también, o que no acaben a todos, ¿debemos algo? pues que nos maten a todos.
Aun sabiendo que no teníamos nada que ver con esa gente, ni con los unos ni con
los otros. Caseríos de Frías, Tolima, 2000, P.164.
En otros casos, la tristeza es también por no haber podido evitar una violencia que se
acercaba y parecía inminente. Esta impotencia frente al horror, que supone muchas veces
confrontarse con los momentos anteriores a los hechos, las decisiones, las cosas que no
se pudieron hacer o la acción de los perpetradores como factores que marcan el pesar de
la pérdida.
Ya llegué a mi casa, lloraba y lloraba y lloraba, impresionante... la impotencia, se
indignaba uno de rabia, de todo, de ver que eso estaba sucediendo, y sobre todo
que habíamos quedado que nos veníamos para acá, para que no pasará nada...
(llanto) y pasó... yo llegue a mi casa, no sabía qué hacer, y sobre todo para que
mis hijos supieran, porque les daba mucho miedo de que a su papá le pasara algo.
Cali, Valle del Cauca, 2002, P.891.
En el escenario de las masacres, las personas que sobrevivieron y fueron testigos de los
hechos hablan de la tristeza profunda que les produjo el horror. Más allá del miedo y
del terror de esos escenarios de atrocidades, la tristeza es el poso que queda después de
haberlo visto todo, de haber traspasado los límites del terror, donde las imágenes de los
162
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
pedazos, de los cuerpos fragmentados y de los niños asesinados detienen el aliento de la
vida. Como muestra el siguiente testimonio de la masacre de Bojayá.
Como mujer, los hechos me afectaron mucho porque no estaba acostumbrada a
ver esas cosas. Uno se paraba y por donde se paraba había pedazos de carne
pegados. Lo que uno pisoteaba era sangre y carne, donde niños inocentes, que no
deberían de haber muerto, murieron. Medio Atrato, Chocó, 2002, P.471.
Además, la violencia se ha ejercicio en esos casos como parte de la rapiña y de la destrucción
con un beneficio para los perpetradores que genera mayor impacto y tristeza en
los sobrevivientes.
La cuestión que a uno le duele en el alma, es que no hay consideración para una
persona civil, no hay una persona que respete. Van barriendo con todo lo que se
les enfrente y como para ellos había propina entonces lo hacían, eso era lo que se
miraba, mucho robo, mucho atraco. Los paracos se infiltraban, asesinaban y se
entraban a robar a las casas y hacían lo que querían con las personas y por eso
uno tenía que irse. San Marcos, Putumayo, P.540.
¿Hay un camino para salir de aquí?
Frente al enorme impacto de la tristeza, muchas mujeres se debaten entre la inevitabilidad
del dolor y de la pérdida, y la necesidad de reconstruir sus vidas y recuperar un estado de
ánimo que se lo permita. Sin embargo, el profundo pesar de la tristeza y del mayor dolor
que han provocado las atrocidades, hace que tengan una sensación de imposibilidad y de
impotencia.
Lo cierto es que yo no he podido superar todavía nada. A veces me pongo a pensar
que yo hablo y demás, pero me quedó como mucho, mucho, mucho dolor que me
causó ver todo lo que le hicieron. Si le hubieran dado dos tiros uno ya se hubiera
conformado, pero no todo lo que le hicieron a él sin merecérselo. Eso es lo que
más me afecta, me ha afectado mucho mucho. Turbo, Antioquia, 2002, P.240.
Aún siento todo eso porque como no he tenido una ayuda psicológica, no sé hasta
donde me vaya a durar esto, pero creo que esto no se lo borran a uno así́. Carmen
de Atrato, Chocó, 1994, P.475.
Muchas mujeres compartieron en las entrevistas cómo la tristeza les ha llevado a pensar
en quitarse la vida, y también las cosas que les han atado de nuevo a la vida. Sin embargo,
el dolor de la pérdida parece para muchas de ellas algo a lo que no le ven salida.
Se siente rabia, se siente impotencia, ganas, muchas veces, hasta de acabar con la
misma vida porque uno dice: “no voy a ser capaz”. Yo soy una que a veces entro
en una depresión y digo: “¡Dios mío, yo no voy a ser capaz de superar la muerte
163
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
de Julián! ¡No voy a ser capaz! ¡Ayúdame Diosito!”. Porque me siento agotada.
No sé si sea capaz. Entonces el cambio es drástico, muy, muy fuerte el cambio
para una madre cuando pierde a su hijo en las circunstancias que yo perdí a Julián.
Ocaña, Norte de Santander, 2008, P.788.
Si bien el dolor de la pérdida y los impactos en sus vidas tienen una dimensión irreparable,
esta conciencia de la irreparabilidad no es una confirmación de la impotencia.
Las mujeres víctimas también han desarrollado muchas formas positivas de enfrentar los
hechos. Junto a esas fuerzas positivas, es importante ser consciente de los impactos y de
las cuestiones que aumentan el dolor de las víctimas. Tanto para las propias mujeres afectadas
y sus familias, como para los equipos de apoyo y para quien desde el Estado tiene
la obligación y la responsabilidad de llevar adelante una política que ayude a enfrentar
estos impactos en sus vidas.
En síntesis puede decirse que algunos de los hechos que aumentan el dolor y la tristeza
son:
• Verse presionadas a mantener silencio por el miedo a identificar los culpables, pues
conviven con ellos en el contexto local.
• En razón de proteger a sus hijos e hijas, se guarda silencio sobre el dolor que se
siente. Si bien muchas de estas maneras de enfrentar el dolor dependen de variables
individuales, se necesita un contexto social positivo de reconocimiento y de seguridad
que permita a las mujeres expresarse sobre lo sucedido y las pérdidas, de forma
que tenga sentido para ellas.
• Cuando las autoridades no realizan la gestión de búsqueda, ni aplican justicia el
impacto es mayor. La responsabilidad del Estado en estas prácticas es una denuncia
generalizada en los testimonios analizados.
• La forma como fue realizado el hecho violento impacta de manera significativa y
diferencial. Dichas afectaciones dependen de las características de la persona, el
grado de apoyo que haya tenido, o la relación con la víctima, la edad, etnia y otras
variables. Eso lleva a tener una visión amplia de las víctimas y sus diferentes necesidades
y afectaciones.
• La angustia y preocupación por la situación económica de la familia y la manutención
de los hijos. El desamparo que se experimenta como mujeres al asumir roles
de proveedor y buscar recursos económicos para sostener a sus hijos, al tiempo que
continuaban con su rol de crianza. Estas necesidades y los derechos económicos
y sociales asociados a ellas deben formar parte de la atención a las víctimas y las
políticas de reparación.
• La impunidad producto de no aplicación de justicia no permite que los familiares
puedan elaborar una historia digna y así sea posible liberar a las víctimas de buscar
su propia explicación. La lucha contra la impunidad y contar con las víctimas en los
procesos de investigación es un aspecto básico para promover su seguridad y evitar
que queden de nuevo en la cuneta de la historia.
164
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
• En muchas ocasiones, las gestiones para denunciar y pedir ayuda o respaldo de parte
de las autoridades aumentan la victimización secundaria. La obligación del Estado
es evitar esta victimización en los procesos de investigación y la carencia de atención
psicológica que aumentan los efectos de la violencia.
VI. El impacto en los proyectos de vida
Mi sueño antes de ser desplazada era llegar a tener mi finca bien bonita, con buenos
animales porque teníamos poquitos, pero llegar a tener mí finca, con buenos
animales, bien organizada, inclusive la casa tenerla de material, ese era mi sueño
porque mi casa estaba a orilla de carretera, y colocarla de material, y aparte de
eso montar un negocito donde yo pudiera ayudar a mi marido. Y que mis hijos
vivieran bien y brindarles un futuro a mis hijos, que no tuvieran problemas, que no
tuvieran nada que envidiar. Vereda La Esperanza, Bolívar, 2000, P.742.
¿Qué realidades vivía antes de los hechos de violencia? ¿Quién eras?
La mayoría de las mujeres entrevistadas llevaban una vida que describen como tranquila
y estable. Vivían en una vereda con su marido o compañero, sus hijos, y en ocasiones con
otros familiares, en un terreno propio que fue adquirido con mucho trabajo familiar y que
se fue convirtiendo en una finca durante varios años de trabajo. Una finca cultivada por
el hombre, con productos de pancoger, para la alimentación de la familia, y a veces con
productos para la venta. Tenían animales pequeños de engorde y a veces algunas vacas.
Estos animales estaban bajo el cuidado de la mujer, quien no trabajaba en algo distinto
que el sostenimiento de la misma finca y de la propia familia. Se disponía de alimento
suficiente para todos y, en ocasiones, se obtenían ingresos adicionales con la venta de los
excedentes de la finca. Los hijos estudiaban en la vereda, podían correr tranquilamente
por la finca, en un escenario de libertad y un modo de vida que se perdió. La finca representaba
el patrimonio que garantizaría el sostenimiento presente y futuro de la familia, así
como la posibilidad de continuidad de los estudios de los hijos en el pueblo o en la ciudad.
Igual una madre comunitaria, una mujer que recién estaba en la coordinación de
mujeres de la zona nororiental, ya tenía los vínculos con Convivamos desde que
se inició prácticamente. Yo ya era como se dice una líder comunitaria. Porque a
mí siempre me ha gustado trabajar por la comunidad de hecho por Dios yo como
he trabajado con tantísimos niños no me he portado mal con nadie ¿por qué me
dieron a mí ese golpe tan grande? ¿Quién era yo? Era una mujer feliz alegre.
Barrio Manrique, Medellín, Antioquia, 2001, P.37.
Otras mujeres vivían junto con su familia y su marido que sembraba en otras fincas o también
recolectaban café u otros productos agrícolas en la zona. Algunas mujeres vivían en
un barrio en el pueblo, en su propia casa o en proceso de construcción. Otras se describen
como “amas de casa”, estudiaban o eran profesionales, hacían parte de una organización
165
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
social, en algunos casos un grupo político, eran de la Junta de Acción Comunal, de una
asociación, alguna era gobernadora de un resguardo, otra madre comunitaria, otra miembro
del comité de salud, de la cooperativa, catequista en la parroquia
Lo que nosotros hablábamos con mi marido era que, yo terminaba el periodo
de ser gobernadora y quería seguir trabajando para poder llegar a estar en una
asociación de cabildos y poder en algún momento hacer parte del CRIC y poder
direccionar a todos los cabildos, ser una persona que demostrara el trabajo que
se había hecho en lo local, poder hacerlo en otros cabildos, que vieran también
o que tuvieran esa misma dificultad y que uno pudiera aportar en ese momento.
Servir de ejemplo o la experiencia que uno ha tenido en el cabildo poderlo aportar
con otros cabildos para que asuman también esa posibilidad de llegar al trabajo
que ellos necesitan. Ese era el sueño de poder estar trabajando para todos los
cabildos. Vereda Panamericana, Cauca, 2002, P.312.
Todas estas situaciones suponen el marco de la diversidad de vidas y sus proyectos de futuro.
Todo eso se destruyó con la violencia sufrida, con el desplazamiento, las masacres,
las ejecuciones y desapariciones forzadas, con la tortura. Muchas mujeres respondieron
con la espontaneidad y la frescura de sus recuerdos cuando le preguntamos qué hacías en
la vida:
-Tenía una vida normal, estable, o con estabilidad económica con su pareja o familia,
con “estabilidad” emocional, un trabajo, sin violencia, se veía un futuro.
-Tenía un negocio.
-Se dedicaba al trabajo doméstico.
-Tenía muchas amistades.
-Le gustaba ayudar a la gente.
-Cultivaba un saber o sabiduría que se desarrollaba y compartía con la comunidad
y en el territorio (ancestral, plantas medicinales, cantaba).
-Era alegre, animada, bailadora, jugaba, inocente, feliz, le sobraba moral para hacer
las cosas, dinámica, emprendedora.
-Era admirada por su padre.
-Se dedicaba a la minería artesanal, a la modistería, a la peluquería.
-Se “enredó” con el papá de su hijo… Era madre y padre a la vez…
Todas esas cosas que no aparecen en las historias de la violencia ni en los casos de violaciones
de derechos humanos. También les preguntamos ¿qué sueños tenían las mujeres
antes de los hechos de violencia? La mayoría de las mujeres respondieron a esa pregunta
hablando de sus hijos e hijas. El 75.2% de las mujeres entrevistadas tiene hijos o hijas,
con una media de 3 hijos/as por mujer y un máximo de 15 hijos/as. El principal sueño o
166
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
proyecto de vida de las mujeres era darles estudio para que salieran adelante y tuvieran
un “buen vivir” dedicándose a actividades menos duras que las del campo en un lugar
sano para ellos.
Otras tenían proyectos personales como estudiar o seguir estudiando y hacerse profesional,
por ejemplo: enfermera, docente, psicóloga, médica, abogada, periodista, policía,
secretaria, técnica en computación, azafata. Esas miradas que cada oficio tiene sobre la
vida, y una fuente de ingresos suficiente para sostener a los hijos e hijas.
La conciencia del desarrollo humano y social, la posibilidad de tener un mejor estatus y
una vida mejor que la que tuvieron ellas, como todas las madres y padres que no pudieron
ir a la escuela, y se pasaron la vida trabajando con escasos recursos. Si no se había podido
estudiar, soñaban con dar estudio a los hijos para que fueran “alguien en la vida” y “no
se queden como uno”.
Acá llegaron muchas, que después de eso hubo un desplazamiento de 8.000 personas.
Y llegaron acá, que se encontraba con mucha gente, por eso, empecé a trabajar
con gente del municipio acá, porque yo no quería ya saber nada del liderazgo.
Granada, Antioquia, 1999, P.895.
Otros proyectos eran trabajar en un buen empleo, con estabilidad y capacidad de ahorro
para sacar adelante a los hijos y a la madre y padre, las responsabilidades hacia arriba y
hacia abajo que asumen tantas veces las mujeres. Adquirir una casa propia en el pueblo
o mejorar la casa, y conseguir cosas para compartir con los hijos y la familia en general.
Esta dimensión del compartir ligada a la vida campesina y en general a la vida en una
cultura colectivista como en Colombia. Envejecer en el territorio con su pareja, ver
crecer los hijos e hijas. Vivir en un país tranquilo, en paz, con equidad, sin que nadie
discrimine.
En el campo todos se conocen, todos se hablan, todos se tratan. Aquí, si unos te
hablan otros no, otros te corren, y hasta por el color de piel, yo he vivido discriminación
acá, racial, étnica, yo y mi hija. Como que uno encajar en una cosa, donde
no estaba prevista para esto. Bajo Atrato, Chocó, 1998, P.139.
Otras señalaron participar con liderazgo en la organización social para sacar adelante el
barrio, conscientes de que el desarrollo humano y el cambio social van juntos en un país
con la enorme desigualdad que tiene Colombia. En algunos casos, poder desarrollar las
propias aspiraciones personales de tener una proyección política y liderazgo.
Bueno pues, creo que renunciar un poco a mis aspiraciones políticas, porque me
hubiese gustado hacer mucho más. Eso coartó un poco las capacidades políticas
que se pudieron haber dado en esa época, en ese entonces, aspirar de pronto a
un espacio de representación popular o alguna cuestión que creo que mis aspiraciones
iban un poco hacia allá, no solamente quedarme en el tema participativo
167
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
universitario, sino también de tener aspiraciones en el ámbito político local, creo
que eso se vio totalmente frustrado. Popayán, Cauca, 2006, P. 309.
Este es el escenario de los proyectos de vida que vino a afectar la violencia contra la población
civil y que destruyó tantos proyectos de vida de las mujeres.
Se quebró la vida
Las mujeres víctimas, vivieron el impacto de la violencia como la interrupción “total”
de su proyecto de vida y la imposibilidad para realizar otro, en medio de precarias condiciones
de vida, la inseguridad y el miedo. Si bien hablan del pasado, los hechos que
sufrieron, también la vida que tenían era su futuro y el de sus hijos. Todo eso se vio interrumpido,
y las mujeres desplazadas que además habían perdido a sus familiares, tuvieron
que tratar de ganarse la vida en condiciones de precariedad absoluta.
Ellos se aprovecharon de uno porque uno tenía ganado, tenía de todo y podían
arrancar bultos de yuca o sea uno tenía que darles cosas a ellos… Siempre me
acuerdo y no se me quita eso de la cabeza, porque ese era el futuro de mis hijos
que yo tenía, que me quitaron… y yo pasé trabajo cuando llegué aquí… buscando
ropa para planchar, batea para lavar, lo que fuera… San José del Playón, María
La Baja, Bolívar, 1980, P.206.
La descripción de las pérdidas de esa vida incluye la tierra, la casa y los objetos que
hacían parte de ella, el ritmo del tiempo y de los días. Pero también llegar a un territorio
inhóspito donde la población desplazada era vista con sospecha, y donde las justificaciones
de la violencia pasan por estigmatizar a las víctimas en lugar de reconocer su
sufrimiento. Los ejemplos de todo lo que era su vida, una forma de todo, a menudo
precaria pero suya y en la que tenían una vida bajo su control; a un lugar donde el cemento,
la desconfianza y el estigma hacían parte del paisaje. Un proceso que muchas
describen como un calvario.
Ahí comenzó mi calvario más terrible… En ese momento sentía morirme, dejar
todo lo que había trabajado, llegar con una mano atrás y otra adelante es muy
duro… con niños pequeños sobre todo… desarraigarse de su tierra, botar mi territorio…
es duro…salir llorando de su territorio. Ahogada en un vendaval donde
lo iba a botar… dejar todo, llegar a donde a uno nadie le va a tender la mano,
porque llegar uno desplazado creen que lo sacaron… por ladrón, por matón o
no sé qué… lo peor que es el campesino y el indio, eso es lo que dice el Estado…
Vereda Porvenir, San Sebastián, Cauca, 1983, P.299.
Todo se acabó. Los que quedamos vivos no podíamos dormir. Dejamos la finca
botada. Haber dejado a mi familia muerta, y todo botado, digamos más me
dolía…Yo decía Dios mío quisiera que la tierra se abriera y me tragara para
no vivir más… Pero mis dos niños son los que se quedan sufriendo… Mi mamá
168
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
quedó muy mal. Perdí la mente por unos días, yo no sabía ni qué día era, ni
nada… para mí era como si se hubiera acabado el mundo... no sabía para dónde
coger ni nada.. Llegar a una ciudad y hasta para uno comerse un plátano, tiene
que uno comprarlo… Me pareció muy duro… vivir encerrado. No tener trabajo,
no tener amigos, no tener una salida… eso es como que lo afecta demasiado.
Bojayá, Chocó, 2002, P.410.
Para las mujeres eso supuso tener que salir a trabajar fuera de la casa, en condiciones
precarias, buscando cualquier tipo de trabajo que les ayudara a sobrevivir. En un medio
distinto, donde debido a las barreras culturales y la discriminación, las mujeres negras o
indígenas tuvieron todavía un impacto mayor.
Trabajé en construcción, trabajé en casa de familia, lavé ropa. Someter mi cuerpo
a trabajos duros. Todas esas cosas se truncan, uno… busca como sobrevivir, no
vivir mendigándole la libra de arroz… el pedacito de jabón. Esto se dificulta a
uno con la cosa que es madre de familia… es mujer… porque es negra y a veces
consigue muchos, muchos escalones en el camino, muchos travesaños que para
uno como mujer y negra le es muy difícil cruzar. Putumayo, 2000, P.439.
En otros casos, donde ya se había empezado a dar la instauración de los cultivos de coca
y la economía ilegal en las condiciones de vida en el campo, las consecuencias de las
políticas contrainsurgentes incluyeron fumigaciones de comunidades enteras con las consiguientes
consecuencias para la salud y la vida comunitaria. Los proyectos colectivos de
la escuela, las asociaciones comunales o agrarias se terminaron con la represión vivida.
La pérdida de liderazgos, la militarización de esos territorios hicieron que se acabara con
la vida comunitaria que existía.
Tenía muchos ideales allá, porque mire mucha miseria, mucho dolor, la gente pobre,
aguantando quizás hambre, porque todo este sitio eran tierras donde abunda
mucho la coca, y la gente prácticamente vivía era de eso, cuando habían fumigaciones
del gobierno, a la gente les mataban sus sembríos con la fumigación, el
plátano, sus animales, prácticamente de lo que ellos dependían era de su siembra
de su coca y de las gallinas, y de lo que tenían de sus sembríos. A mí me afectó
haber dejado todo inconcluso allá, los ideales para ayudar a las personas, estas
mujeres, a los niños con las escuelitas. Logramos solamente una escuela para
ellos, y todo esto se acabó cuando yo salí de allá, la gente no siguió trabajando.
Bogotá, D.C., 2008, P.193.
El proyecto de cambio social
Otro aspecto del proyecto de vida de las mujeres tiene que ver con sus aspiraciones de
cambio social, compartidas en el medio comunitario, participando en asociaciones u organizaciones
sociales o de mujeres, y en su participación política en distintos proyectos
de cambio social.
169
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
En algunos casos, la ruptura de su proyecto de incidencia social se quebró por las amenazas
frente a mujeres que ya estaban adquiriendo un protagonismo social y que fueron
amenazadas por ser mujeres lideresas de sus comunidades.
Como les comento yo era madre comunitaria, y entonces a mis representante
legal, que sería mi jefa inmediata, también la abordaban y le decían que me
presionara, y que hiciera que yo renunciara como madre comunitaria, que ellos
necesitaban sacarme. Pero ella no me sacó, pero si empezó a complicarse mi
vida laboral, porque eran llamadas. A la directora del ICBF de Bucaramanga le
llegó un fax, donde decía que si no me echaba, la cabeza de ella corría peligro.
Girón, Santander, 2001, P.127.
En muchos casos la causa del desplazamiento estuvo ligada a la participación en estructuras
comunitarias como las Juntas de Acción Comunal.
Ese fue el motivo del cual me desplacé porque yo hacía parte de la comunidad,
también de la Junta de Acción Comunal de la comunidad y por eso hubo amenazas
contra mí. Eso fue en Truandó y todo ese sector fue de comunidades que
desplazaron. Llegamos a Pavarandó, éramos cinco mil desplazados. Riosucio,
Chocó, 1996, P.217.
La criminalización de la participación en estructuras comunitarias, especialmente como
parte de la política contrainsurgente, ha conllevado también un impacto en el papel de las
mujeres y su identidad social.
Mi vida cambió toda… (sollozos) todo porque yo era una mujer que era muy
activa, a mí me gustaba participar en comités, en Junta de Acción Comunal,
participaba mucho ayudando a hacer bazares y todo para recolectar para escuelas
y todo. Pero desde que todo eso pasó ya a mí me cortaron esas alas…
Cimitarra, Santander, 2000, P.721.
En algunos casos, la pérdida vivida como más traumática fue la de las formas de apoyo
mutuo y de sentido del trabajo colectivo que constituía la participación en organizaciones
con otras mujeres. Muchas de estas pequeñas organizaciones fueron el soporte de proyectos
colectivos para las mujeres y sus familias, programas de salud, educación, cooperativas
que vieron la luz debido a esta capacidad e iniciativa de las mujeres, hasta que sus
líderes o las propias organizaciones se convirtieron en objetivo militar.
Me dio muy duro cuando me separé de la asociación de mujeres. Estuvimos nueve
años. Fue terrible para mí eso, porque… quedamos cinco socias. Y esas cinco
socias, mejor dicho, éramos amigas del alma. Y ver acá todo mundo lo señalaba
a uno… Todo mundo decía: “ay pero mira que esta vieja, desplazada ¿de dónde
será que viene?”. Santa María de Dagua, Valle del Cauca, 2001, P.831.
170
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Las organizaciones de mujeres también han sido víctimas directas de la represión del Estado,
como las mujeres de la Comuna 13 en Medellín en el marco de la operación Orión
en 2001. Las consecuencias de dichas acciones no solo fueron las acusaciones infundadas
contra organizaciones de mujeres, o el impacto de la detención arbitraria o el encarcelamiento
injusto, sino también en su medio local. Las actitudes de rechazo propiciadas por
la estigmatización de que fueron objeto y la reorganización forzada del tejido social que
se dio en varias de esas comunidades, instauró el terror y nuevas formas de control social.
Nosotras quedamos libres pero nos marcó porque siendo líderes comunitarias
éramos muy reconocidas, entonces en el momento que salíamos de la cárcel
que llegamos a esos espacios conocidos uno sentía el rechazo incluso en realizaciones
de sueños como fue el Concejo Comunitario que nosotros creamos.
Un compañero dijo “no a esas mujeres no las metamos acá porque ellas están
acabadas de salir de la cárcel y entonces eso es un mal ejemplo para la
corporación”. Y empezamos nosotros a ir alejándonos de ese trabajo social,
porque nos veíamos discriminadas donde llegábamos. Comuna 13, Medellín,
Antioquia, 2002, P.79.
Uno de los procesos en que la violencia contra la gente tuvo mayor impacto fue el
llevado a cabo contra la Unión Patriótica a partir de su constitución en 1984. La persecución
sistemática de que fueron objeto por parte del Estado y de grupos paramilitares
conllevó la muerte y desaparición también de muchas personas. En ese contexto, para
muchas mujeres que tenían una participación activa junto con sus esposos o familiares,
la pérdida de seres queridos aumentó el temor y el desánimo, también del proyecto
compartido. Numerosas mujeres dejaron de participar activamente en la vida social y
política del país por el impacto de la pérdida de sus seres queridos y el terror, o incluso
la culpabilización de que fueron objeto. Algunas de ellas fueron retomando después su
participación, que en la mayoría de los casos quedó truncada hasta hoy en día debido a
la ausencia de garantías para sus vidas.
Antes de lo de mi hija, yo tenía mucha actividad con el partido… Después yo no
volví a nada… Nosotros hablamos con los del partido y yo fui muy sincera y les
dije: “yo quedé destrozada, no tengo ni fuerza, ni disposición, ni ánimo de nada,
sigo siendo una revolucionaria, confíen en nosotros, pero no vamos a volver a
asistir ni yo, ni mi esposo, nosotros no vamos a volver a asistir a nada”. Guadací,
Cesar, 2000, P.672.
Él siempre nos llevaba a nosotros a reuniones y todo eso, inclusive yo estuve en la
Juventud Comunista mientras él estuvo vivo, yo estuve yendo… lo que sí cambió,
fue que después de que él se murió nosotros tampoco… quizá, porque en nuestro
inconsciente pensábamos que eso le había pasado por haber estado en esas
organizaciones, entonces yo no volví a la Juventud Comunista. Después de eso,
nosotros nos alejamos totalmente del partido al que pertenecíamos junto con él,
nos alejamos, no queríamos nada que ver con... No había caído en cuenta de eso.
Hasta después de cuatro años empezamos de nuevo a asistir a reuniones hasta que
171
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
ya nos involucramos nuevamente como militantes del partido. Pereira, Risaralda,
1999, P.600.
El nivel de terror vivido por las mujeres puede verse en el siguiente ejemplo, como un
intento de borrar todas las huellas que pudieran identificarlas con la UP, y por tanto ser
también objeto de represión política y violencia.
No nos retiramos de todo, porque cuando hablamos con la Doctora Claudia
nos dijo que los carnés que teníamos como miembros de la UP, todo eso había
que desaparecerlo, que debíamos quemar todo lo que nos relacionara con la
UP.Hasta que al año empezamos a sentir seguimientos a ver cosas raras, entonces
tomamos la determinación de irnos para Villa Nueva. Saravena, Arauca,
1996, P.137.
A pesar del terror vivido, las mujeres que tenían una participación política en el pasado y
que dieron su testimonio, señalan cómo la destrucción de ese proyecto tuvo una clara intencionalidad
y dirección política, así como la responsabilidad del Estado. La dimensión
de dicho impacto no puede verse solo en el asesinato de líderes o candidatos presidenciales
o cargos políticos, sino en la desestructuración de todo un tejido social del que esas
personas eran expresión, y de las aspiraciones colectivas que subyacían al movimiento.
Todo ello sigue pendiente de reconocimiento en la Colombia actual.
Con el propósito de aglutinar fuerzas, de que este país siga soñando siempre,
“Venga esa mano país” decía Bernardo Jaramillo con mucha ilusión. Recuerdo
un acto que se hizo el 22 de octubre del año 88, en el Meta, después de haber hecho
una manifestación grandísima en Pereira. Se le hizo un acto de desagravio a
Bernardo y eso era… es que eso se notaba la alegría de la gente, para que después
vinieran estás porquerías y de manera sistemática a acabar con todas las cabezas.
Por eso yo digo que eso fue del Estado, bien planeado, porque le dieron a las
cabezas puntualmente. Ellos sabían dónde iban desbaratando, a quién tenían que
matar para poder ir desbaratando ese trabajo que se venía haciendo de manera
tan rápida y de manera organizada como se venía haciendo en este país. Pereira,
Risaralda, 1987, P.691.
Muchas mujeres dejaron de participar políticamente por el nivel de riesgo que sufrían,
el peligro y las amenazas que se cernieron sobre sus vidas. El retiro y el descompromiso
político son formas de evitar el peligro comprensibles en esa situación.
Yo estuve a punto de irme del país. Me retiré de la política, unos años, quise irme
del país. La casa que estaba construyendo con él la dejé tirada. Cali, Valle del
Cauca, 2002, P.892.
En otros casos, las mujeres han tenido que tomar medidas para seguir activas en el plano
social pero disminuir el riesgo que manejan por su dedicación. No se trata de una pérdida
172
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
de sentido de la acción social y política, sino una evaluación del riesgo y las formas de
mantener el trabajo de promoción social en el que las organizaciones de mujeres juegan
un papel clave.
De ahí ya volví, termine materias, me gradué. Tomé la decisión de bajar el perfil por
así decirlo, de no meterme como en más cosas. No porque haya dejado de creer, sino
porque, considero que no quiero volver hacer pasar a mi familia, ni yo misma por
ese tipo de situaciones. Bajé el perfil completamente, creo que me alejé absolutamente
de muchas cosas. Ahora estoy acompañando la Ruta muy feliz del trabajo que
estoy haciendo acá, y defendiendo los derechos de las mujeres. Esperamos que con
eso no tenga mayor problema como los anteriores. Popayán, Cauca, 2006, P. 309.
En otros casos, algunas mujeres han decidido seguir valientemente adelante con sus proyectos
sociales o políticos, la participación o liderazgo en organizaciones de derechos
humanos, de personas desplazadas, de lideresas en los procesos de demanda de restitución
de tierras o de lucha contra la impunidad, aunque ese trabajo sigue siendo peligroso
y necesiten en ocasiones medidas extremas de protección. Todo ello muestra cómo las
amenazas sobre la participación política siguen siendo muy relevantes en Colombia, y
que cualquier proceso de paz y de reconstrucción del tejido social debe propiciar espacios
de libertad y garantías para la participación que han seguido sin darse hasta la actualidad.
¿Qué ha cambiado?... que me quitaron la libertad. La libertad de movilidad,
de expresión no porque yo hablo lo que siento porque ya…lo digo dónde sea,
pero de movilidad sí, me quitaron esa libertad, y sí, le quitan a uno los sueños,
le quitan… la alegría. Ya uno a veces ríe, canta, pero como que no es igual,
ya esa alegría que uno tenía antes, usted sale para donde quiere, va a donde
quiere, habla con quien quiere, se sienta a la hora que quiere donde sea, yo no
puedo hacer eso. Mi vida ha sido una vida de encierro, durante ese 2001 y de
ahí para acá yo no he sabido lo que es tener libertad, yo puedo salir a la calle
con alguien, irme sola, irme a la tienda, ir al mercado, ir a donde uno…¡no! yo
ya no puedo hacer eso. Tengo que valerme para todo de terceros, y si quiero ir
a un sitio tengo que ir con los dos señores armados a la pata mía, ¡eso es muy
horrible! San Vicente de Chucurí, Santander, 1990, P.745.
En el momento actual, todo ello tiene también enormes desafíos para el país y para las
mujeres que fueron víctimas por su participación política. El desafío probablemente más
importante es asumir un rol de liderazgo y participación sin negar el pasado. Integrando
su experiencia y reivindicando su papel activo. A pesar de que frecuentemente las formas
de autoprotección de muchas mujeres haya sido dejar de hablar, evitar tocar ese pasado o
no hablar de su participación en diferentes grupos u organizaciones política, para evitar
ser de nuevo señaladas o golpeadas por la violencia.
Porque es de la única manera que uno conoce a alguien, brindándoles como la
confianza. Si uno dice, bueno vamos hacer un proyecto, pues yo era una de las
personas, vamos a averiguar, vamos a hablar, vamos a la gobernación, vamos
173
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
a la alcaldía. Yo ahora no soy eso. Ese era mi sueño, y no se me cumplió. Ahora
me da miedo que me nombren, porque, pues uno está como con esa cosita
de que de pronto hay alguien que me conoce, o se acuerda de mi nombre, y
pues ahora le toca a uno tratar de salir adelante. Vereda Rico Arriba, Caquetá,
2006, P.119.
VII. Indignación frente a la injusticia
Estar en una parte en paz, que no haya rencor, para mí quiero… que no hubiera
más derrame de sangre que lo que uno ha vivido. Entonces veo que no se hace
mucho porque para mí todas las ilusiones ya se me están apagando. Todo lo que
yo quiero soñar y seguir hacia delante, siempre esa gente me las pagan de una
manera que yo no veo, porque… como yo les dije a ellos: las autodefensas me matan
a mí esposo, ahora ustedes siendo la guerrilla vienen a quitarme los hijos que
es lo único que yo tengo para seguir hacia delante. Ahora ustedes vienen a apagar
esa ilusión. ¡Ya no más! Yo le dije a ellos, ¡ya no más, yo he sufrido mucho! Que
usted no sabe qué es el sufrimiento de uno de mujer. Vereda la Petronila, Quindío,
1997, P.776.
La injusticia de la guerra
La injusticia del abandono del Estado y de la dinámica de la guerra teje los hilos de los
testimonios de las mujeres entrevistadas. Muchas de ellas hacen reflexiones sobre el costo
de la violencia para las mujeres, y de la injusticia de los hechos sufridos. También en
algunas ocasiones incluyen reflexiones más generales sobre el impacto de la guerra en
sus comunidades y en el país, donde sucesivas generaciones, muchas veces de las mismas
familias, han sido afectadas. Y donde las mujeres han enfrentado sus consecuencias de
manera dramática una y otra vez.
Y en estos días que yo hablaba con ella, yo le decía, mami, porque será la vida así
tan terrible, tan dura, mira que tú fuiste sacada de allá de tu familia, te alejaron
de tu familia de una manera miserable, por quitarte tus hijos. Y mire, se repite
nuevamente ahora, matándome mi esposo, y alejándolo de mis hijas. Mire que es
algo que de alguna manera se ve diferente, pero a la final, termina con lo mismo:
el conflicto armado. Termina en las mismas personas. Entonces ella me decía,
mija hay que seguir adelante, mire yo como he luchado, los crie a ustedes, les di
estudio, mire aquí estoy. Ella ha sido una mujer muy fuerte, muy valiente, muy
trabajadora. El Dovio, Valle del Cauca, 2010, P.828
La amplitud de la violencia sufrida, las violaciones y abusos de derechos humanos cometidas
por los distintas partes del conflicto y la represión contra la población civil, suponen
174
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
un cuestionamiento general del país y de la descomposición del conflicto y del sin sentido
al que ha llegado la guerra.
Lo que menos esperábamos nosotros como comunidad o el país colombiano de que en
una casa santa como esa, iba a haber un desastre como el que hubo, matar semejante
cantidades de niños, adultos y no sabemos él por qué. Mocoa, Putumayo, P.449.
También reivindican un papel activo de las mujeres para enfrentar las situaciones de
marginación e injusticia que están en la base de la guerra y de las violaciones de derechos
humanos cometidas hasta hoy en día. La esperanza de muchas de ellas es que estas
situaciones se conozcan. Que las mujeres puedan contar sus experiencias y denunciar la
violencia de que han sido objeto. Y que eso contribuya al cambio social en Colombia.
Creo que es necesario que muchas mujeres nos levantemos porque esa es la injusticia
que hay en el país. A mí me han pasado todas las situaciones de violencias de
violaciones de derechos humanos, las formas habidas y por haber me han pasado.
Pero eso que siento que le ha pasado a muchas mujeres que quizá son mucho más
vulnerables, porque no han podido siquiera hablar o decir la verdad. Tierradentro,
Cauca, 2008, P.317.
Las mujeres que viven especialmente en las zonas de mayor presencia del conflicto armado,
señalan también algunos de los mecanismos que han seguido haciendo posible esta
violencia que para muchas carece de sentido. En sus explicaciones se mezclan la necesidad
de tener un desarrollo y una buena vida en sus comunidades con la falta de expectativas
de los jóvenes, y cómo las estrategias de la guerra han supuesto un mayor involucramiento
de la población civil, a través del reclutamiento, los medios proporcionados por
los actores armados o el uso de la violencia en el medio local como una forma de poder.
Me afectaron mucho porque en el mundo que vivimos uno lucha por una causa.
Uno no quiere que nuestros hijos, ni el vecino ni aquel pelado se meta en el conflicto,
ni que los utilicen por su situación económica que allí les dan 20 mil que
allí 50 mil, porque en la casa tiene muchas necesidades y uno los levanta con
un respeto y una prudencia. Y luego se le salen de las manos y la mamá, por la
situación económica, acepta que el hijo le traiga muchas veces cosas que no están
contempladas trabajando honradamente. En estos barrios populares llegan y
utilizan estos pelados y los ilusionan. Son muchachos que no tiene cultura, viven
en una situación económica de pobreza por falta de oportunidades. Entonces el
pelado se involucra en cosas. En mi caso yo decía uno sí es bobo fortalecer una
familia en la vida y decirles que al ejército al que cumplirle la ley. Y mi hijo fue al
estadio y se lo llevaron en un carro a prestar servicio militar porque “era la ley”.
Manrique, Antioquia, 2002. P.16.
Frente a esa situación, las mujeres reclaman justicia como un mecanismo de prevención.
En este caso se trata de los casos de ejecuciones extrajudiciales llevadas a cabo por
175
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
miembros del ejército, y publicitadas posteriormente como “falsos positivos”. Parte de
los mecanismos que hacen posible el horror sigue siendo el uso del lenguaje para tapar
las responsabilidades o minimizar los hechos. Hubieran sido “positivos” si eran guerrilleros
muertos en combate, aunque ese lenguaje minimiza el hecho de que pudieran ser
ejecutados cuando estaban detenidos o indefensos. Fueron “falsos” porque fueron civiles
secuestrados y ejecutados después de ser vestidos y aparecer como guerrilleros para cobrar
las recompensas y mejorar las estadísticas de la guerra. Todo ello produce también
un cuestionamiento del Estado y de la confianza de la gente en las autoridades, que tiene
efectos a largo plazo. En este caso se señala la limitación de la investigación, en un contexto
donde miembros del ejército simularon pruebas y donde había numerosos testigos
de los hechos.
Entonces, yo no creo, en justicia no creo. No. Pero yo lo único que pido es justicia.
Porque yo sé que, que a uno le den plata, la vida de mi hija no valía la plata, y
nunca va a valer, yo sé que la plata se gasta, pero no, yo pido justicia, que haya
justicia para todos los treinta. Porque no es el que los tres que dispararon, que
no sé qué, que no sé cuántos. El comandante no está incluido, ni el teniente, ni el
sargento, que comandaba ese grupo, nada, entonces ¿cómo es eso? Simplemente
son los campesinos, a los que les obligan hacer eso, los que tiene que pagar, y
las grandes cabezas se quedan riéndose, entonces, pues... Peruanza de Garzón,
Huila, 2006, P.859.
Esta ignominia, que parece sacada de una película de terror, es parte de lo sucedido en
Colombia, y de lo que, más allá de los responsables de menor nivel, las víctimas reclaman
que el país tiene que investigar y cambiar para prevenir la violencia.
Nunca me imaginé que me iba a encontrar en esta situación, pero desafortunadamente
esa es la vida que estamos llevando en Colombia y…aquí estoy en una
lucha para demostrarle al mundo entero y a Colombia que mi hijo no era un
subversivo, que mi hijo no era ningún guerrillero, que mi hijo era un joven como
cualquier joven de Colombia, lleno de ilusiones, lleno de proyectos de vida, pero
estos militares…primero, estás personas sin escrúpulos, eh…los reclutadores sin
escrúpulos, personas que de pronto no tienen hermanos, no tienen sobrinos, no
tienen nada, eh…sacaron a estos chicos con engaños y luego traerlos a Ocaña,
entregárselos a los…a los militares para que ellos hicieran con estos muchachos
lo que ellos quisieron. Qué triste. Ocaña, Norte de Santander, 2008, P.788.
Nunca nos iba a tocar
A pesar de que el conflicto armado colombiano lleva activo desde hace cinco décadas, una
buena parte de la población no se vio afectada directamente por el mismo hasta la generalización
de la guerra, el uso de estrategias de implicación de la población civil, las masacres
colectivas y el desplazamiento forzado especialmente de los últimos quince años.
176
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
La injusticia de la violencia contra la población civil se dio durante muchos años contra
miembros de colectivos políticos, sindicatos u organizaciones que luchaban por un cambio
social.
Empieza a funcionar la UP con un comité aquí, en el departamento de Risaralda,
muy bien. Se hacían actividades diversas, movilizaciones, encuentro con los campesinos,
con los trabajadores de las fábricas, con los maestros…los estudiantes
también en las Universidades. Hubo mucho entusiasmo. En 1987, el 11 de octubre,
fue el asesinato de Jaime Pardo Leal. Para mí, fue el primer hecho donde,
mejor dicho, me dolió el alma, no solamente desde el punto de vista político sino
personal. Jaime Pardo Leal ya había estado con nosotros en estas tierras, un
hombre profundamente alegre, visionario, un hombre que sabía y que tenía metido
el país en su cabeza, que sabía qué era lo que se quería, que venía haciendo una
denuncia de una serie de funcionarios y de personas militares, del cuerpo… de la
élite militar de este país, ¡Hijuepúchica! Y cuando el 11 de octubre lo asesinan,
¡Eso fue un golpe aterrador! Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
El desplazamiento de la guerra a múltiples lugares y regiones del país, las estrategias
de control territorial y de la población civil, y la generalización de la violencia especialmente
en las áreas rurales, hizo que cada vez una mayor parte de la población se viera
directamente afectada. Mientras otros sectores de la población han visto la guerra como
“cosa de otros”, que se ve en la televisión o que sucede en lugares lejanos de la propia
cotidianeidad.
Creo que lo que sucedió fue por el conflicto que estamos afrontando aquí en el
país, y que a nosotros nos tocó vivir. Vivir esa situación que nunca uno pensó que
le iba a tocar, pero nos tocó. Eso sí me cuestiono yo, y uno dice cómo es que nos
pasa a nosotros, esto a mí por qué. Uno veía las noticias y veía que le pasaba a
los demás, pero uno nunca piensa que le va a pasar a uno y de eso que uno está
prevenido. Yo me volví más prevenida y desconfiada. Entonces ya cuando los muchachos
van salir, les dice: acuérdense muchachos, vayan acompañados, no estén
solos mire tal cosa. Granada, Antioquia, 2002, P.46.
Muchas víctimas nacieron en contextos donde esa violencia, a pesar de que se fue agudizando,
llevaba décadas, y vivieron con el riesgo y la amenaza durante años. Otros muchos,
han ido sufriendo sus consecuencias y la sevicia y amenazas contra la población
de forma creciente, sin ser consciente de lo que pasaba en el país. Los estereotipos sobre
los “terroristas” que se utilizaron en el pasado para criminalizar o justificar la represión
contra diferentes sectores de oposición o grupos de población, se han ido generalizando
como parte de los mecanismos que contribuyen a justificar la violencia.
Claro, eso nos afectaba mucho porque las compañeras, por ejemplo, empezaron a
preguntarme y a decirme: “Ay, pero mire lo que está diciendo el periódico, que ustedes
tenían armas guardadas, que ustedes eran guerrilleros, que ustedes estaban
177
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
apoyando los miembros de las FARC, y nosotros pensando pues que ustedes eran
personas honorables”, entonces, para desmentir eso es una cosa muy tremenda,
como decía mi mamá: “Después de la calumnia, queda la duda”, y entonces para
uno volver a que le devolvieran su buen nombre ¡Eso costó mucho! Para que las
personas volvieran a creer en nosotros, porque nosotros hacíamos parte de la
Unión Patriótica, pero de manera legal, siempre tuvimos nuestros trabajos legales,
o los unos eran maestros, otros ingenieros, u otros profesores universitarios…
Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
La insensibilización frente al sufrimiento de otros sectores genera una justificación de
las agresiones y una falta de respeto a los derechos humanos que pierden su valor en una
sociedad. Esta insensibilización es parte de la deshumanización que conlleva la guerra,
pero también es utilizada políticamente para justificar las acciones. Para mucha gente
estos estereotipos incluyen etiquetas que suponen una marca moral sobre las víctimas, y
formas de sospecha o justificación.
Todo eso a nosotros nos tocó porque eso desorganiza una familia desde abajo hasta
arriba y uno no sabe en ese momento cómo responder, qué decir, porque lastimosamente
estamos en una sociedad donde a veces le matan a uno un ser querido
y la respuesta de la gente es: ¡por algo sería! ¡Por algo sería que se lo mataron!
Pero cuando le toca a uno, le toca a uno la carne que le duele a uno, que sabe que
es sangre de su sangre, cuerpo de su cuerpo, ahí es donde llega uno a preguntar y
uno dice: ¿por qué? (sollozos). Barrancabermeja, Santander, 1999, P.719.
Entre la responsabilidad y el buen nombre
Al referirse a sus seres queridos asesinados, muchas mujeres señalaron esa injusticia diciendo
“era una buena persona”. En esa expresión se concentra el cariño por sus hijos
e hijas o esposos, pero también el sentido de injusticia y la reivindicación de su buen
nombre. Expresan la percepción de que sus vidas estaban al margen de la guerra, y de que
quien no está involucrado directamente no debería verse afectado por sus consecuencias.
Si me acuerdo de él como que me da tristeza. Cuando una persona es mala y está
en algún grupo armado, uno espera la muerte, pero una persona que no se meta
con nadie simplemente no, no. Mi hermano no se metía con nadie. Una muerte
inocente a uno le duele mucho eso. Turbo, Antioquia, 2002, P.240.
El impacto del sentimiento de injusticia es mayor también en los procesos de duelo, dado
que supone una mayor conciencia de lo absurdo y sin sentido de los hechos.
Mi vida cambio mucho después del asesinato de ellos, porque nunca pensé en la
muerte de mi papá ¡tan triste! un hombre que era trabajador honrado, nunca se
robaba nada, eso es muy duro para uno. Y mi hermanito también era un hombre
178
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
trabajador, no le quitaba nada a nadie y quitarle la vida así no más. Chigorodó,
Antioquia, 1989, P.36.
Estas percepciones y experiencias ponen al descubierto la falta de “proporcionalidad” o
de relación entre la conducta propia y el riesgo vital en un contexto como el colombiano.
Estos sentimientos se centran entonces en la reivindicación de la inocencia de la persona,
aunque la injusticia de las violaciones de derechos humanos va más allá de la relación de
las mismas con una posible conducta de la víctima. Esta falta de sentido, a pesar de los
intentos de entender lo inexplicable, aumenta la frustración y el impacto de los hechos.
Pues rabia con ellos cierto, pero pues uno no puede hacer en ese momentico
ahí nada porque como esa gente todo es que ellos cogen la gente y no se ponen
a preguntar esta persona si es buena o es mala si no que ellos de una lo van
desapareciendo porque si a mi hermano le hubieran dado una oportunidad que él
hubiera hablado pues alguien había dicho: no este es un buen muchacho; pero mi
hermano no tenía vicios, mi hermano era un hombre trabajador. Jamundí, Valle
del Cauca, 2000, P.372.
En otros casos, las mujeres reivindican el sentido de justicia, y que esta opere como mecanismo
para enfrentar en todo caso el delito si se trata de investigar a sus familiares, pero
que se aplique también contra los perpetradores de tan graves hechos. Muchas víctimas
esperan una explicación de los perpetradores que les ayuda a salir del sin sentido, aunque
tales expectativas no sean realistas ni respondan a otra razón más allá de las acusaciones
o señalamientos que ya conocen.
Me gustaría saber por qué me tocó salir así, por qué mataron mi hermano, qué era
lo que él debía porque para mí era un muchacho muy trabajador, juicioso, nosotros
no nos metíamos con nadie, entonces si sería bueno que le digan a uno y que le
hagan entender las cosas, bueno esto pasó por esto y por esto. Y que los juzguen
también, porque mire que, uno paga cosas que uno nunca ha hecho y se quedan
por ahí riéndose, no más no es justo, es bueno que los juzguen también, que tengan
sus sufrimientos como uno también ha sufrido, porque yo digo que si una persona
de esas la mandan a una cárcel, la familia sufre y eso que una cárcel no es que sea
bueno para lo que ellos han hecho tampoco. Sucre, Cauca, 2002, P.390.
Todo ello supone para muchas mujeres ampliar también su visión de la violencia y sus
causas, pasando de una mirada centrada en su propia experiencia y en la búsqueda de una
lógica a los hechos que no comprenden, a una visión más amplia que les ayude a ver cómo
la guerra se hace tratando de ganar control sobre el tejido social, y en muchos casos las
“razones” para convertirse en una víctima más, y también en una víctima única, sean más
bien banales o absurdas: “nos dijeron que eran guerrilleros”, “fue casualidad”, “cosas que
pasan en la guerra”, son explicaciones frecuentes por parte de los perpetradores, como
mostraron las llamadas audiencias libres de paramilitares bajo la Ley de Justicia y Paz.
179
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Tuve mis hijos, para que me colaboraran a mí, me acompañaran, para muchas
cosas, nunca para que los tuvieran en ese conflicto que hay aquí en Colombia,
como lo hay en otros países. ¿Por qué tiene que ser así? Y que llegan y los matan,
inocentes los matan, y las muertes se quedan así. No le reparan a uno, si viene
uno a pedir una ayuda se la niegan ¿por qué eso así? Caseríos de Frías, Tolima,
2000, P.164.
En otros casos, la reivindicación del buen nombre de muchas de las víctimas conlleva
no solo algo centrado en el carácter de la persona o el sinsentido de los hechos, sino
también un reconocimiento de su contribución a la sociedad. Como señala el testimonio
de la esposa de un militante de diferentes organizaciones sociales en Medellín, la
huella que los muertos y desaparecidos dejan, también tiene a veces una dimensión
colectiva. Y esas muertes, que tienen el mismo valor que todas las demás como misma
es la dignidad de la persona, tienen un enorme significado colectivo que atentan contra
el sentido de la humanidad.
Creo que eso siempre va a doler, eso no es fácil de decir que ya pasó y listo. No,
eso no es cierto. Cuando una persona dejo una buena imagen, una huella linda y
positiva y no solamente en mí, sino que dejó impacto en la comunidad. Fue un daño
muy grave a la sociedad. Yo creo que fue un crimen contra la humanidad, porque
es que no afectaron a él y a su familia solamente. Comuna 1, Medellín, Antioquia,
1996, P.64.
El manejo de la rabia
La rabia y la cólera por lo sucedido son reacciones muy frecuentes y normales frente a los
hechos traumáticos sufridos. Se relacionan con el sentido de injusticia y la arbitrariedad
de los hechos, así como con la incomprensión del por qué los mismos. Hay un abismo
entre la vida antes y el impacto de los hechos, en el que las mujeres se hacen muchas
preguntas hacia los perpetradores.
Porque nosotros quisiéramos saber que la persona que lo mató, aparezca o no sé
y diga: bueno lo maté por una equivocación, pues uno para sentir como esa tranquilidad
del por qué, porque es una pregunta que nosotros como hijos…porque
realmente eh…la muerte de mi papá destruyó mucho la familia, mucho, mucho.
Barrancabermeja, Santander, 1999, P.719.
La rabia también se relaciona con el contexto social, especialmente con la impunidad.
Cuando no hay justicia, los sentimientos de rabia y cólera aumentan, debido a la ausencia
de castigo a los culpables, y por la indignación del trato por parte de las autoridades y de los
actores armados. En el “no hay derecho” habita no solo la respuesta airada, sino la conciencia
de sus derechos como mujeres. La rabia toma un sentido de dignidad, que surge cuando
las mujeres ubican la responsabilidad de los hechos fuera de sí mismas, en los victimarios y,
en esa medida, es más probable que recuperen su lugar como sujeto de derechos.
180
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Al principio yo tenía mucha rabia, mucha rabia pues con… porque yo decía: “Es
que no puede ser posible de que a una persona, que porque vele por los derechos…”
¿Cierto?... que por eso lo tengan que asesinar. ¡Es que no hay derecho!
Pereira, Risaralda, 1999, P.609.
Sin embargo, la rabia no es solo una reacción en los primeros momentos después de los
hechos. Se puede convertir en un problema a largo plazo, cuando genera cambios en la
persona, en su comportamiento, en su actitud ante la vida, manteniendo una actitud negativa,
distante o defensiva, cuando no agresiva frente a otros.
Tengo un hermano que vive con mucho rencor, con mucha soberbia y él vive
como… ¡él vive contra el mundo! Porque dice que es malo. Malo en el sentido de
que es muy amargado, a él no le importa lo de los demás, es como muy seco. A raíz
de ese hecho, se volvió un niño muy duro. Y dice que si a él no le pasa nada, es
porque es malo ¿por qué a su papá que era bueno lo mataron? Barrancabermeja,
Santander, 1999, P.719.
La rabia surge de la pérdida y el trato injusto. El desprecio por la vida de la gente que
supone la violencia contra la población civil conlleva sentimientos de cólera y rencor.
En mi vida, uno como que siente mucha rabia como mucho rencor, ya no es lo
mismo que antes. Porque es la muerte del papá que nunca tuvo nada que ver,
él no tenía culpas. ¿Por qué no atacaron a las guerrillas? Yolombo, Antioquia,
2001. P.28.
La vivencia de un trato indigno, del desprecio del otro es con mucha frecuencia lo que
mayor sentimiento de rabia genera en las víctimas.
Fue muy doloroso y a la vez humillante que lo sacaran a uno de su casa o de
donde estuviera trabajando, humillación, ellos se sentían grandes, todos déspotas
porque tenían un fusil en las manos. Y entonces eso fue duro. Buenos Aires, Cauca,
2000, P.329.
La violencia no solo supone en estos casos acabar injustamente con la vida de alguien,
sino también conlleva la justificación de la acción, la criminalización de la víctima y sus
familiares, y el desprecio por sus vidas.
Pues como mujer duele, porque saber que no se les respetan los derechos a una
mujer, que la tratan como si fuera cualquier cosa, como un animal. Si los animales
tienen derechos, por qué no las mujeres también los suyos,¡y los tenemos! Lo que
pasa es que no nos los respetan. Y los derechos se infringen siempre desde que
se le infrinjan a uno en un alzar de voz, en un maltrato psicológico, verbal, no
necesita ser siempre el físico. Bolívar, 2007, P.784.
181
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Para muchas mujeres, ese carácter intencional del daño hace más difícil su asimilación e
incluso poder dejar la vengatividad reactiva a un lado.
Pues mi hermana guarda mucha venganza, a ella le da mucha rabia, dice que si
fuera por ella fuera les hacía lo mismo a ellos. Ella por la desaparición de mi
mamá también se desplazó, se fue también con nosotros. Dice que no se aguanta el
dolor de lo que le hicieron, la calumnia, que ella perdonaría pero ella no perdona
la calumnia que le hicieron. Puerto Asís, Putumayo, 2006, P.515.
A vueltas con la venganza, muchas mujeres se refieren a esta como una vía para el alivio.
Las fantasías de venganza son muy frecuentes como una forma de canalizar la cólera,
aunque la mayor parte de las veces se quedan solo en pensamientos que pueden tener
incluso una función psicológica adaptativa, porque permiten también reestructurar la sensación
de impotencia y reivindicar la propia dignidad.
Yo llegué a un estado tan lamentable de odio, de venganza, que decía que yo era
capaz de coger esos tipos y pelarlos como se pela un pollo. Yo jamás pensé en
un arma, me aterran las armas, pero yo decía que con mis propias manos y mis
propias uñas yo los cogía y los pelaba. Barrio Manrique, Medellín, Antioquia,
1995, P.47.
Sin embargo, como señala esta mujer, la reflexión entre el dolor y las consecuencias en
los hijos, y el hecho de poder llegar a ser parte de un círculo de la venganza, le llevó a
desistir de esas ideas.
Entonces fue una vida muy dura, creo que le negué a mis hijos la posibilidad de
crecer como niños en familia, en hogar, en comunidad, de tener libertad, todo
eso ellos lo han sentido. En alguna época a mí no me dolía, me daba rabia y les
explicaba a ellos por qué había tomado esta decisión, porque yo sentía deseos de
vengarme. Algún tiempo pensé en armarme, yo no sé de qué manera, pero pensaba
acabar con muchas vidas. Después, con el tiempo, reaccioné y dije: no, no saco
nada con eso porque... San Vicente de Chucurí, Santander, 1990, P.745.
Esos deseos de venganza también pueden generar cambios en la visión de sí mismas.
Algunas mujeres reflexionan sobre los impactos en su propia identidad y valores que
produce esta rabia e impunidad.
Me enfermé del corazón, sentía miedo y a veces también como que rencor, rabia.
Decía “uy, si yo me encontrara los que le hicieron eso a mis hijos los mataría”. Si
uno no era agresivo, uno se vuelve. Natagaima, Tolima, 1998, P.141.
Me hicieron poner el corazón amargo, tomar odio, repugnancia. Un odio con
quienes me hicieron tanto daño, con quienes me cierran las puertas. Hay un dile182
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
ma porque, como dice mi papá, “se me tiraron mi china”. Es difícil volver a ser
una persona tranquila y feliz. Caquetá, 2003, P.196.
Sin embargo, la rabia no solo es una respuesta normal. Muchas mujeres han buscado también
las maneras de sacarla. La rabia tiene que encontrar maneras de poder canalizarse,
aunque, como en este caso, puede salir de una forma impulsiva que, aunque comprensible,
puede poner en peligro también a la víctima.
Me decían “es que usted no nos conoce”. Yo les decía “ustedes son una manada de
hijueputas, perros ladrones con chapa, se tapan detrás de un uniforme”. Cuando yo
fui a la sala donde estaba mi hija acostada me impresionó mucho porque la tenían
con las manos metidas dentro de los jeans y ya casi como para irse al suelo medio
baldado de sangre con los sesos y todo en el suelo. Y no tenía ni el anillo ni la cadena
y ni un peso y papeles tampoco tenía. Entonces yo les dije “¿y la plata que
ella tenía?” Ellos dijeron, “¿cual plata?”. Yo le dije ella tenía 200 mil pesos para
entregarle a ese malparido. A ese perro. Ellos se azaraban cuando yo decía perro y
resulta que a él le decían de verdad El Perro. Entonces a ellos les parecía como raro
que yo supiera eso, pero yo les decía perros por insultarlos a ellos. Yo creo que en
ese momento yo desprendía hasta candela por los ojos porque estaba loca. Me volví
una loca, me provocaba como pegarle a todo el mundo. Barrio Popular, Medellín,
Antioquia, 1998, P.66..
Una época especialmente delicada para esos sentimientos de rabia y cólera se da en la
adolescencia. El impacto de la pérdida de seres queridos en ese momento, las situaciones
de crisis en el desarrollo personal, y la actitud frente a sí misma y/o el mundo que le rodea,
puede hacer fácilmente manipulable la situación, como sucede a menudo en los contextos
de guerra donde los y las jóvenes son objeto de deseo de grupos armados como parte del
círculo de la violencia.
Cuando fui creciendo, fui entendiendo otras cosas, y teniendo un sentimiento de
mucha frustración, porque pensaba que mi papá y mi mamá me socializaron y me
criaron así, pensando en las cosas que uno podría hacer para que el mundo fuera
un poco mejor, un poco más justo, pero hubo un momento, por ejemplo de adolescente,
en que no me importaban las cosas… como si todo el sentimiento de rabia por
la injusticia me hubiera generado muchos sentimientos de frustración y de mucha
rabia con las cosas que pasan en este país. Dos Quebradas, Risaralda, 1987, P. 686.
La rabia supone una carga psicológica que necesita el alivio del respeto y la justicia.
Cuando estas no se dan, cuando los perpetradores tienen apoyo o alto estatus, y los
casos se mantienen en la impunidad, el impacto psicológico es mayor y otras formas
de respuesta o venganza psicológica, pueden tener incluso un efecto de alivio. Si bien
esas percepciones pueden ser comprensibles en algunos casos, son peligrosas cuando se
generalizan, como pueden verse en el siguiente testimonio, dado que puede llevar a justificar
las violaciones de derechos humanos o son fáciles de manipular políticamente.
183
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Indignada, repudio contra esa gente, esa gente tener la ignorancia de desaparecerle
el familiar a uno, porque ellos no deben nada, siento ese odio y es algo que
nunca voy a perdonarles. Cuando veo que les dan duro o los han matado digo:
“¡Dios mío! por fin has hecho justicia”. Sé que algún día Dios, poco a poco, tiene
que hacer justicia. Yo estuve con psicólogo porque les tenía mucho odio y rencor.
Buenos Aires, Orito, Putumayo, 1999, P.584.
En los testimonios de las víctimas, la rabia y la cólera se dan ante diferentes actores armados,
según quienes hayan sido los responsables. En el siguiente testimonio se refiere a
cómo los paramilitares encontraron en las llamadas “versiones libres” de la ley de Justicia
y Paz, un mecanismo de impunidad, donde no se dieron formas de verificación real de las
informaciones, ni una investigación efectiva por parte del Estado.
Mucha rabia siento hacia ellos, aun hasta ahora nosotros sentimos mucha rabia
hacia ellos, porque yo digo que por qué le hicieron, por qué dicen mentiras, por
qué no confiesan una verdad. Porque ellos hasta ahorita en todas las versiones
lo que han dicho es mentira, ellos no han confesado la verdad realmente. Timba,
Cauca, 2001, P.335.
O se manifiesta la rabia frente a la ausencia de información sobre los desaparecidos de
quienes se beneficiaron de dicha ley. En este caso, la familia siente rabia por no poder
siquiera tener la verdad sobre lo sucedido y recuperar los restos de su hijo para poder
enterrarlo.
Los responsables de eso fueron los paras, los Paras fueron los responsables de
eso, de cogerme mi hijo y masacrármelo así, porque yo quisiera que me hubieran
entregado a mi hijo para haberle enterrado bien enterrado y no… además él no
era una persona petulante con los vecinos, la comunidad o grosero en la casa, él
no se merecía ese trato que ellos le dieron, por eso hasta hoy me duele eso. Curvaradó,
Bojayá, Chocó, P.422.
Mientras en otros casos la rabia se dirige hacia la guerrilla como autora de las violaciones
como el secuestro. Sin embargo, el siguiente testimonio también muestra como esa rabia
puede canalizarse hacia otros colectivos, en base a estereotipos sobre personas que no
tienen nada que ver con los hechos.
Con el secuestro de mi esposo, mi corazón se llenó de odio, de rencor, yo hablaba
con monseñor, con el de la diócesis de Ipiales, alguna vez le decía que quería confesarme
porque en mi corazón había demasiado odio, que yo quería vengarme,
que yo los odiaba. O sea yo sentía que uno va y está cerca a ellos, y ellos tienen
hasta un olor característico, y yo sentía ese olor en alguna parte y pensaba que
había un guerrillero por ahí, y si era alguien de color yo sentía rabia hacia esas
personas. Vereda Belén, Cauca, 2006, P.356.
184
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
En otros casos, como respuesta a la violencia ejercida por el ejército y las versiones de sus
acciones que aparecen como lucha contrainsurgente cuando se dirigen hacia el control de
la población civil. Muchas mujeres sienten que quien tiene la obligación de protección a
la población la convierte en muchas ocasiones en enemigo.
Siento una, no digamos odio, sino que yo veo un soldado y me trae a la mente… y
no quisiera como tener una amistad con un soldado, les tengo desconfianza, me da
rabia cuando hablan que son la seguridad. Que hablan de “seguridad democrática”.
Creo que ellos están ahí a veces por escalar un puesto o porque le paguen…
Urrao, Antioquia. 2007. P.13.
Pues yo lo que pensaba era que se hubieran agarrado a pelear esos borrachos
en la fiesta, me imaginé que ella, estando por ahí, la hirieron, pero yo nunca me
imaginé que fuera el mismo ejército, porque por esas comunidades nunca se veía
ni ejército, ningún grupo armado. Entonces, eso fue una sorpresa muy grande,
porque uno supone que la gente dice, o el mismo Estado dice, que el ejército va a
cuidar a los campesinos cuando eso es una mentira. Entonces uno no cree. Uno
ya se vuelve incrédulo porque cuando a uno le quitan lo que más quiere, entonces
dice ¿a quién le creo? Samaniego, Nariño, 2010, P.356.
En otras muchas ocasiones, las agresiones conllevan burlas o acusaciones. Las acusaciones
naturalizan las agresiones contra el otro usando para ello estereotipos políticos
como “comunistas” o “colaboradores”, y justifican fácilmente las violaciones de derechos
humanos. Además suponen un desprecio que es vivido como una agresión a la
identidad.
Esa vez me exalté y lloré de rabia porque acusaciones como tan sin fundamento
y como tan desfasadas le producen a uno como una especie de impotencia
del hecho de que uno siempre tiene que estar supeditado a las acusaciones
malintencionadas. Pienso que todo el tiempo ha habido mucha mala intención
en mi situación, porque al primer sargento que me hizo el señalamiento más
grave, incluso le decía: para mí es muy molesto que yo pase y que agentes
de su policía me digan “viva el Polo Democrático” porque ya sabían que yo
formaba parte de ese partido comunista. Corregimiento Carmelo, Cajibíio,
Cauca, 2006, P.371.
Muchas mujeres refieren una rabia por sus hijos, porque sienten que han perdido la posibilidad
tener y crecer con un padre. Esta rabia por la ausencia está relacionada con
situaciones de vulnerabilidad resultado de las condiciones económicas precarias, de la
deserción de los estudios o el ingreso temprano al campo laboral. Es entonces una rabia
frente a la posibilidad de tener un futuro que se fue de sus manos.
Unidos sí hemos estado pero como más agresivos todos, personas con rabia
hacia todos, de ver lo que nos pasó, que si no nos hubiera pasado eso no esta185
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
ríamos así en este momento de mal… En todos los sentidos, económico, de ver
que allá teníamos un futuro, porque no teníamos problemas ni nada, teníamos
un futuro para nuestros hijos, y ese futuro se esfumó. Vereda Alaja, Sucre, 2005,
P.115.
En otros casos, como los de violencia sexual, el miedo y la rabia pueden hacerse extensivos
no solo hacia los miembros de un determinado grupo armado, sino también hacia los
hombres considerándolos como potenciales agresores.
Tengo rabia de los hombres. Incluso de mi hijo. Hace dos meses mi hijo me dijo:
“mamá yo no soy un violador ni soy un golpeador. Yo fui víctima como tú. Porque
no te olvides que yo siempre he dicho que yo vi que te estaban haciendo todas esas
cosas. Tú me has enseñado que a las mujeres ni se las golpea, ni se las rechaza.
Entonces no entiendo porque a veces me rechazas”. Entonces la vida me cambió
demasiado. Tumaco, Nariño, 2002, P.199.
En mi vida sexual sí, porque... o sea es como que si le hubiera cogido más rabia
a los hombres, no sé por qué. Me siento como en esos momentos cuando yo
escuché que la niña había sido violada y cuando escucho por la televisión que
a muchas niñas también les ha pasado lo mismo, a pesar de que a la niña dicen
no la penetró sino que con el dedo la molestaba, pero siente uno como mucha
impotencia, como mucha rabia ante los hombres porque habiendo tantas mujeres
adultas, porqué un hombre tiene que hacer algo así con una niña. Guayacal,
Chocó, P.473.
La rabia se expresa a veces como un sentimiento escondido o un malestar personal,
pero en otras en forma de comportamientos agresivos, de irritabilidad o conflictos frecuentes
con otras personas en su medio familiar o comunitario. Esa rabia puede llevar
a un fenómeno de interiorización del daño, que si bien ha sido producido socialmente,
se deriva fácilmente hacia las relaciones afectivas, la propia persona o sus próximos.
Es que hay momentos en que me pongo agresiva, hay ratos que mi hermana me
dice algo y yo reconozco que le contesto es gritado. Yo le grito, a veces reacciono
y no puedo. Pivijay, Magdalena, P.259.
Me volví como agresiva, yo soy muy tranquila, pero en ese tiempo peleaba con
mis cuñadas, con mi suegra. No permitía que me digan nada, pero de pronto yo sé
que el estrés que ellas tenían, la angustia mía hacía que si me decían algo yo explotaba,
y ellas me decían: “Jenny pero eso no es para que usted se enoje”. Pero
no dependía de mí. Y otra cosa que yo le digo a mi esposo es que pienso que en
ese año me envejecí lo que nunca, porque me sentía físicamente mal, sin ánimos.
Tambo, Cauca, 2001, P.341.
186
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Un caso especialmente negativo es la pérdida de control que afecta relaciones con otros
cercanos, especialmente los hijos e hijas, y que puede manifestarse en formas incluso de
maltrato.
Me puse muy agresiva con los niños, y ellos... a ellos se les pegó como esa agresividad...
nunca me contestan, pero son desobedientes, entonces ahí pues me gustaría
como que me apoyaran con mis niños... Les pegó y a veces con nada me altero.
De tanto vivir en el conflicto armado se le pega mucho a uno como la violencia
intrafamiliar también. Sí, porque yo a veces le pego con rabia y yo sé que eso
no está bien hecho, pero a veces... como si me ofuscara con ellos. Puerto Nare,
Antioquia, P.665.
La toma de conciencia de las mujeres de esos impactos es parte de lo que puede ayudar a
enfrentar esa agresividad, pero necesita también contar con otras formas de descarga y de
manejar el dolor y la rabia de formas constructivas. Esas formas de canalizar la rabia, a
través de respuestas creativas, incluyen el compromiso en la defensa de derechos humanos
y, muchas veces, cambiar el plano del enfrentamiento político frente al control militar
o el poder de coacción.
Y cuando escupió ¿qué hizo él? simplemente lo miró y seguimos, seguimos derecho.
Él era un hombre muy pacifico, un hombre muy tierno, muy comprensivo,
entonces decía: ponerme a decir yo algo es rebajarme a la misma situación de
él y yo no soy violento, el violento es él, mis armas es hacerlo público, es acompañarme
de la comunidad, es la palabra, es la defensa de los derechos humanos,
no es enfrentarme a él agredirlo a él, como él a mí. Comuna 1, Medellín,
Antioquia, 1996, P.64.
Desde otro punto de vista puede diferenciarse entre la rabia como motor de cambio, la
indignación y la toma de conciencia de la realidad, y el rencor como estado afectivo
negativo que impide a la persona salir de sí misma o tener una evaluación más amplia
de la realidad. Algunas mujeres han querido desprenderse de ese rencor o sentimiento
de venganza permanente que les afectaba mucho psicológicamente y que se convierte,
en últimas, en un nuevo impacto e imposibilidad de reconstruir sus vidas. Sin embargo,
también muestran el difícil equilibrio entre tratar de dejar atrás ese rencor y la pasividad
frente a los hechos.
No me acuerdo, porque tampoco he tratado de aprendérmelos para no generar
todos esos rencores en mí. Es mejor que la justicia haga lo que tenga que hacer,
y que el mismo Dios de la vida los castigue, que no tenga que ser yo. Entonces en
esa medida no me quiero castigar a mí misma. Entre menos sepa a veces es mejor,
menos doloroso. Comuna 1, Medellín, Antioquia, 1996, P.64.
187
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
De la rabia al respeto
Sentía mucha rabia, sentía que tenía que hacer lo mismo que ellos hacían, cuando
empezaron a reclutar jóvenes aquí para los paramilitares. Yo decía, me voy
porque yo tengo que ganar puntos y saber quién fue el que me la mató, porque si
yo me doy cuenta yo lo mato. Y crecí con esa idea. Entonces una vez estábamos
en un taller cuando nos pusieron a hacer una frase de lo que nos había pasado.
Entonces yo puse “los hijos de la guerra, que guerra somos”. Y me preguntaron
que por qué esa frase. Porque muchos de los que somos víctimas antes, queremos
ser victimarios hoy, porque nos mataron el papá porque nos mataron la
mamá, porque nos mataron el marido, porque nos mataron el hijo. Entonces yo
creo pues que hoy la guerra se está dando con las mismas víctimas o sea fueron
víctimas y ahora son victimarios. Jóvenes que se han ido allá porque sí, porque
a mí me mataron a mi papá y yo también tengo que hacer lo mismo. Porque yo
no puedo dejar que la muerte de mi papá quede así. Y yo algún día pensé así.
Pero ya en el proceso de IMP aprendí a valorar más la vida, aprendí a quererme,
aprendí a respetar y, así sucesivamente, estoy llevando el proceso. Nueva Colombia,
Antioquia, 1994, P.17.
El maltrato del Estado: necesidad de reconocimiento
Otro gran grupo de mujeres expresa rabia y sentimientos de injusticia no solo ya por los
hechos sufridos, sino por el maltrato posterior de las autoridades, por la ausencia de reconocimiento
de su sufrimiento o de su condición de víctimas.
Y nos tratan como lo peor, como las peores personas del mundo como que ellos
fueran las víctimas. Yo les he dicho, he venido de Andes muchas veces desde las
cuatro de la mañana a pararme ahí, a las tres de la tarde me han atendido a decirme,
“no pudimos hacer nada” y que “el comité no ha resuelto nada, nosotros
no podemos hacer nada”. Me dirijo al comité de Acción Social en Bogotá, porque
no es justo que si a mí me declararon mujer víctima de la violencia, vengan
ellos a decir “usted no tiene ningún derecho”. Muchas hambres he aguantado,
mi hija me dijo “no siga en eso que usted, se va a acabar”. Pero yo todavía tengo
una niña de 17 años, todavía tengo que luchar por ella. Robledo, Antioquia,
2000, P.27.
La falta de consideración frente a sus demandas y de respeto en el trato por parte de funcionarios
y mecanismos institucionales del Estado, hace que muchas víctimas se sientan
doblemente golpeadas. Primero por la falta del deber de protección. Luego por el trato
como personas sin dignidad o sin valor. Dichas quejas son frecuentes en los testimonios
y muestran la necesidad de un cambio en las políticas del Estado que tienen la obligación
de respetar los derechos de las víctimas y atenderlas de forma que no se produzcan nuevas
formas de victimización secundaria.
188
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
¿Por qué no nos han prestado la atención?, ¿por qué no nos han dado las ayudas?,
¿por qué cuando uno va a Acción Social, le dicen “es que usted no sale, a
usted no le damos ayudas porque no las necesita”? Hacen un papel allá, y espere
un año. Al año va usted, porque así es, al año va y “no, todavía no ha salido”,
vuelve y pasa otro papel, “vuelva dentro de tres meses” y vuelve uno, y “no, no
hay nada”. Cómo no va ser violarle a uno y burlarse de uno. ¿Si uno no necesitara,
usted cree que va ir buscando a esa gente que le van a negar las cosas?
Samaná, Caldas, 2002, P.120.
Las trabas burocráticas y la falta de empatía con las víctimas son señaladas como nuevas
fuentes de frustración y sentimiento de desprecio por parte de las instituciones. Es obligación
del Estado tanto promover políticas de reparación hacia las víctimas, como la capacitación
de profesionales de la justicia o la atención a las víctimas que tengan formación
en la atención a víctimas de violaciones de derechos humanos.
La mayor indignación es el trato que la Fiscalía me dio cuando tuve que ir a indagatoria,
porque me citaron y la Fiscalía fue muy grosera. Para entregarme un
papel me tuvieron todo el día. Citaron a mi hija para ver si mi hija estaba involucrada,
porque de pronto algún novio de mi hija lo había mandado a asesinar. Sabiendo
que era una niña que estaba en el colegio y solo se la pasaban estudiando.
San Pedro, Sucre, 2008, P.578.
Por otra parte, también numerosas mujeres señalan la ausencia de equidad de trato respecto
a víctimas consideradas como más importantes, con mayor apoyo en los medios
de comunicación o utilizadas de forma partidista por el gobierno, mientras otras muchas
se sienten marginadas y no tenidas en cuenta. Mientras a algunas víctimas se les ha prometido
reparación o se les ha indemnizado y reconocido porque eran casos relevantes
políticamente, otra gran mayoría las mujeres siente que no ha tenido un trato adecuado a
su condición. Esta utilización política del sufrimiento es vivida como una fuerte fuente de
malestar por muchas víctimas todavía en la actualidad.
Cuando liberaron a los soldados acusados dijeron que les iban a pagar la indemnización
más alta que hasta el momento hubieran pagado por el daño y el mal
que le han causado a fulano… y leyeron los nombres. La misma policía… con el
respeto que se merecen, les pidieron disculpas a ellos y que les iban a pagar la
indemnización más alta hasta el momento que habían pagado por el daño… por
la deshonra…¿Y a nosotros? ¿Quién nos paga indemnización? ¿Quién nos pidió
disculpas por el sufrimiento y el mal que le causaron a mis niños y a mí? Porque
yo duré dos años que yo lloraba, para mí era como muy difícil la situación, mi
niño de 9 años empezó a trabajar y le tocaba (solloza) bastante pesado, mis hijas
también trabajaban, y bueno, era ya… pues, un descontrol porque nosotros estábamos
enseñados era al campo… Murillo, Tolima, 2003, P.652.
De igual manera, el Estado no nos ha reconocido en lo que sucedió, ¡nada! No
hubo ningún tipo de reparación, nada, o sea, la bulla de que secuestrados dos
189
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
personas en tal parte, la bulla de la prensa y todo eso, pero nunca nos llamaron
¡vengan ustedes qué perdieron! O cómo se sienten psicológicamente, todas esas
cosas nada. Como muchas cosas que suceden en Colombia, todo se queda así
¡impune! No pasó nada. Landázuri, Santander, 2002, P.751.
En otros casos como este, en el que según el testimonio un jefe paramilitar de un pueblo
cercano de Bucaramanga que cometió numerosas atrocidades, y al parecer posteriormente
eliminado por los mismos paramilitares, la mujer cuya hija había sido víctima de violencia
sexual por dicho paramilitar, señala la injusticia del trato dado a él y a sus víctimas.
Tuve la niña, ahorita mi hija tiene 12 años ya… y ahorita, el año pasado volví y vi
ese…era un personaje en esa región, lleno de amenazas contra mí hija… (llanto)
son situaciones que son muy difícil de contar como sucedió. Yo digo que el gobierno
no hace nada, son gentes tan inhumanas, como tan…yo no veo resultado, por
ejemplo a “Perra Chiquita” lo pasaron como la gran víctima, él era uno de los
que iban en ese día… pero él era un comandante de compañía, pero lo hicieron
pasar como una gran persona, mientras todas las personas que mató, que violaron,
que… Vereda Peralonso, Meta, 1998, P.774.
Verdad para poder entender y ¿perdonar?
El proceso de hacer frente al dolor puede llevar a manejar de forma constructiva la
rabia o la vengatividad reactiva. En algunas ocasiones, las mujeres tratan de dejar
atrás el dolor, poniendo una distancia de estos sentimientos que les hacen daño o que
no les dejan ser ellas mismas. Sin embargo, el mandato de perdón es una falacia que
hace que muchas víctimas sientan que el peso de la historia se vuelve a poner sobre
sus hombros y no sobre los perpetradores. La atención psicosocial no puede reproducir
esos estereotipos que en poco ayudan a las mujeres a elegir su propio camino,
tiempo y proceso para reconstruir sus afectos y sus vidas.
Yo he estado en muchos procesos donde le dicen a uno que uno debe perdonar ¿si? yo
estuve en un taller con la Pontificia Universidad de Bucaramanga y se hizo un proceso
donde había que perdonar, había que borrar, que había que empezar de nuevo.
Y yo me acuerdo tanto que se hacía un documento donde uno perdonaba al agresor
y se echaba a la candela, y me acuerdo que le dije a la psicóloga eso no es tan
fácil, porque el que se murió era mi papá, al que mataron era mi papá, no fue un
particular, ni era una porquería con sus hijos para que se muriera y nos lo quitaran,
entonces eso no es fácil. Tengo 12 años y el dolor está ahí, no me gusta y yo veo
unas carteleras de las organizaciones porque él está en el mapa de las víctimas de
Barrancabermeja (sollozos) y solo al ver esa foto a uno le dan muchos sentimientos
de rabia, de rencor, de… o sea, son muchos sentimientos encontrados que hasta el
momento en la familia hay algo que uno necesita decir, hace falta algo para terminar
eso y como para tener esa tranquilidad.
190
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
A veces uno se pregunta, si lo mataron por equivocación, está bien ¡alguien que nos
diga! Nos diga ¿qué fue lo que pasó? Que nos dé esa palabra que necesitamos para
que nuestros corazones a nivel de familia y a nivel personal se calmen ¿sí? Terrazas,
Bucaramanga, 2008, P.719.
Injusticia en el trato a victimarios y víctimas
Por último, un aspecto ligado al sentimiento de injusticia, es el relativo al trato hacia los
victimarios, especialmente a los grupos paramilitares en los últimos años. Muchas víctimas
muestran su frustración, desánimo y cólera por el trato que se da, mientras las víctimas
no tienen ningún reconocimiento. Mientras las víctimas y algunos de sus movimientos
como el MOVICE denunciaron desde 2005 la negociación con los jefes paramilitares
como un mecanismo de impunidad y negaron que esa desmovilización fuera efectiva,
varias de las mujeres víctimas entrevistadas señalan que las autoridades siguieron negando
los hechos hasta la aparición del escándalo de la parapolítica, la extradición de algunos
comandantes paramilitares de la cárcel a Estados Unidos y el mantenimiento posterior de
las estructuras con nuevos nombres.
Cómo es posible que hasta ahora los paramilitares, que uno sabía desde el comienzo,
cuando ellos hicieron ese arreglo, siempre, yo creo que el Movimiento de
víctimas siempre dijo “las armas no las entregaron, acá no hay reinsertados, no
hay nada, no hay negociación, esto es un negociado interno que se hace y ahoritica
se está saliendo. Por qué hasta ahoritica le están dando un poquito de fuerza a
eso que siempre se dijo, uno siempre lo supo. Ese señor que fue el presidente Uribe,
violó los convenios o si no los paramilitares tampoco jamás hubieran hablado.
Que ellos se han desmovilizado no es cierto, todos trabajan en una secuencia.
Bogotá, D. C., 2006, P.109.
Ellos desde la cárcel siguieron delinquiendo, esa es otra verdad. Una vez con mucha
rabia le dije yo a la fiscal que cómo era eso que ellos seguían delinquiendo desde la
cárcel y me dijo ¿usted por qué asegura? Y le dije: “nosotras estamos seguras”. Y
me dijo que eso era una acusación muy grave. Y en menos de un mes se los llevaron
porque sabían. Corregimiento Nutibara, Frontino, Antioquia, 1990, P.57.
Esa desmovilización no efectiva, que ha supuesto en muchos lugares del país nuevas
formas de control bajo otros nombres, es vivida por muchas víctimas con una nueva
injusticia sobre su dolor.
Si el Estado o las personas pensaran lo que uno piensa... Hay veces que aquellos
asesinos tienen un sueldo, como las autodefensas, que porque se entregan tienen
un sueldo. Mientras que a uno que fue la víctima, la que sufrió nunca le dan una
cosa que verdaderamente sirva. Vereda Campo Seis, Santander, 2003, P.775.
191
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Esas valoraciones sobre la ley 975 y la ausencia de una desmilitarización efectiva del
conflicto deben estar presentes también en el horizonte de los procesos de negociación
más amplios que se dan en la actualidad con las FARC. Por una parte porque las garantías
de no repetición tienen que ser efectivas para todos los actores armados y el Estado
debe poner toda su maquinaria al servicio de la paz. Por otro, para que las políticas de
desmovilización no se conviertan en una nueva ofensa para las víctimas y las mujeres
en general.
Bolívar dijo según la leyenda que “Colombia sería una universidad y Venezuela
un cuartel” y resulta que fue Colombia la que se convirtió en un cuartel sin principios
y sin conocimiento, porque la justicia ha sido ciega, sorda y muda y favorece
a quien ellos le da la gana. Porque la ley 975 ¿de qué nos ha servido a nosotros
como víctimas? de nada. Les ha dado prebendas a los victimarios, a ellos les dan
casa a ellos les pagan. Zambrano, Bolívar, P.227.
Por otra parte, algunos de los avances en la investigación de la parapolítica o la corrupción
en el aparato del Estado que se han dado en los últimos años también despiertan la
alegría de ver que algunos tribunales respondieron con la independencia que deben tener
y que la sociedad colombiana necesita.
Pienso que... desde el punto de vista individual, son muchas las personas que
hemos tenido la rabia ahí guardada, esperando que llegue un momento, como
pienso que está llegando con toda esta cantidad de investigaciones por la corrupción,
que la gente siente como alegría de que a Andrés Felipe31 lo hayan metido a
la cárcel, de que a Bernardo Moreno también lo hayan mandado para la Picota,
a todas estas personas. Con toda esta cantidad de corrupción, yo pienso que es
como una liberación, por lo menos, de que esta partecita pequeñita se haya por
lo menos... resarcido de alguna manera como todo este dolor en la gente, o por lo
menos así lo siento yo. Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
Una desafío para el futuro
En síntesis, los testimonios de las víctimas incluyen una alta frecuencia de sentimientos
de rabia o cólera por lo sucedido. Por las pérdidas humanas y la violencia injusta padecida,
por el impacto de las atrocidades y del sin sentido de la violencia que las ha tratado
como objeto de desprecio, y de un Estado que ha sido agente y cómplice de las violaciones
de derechos humanos contra la gente en múltiples ocasiones. El sentimiento de
injusticia muestra el impacto en la dignidad de las mujeres, y también la importancia del
respeto por su dolor y sus derechos en el trato con el Estado y la sociedad.
31 Andrés Felipe, Ex Ministro de Agricultura, durante el período del Ex Presidente de la República Álvaro
Uribe Vélez, es investigado por Agro Ingreso Seguro (AIS). Bernardo Moreno, detenido en ese momento
en La Picota, el Centro Carcelario ubicado en Bogotá.
192
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Esta demanda de respeto y dignidad subyace a la cólera y la rabia, y se expresan en la
reivindicación del buen nombre de sus seres queridos. En ausencia de justicia y de una investigación
efectiva, el dolor de las mujeres víctimas y sus familias es mayor. Un círculo
virtuoso del respeto es parte de las demandas y de las obligaciones del Estado que tiene
que verse no solo en la prevención de la violencia, sino en el trato con las víctimas, entre
ellas las mujeres que tienen mayores riesgos y vulnerabilidades por el hecho de ser mujeres,
por parte de la justicia, el acompañamiento o la reparación y la ayuda humanitaria.
La energía que supone la indignación frente a la violencia implica también que son hechos
que nos duelen, no solo a las víctimas sino a la sociedad. La insensibilización frente al
sufrimiento y la deshumanización, convirtiendo al otro en objeto de desprecio, aparecen
con demasiada frecuencia en los medios de comunicación y las políticas de Estado. En
muchas de las reflexiones de las mujeres entrevistadas se muestra esta visión del conflicto
armado colombiano desde los costes y la injusticia. La injusticia que está en la base del
conflicto armado, y se reproduce en las dinámicas de exclusión social de gran parte de la
población. Tal vez las mujeres, como ningún otro, han vivido sus consecuencias y hacen
su aporte para hacer otra Colombia posible.
Todo esto lo afecta a uno tanto, tanto, tanto. Y lo que le da más duro es el desconsuelo
porque yo tengo este país tan metido en mi corazón. Cómo es posible
que hayamos perdido tanta gente, tanto mundo ha sido sacrificado, tantas personas,
valiosas, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, en pro de cambio, y han
trascurrido tantos y tantos años, y todavía falta mucho por verse que algún día
se logre. Porque todas las gestas, tienen un punto en que llega el momento en que
revientan, pero ¿cuántos miles de años deben pasar? Esa es la desesperanza. Pero
lo importante es que uno está dejando un granito. No tendría más que decirte.
Bogotá, D. C., 2006, P.109.
VIII. Los sentimientos del sin sentido
Hasta la fecha todavía me echo la culpa de que a ellos los hubieran matado. Icononzo,
Tolima, 1999, P.166.
La culpa en la búsqueda de sentido
La culpa es un sentimiento frecuente entre las mujeres víctimas de hechos traumáticos.
Frente al sin sentido de los hechos o la pérdida, la culpa a veces ocupa el espacio de algo
que no lo tiene. Cuando se dan hechos o situaciones sin sentido que se han ido produciendo
en la vida de las mujeres víctimas, con numerosas consecuencias negativas concatenadas,
algunas de ellas tienden a cuestionarse si no habrán sido ellas las responsables, ya
que a otras personas no les ha sucedido.
193
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Los dichos, los estereotipos de género o las reacciones habituales en el medio social
también pueden llevar a responsabilizar a la víctima. Esta lógica de proporcionalidad, de
deber algo por alguna razón, es una manera de mantener un sistema de creencias sobre
el sentido del mundo (por ejemplo, siguiendo la lógica de que “si nada debo nada temo”)
que está en la base de muchas situaciones como no tomar medidas de protección frente
al peligro. Muchas mujeres y hombres han sido víctimas por el control de los recursos o
la tierra, por su liderazgo o simplemente porque eran parte de una comunidad o un grupo
considerado “enemigo”, sin ninguna relación con su comportamiento. En otros casos, las
acciones de la víctima no justifican las violaciones de derechos humanos de los perpetradores.
En estos casos más aún, tiende a culpabilizarse a las mujeres de la violencia sufrida
por sus próximos, como si ellas hubieran “fallado” en su deber de protección.
Pero, por qué será, qué he hecho un mal, será que mi mamá, como hay veces
que dicen que a la mamá le echan alguna maldición… pero considero que no he
hecho el mal, antes he tratado de hacer lo mejor, porque yo soy una de las que
tiene media panela en este momento y veo una vecina que necesita o alguien que
está pidiendo y se la doy. Yo cada rato me pregunto qué estaré pagando, qué hice.
Chigorodó, Antioquia, 2001, P.56.
Es decir, sentirse culpable por lo que pasó, a pesar de lo devastador que es, puede ser una
forma de ordenar los sucesos, de pensar que se tiene más control del medio y que no se
está frente a un mundo impredecible. La culpa a veces es la última explicación posible, en
un contexto de impunidad, de falta de investigación o de soledad de las víctimas. En este
caso, se trata de una madre de una niña de 13 años víctima de reclutamiento forzado que
a los dos meses de integrar el grupo armado ilegal fue asesinada en el Municipio de San
Miguel. Las condiciones materiales de pobreza estaban en la base de la vulnerabilidad
frente al reclutamiento, pero la madre lo vivía como que ella no había podido darle a su
hija lo que pedía.
Desde ese momento mi vida ha cambiado mucho, yo no me olvido de la muerte de
mi hija, yo nunca me olvido. Ningún diciembre puedo pasar tranquila y, en parte,
yo digo hasta yo tendría la culpa, pero en el caso que mi hija me pedía yo no podía
porque todos eran mis hijos; pero de todas maneras me hecho culpa yo. Cabecera
de San Miguel, Putumayo, 1995, P.507.
La falta de sentido supone también un peso para las víctimas que buscan un por qué a los
hechos que pueda ayudarles a entender o dar sentido a su pérdida. La ausencia de investigación
o de reconocimiento de los perpetradores carga sobre las víctimas la búsqueda a
un por qué en el que finalmente no encuentran respuesta.
Primero que todo a mí me gustaría saber por qué lo hicieron. En parte me siento
culpable de la muerte de mi mamá. Entonces sí me gustaría saber por qué la
mataron, ella solo fue a reclamar, no fue porque ella era líder. Con eso yo me
194
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
sentiría muy bien. Sería como quitarme un peso de encima. Riosucio, Antioquia,
1999, P.92.
En los casos de secuestros o desapariciones forzadas, los sentimientos de culpa han sido
algo que numerosas mujeres han tenido que enfrentar. La situación continua que suponen
esas violaciones en el tiempo, también conlleva numerosas ambivalencias y dificultades
para sus familiares. Por ejemplo, en el caso de mujeres cuyos esposos fueron secuestrados
o desaparecidos, el contraste entre el sufrimiento de la víctima directa, con las situaciones
de la vida cotidiana placenteras o positivas para la mujer familiar pueden ser vividas
con malestar o culpa. Como una forma de insensibilidad en lugar de como una forma de
mantenerse bien y reafirmar la vida frente a las violaciones. La necesidad de espacios
personales, de actividades gratificantes o de ocio, pueden verse como una traición a la
persona en lugar de ser vistas como algo normal o positivo, que puede además permitir
seguir en la lucha por su búsqueda o liberación.
A uno le duele sentarse a comer un plato rico, cuando sabía que ellos estaban
aguantando hambre. Irse de vacaciones, cuando sabía que ellos se estaban muriendo
en la selva. Pero yo sabía que tenía que darle una vida a Daniela, yo no
podía secuestrar a mi hija, y condenarla a más dolor, y muchas cosas que las hice,
las hice pensando en ella. Cali, Valle del Cauca, 2002, P.892.
Mirando hacia atrás
Para muchas mujeres víctimas hay una clarividencia retrospectiva sobre las situaciones
vividas. Es decir, después de pasados los hechos y afectadas por un fuerte sentimiento de
pérdida, algunas víctimas miran hacia atrás pensando que tal vez tenían un control de la
situación que no era tal. Otras mujeres buscan así tratar de tener control sobre el pasado
y el presente, en un mundo que se ha vuelto más amenazante e impredecible. Pero en
muchos casos la culpa está mediatizada por la respuesta de los próximos también. La búsqueda
de un hecho que explique el conjunto de la violencia sufrida lleva frecuentemente a
la evaluación de la responsabilidad en términos morales. Si bien en esa visión hacia atrás
es importante sacar aprendizajes para otras situaciones, existe un filo de la navaja muy
fino en el que se puede pasar a culpabilizar a la mujer víctima.
Eso lo desestabiliza mucho a uno, porque así no se quiera, el que haya cometido el
error, o sea yo cometí un error para mi marido. Y, entonces, al vernos en esa situación,
muchas veces le echan la culpa a uno: si usted no hubiera hecho eso, es que
si usted no hace esto. O sea y uno mismo también se, como que se marca: verdad
si yo no hubiera hablado con ese tipo, si yo no hubiera salido. Él me apoyó, estuvo
allí, porque vivía muy preocupado con lo que me pasara, pero me decía “a la vez,
si vos no hubieras hecho eso, no estábamos en éstas”. Naya, Cauca, 2001, P.358.
Incluso frente a circunstancias imprevisibles en su momento, algunas mujeres víctimas
han vivido mucho tiempo con un sentimiento de culpa, asociando la violencia sufrida con
195
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
dichas circunstancias. Como por ejemplo, enviar al hijo a hacer unos mandados, abrir la
puerta ante una llamada o cualquier otro hecho menor que se dio en ese momento.
(Suspiro y llanto) Fue muy terrible porque mi hijo estaba con mi hermano en la
pieza de él. La casa tiene tres habitaciones y mi hijo se había pasado a la pieza
de mi hermano a ver una película, me acuerdo muy bien el nombre “Terminator”,
con Schwarzenegger. Y yo me siento muy culpable de eso porque cuando tocan a
la puerta, estoy haciendo una paella y yo no pregunto, no pregunto quién es. Y
yo no pregunto porque lógicamente por mi mente no pasaba tener problemas. Yo
no tenía problemas con nadie, él no tenía problemas con nadie, eso suponía yo. Y
pues llegan a tocar a la puerta a esa hora. Tumaco, Nariño, 2002, P.199.
Esta misma clarividencia, mirando hacia atrás, es parte de la experiencia que narra esta
mujer que conoció las desapariciones forzadas en los años 80 en la universidad y sintió
tiempo después que no fue capaz de evaluar la situación de riesgo de su hijo que era parte
de un sindicato. Este no esperarse la violencia, es parte del sentimiento de seguridad que
nos permite funcionar en la vida, pero en la dinámica de la represión y la guerra muchas
de esas creencias se cuestionan, centrándose en una responsabilidad individual que en
realidad no le correspondería.
Creo que el error fue mío, cosa que me tortura, y no me perdono, porque yo sabiendo…
Yo también fui estudiante, perdí muchos compañeros de trabajo, muchos
compañeros de estudio desaparecidos. La desaparición forzada, en la época que
yo era estudiante, era una cosa brava. Entonces yo no me explico por qué yo no
apliqué todo ese conocimiento que tenía, con mi hijo, y no le di trascendencia
porque, pues yo hacía un análisis de lo que era mi hijo, y decía ¡pero por qué
razón! No hay motivo diferente cuando uno está metido en un sindicato. Bogotá,
D. C., 2006, P.109.
En otras ocasiones, el comportamiento previo con la víctima directa, la existencia de
conflictos o las últimas palabras antes de la desaparición o el asesinato, puede hacer que
aparezcan sentimientos de culpa asociándolos como causas de la muerte posterior. En
este caso, tras una pelea con el esposo, después la cual ella pensó “ojalá lo maten”, fue
asesinado. Si bien no hay ninguna conexión entre ambos hechos, los sentimientos de culpa
cuestionan el comportamiento en su momento y lo asocian a la violencia padecida, al
margen de la responsabilidad del grupo armado culpable de su muerte.
Cuando a mí me dijeron eso, yo dije: eso es mentira. Pero ya al verlo y asegurarme
la doctora Virginia que sí era cierto que lo habían matado y ella me mostró
los negativos... Cuando me dijeron eso, me sentí culpable. Ahí mismo sentí la
culpa, pero yo lo dije en un momento de rabia. Entonces usted se puede imaginar
el cargo de conciencia de ahí en adelante. Sector Maruchenga, Bello, Antioquia.
1992, P.78.
196
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
En otras situaciones las mujeres reevalúan las posibilidades de la acción en el momento
de los hechos de una forma poco realista. Muchas de estas reacciones responden al anhelo
de creer que se habría podido hacer más de lo que se hizo, aunque una evaluación más
sosegada muestre que tal posibilidad es muy remota.
Pues que yo a veces me recuerdo y digo qué tonta yo no haber hecho esto o enfrentarlos
o hacer algo físico. Putumayo, 2010, P. 527.
Por último, en otros casos la reevaluación de la acción conlleva una culpa por haber sentido
miedo o haberse quedado paralizada por el terror.
Ese miedo me frustró, me cerró los caminos, de pronto eso me… si, yo tenía una
capacidad de liderazgo mejor yo hubiera surgido, pero de pronto esas muertes y
ese miedo me aniquilaron un poco. Me creó, como le estaba diciendo, una culpa.
Todo este proceso me ha creado esa culpa, una culpa como si yo hubiera cometido
no sé qué, pero no es así. Popayán, Cauca, 1987, P.315
En otros casos no se trata ya de una acción en concreto, sino de una autoevaluación de la
personalidad. Frente a un mundo impredecible y a hechos sin sentido, algunas mujeres
atribuyen a algún elemento de su manera de ser la posible responsabilidad de los hechos,
como si eso resituara el orden del mundo. Muchas de estas formas de culpa se asocian a
estados depresivos o situaciones de profunda tristeza que genera sentimientos autodestructivos
y atribuye a la propia personalidad hechos negativos que le han impactado.
Se me ha bajado la autoestima, a veces me dan ganas de acabarlo todo, de terminar
con mi vida. Es que yo soy la del problema aquí. Si mi mamá me rechazó y si
luego mataron a mi familia, si el hombre que yo escogí no me supo valorar, a veces
yo pienso que yo soy la del problema. Icononzo, Tolima, 1999, P.166.
Dado que la culpa tiene que ver también con el sistema de valores y el fuerte sentimiento
de responsabilidad por los otros de las mujeres, en muchos casos esta responsabilidad
por los hijos puede conllevar sentimientos de culpa, cuando estos han tenido que afrontar
las consecuencias de la violencia o el desplazamiento que primariamente afectaron a los
adultos.
Yo digo que por lo que yo sufrí es que están pasando las muchachas hoy en día.
Que por lo que yo sufrí, todos esos sufrimientos los llevan los hijos míos. San
Carlos, Antioquia, 2001. P.4.
Para la familia un bienestar económico que no estuvieran pasando trabajo que
yo sé que están pasando trabajo por mi culpa, por haberse venido conmigo para
acá, con mis niños para que no estén viviendo lo que están viviendo ahora. Blas
de Lezo, Antioquia, 1995, P.211.
197
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Culpabilizando a las víctimas
Por otra parte, la culpa también es algo externo, es una reacción social frente a numerosas
víctimas. Como una forma colectiva de dar sentido a algo, muchas veces se termina
culpabilizando a la víctima. Para ello se utilizan prejuicios o estereotipos sobre su comportamiento
o su posición, como en el caso de la violencia sexual contra las mujeres.
Frecuentemente las mujeres son culpabilizadas por los otros, en un contexto de cultura
patriarcal que ve el cuerpo femenino y el comportamiento de las mujeres como incitación,
mientras que asocia la sexualidad masculina con la falta de contención y la fuerza, creando
una relación que equivale a la del cazador y la presa.
Se traspasa así a las mujeres el deber de prevenir esa violencia y protegerse, mientras a
los perpetradores se les juzga minimizando su responsabilidad o atribuyendo ésta a la
provocación de la mujer. Esta ideología patriarcal y sus formas de culpabilizar a la víctima
son inaceptables y tienen un efecto muy negativo en la estima de las mujeres y en
su posibilidad de tener apoyo social, así como reducen también las posibilidades de una
investigación efectiva o una respuesta de justicia en estos casos.
Las reacciones de culpabilización pueden incluso tejer las relaciones afectivas más próximas.
Por ejemplo, en este caso, la revelación de la violencia sexual sufrida por la hija es
considerada, en el marco de la familia, como causa de la muerte de la madre.
Él me culpó de que yo no le debía de haber dicho nada a mi mamá, que por culpa
mía mi mamá estaba muerta que yo le había dicho eso, entonces por eso la habían
matado. Entonces entonces yo casi no me llevo muy bien que digamos. Riosucio,
Antioquia, 1999, P.92.
Estos elementos estigmatizantes muchas veces están mediatizados por discursos religiosos
o culturales que al ver los cuerpos femeninos como fuente de “pecado”, de “tentación”
o de “mal”, minimizan el crimen de la violación sexual. Estos mismos prejuicios
tienen como reverso la idea del honor o de la virginidad que permiten nuevas justificaciones
de la violencia o la situación de dependencia y control de las mujeres por parte de los
hombres a quienes se considera los garantes de aquellas.
Yo le conté todo a mi mamá y mi mamá dijo: “Deje de ser boba, seguro fue que
usted se puso a tomar y lo que hizo fue que… y eso es porque vea, le vino ya la
menstruación y uno se pone así, a uno le duele la vagina” (…) Lastimosamente,
me hicieron creer que el tipo se había muerto por mi culpa, y no solo eso sino que
yo me sentía como si fuera… pues… mi familia es una familia muy católica y muy
dada como a lo tradicional. Pereira, Risaralda, 2003, P.692.
En ese sentido, también condicionan la respuesta de las personas cercanas o la familia.
Mucha nostalgia, tristeza, porque mis hijos no están con su padre, y triste porque
prácticamente yo salí para acá y mi familia se acabó para mí, ha salido mucho
198
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
coraje. Ellos me culpan por lo que me pasó, mi familia, mi padre, eso me repugna.
Me da nostalgia. A veces me gustaría irme a otra parte, lejos, que no escuchara
esas voces que me dicen “por su culpa, por su culpa y por su culpa”. Caquetá,
2003, P.196.
En un contexto de incomprensión o culpabilización de los próximos, muchas mujeres tienen
que guardar sus sentimientos y experiencias como algo negativo, sucio o que hay que
esconder. De esta manera, las mujeres se quedan sin un marco social de reconocimiento y
empeora su situación psicológica, ya que ni siquiera pueden hablar de lo sucedido.
En este otro caso, la violación sexual por el padrastro cuando la víctima tenía nueve años,
fue solamente verbalizada con sus familiares cuando tenía 16 años. La víctima señaló
cómo la mala relación familiar hizo que esa revelación terminase culpabilizándola. Como
si ella fuese la que tenía que ser perdonada por la agresión sexual sufrida.
Cada vez que me acuerdo de eso ahora que estoy grande, le pido perdón a Dios.
No sé si sería que yo tenía la culpa o no la tengo no sé, pero siempre le pido al Señor
que me haya perdonado eso que ese señor hizo conmigo y yo no tuve el valor
de decirle a mi mamá. Es algo que no se lo deseo que se lo hagan a nadie o que
alguien lo acepte porque eso es algo muy pero muy malo porque imagínese siendo
el compañero de la madre y tener ese corazón esa persona de hacer eso con uno…
Acandí, Chocó, 2002, P.261.
La vergüenza en cambio tiene que ver con la revelación de hechos que pueden tener un
componente estigmatizante frente a los otros. Esa revelación puede conllevar una valoración
negativa sobre la víctima.
Nunca dije que me habían violado, porque yo sentía pena, eso es muy horrible,
para mí era muy terrible decirle a alguien que me habían violado. Tres Curvas,
Tibú, Norte de Santander, 2002, P.104
A muchas víctimas, las condiciones de precariedad y necesidad en que quedaron después
de la violencia sufrida les generó vergüenza en situaciones vividas como humillaciones o
en las que se exponían a una respuesta social negativa, como en el caso del desplazamiento,
frente a tener que pedir, acudir a instituciones o hacer demandas.
Entonces yo llegaba y con esa harinita que me daban, les hacía colada a mis hijos,
y pasábamos hasta dos o tres días a punta de colada, pero nunca me atrevía como
irme a pedir, ¡No!, porque a mí me daba pena, qué diría la gente pues como estar
pidiendo, porque uno muchas veces… Urrao, Antioquia, 2005, P.597.
En otros casos, esos hechos estigmatizantes pueden también poner en peligro a la mujer
víctima, por lo que son generalmente ocultados para proteger la propia dignidad o mantener
una identidad social positiva.
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Cuando llegamos por acá me daba pena, porque en ningún momento se sabía que
yo tenía un hermano en la guerrilla, a mis vecinos nunca, solamente lo sabía mi
esposo y la familia de mi esposo y ya. Cuando esa olla se destapó, yo me sentía
mal, a mí me daba pena porque, o yo no sé si serían bobadas mías, pero yo me sentía
como mal decir: “María tenía un hermano en la guerrilla y nunca dijo nada”.
San Roque, Antioquia, 2001, P.656.
En esa lógica externa, frecuentemente las víctimas pueden ser consideradas sospechosas
por los investigadores, ya sea por venir de una determinada localidad, por el tipo de hechos
denunciados, o por la propia victimización.
Eso era un tormento. Para mí después de que el fiscal me había dicho que usted
es culpable, yo iba llegando a la Alpujarra y me daban ganas de vomitar y de
llorar y yo entraba donde el psicólogo llorando y salía llorando, y él me dedicaba
hasta dos horas, dos veces por semana. Barrios Aures, Medellín, Antioquia,
2006. P.58.
Por ejemplo, muchas mujeres desplazadas son vistas con sospecha por el sistema de ayudas
humanitarias, o por una respuesta social insensible frente a su situación, como alguien
dependiente, que busca beneficios secundarios o sobre la que se extiende la sospecha (“en
algo estaría”) o se considera exagerada. En el mismo caso anterior, la víctima se refiere a
cómo la falta de atención evitó contar con las pruebas de violación.
Le comenté al fiscal que yo había sido violada el día anterior que si por favor me
colaboraba para el examen, pero me dijo: es que usted ya fue examinada por el
médico. Y yo, sí señor anoche, pero esta otra orden la tengo para dentro de 20
días, pero si usted me hace el favor y me colabora para que me revisen hoy…
Me dijo “no es que usted ya fue revisada por el médico legista, ya no puede ser
revisada de nuevo”. Y yo me desmoroné, me fui al piso, me puse a llorar y había
ido la que dice ser mi mamá, la relación ha sido muy tirante pero yo he procurado
llevarla bien con ella. Me cogió de la mano y me dijo “vamos que acá no le van a
prestar atención”, cogimos un taxi y nos vinimos para la casa. Con eso me taparon
la boca, o sea no me van a prestar atención a lo que yo diga o a lo que yo vaya
a demostrar. Barrios Aures, Medellín, Antioquia, 2006. P.58.
Incluso los propios perpetradores son en muchos casos la fuente de la culpabilización
hacia las víctimas. Las formas de justificar las agresiones o violaciones de derechos humanos
directas conllevan frecuentemente formas de culpabilizar a la víctima. En este
caso, la mujer entrevistada fue secuestrada y utilizada como esclava sexual, durante seis
meses, por un jefe paramilitar, en Santuario. Dicho jefe paramilitar mandó matar a uno
de sus hombres que habló con ella, y miembros del grupo culpabilizaron a la mujer de
esa muerte.
Entonces ellos se callaron, entonces uno de ellos no se calló y un día lo enviaron
a hacer un mandado y se me metió en la cocina y empezó a charlar conmigo. A
200
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
los dos días me di cuenta que lo habían matado, por estarme parando bolas a mí,
“A un muchacho lo mataron por culpa suya”, y yo: “¿Cómo así que por culpa
mía?”, “Sí, porque usted se acostó con ese man”, y yo: “¿Cómo así?, yo no me
he acostado con nadie”, “No mentiras el patrón lo mató porque le paró bolas a
usted”… entonces yo me daba cuenta de muchas cosas, entonces ese era el miedo
mío, si me volaba, mataban a mí familia. Apía, Risaralda, 2002, P.687.
En muchas de las situaciones de violencia, más aún en un contexto como el del conflicto
armado colombiano en el que las estrategias de guerra han tratado de implicar a la población
civil, también las reacciones asociadas a la culpabilidad pueden mostrar el miedo o
el uso de dichas estrategias de control, en donde el comportamiento de la víctima se ve
como riesgo de señalamiento para otros.
Pasó hasta una vecina de Dora a preguntarle que si todo estaba bien, y yo era
a los gritos que nos iban a matar, que por culpa mía iba a exponerlos a ellos
también imagínese la culpa mía más grande todavía. Barrios Aures, Medellín,
Antioquia, 2006. P.58.
Las formas de dar sentido a los hechos también aparecen en un marco comunitario más
amplio, en donde se necesitan espacios para procesar las diferentes visiones o percepciones
sobre el conflicto, las responsabilidades y las capacidades de acción. Más allá
de las respuestas individuales o de las propias víctimas, estos testimonios muestran una
forma de insensibilización frente al sufrimiento, desgraciadamente frecuente en el contexto
colombiano, por parte de personas o sectores sociales que se consideran lejanos
de esas situaciones.
Falta de respuesta del Estado como fuente de culpabilidad
Como se ha visto en estos casos, la culpa aparece tanto como una reacción interna como
una respuesta política contra la víctima, o una respuesta social negativa frente a ella. En
ambas situaciones, la culpa aparece como consecuencia de la falta de respuesta del Estado
y de su incapacidad de protección e investigación. Y de la falta de reconocimiento de la
responsabilidad en la violencia por los perpetradores. La impunidad induce a la búsqueda
de formas de dar sentido, sin una justicia que equilibre la evaluación de los hechos y
muestre una sanción sobre los mismos.
Especialmente en mujeres que son líderes comunitarias o de organizaciones, las respuestas
de represión o violencia pueden ser vistas luego por ellas mismas como una
respuesta a su compromiso, interiorizando un sentido de responsabilidad por ello. Si
bien la lógica de la represión y el terror está dirigida a paralizar a las víctimas, o en
este caso al liderazgo de organizaciones, algunas mujeres se ven afectadas por dichos
sentimientos de culpa, asociando su compromiso a la violencia de respuesta y por consiguiente
a la pérdida de sus seres queridos, como si esta se debiera a aquella y no a la
acción de los perpetradores.
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Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Yo no he manifestado a mis hijos ni a nadie pero me siento culpable de lo que le pasa
a mi familia, porque por mí liderazgo es que han sido atracados. Y de la muerte de Sebastián
me siento muy culpable, mucho. Comuna 13, Medellín, Antioquia, 2002, P.79.
También la reevaluación de las situaciones puede conllevar poner en cuestión el uso perverso
de la inversión de la culpabilidad, que traspasa políticamente a las víctimas, la
responsabilidad de la violencia que sufrieron invisibilizando a los perpetradores y la responsabilidad
del Estado, como muestra el caso de la UP.
He estado en estas terapias con la psicóloga de la Corporación en estos talleres
y uno queda como con una culpa. Pero esa culpa no tiene uno por qué cargarla,
uno no es el culpable de que esto le haya ocurrido, de que fracasó el movimiento
Unión Patriótica. La culpa la tienen ellos, ellos quisieron verlo a uno culpable,
de que por abrirle el espacio político a los movimientos insurgentes o por pensar
porque nosotros estábamos metidos en el Partido Comunista, se creía que se le iba
a abrir el espacio por acá. Samaniego, Nariño, 2006, P.351.
Una visión más flexible de sí mismas es también parte de los aprendizajes que muchas
víctimas han tenido para poder entender la profundidad de los dilemas que genera la
violencia, y la importancia de tener una visión transformadora de esas situaciones que
impliquen una forma de retomar el control de su vida en sus manos.
Ya como que después de transcurridos tantos años, ya a la edad como de 19 años
como que le hice el pare a eso y entré ya a la universidad. Porque me puse a pensar
que era un persona que no era mala y que… porque yo antes creía eso, que
eso me había pasado porque yo era mala o, no sé, porque le había hecho algo a
alguien. Y no, yo no, sino que lo que pensé era que debía salir adelante para ayudarme
primero a mí a afrontar eso. Aprendí que no por eso yo me tengo que no.
Pereira, Risaralda, 2003, P.692.
En uno de los talleres realizado para el análisis de un caso colectivo de esta investigación,
una de las líderes de la organización de mujeres, después de una tarde de discusión
y diálogo con las otras, en el contexto de la violencia sufrida en la Operación Orión en
Medellín, dijo: “por primera vez en estos diez años he dejado de sentirme culpable de
la muerte de mi hijo”. Este ejemplo muestra la frecuencia con que las mujeres asumen
esta forma de tratar de dar sentido a los hechos, más aún cuando hay un fuerte sentido de
responsabilidad por las propias acciones y en un contexto de impunidad. Pero también
es un ejemplo de la importancia de compartir dichos sentimientos con otras mujeres,
reevaluarlos en un contexto de confianza e identificación mutua, flexibilizando la visión
de la realidad o las propias tareas asumidas en la vida, y entendiendo cómo estas se ven
condicionadas o limitadas por el impacto de la guerra y la acción de los perpetradores,
donde se encuentra la responsabilidad de lo sucedido.
202
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
IX. Impactos en la salud de las mujeres
Por supuesto que sí, yo creo que indiscutiblemente cualquier trastorno y sobre
todo de este tipo que te afecta a ti tanto en tu mente y en tu espíritu indiscutiblemente
tiene que pasar por tu cuerpo, el cuerpo como el primer refugio que nosotras
tenemos, es también el depositario de todo este tipo de situaciones y bueno los
efectos se ven, de hecho, incluso hasta en la cuestión física mínima de cómo vives
tu salud, de cómo tu cuerpo se ve golpeado también. Cauca, 2006, P.307.
Las secuelas personales más importantes son las consecuencias en la salud que se
señalaron de forma grave en cinco de cada diez mujeres que dieron su testimonio,
correspondiendo a enfermedades relacionadas con la experiencia de violencia vivida
(46.04%; n=430), con un empeoramiento de la situación de salud como consecuencia
de la violencia sufrida. Una de cada tres tuvo dolores físicos inmediatos como consecuencia
de las violaciones sufridas (29.44%; n=275), pero a largo plazo las secuelas
en la salud fueron más graves, señaladas por cuatro de cada diez mujeres con dolores
crónicos (39.72%; n=371).
El empeoramiento en la situación de salud en algunos casos llevó a que una de cada cinco
mujeres tuviera que ser hospitalizada (19.49%; n=182) y un 12.85% (n=120) describió
discapacidades físicas o sensoriales asociadas a la violencia, un 7.07% (n=66) refirió
heridas y un 4.18% (n=39) fracturas causadas por la violencia. Un 8.89% (n=83) expresó
adicciones relacionadas con la experiencia vivida.
La vida enferma
Los impactos en la salud suponen un cambio en la manera de estar en el mundo de las
mujeres. Por una parte manifiestan directamente el impacto traumático sufrido, ya sea en
las heridas, mutilaciones o discapacidades como consecuencia directa de la violencia. La
invasión del cuerpo en la violencia sexual con sus secuelas ginecológicas y en la salud
sexual y reproductiva. Las consecuencias psicológicas en las que se encuentran la tristeza
y dolor, el miedo y el duelo por los familiares perdidos, el estigma y sentimientos de
injusticia o culpa, pero también los problemas de salud mental que interfieren de forma
grave sus vidas.
Por otra parte, otros problemas de salud vienen de las consecuencias económicas y sociales,
el desplazamiento forzado y las pérdidas de la tierra y su modo de vida. Esto
último genera peores condiciones de salud, problemas de salubridad, hacinamiento, alimentación
y exposición a nuevos riesgos en condiciones precarias en los medios urbanos
frecuentemente masificados.
Hace harto que me dijeron que tenía cáncer pero que se me quitó porque me
puse en tratamiento y parece que ya he estado un poco mejor. Pero ahora es el
203
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
azúcar que me ataca y no me pueden parar. Siento que el cuerpo se me va y me
empiezan los dolores de cabeza muy horribles. Hace como cuatro meses que no
puedo lavar, no puedo hacer nada porque si me pongo a barrer la casa me da
la pálida. Me puse a lavar unos trapitos míos y me cogió un dolor de cabeza,
estaba sola y parecía que me iba a morir. Puerto Colón, San Miguel, Putumayo,
2008, P.535.
El impacto de la violencia además se extiende en el tiempo generando nuevos hechos
traumáticos muchas veces, problemas de inseguridad y amenazas. Las dificultades de
reintegración social, la pérdida de estatus, la discriminación y el racismo marcan las vidas
de muchas de las víctimas posteriormente.
Por último otras consecuencias en la salud de las mujeres vienen del fuerte impacto familiar,
la sobrecarga de roles y las consecuencias en los hijos e hijas.
• Impacto de los hechos
traumáticos
• Consecuencias físicas y
psicosociales
• Problemas graves de salud
• Empeoramiento de las
condiciones sociales.
• Exposición a nuevos
riesgos para la salud
• Disminución de los
recursos y apoyo social
Impacto en la salud y el
cuerpo de las mujeres
• Falta de mecanismos
de protección.
• Inseguridad y miedo
• Impacto familiar
• Consecuencias en los hijos
e hijas
Todo ello genera un profundo malestar y un cambio negativo en la forma de estar en el
mundo y en la relación con el propio cuerpo, y se dan numerosos problemas como consecuencia
de la falta de apoyo e integración social y de falta de autonomía personal.
Tuve que afrontar un mundo totalmente distinto, estar enferma, porque yo me desmayaba
en las calles. Barrancabermeja, Santander, 2000, P.794.
También un cambio en su propia identidad y personalidad en muchos casos. La violencia
política, por su carácter súbito e intencional, conlleva un cuestionamiento de la relación
con los otros, una pérdida de sentido del mundo e incluso cambios en la visión de sí mis204
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
mas en muchas víctimas. Las expresiones sobre la enfermedad, son una forma holística
de expresar la relación entre el malestar psicológico, las afectaciones físicas y el empeoramiento
de las condiciones sociales.
Bueno, en el momento en el que fue el desplazamiento, yo cambié demasiado mi
personalidad. Yo era una persona muy dada a la gente, tenía demasiadas amistades,
era muy entradora. En ese momento empecé a no cree mucho en la gente, yo
empecé a no creer mucho en las personas, como a envolverme más en mi misma.
Cuando llegué a Bogotá, me mantenía enferma, porque no podía creer que eso
hubiera pasado. Jamundí, Valle del Cauca, 2000, P.113.
Muchas mujeres identifican el momento en que sus condiciones de salud empezaron a
hacerse negativas con el inicio de la violencia, los operativos militares, o la pérdida de
seres queridos.
Antes de la operación Orión yo jugaba futbol, jugaba lucha americana, corría
con los jóvenes, los niños, las niñas y con otras mamás mayores de edad. Ya con
esto no soy capaz porque tengo gastritis, depresión, colon afectado por la alimentación
que no era la adecuada ahí en la cárcel donde estuve recluida. La tensión
porque mi compañera fue deportada, el pensar en mis hijos… A partir de que salí
estoy con la presión alta y tengo una tromboflebitis que por poquito me muero.
Comuna 13, Medellín, Antioquia, 2002, P.87.
Otras señalan el momento de la pérdida de sus seres queridos, especialmente de los hijos
e hijas, como la marca del tiempo a partir de la cual se da un empeoramiento de situación
vital y de salud.
Vea yo sufro de migraña, de los riñones, de artritis y yo digo que todo eso se despertó
a raíz de la muerte de mi muchacho. Porque yo antes no era tan enferma.
Yo era una mujer que mantenía tantas energías. De hecho, cuando a mí me lo mataron
tuve una amiga madre comunitaria que me dijo: “te acabaron la alegría”.
Barrio Manrique, Medellín, Antioquia, 2001, P.37.
Si bien otras consecuencias son a medio y largo plazo, por el impacto de la tensión y el
empeoramiento de las condiciones de vida. Estas situaciones se suman a los problemas
normales del envejecimiento. Como señala esta mujer, estas son las consecuencias del
conflicto en el cuerpo.
He sufrido, estoy sufriendo las gastritis, a través del estrés, eh…se me rebotó una
gastritis crónica que llevo ya más de tres años tratando de salir de ella y trato
de recuperarme y vuelvo y recaigo, eh…la bacteria que produce el cáncer se me
atisbó en mi estómago, bueno mija, han sido varios los factores que ha ocasionado
en mi cuerpo este problema del conflicto… San Vicente de Chucurí, Santander,
1990, P.745.
205
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Además, en los casos analizados hay una minoría importante de mujeres que han tenido
pensamientos suicidas, intentos de suicidio o incluso consumación del mismo. Estas
significativas muertes se refieren como en medio de una gran pena moral. Y las muertes
subsiguientes los meses posteriores a los hechos debido al empeoramiento de las condiciones
de vida, no integran las estadísticas de la violencia pero deben ser consideradas en
la consideración de la misma y de las víctimas.
Se lo llevaron y dijeron que iban hablar con el señor. Hasta el momento no ha
aparecido. Muchos en el pueblo comentan que lo tiraron a los caimanes en el
pozo de Monte Rey, pero se metieron a la casa de mi hermana buscando ¿Qué
buscaban? No sé, ella hizo un infarto, hizo una trombosis. A raíz de eso mi mamá
hizo una isquemia que al mes de muerta murió ella, y yo sola quedé. Zambrano,
Bolívar, P.227.
Como señala el siguiente testimonio, el conjunto de estresores tiene que ver también
con los factores sociales negativos como consecuencia de la violencia y no solo con
problemas psicológicos individuales. El análisis de estos estresores debe formar parte
de las políticas de prevención del daño como parte de la reparación a las víctimas y
comunidades afectadas.
Yo sé que es la situación de estrés que me tiene así, porque por ejemplo, yo cuando
cubro todas mis necesidades estoy calmadita, pero cuando hay una situación
difícil, ahí mismo se me alborota todo, eso me duele… se me entiesa la columna,
se me entiesa este lado, me duelen las piernas… las piernas hay veces que ¡Me
enfermo! Eso es como si yo tuviera animales así andándome, y me toca untarme
cosas para que se me quite eso, hacerme masajes. Marmato, Caldas, 2002, P.689..
La misma angustia no lo dejaba a uno comer tranquilo. A mí se me comenzó a
caer el cabello hasta ahora, y como vivíamos dentro de una carpa con el techo
amarillo, entonces a nosotros se nos dañó mucho la vista. Casi que la mayoría de
esta comunidad tenemos gastritis. Yo todavía la tengo porque, eso como que va en
un tratamiento largo, y he estado hospitalizada dos veces por ese motivo. Buenos
Aires, Cauca, 2001, P.310..
Por último, los problemas de salud aumentan la dependencia en un contexto de pérdida
del apoyo social y de mayores dificultades para trabajar y llevar su vida adelante.
Lo que he sentido es que ya no soy la misma de antes, soy una persona amargada,
no salgo no me reúno, me rebajó la autoestima, soy una persona que ya no soy la
misma de antes, ya hasta he tenido problema con la parejas que he tenido, psicológicamente
no me concentro sexualmente, es algo que lo marca a uno para toda
la vida y lo destruye. Quibdó, Chocó, 2000, P.479.
206
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Alto estrés permanente y problemas de salud
El cuerpo lo siento, me duele, a mí me han detectado muchas enfermedades. Un
dolor de cabeza que a mí no se me quita, todo el tiempo con dolor de cabeza, no
sé si es que yo mantengo un estrés, el problema en la columna, la gastritis que a
veces me demoro para comer, la gastritis a veces busca para matarme. Alto Atrato,
Quibdó, 2000, P.495.
Probablemente la causa más frecuente del malestar en el cuerpo de las mujeres deviene
de las consecuencias del alto estrés permanente que tiene que enfrentar. Los problemas
más frecuentemente referidos por las mujeres como consecuencia de esa tensión
permanente son problemas digestivos, cefaleas y migrañas persistentes e hipertensión
arterial.
Mantengo mucho dolor de cabeza… y me ha afectado mucho el colon, como la depresión
y la ansiedad le afectan a uno el colon, entonces, vivo tomando medicina
para eso. Pereira, Risaralda, 2007, P.610.
Después de eso del desplazamiento y eso, yo quedé fue con mucho dolor de cabeza,
me duele la cabeza todos los días y por ejemplo, digamos, voy donde al médico
y me manda un poco de pastas y no se quita, diario yo mantengo con ese dolor de
cabeza en la cabeza, diario, diario y voy [al médico] y unos que migraña y otros
que no sé qué, pero yo pienso que eso no es nada porque, yo me hago tratamientos
de una cosa y otra y sigo con el dolor de cabeza y sigo y sigo con él. Puerto Asís,
Putumayo, 2006, P.655.
Los testimonios de las víctimas muestran numerosos problemas digestivos que si bien
pueden estar asociados también a otros factores de riesgo, tienen un fuerte componente
psicosomático como gastritis, úlcera o colon irritable, entre otros.
Bastantes consecuencias, el colón, la úlcera, la anemia, psicológicamente estoy
remal. En el cerebro tengo una fractura cerebral debido a los golpes… San Miguel,
Putumayo, 2001, P.773.
Siento problemas de… me duele la cabeza, la presión, el colesterol y también me
molesta la úlcera que se me reventó en estos días. Tadó, Chocó, 1997, P.459.
Los problemas como hipertensión arterial se combinan con otros factores ligados al estilo
y condiciones de vida difíciles, así como a las condiciones materiales precarias en las
que se encuentran la mayor parte de las víctimas, cambios en la dieta, impacto de la vida
urbana marginal y la pobreza. Es decir, un enorme estrés negativo fruto de la precariedad,
las experiencias traumáticas, el miedo y las amenazas.
207
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
En todo el cuerpo. La cabeza me dolía mucho, cuando me concentraba a pensar
así en mi hijo empezaba a llorar y ahí estaba el dolor de cabeza, yo decía “me
va abajar algún derrame” y eso fue que me afectó más en todo el cuerpo. Baudó,
Chocó, P.469.
En algunos casos esos problemas de hipertensión han llegado a producir daño orgánico
en corazón o riñones.
En este momentico tengo un daño renal, entonces imagínese la magnitud de la
situación, empecé a sufrir de la presión, se me elevaba, o sea yo a los 24 años tuve
problemas de presión, pero la mantenía controlada, a partir de estos problemas,
los sustos, o sea a partir de la llegada de los paramilitares aquí, para mí fue, y
para mucha gente de la comunidad fue tenaz, porque nosotros aquí no estábamos
acostumbrados a ver armas, uno veía a la policía, veía al ejército que pasaba,
pero pasaba, aquí a establecerse así como esa gente llegó aquí amedrentando,
que tienen que entrarse a tal hora, que tienen que salir a tal hora eso fue tenaz, y
después del problema con Richard, la presión se me elevaba, en este momentico
tengo el riñón derecho a la mitad, estoy a punto de llegar a una diálisis. Naya,
Cauca, 2001, P.358.
También son frecuentes los problemas como accidentes cerebro-vasculares y problemas
cardiacos, con fuertes secuelas y problemas crónicos añadidos que necesitan control y
tratamiento médico así como cambios en el estilo de vida.
Soy hipertensa, me ha dado ya dos embolias, y aquí me han tenido que rajar. Hace
tres años me dio eso de la cabeza. Me rajaron la cabeza. Que me salvé de milagro.
Pero entonces he perdido la, (llanto)…he perdido la […memoria], que se me olvida
todo. Se me olvida. Y estoy allí en las danzas, porque el médico me dijo que
siguiera que eso me ayudaba. Arauca, Arauca, 2004, P.841.
Numerosos problemas cardiovasculares están ligados al sufrimiento y tensión emocional.
La salud muy mal, supremamente mal porque yo de ahí comencé ya a sufrir del corazón…
y muchas cosas (llanto). Me enfermé bastante de la tensión, del corazón,
hasta la venas se me han tapado ¿sí? Muchas enfermedades a raíz de eso ¿por
qué? porque el estrés, la lucha, el dolor, la tristeza, eso lo mata a uno. Barrancabermeja,
Santander, P.729.
Entre las causas de muerte de algunas víctimas, relatadas como directamente asociadas
al impacto de la violencia, están las muertes en medio de un profundo sufrimiento
psicológico, tras la pérdida de seres queridos, que se conoce como pena moral, y que
se refiere especialmente a madres que han muerto pocos meses o años después de la
pérdida traumática de sus hijos, en medio de una profunda tristeza y melancolía de la
que no se repusieron, y que entraron en un proceso de deterioro físico, dejadez, falta
208
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
de apetito y de alimentación, aislamiento social y emocional profundo, y finalmente
muerte en condiciones precarias.
Mi mamá, parte de la muerte de ella, fue de melancolía. Porque ella los quería
mucho a ellos, y cuando ellos murieron ella, empezó a enfrenarse, a enfermarse.
Ella no quería vivir más, ellas nos decía, que ya quería irse para donde ellos, y
enfermó, estuvo un mes enferma, y al mes murió. Buenaventura, Valle del Cauca,
2000, P.849.
Mi mamá se entristeció mucho con la muerte de mi hermano. Ella, siempre ella
se mantenía, muy triste, porque pues sabe, que ella veía en mi hermano, como su
tabla de salvación, algo así. Entonces al morir, y más en la forma en que murió,
ella se sintió, que había perdido el apoyo, la razón de vivir, porque ella vivía por
ese hijo. Ella vivía… Sí, era el menor. Entonces ella veía por él, entonces ya al
morir él, ya ella sintió que no tenía fuerzas, que no necesitaba vivir, que no sé qué.
No salía del cementerio, ya entonces, se fue llenando, de amargura, de tristeza, no
sé qué, y fue perdiendo las ganas de vivir. Mi mamá dejó de caminar, perdió las
ganas de vivir, perdió todo, ella ya no sentía, deseos de vivir. Buenaventura, Valle
del Cauca, 2002, P.852.
La relación de los problemas de salud con los hechos puede verse de forma muy clara
cuando estos empezaron justo después de las violaciones, en personas anteriormente sanas,
y cuando empeoran en los momentos de mayor tensión.
Pues, y sí, porque yo después del desplazamiento empecé a sufrir del corazón y
la presión. Yo antes no sufría de nada, y ahora si vengo sufriendo, lo que hace
que llegué aquí y empecé a sufrir de ese problema de la presión. Santa Cecilia,
Risaralda, 2002, P.603.
Se me empezó a subir la presión, empecé a tener muchos dolores de cabeza, bueno,
cosas así, mi hijo también se empezó a enfermar de asma, uno de los niños
y así empezamos, si mal, o sea uno no se siente bien hasta que no, por lo menos
ahorita no le puedo decir que estemos seguro, porque como le digo, a veces también
aquí se entran y es tenaz, pero pues al menos ahora estoy más tranquila, al
menos estoy con mis hijos ahí. El Tambo, Cauca, 2001, P.325.
En otros casos, cuando la situación origen de mayor sufrimiento emocional ha pasado,
por ejemplo en los casos de personas secuestradas finalmente liberadas, eso no significa
que el impacto psicosocial haya siempre disminuido. El alivio psicológico que supone
la liberación, y por tanto la disminución de la tensión, puede venir con otros factores de
estrés como al vivir con lo que se ha vivido, el manejo de las relaciones afectivas o familiares,
y las frecuentes dificultades para la reintegración social. Por otra parte, el alivio
de los efectos psicológicos del estrés puede no conllevar siempre la disminución de los
impactos corporales o conductuales a largo plazo.
209
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Cuando ya mi esposo salió, ya lo liberaron, empezaron a darme dolores de cabeza,
empezaron a darme infinidad de cosas, que aún no he podido, no sé si esas
sean secuelas de ese año, o qué pero yo voy a un médico a otro, a otro, y hay días,
semanas, meses enteros que me duele la cabeza, que ya, no que me hecho infinidad
de exámenes y siempre me dicen que de pronto no, que son eso que me quedó de
allá y que yo todavía no lo he podido superar. Tambo, Cauca, 2001, P.341.
Otros problemas de salud como el cáncer, si bien tienen un origen multifactorial, también
se encuentra asociado a situaciones prolongadas de alto estrés negativo y cambios en la
inmunidad, como ha mostrado la psicoinmunología.
Mi mamá le salió una masa en el estómago, y de esa masa, cuando la llevamos a
hacer la endoscopia, esa masa era cancerosa, y se la detectaron ya tarde. Se quedó
con eso allí. Y una tarde, hablando con nosotras, murió. Hablando con nosotras,
nos decía que, que nos cuidáramos, que nosotras éramos unidas, y que vivíamos. Y
ahí fue muriéndose. Buenaventura, Valle del Cauca, 2000, P.849.
Los problemas menstruales, con dolor largo sangrado durante el periodo de la mujer y
fuerte malestar son también lugares en los que se expresa el estrés en las mujeres.
Yo me siento que yo me voy a morir porque me dura más de ocho días, y cada
vez que voy donde los médicos me dicen eso mismo, es que usted tiene que,
relájese, contrólese, mire que a usted el estrés la va a matar. Es un estrés muy
horrible, el cabello se me ha estado cayendo a morir. Barrio la Cruz, Antioquia.
2010. P.8.
Mucho miedo que vea estas venas se me ponían grandes, y me dolía mucho. Y
los dedos como todo tieso como que no sentía nada, eso me afecto mucho, mucha
fiebre dolor de cabeza malestar. Me dio mucho miedo y me vino la menstruación
muy fuerte, casi se me viene la matriz. Puerto Berrio, Antioquia, 1999. P.21.
Estresores e impacto en la salud
La más afectada fue mi mamá. Pues igual ella tiene la enfermedad que es muy dura
de la insuficiencia renal. Cuando él desapareció, ella entró en crisis emocional y le
afectó, quedó paralizada de una pierna, estuvo en tratamiento como un mes, después
le fallaron las defensas y le dio una infección, una peritonitis. No pudo vivir más
aquí en Samaniego, le toco irse para Pasto, porque tiene que hacerse sesiones de
hemodiálisis y solamente hay máquinas en Pasto. Entonces tras de que el hijo desapareció,
todo lo que conllevó, le tocó dejar la ciudad donde siempre había vivido,
sus conocidos, sus amigos, enfrentarse a una ciudad, al cambio de clima, a que tienes
que pagar pasajes, a que tienes que subirte en un bus y conocer las rutas. Para ella
es una tarea titánica, pues uno por que ha vivido en las ciudades sabe, pero fue muy
duro. Mi papá no aceptaba la idea, él estaba allá y se venía.
210
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Ellos cuánto lucharon por tener una casa y eso es lo que ella llora tanto, dice: “tantos
años que luché por mi casa para que un día a otro yo ya no pueda volver donde ella”.
Entonces, enfrentarse no solamente a esa soledad, no solamente a esos cambios tan
nuevos, con esa enfermedad tan terrible. Para ella ha sido muy duro, ella ha estado
muy acabada, ya está muy mal, va a cumplir apenas 60 años ahora, pero está muy
mal. En estas fechas, el 25 de junio son 3 años de que desapareció. Ella se pone
supremamente mal, ella no acepta, ella no procesa la información, pues a ella si le
afectó muchísimo físicamente. La Florida, Nariño, 2008, P.369.
Dejar de comer
Más de la mitad de las mujeres entrevistadas expresaron haber tenido alteraciones en la
alimentación (61.78%; n = 577) debidas a pérdida de apetito u otras, como consecuencia
del impacto psicológico sufrido. La pérdida de peso y de apetito es parte de los síntomas
de depresión y de otras afectaciones psicológicas, pero tiene un fuerte impacto también
en la salud y en la capacidad de recuperación de la persona.
Yo me adelgace bastante me enfermé de los nervios ante todo yo no dormía, yo
no comía eso es horrible. Yo eso no se lo deseo ni a mi peor enemigo. Salaminita,
Magdalena, 1990, P.262.
En algunos casos extremos, como los que se refieren a continuación, la falta de apetito
pasó a problemas más graves como anorexia nerviosa, asociando problemas digestivos
con otros de la propia imagen corporal como consecuencia de los fuertes eventos traumáticos
sufridos, en un caso la violación sexual de una menor, en otro una mujer víctima de
desplazamiento forzado y cuyo esposo fue asesinado por grupos paramilitares.
Yo no comía, o sea, yo… es más, si le preguntan a mi mamá, yo recuerdo que mi
mamá llamaba a mi abuela llorando y diciendo: “Ay vea, ella hace días no come”.
Yo me volví casi anoréxica, yo tuve un problema por eso porque… yo quedé sufriendo
de gastritis, a causa de que hubo un tiempo de que yo… yo era gordita,
¡Pero gordita!, y yo me puse que a esa edad estaba ¡No! ¡Nada!, no sabían qué
hacer conmigo. Pereira, Risaralda, 2003, P.692.
Eso realmente porque yo quede mejor dicho mal, ya yo pesaba treinta y tres,
treinta y tres kilos después de pesar ochenta y uno, yo dure un tiempo, años, tres
años que no me miraba al espejo. Corregimiento Piamonte, Caucasia, Antioquia,
2005, P.201.
En algunos casos la situación de las mujeres y su afectación en el cuerpo mejoró después de
los primeros meses o años. Sin embargo, en otros el apoyo psicosocial fue parte de lo que
ayudó a algunas mujeres a ir superando algunos de esos impactos y síntomas invalidantes.
211
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
A mí me afectó mal porque mi hija me tuvo que poner psicólogo, yo me puse flaquita
y mi hija la mayor de todas, de verme así, dijo “no mi mamá se va a ir igual
que él”. Entonces yo dije eso es una cosa muy dura, el hijo que más me ayudaba
me lo tenían que quitar. El psicólogo lo tuve por meses, le agradezco mucho a él
porque hasta ahora es que estoy volviendo a comer, a dormir porque de que lo
mataron a él yo no sabía qué era dormir, me acostaba y permanecía así y decía
dónde hubiera un velorio para irme, porque yo no podía dormir. Mi hija me puso
en manos del psicólogo y eso me sirvió harto bendito sea mi Dios, ya medio duermo,
cuando sirvo la comida yo como bien, pero cuando ya me recuerdo de él me
pongo mal. Barrio Betania, Bogotá, D.C., P.588.
Los dolores que no se pueden expresar
Las consecuencias del dolor y sufrimiento psicológico tienen también algunos correlatos
físicos a considerar. Por una parte, la contención emocional y la ausencia de posibilidades
de expresarse en un contexto de confianza, llevan a muchas mujeres a guardar sus emociones
o reprimir su expresión, lo que tiene a su vez efectos estresantes. Además, este impacto
emocional se manifiesta en muchos casos en la piel, con problemas de salud de carácter
psicosomático como alergias, problemas de pigmentación o psoriasis entre otros muchos.
Es una manera de llorar a través de los ojos, de la piel, de todo, me ha dado una
alergia súper fuerte, me ha dado dermatitis, conjuntivitis, a veces me pongo muy
mal, si yo no expreso lo que tengo que expresar a mí se me sale por los poros.
Belén Rincón, Antioquia, 2000, P.12.
A raíz de todos esos problemas a mí me dio el problema en la piel por los traumas,
por los nervios, porque a mí me dio la psoriasis. Psoriasis que me dijo el especialista
que era a raíz de traumas, yo estuve con esa enfermedad 10 años, que no
había posibilidad de cura. San Francisco, Putumayo, 1996, P.564.
El sufrimiento por el dolor del recuerdo se suma a la contención emocional que lleva a
guardar esos sentimientos y frecuentemente a que las mujeres gasten mucha energía psicológica
en evitar mostrar su afectación para no dañar o preocupar a otros.
Como que me volví o soy tranquila, pero cuando recuerdo eso hechos me duele
mucho. Todavía me afecta, pienso que eso me ha afectado porque me duele mucho
la cabeza, me duele mucho el cerebro y pienso que de pronto es por eso, o por
tratar de ser fuerte cuando mi mamá vivía, pues todas le sonreíamos y tratábamos
de que ella no sintiera tanto ese dolor. Urrao, Antioquia, 2007, P.13.
El impacto psicológico como fuente de problemas físicos es causa frecuente de consultas
a los servicios de salud.
Me dio gastritis el estado emocional hay momentos que uno está aquí y hay otros
que los altibajos… y uno va donde un médico y le dice a tome acetaminofén que
212
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
es lo que la salud del Estado le ofrece a uno. La única entidad que me acompañó
en ese dolor fue el sacerdote de mi parroquia y la funeraria que le hace a uno un
taller déjalos ir y son emociones encontradas. Manrique, Antioquia, 2002. P.16.
También en los impactos en la salud se pueden ver en algunos casos la influencia del
continuum de violencias sufridas por las mujeres.
Me daba rabia cada vez que me acordaba de eso, después de ser golpeada me
daba mucho dolor de cabeza, entonces yo tuve un tratamiento, dicen que menos
mal yo no quedé loca, porque ya antes había sido violentada por mi papá, por
eso fue la separación de mi papá de mi mamá. Corregimiento Belén de Bajirá,
Antioquia, 1992, P.19.
Otras mujeres se han hecho mayores antes de tiempo, con vejez prematura o signos degenerativos
en su salud y limitaciones en su movilidad.
Día tras día va envejeciendo más, los sufrimientos como que lo van envejeciendo
más a uno y va cogiendo una vejez prematura. Belén de Bajirá, Antioquia,
2000. P.20.
Otros problemas de salud tienen un correlato directo con la expresión emocional pero
se manifiestan en el cuerpo de las mujeres de una forma simbólica. De tanto llorar
algunas víctimas han tenido incluso problemas oculares, como sequedad lacrimal,
problemas en los párpados, que como en este caso necesitaron incluso una corrección
quirúrgica.
Siento tanta tristeza que no quiero recordar. Eso ha sido muy duro, muy horrible,
todos los días el sufrimiento. Hacía unos tres años que él estaba secuestrado,
cuando se me cayeron los párpados de los ojos de llorar día y noche. Me
tuvieron que hacer cirugía porque el parpado tapó las pestañas. Entonces no
podía ver, y ya, entonces pues con ejercicios y terapias no fue posible. Entonces
tocó cirugía de párpados de urgencia. Cerros de Maracay, Valle del Cauca,
2002, P.879.
En otros casos la conciencia del impacto de la violencia en la salud se ha dado después,
cuando las mujeres pueden tener una cierta distancia emocional de los hechos y ver
con perspectiva sus vidas. Sin embargo, la falta de conciencia de los impactos también
muestra en muchas ocasiones una tendencia a evitar pensar en los impactos cuando la
persona está en medio de la situación. Eso tiene una función adaptativa, porque permite
en este caso a la mujer concentrarse en su vida cotidiana, pero puede fácilmente llevar
a minimizar la amenaza o normalizar las consecuencias de la violencia en sus vidas.
En ese tiempo empezaron a aparecer muchas enfermedades. No lo noté en ese
momento, pero ahora mirándome hacia atrás, bajé mucho de peso, estuve en em213
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
barazo y perdí un bebé en el 2007, no sé si esa sea la causa pero estaba muy débil
en ese momento. La verdad es que yo también, intenté tomarme la cosa como
relajada o sea como decir: bueno esas amenazas siempre pasan. Cuidarme lo
necesario, lo que recomiendan, pero tampoco me sentía yo digamos totalmente
vulnerable. Por la historia del país uno lastimosamente se acostumbra, entonces
tiende a pensar que una amenaza pues es una más de las que siempre va a haber
entonces, como que dejémoslo así. No sentía que pudiera ser tan vulnerable, me
parecía que era como una cosa normal. Tampoco era consciente de si eso me
afectaba, no era tan consciente de lo que podía suceder en mi cuerpo. Popayán,
Cauca, 2006, P.363.32
Secuelas en la salud de granadas4
Luego venían las heridas, las esquirlas que me sacaron en el estómago, la del colon,
el hígado, el riñón donde también me cayeron esquirlas y pues esas lograron también
curarme y las de las piernas. Mis piernas quedaron totalmente, dañadas, cicatrizadas,
porque eran unas heridas muy profundas. Y por la herida de mi oído, perdí
mi oído derecho. Aquí en mi brazo izquierdo perdí la movilidad de mis dedos. En el
cuello también me cayó una esquirla, también tengo una cicatriz.
Pues esto es molesto, porque después de esto mi vida no ha sido lo mismo, mi vida
ha dado un cambio, empezando por el problema psicológico que me trajo esto. A
cada momento a mí se me recuerdan las imágenes de aquel hecho, más que todo lo
del niño que es lo que a mí más me martiriza, y los problemas de las cicatrices que
me quedaron en mi cuerpo. Eso también me ha causado a mí un trauma psicológico.
Tambo, Popayán, 2001, P.314.
Las secuelas de la violencia indiscriminada y masiva
Especialmente en el caso de las masacres y bombardeos, las secuelas físicas en la población
civil son enormes. Además del enorme impacto de los muertos y destrucción física
del hábitat y medios de vida, también las personas sobrevivientes tienen que enfrentar
secuelas muy negativas en su salud.
Vea, esa esquirla, me operaron y ahora ya no puedo trabajar, porque tengo dos
mayas, y no puedo hacer fuerza. Y aquí no tengo ombligo. De la vesícula. Tengo
tres operaciones acá. Yo ya no puedo, mejor dicho, yo ya no puedo, yo no puedo
como coger y trapear, ponerme a correr una cama, ponerme a hacer mucho oficio,
yo ya no puedo. Yo trabajaba en casas de familia, cuando recién venia acá, lavan-
32 En este caso se trata de una mujer que estaba saliendo de su lugar de trabajo cuando un guerrillero tiró una
granada contra una garita de la policía que se ubicaba justo delante del lugar donde estaba. La granada
rebotó y explotó casi en su pie. Su hijo se murió como consecuencia de la explosión.
214
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
do ropas ajenas, porque él estaba sin trabajo, ya ahora quedé que ya no puedo
hacer nada. Cajambre, Hormiga, Putumayo, P.854.
Las descripciones de esquirlas, operaciones quirúrgicas, lesiones en extremidades o son
las marcas en el cuerpo de esa violencia masiva e indiscriminada pueblan los relatos de
las mujeres sobrevivientes de masacres y bombardeos donde la población civil se convierte
en objetivo o en escudo entre los contendientes y lleva la peor parte de los ataques.
Estos impactos graves en la salud pueden verse en las profundas huellas físicas y discapacidades
que deja la violencia como secuela, especialmente en los casos de tortura, masacres
y minas antipersonales. Las consecuencias en la salud conllevaron discapacidades
físicas o sensoriales en un 12.85% (n=120), un 7.07% (n=66) refirió heridas y un 4.18%
(n=39) fracturas causadas por la violencia.
No sé cómo se reflejará, cómo me lo verán, pero como le digo con tantas limitaciones
físicas la vista, sufrí fractura de la rodilla izquierda, fracturas del brazo
izquierdo, me han tenido que operar varias veces hasta ahora, la última fue este
año. Muy limitada de la vista que eso si se me afectó y sobre todo moralmente
porque la hija menor, ella es soltera y ha sido muy afectada. Quibdó, Chocó, 2008,
P.497.
En este caso, la mujer quedó gravemente afectada tras caer en una mina antipersona, con
amputación de la pierna izquierda, numerosas heridas de esquirlas y problemas auditivos
crónicos, como sordera y ruidos continuos. Todas esas graves secuelas fueron tratadas
en medio hospitalario, pero los problemas crónicos y el seguimiento y rehabilitación se
encuentran con innumerables problemas para tener acceso a la asistencia.
A mi esposo en la cabeza le cayó una piedra, tiene un chichote aquí y eso está
con dolor de oído, hay días que le ataca durísimo el dolor de oídos. El niño también,
unos días se ponen más sordos, y también tiene esquirlas en la carita. En
el hospital dicen que me iban a sacar cita y no pueden todavía, ni para el esposo
tampoco… Florida, Valle del Cauca, 2001, P.322.
Muchas secuelas de la violencia conllevan discapacidades, amputaciones limitaciones
físicas para su vida cotidiana. Todo ello supone un impacto para la autonomía y la capacidad
de integración social de las víctimas directas, así como una sobrecarga para la familia
que tiene que tratar de compensar y reorganizar la vida cotidiana para hacerse cargo de
dichas secuelas y el bienestar de la persona directamente afectada. Los impactos son aún
mayores cuando estas secuelas y discapacidades se dan en mujeres con cargas familiares.
En lo que uno dice, quedarse si un pie, tiene que ser duro porque es difícil,
verdad para uno quedar bien, ya no es lo mismo, uno ya tiene que manejar esas
muletas, silla de ruedas, entonces uno ya no puede hacer lo mismo. Vereda La
Paloma, El Tambo, Cauca, P.301.
215
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Las esquirlas alcanzaron el niño por el lado que él iba se le llevaron los dos dedos,
o sea la mano. La mano derecha quedó totalmente colgando, este dedo estiraba
para acá, este dedo para acá, esto para acá, este cuero para acá, todo esto así,
el niño le cogieron casi cien puntos en la mano, estos dedos abiertos así, aquí le
quedaron pedazos de huesos un pedacito aquí, acá le quedó otro pedacitico que
ya se lo amputaron porque para qué. Le amputaron parte de la mano, y en la
cara pues que el niño quedo marcado. Mire que hasta ahora yo como le he hecho
remedio y al niño se le ven todas las cicatrices en la cara. Santa Bárbara, Pasto,
Nariño, 2008, P.305.
A Angie le amputaron la pierna, y a mi hermano fueron quemaduras en el cuerpo,
en la espalda, los brazos. Angie tenía como 9 años y mi hermano Luis Fernando
tenía como 8 años. Yo quedé muy quemada, o sea, mi rostro, la vista también se
me ve bastante defectuosa y todo eso. Yo estaba estudiando y cuando eso pasó de
una vez me tocó dejar el estudio. El Diamante, Pamplona, Santander, 2008, P.768.
Las secuelas físicas también suponen marcas en el cuerpo que reactualizan el dolor de la
pérdida y los recuerdos traumáticos. El propio cuidado del cuerpo por parte de las mujeres
se convierte en una experiencia dolorosa.
Uno está afectado por lo que yo me mantengo muy enferma, cuando lavo los senos
se me hinchan, cuando trapeo la espalda como tengo cicatrices en la espalda y
todavía tengo esquirlas, en el fémur derecho todavía tengo esquirlas, entonces
todas esas cosas van afectando a uno en lo psicológico. Hace nueve años pasó la
masacre de Bojayá y yo todavía como que lo tengo ahí, porque escucho un trueno
y siento como que me va a matar. Bellavista, Bojayá, Chocó, 2002, P.468.
Una parte de estos impactos son secuelas de la tortura. La tortura como dolor físico o sufrimiento
extremo de carácter intencional, deja muy frecuentemente secuelas e impactos
en la salud física y emocional persistentes en el tiempo. En la esfera física, numerosas de
esas secuelas tiene que ver con problemas osteomusculares o articulares que interfieren
enormemente en la vida cotidiana y en las posibilidades de realizar un trabajo físico o manual,
incluso en actividades cotidianas ligadas al trabajo relacionado con el rol atribuido
a las mujeres en sus casas.
Pues sí porque imagínese los golpes que me daban a mí en la espalda, yo quedé
con dolor de espalda de ahí para acá. A mí me daban patadas en los brazos, en el
cuerpo y en la cara, se paraban encima de mí con las botas llenas de estiércol de
ganado, para que yo me acostara en el piso. De ahí para acá como a mí me golpearon
por la cabeza. Siento dolores de cabeza seguidos, a mí se me subió hasta
la tensión, a veces me duelen las coyunturas de los brazos. Rio Negro, Antioquia,
2001, P.698.
Desde ahí he quedado muy afectada porque el primer machetazo fue en la cabeza.
Estoy así y hay veces que se me va el mundo y también me pega unos picotazos
216
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
muy duros. También mal porque, del machetazo que me metieron en la mano izquierda,
el dedo del corazón no lo siento, lo mantengo todo el tiempo entumecido…
Medio Atrato, Chocó, 1999, P.464.
Las oportunidades de reinserción social a través del trabajo en otros ámbitos de la vida
social también se limitan de forma grave en estos casos, donde se necesitan programas de
atención a las víctimas que consideren su especial situación, no solo respecto los dolores
o limitaciones físicas, sino también en sus necesidades de reintegración social.
Pues yo sigo guardando la esperanza de estudiar en las unidades tecnológicas,
de hacer el curso de profesora de niños, pero de todas maneras uno ya, o sea, yo
me pongo a pensar que ya por la edad, quién sabe ya por las manos que no pueda
manejar un computador, o sea eso es algo triste para uno porque imagínese uno
ya discapacitado, prácticamente inválido. Vereda del Indio, Carmen de Chucurí,
Santander, 1998, P.757.
Y ahí ya entonces, tuve un año y como tres meses, eh…como 15 meses en silla de
ruedas y de ahí me llamaron de la Fundación Desire, entonces, todavía no me
podían poner prótesis porque como yo tuve fracturada también la pierna derecha,
entonces me pusieron muletas, y ahí sí me quedé allá como siete meses en recuperación,
me llevaban por allá a médicos y toda esa cosa. Hasta que ya me pudieron
poner la prótesis, pero allá me dieron todo. La Clavelinas, Barrancabermeja,
Santander, 1992, P.764.
También las secuelas sensoriales tienen consecuencias en el malestar y la integración
social. Los problemas de pérdida de visión y/o de audición como consecuencia del
trauma sonoro o esquirlas limitan la vida de los sobrevivientes y suponen un largo proceso
de búsqueda de atención médica, y especialmente quirúrgica, cuidados de salud,
consultas repetidas, evaluaciones de hasta donde se podrá recuperar la funcionalidad
que suponen una carga pesada para las mujeres afectadas, en sus propias afectaciones
y en las de sus hijos e hijas.
Casi no entiendo escucho un murmullo, hay ocasiones que no escucho bien. Eso
me viene sucediendo hace siete años atrás de tantas bombas que han mandado, y
eso le afecta mucho los oídos a uno. Lo del nieto si le hicieron una remisión que
estuvo en Pasto para operarle los oídos, pero lo mandaron a una parte donde no
tenía los aparatos necesarios para hacerle la limpieza y operación del oído quedo
ahí. Puerto Colón, San Miguel, Putumayo, 2000, P.536.
Hospitalizaciones
La gravedad de las lesiones producidas o el empeoramiento de la situación de salud de
las mujeres conllevaron con gran frecuencia el ingreso hospitalario para el tratamiento
de sus problemas de salud. Una de cada cinco mujeres víctimas tuvo que ser hospitalizada
(19.49%; n=182) ya fuera inmediatamente después de los hechos para el tratamiento
217
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
de sus lesiones. Pero otras muchas fueron hospitalizadas posteriormente por problemas
graves de salud, incluyendo con mucha frecuencia problemas de salud mental como depresiones
severas, crisis de pánico o de ansiedad.
Yo fui al hospital ese mismo día a las dos de la tarde me tocó a mí coger con ella
para Medellín porque tenían que operarla de urgencia. Fui para Medellín con
ella, me la operaron, allá me la atendieron muy bien. Apartadó, Antioquia, P.212.
Yo me pasé todo un año, si estaba 8 días en la casa, estaba 10 en el hospital o en
la clínica. El primer año, casi todo el año lo pasé hospitalizada. Quibdó, Chocó,
2008, P.497.
Además, un 7% de las mujeres entrevistadas (n=66) refirió heridas y un 4.18% (n=39)
tuvo fracturas causadas por la violencia. Estas heridas y fracturas se dieron sobre todo en
masacres y como resultado de atentados y minas antipersona.
Yo al momento que caigo, ahí si prácticamente de una no siento los pies, cuando
llego al hospital, en ningún momento perdí el sentido, y sabía que los intestinos
se me estaban saliendo por este lado de acá del abdomen. Cuando llego
al hospital pues directamente me hacen la cirugía, luego me trasladan para
Cali… prácticamente estuve 3 meses hospitalizada. Vereda Panamericana, Cauca,
2002, P.312.
En este momento no puedo decir ni qué es lo que tengo, porque ni los médicos
saben qué es lo que tengo. Solo sé que tengo algo que no se sabe qué será. Y que
a diario estoy hospitalizada, a diario me tienen que llevar por urgencias y dice el
médico que es de la preocupación. Vereda de Chontaduro, Antioquia, 2000. P.32.
Muchas víctimas sufren problemas de salud graves como consecuencia del impacto de la
violencia, el empeoramiento de las condiciones de vida y el impacto del estrés negativo
extremo. Los problemas cardiovasculares ligados al estrés entre otros factores son frecuente
causa de hospitalizaciones.
A mí me dio dizque un derrame. Me decían dizque trombosis pero me dijeron
que eso fue un derrame. De este lado de aquí como que no estoy bien, no es normal,
y ahora para caminar este pie es como inhábil, aquí me tuvieron en mucho
tratamiento. Esto me cayó en Cocorna, donde estuve ocho días hospitalizada y
después me trajeron para acá par San Vicente y luego para la casa y me siguieron
haciendo tratamiento, y así ya me fui componiendo con droga. Vereda El Recreo,
Antioquia, 1991 y 2006, P.54.
A los dos años a mí, de tanto llorar, de tanto sufrimiento, me dio un infarto. Estuve
bastante mal en Manizales, luego de eso… estuve en el hospital, cuando me
dieron salida me trajo mi hija y los médicos le dijeron que la vida mía no valía
218
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
cinco centavos, que me trajeran para la casa y que esperaran lo peor… Murillo,
Tolima, 2003, P.652.
Las mujeres señalan muy frecuentemente problemas cardiovasculares asociados a la ansiedad
y el impacto traumático, como hipertensión arterial, taquicardia, o problemas circulatorios
que conllevaron hospitalizaciones hasta ser controladas médicamente.
Tengo que vivir diario tomando droga por que para la presión. Me volví hipertensa,
entonces tengo que estar diario en tratamiento. Yo estuve hospitalizada hace
como 3 años se me bajó la presión, y el corazón lo tenía a 40 y tenía que estar en
80. Antes de que desapareciera mi hijo no había estado hospitalizada del corazón.
Puerto Boyacá, Antioquia. 2002. P.30.
Las hospitalizaciones tuvieron también en muchos casos que ver con problemas graves de
salud mental. Por ejemplo, con crisis de ansiedad o depresión grave.
Cuando ya dijeron quien había sido él yo me vine yo no supe qué pasó, me habían
traído al hospital y en el hospital se me fue la mente. Me puse a bolear piedra a
todos a toda la gente que llegaba porque decía que se llevaban a mi hijo. Después
de eso me inyectaron. Cuanto me desperté eran las diez de la noche. Él era padre
de cuatro hijos. La Hormiga, Putumayo, 1998, P.544.
Me hospitalizaron, y ya empecé como a normalizarme, porque era mucho agotamiento,
mucho estrés, mucho aburrimiento, me iba… (Llorando) como que
me iba a matar era la pena moral, y tengo ratos que me siento tan aburrida,
tan triste, que yo no sé… pensando en él, pensando en las niñas. Puerto Rico,
Risaralda, 2001, P.601.
Numerosos ataques de pánico, pérdida de control, problemas psicológicos o depresión
grave, han llevado a hospitalizaciones para tratar de controlar su situación y poner tratamiento,
aunque muchos de esos problemas tienen un impacto crónico.
Yo casi me muero hace un año me había desmayado, me caí enferma y me dijo el
doctor que yo tenía como algo de pena. Estuve hospitalizada como una semana
en la Dorada y me dijeron que había tenido, no sé cómo me dijeron algo así como
pena moral o algo así. Bajo Amaron, Ecuador, 2011, P.516.
En otros, después de sucesivas experiencias traumáticas que generaron un impacto acumulativo.
Imagínese que eso me dio tanto que quedé sufriendo y después como a los dos
años me enfermé un dolor de cabeza y duré un mes hospitalizada en el FIRE
(Cartagena) y ya no contaban conmigo. O sea yo no hablaba, yo no comía,
yo no sé de qué me pudo venir eso pero yo digo que eso fue de lo mismo…
Clemencia, Bolívar, P.234.
219
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
El último me dio más duro porque estando ya con dos desplazamientos y el
tercero lo mismo, se me reflejó en mi cuerpo. Yo me agoté. Pasaba el tiempo
pensando, la autoestima se me bajó, estuve hospitalizada por eso y me adelgacé
demasiado. No me desarmé porque el cuero es de buena calidad. San Jacinto,
Bolívar, 1988, P.230.
Incluso estos problemas graves de salud mental afectan a los niños y niñas que han tenido
que ser hospitalizados como consecuencia de la violencia. En este caso, la niña perdió a
su hermano víctima de desaparición forzada y su padre murió como consecuencia de un
atropello cuando se encontraba buscándolo.
Mi niña que ahora estuvo hospitalizada yo creo que es por eso y por el papá, porque
yo llegaba al hospital mental y me decía: “vea donde está mi hermanito, yo lo estoy
cuidando, yo tengo a mi papá y a mi hermanito yo les estoy poniendo droga”. No
hay quien le saque eso de la cabeza. A cada rato me tocaba ir a controles con ella.
Estuvo dos meses en el hospital mental, pero le doy gracias a Dios que por lo menos
ya recuperó, que no se me ha vuelto a enloquecer. Ella toma una cantidad de droga…
yo digo que por eso que ha pasado, todos esos pelados míos han sido así. Chigorodó,
Antioquia, 2001, P.56.
Mientras la violencia y las atrocidades se cometen, también las mujeres están embarazadas
y los niños siguen naciendo. Para ellas el impacto en la salud es más grave debido a
las mayores necesidades de cuidados y vulnerabilidad frente a la violencia y las precarias
condiciones de vida. Especialmente las mujeres que estaban embarazadas en el momento
de los hechos sufrieron algunas complicaciones en sus embarazos, numerosos abortos y
problemas de salud graves que afectaron a su salud y a la del bebé.
Eran dolores por todo lado, a los seis meses de embarazo perdí los líquidos del
bebé, entonces me tocaba estar todo el tiempo acostada sin poderme para, me tuvieron
en Neiva hospitalizada, y el bebé lo tuve a los siete meses, porque no tenía
líquidos, los había perdido, por todo ese trajín, entonces seguí toda desorientada.
Florencia, Caquetá, 2003, P.108.
El dolor en los pies, es constante y desafortunadamente tengo una colostomía que
en últimas los médicos dicen que no me la pueden cerrar, porque igual va a ser
una gran dificultad de que tendría que estar cada dos días en el hospital haciéndome
lavados. Vereda Panamericana, Cauca, 2002, P.312.
Nivel de atención y salud integral
Muchas víctimas tienen necesidad de atención de nivel terciario y especializado frente a
problemas graves de salud.
220
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
También estuve problema con la gastritis, no comía, vomitaba sangre, me hospitalizaban,
me pusieron sangre y después de ahí me salió este poco de cosas en
el cuerpo. Alto Atrato, Quibdó, 2000, P.495.
Me salió una tuberculosis ganglionar. En el hospital, como se dieron cuenta que
mi mamá tenía eso, me mandaron a hacer la prueba de VIH que me salió negativa
por eso me hicieron una biopsia. Puerto Caicedo, Putumayo, 1992, P.506.
Sin embargo, el tratamiento hospitalario en muchos casos no soluciona los problemas de
salud. Se necesitan enfoques de atención más integral que incluya un apoyo psicosocial a
las víctimas, frente al manejo del impacto y las molestias que se consideran inespecíficas
desde el punto de vista médico.
Yo me siento enferma, porque yo… a causa de masacre me he quedado… a cada
ratico tengo que estar yendo al hospital, cuando uno aquí no le recetan cosa que
se vea bueno. Me siento enferma, cansada y nadie le da la mano a uno, nadie le
da la mano en nada. Medio Atrato, Chocó, 2002, P.471.
La falta de recursos económicos sin embargo ha limitado en muchos casos el acceso a los
cuidados de salud necesarios, incluso en las situaciones de urgencia.
A causa de eso yo no comía, para mí era como tome agua, gaseosa, no me daba
hambre y después eso me da ulcera de hambre de tanto pensar, uno tanto pensar
la situación se me reventó en sangre, estuve como dos veces hospitalizada en
Mocoa. Pero yo en ese tiempo yo no tenía carné, no tenía plata, le tocó a mi hermana
prestarme el carné de ella para pasar por urgencia al hospital. La Hormiga,
Putumayo, 1994, P.547.
Me hospitalizaron, y ya empecé yo ya como a normalizar, porque era mucho agotamiento,
mucho estrés, mucho aburrimiento, me iba… (llorando) como que me
iba a matar era la pena moral, y yo tengo ratos de que yo me siento tan aburrida,
tan triste, que yo no sé… y ya pensando en él, pensando en las niñas, ¡Ay que esas
muchachas, yo sin saber nada de ellas!, si ya se las habían llevado, enfermas y sin
poder… eso hace que no las veo. Puerto Rico, Risaralda, 2001, P.601.
Muchas víctimas sufren de problemas crónicos de salud con reagudizaciones, como en
el caso de la diabetes. En muchos de ellos las víctimas refieren un fuerte impacto psicológico,
trastornos de ansiedad y un fuerte malestar debidos al estrés como parte de esos
problemas.
Eso se ha reflejado en que me he enfermado mucho… ahora sufro a veces de
estrés, me eleva el azúcar, me da problemas a veces de estreñimiento, o sea,, hay
meses en los cuales se me junta todo cuando las cosas se me ponen difíciles. Eso
me manda muchas veces para el hospital con el azúcar elevadísimo y un nivel de
221
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
estreñimiento alto… entonces el médico manda que tengo que tranquilizarme, me
mandan a veces tranquilizantes.…para que me pueda nuevamente normalizar.
Puerto Wilches, Santander, P.695.
Yo antes no me enfermaba. Ahora vivo yo con la presión alta, cada nada me enfermo,
porque tengo que aguantar, porque a veces me sube la presión, tengo que,
aguantar callada, porque no tengo cómo ir al hospital. Quedé hipertensa. Desde
que me dio pre-eclampsia severa, quedé hipertensa. Barrio Las Flores, Cali, Valle
del Cauca, 2010, P.855.
En algunos casos las mujeres señalan problemas ginecológicos severos como consecuencia
de las agresiones sexuales y el impacto posterior. Muchas de los problemas de salud
de las víctimas tienen una causa multifactorial, como los casos de enfermedades graves
como el cáncer, pero en ellos el nivel de estrés, el empeoramiento de las condiciones de
vida, el fuerte impacto vital son parte de las causas que los han hecho posibles.
Sí, yo de ahí, nos fuimos para Bogotá con mi tío y mis hijos, yo al cabo de un
año estando en Bogotá empecé a enfermarme, a sangrar y sangrar. Hasta que un
día, el ginecólogo me examinó, me dijo que yo tenía cáncer, entonces pues, ya yo
después tuve otra cita con otro médico, y le fui contando, lo que a mí me había
pasado, que a mí me habían violado siete hombres, si pues… que para mí la vida
no existía. Gabarra, Norte de Santander, 2001, P.896.
Un problema muy frecuente para la atención en salud de las víctimas de la violencia política
no es solo la falta de adecuación del tipo de atención frente a problemas que tienen
un claro origen político y social y necesitan un enfoque comunitario de reconstrucción del
tejido social más allá de la atención clínica.
Pero es que yo voy al Sisben y me mandan Acetaminofén y no me mandan como
unas vitaminas ni nada y solo me mandan Omeprazol, eso es lo que me mandan.
Yo de noche despierto asustada, como con un miedo como con ganas de volarme,
entonces me levanto y ¿sabe qué? cojo alcohol y huelo, y ya me vuelve como el
alma al cuerpo. Frontino, Antioquia, 1996, P.49.
Frecuentemente la falta de recursos económicos lo que limita la accesibilidad a los servicios
de salud.
En ese tiempo no funcionó ese aparato, transcurrieron 15 días, iba y que no había
un papel especial para eso, a lo último que el aparato estaba nada y no me
hicieron aquí ese examen y allí fue donde mi hija me giro esa plata. Me hicieron
el electrocardiograma y en total fueron 8 exámenes, y allí fue donde me di cuenta
que a raíz del dolor del pecho todos los días me dijeron que el corazón se me había
crecido. El Bagre, Antioquia, 2002, P.557.
222
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Muchas mujeres relataron enormes dificultades para acceder a la asistencia en salud, debido
a la ausencia de seguro o recursos económicos para acceder a un tratamiento adecuado
para los problemas de salud causados por la violencia.
A mí me dolía todo, unos dolores de cabeza impresionantes… y aún todavía me
dan, en cuerpo… yo al otro día mi iba a levantar de la cama y no podía, entré en
una crisis de lo cierto fue que a mí, y aún todavía, porque a mí me los mandaron
por dos años, sino que ya yo empecé a no tener seguro y ya no me daban la droga.
Curillo, Caquetá, P.598.
Siempre me han negado la droga, tenemos carnet de Caprecom [empresa social
del Estado] y siempre nos han negado la droga. El medicamento de ella pues
vale casi 20 mil pesos y nunca nos lo han dado por eso a la niña le compramos
la droga durante más de 2 años y nunca nos han dado la droga. Ahora bregando
a comprarle la droga porque no le podemos dejar sin ese medicamento; cuando
estuvo mi esposo enfermo cinco meses, en dos semanas no tuvimos con qué darle
medicamento y ahí fue donde convulsionó y nos quedó paralizada porque nunca
Caprecom nos ha dado la droga. Plateado de Argelia, Cauca, 2007, P.388.
En otros casos las mujeres señalaron cómo las respuestas del Estado han estado limitadas
por el papel restrictivo del personal de salud en la evaluación de las lesiones o la ausencia
de acceso a profesionales que realicen una evaluación más amplia y que tengan la posibilidad
de poner en marcha programas de atención. La queja de las víctimas es la del olvido,
de nuevo, por parte del Estado, en un contexto en que tienen muchas menos posibilidades
de llevar su vida adelante. La creación de un programa de salud para las víctimas es una
demanda de la mayor parte de las mujeres entrevistadas.
A ninguna de las personas lesionadas del municipio de Bojayá que estuvimos en
la masacre del 2 de mayo, a ninguno de los que estuvimos acá en Quibdó les vino
una remuneración, porque el médico legista se dedicó a decir “que a nosotros lo
que nos había pasado eran rayoncitos, peloncitos que no valían la pena” y a estas
alturas todavía tengo esquirlas en el cuerpo, es más tengo una bala que me entró
cuando iba corriendo, la tengo en el fémur derecho. Bellavista, Bojayá, Chocó,
2002, P.468.
Lo de la masacre no ha tenido una atención ¿por qué nosotros no hemos tenido
una atención de parte del Estado, no nos han dado a decir que nos van a poner
unos médico que nos hagan un examen, esos son cosas que tienen que poner
a uno?…Hacerle examen a la gente porque son cosas con las que le quedan
muchos traumas a la persona. Entonces eso no lo han hecho con uno, que ya en
esta época ¿qué hacen con uno?, lo que hacen es poco… Medio Atrato, Chocó,
2002, P.471.
223
Capítulo 2. Consecuencias de las violaciones de derechos humanos en Colombia
Las secuelas en la salud como se ha visto en este capítulo son muy importantes en las
mujeres víctimas de la violencia. El Estado no ha respondido a la emergencia y la extensión
de esta problemática en el país. La puesta en marcha de leyes y resoluciones sobre la
atención a las víctimas debe considerar estos impactos y las dificultades de acceso de las
mujeres a los servicios de salud.

Capítulo 3.
Consecuencias e impactos
específicos en las mujeres

227
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
I. El impacto traumático en la vida de las mujeres 230
- Se le parte la vida en dos 231
- Toda una en sí 232
- No tengo ya vida 234
- No ser la misma 236
- Vivir sin el calor 237
- Pasar de rey a sapo: estatus y posición social 238
- Estar como alejada de todo: aislamiento social 241
- Llevamos las riendas del sufrimiento 243
II. Impactos en el cuerpo y la sexualidad 246
- Cuando duele el alma también duele todo 246
- Siempre le hace falta a una esa parte de una 249
- El impacto de la violencia sexual en el cuerpo y la identidad 250
- Embarazos forzados y dilemas éticos 253
III. Consecuencias en las relaciones entre mujeres y hombres 256
- Cada persona es irremplazable 256
- Cada quien coger su camino: separaciones y relaciones conflictivas 259
- Marcada para toda la vida: la extensión a las relaciones con los hombres 261
- A veces una se obliga a hacer cosas que una no quiere 265
- Presión sexual y prostitución 267
- Aislamiento social y estereotipos sexistas 270
- Conclusiones 273
IV. Consecuencias en la sexualidad 274
- No era lo mismo 275
- No he podido tener una vida normal 279
- Dificultades en las relaciones de pareja 281
- Volver a empezar 283
- Esclavitud sexual y violencia contra las mujeres 288
- Un repudio a los hombres 289
V. Consecuencias en la maternidad 292
- Dejarnos el recuerdo del hijo 293
- Tenía mi embarazo 298
- Fue mucha lucha: el peso de la responsabilidad en las mujeres 302
- El dolor de una madre 305
- Conclusiones 306
VI. Impactos intencionales contra los hijos 306
- Se desquitan con lo que una más quiere 308
- Siempre ha sido ese temor 310
228
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
- Enfrentar el reclutamiento 312
- Ellos me pidieron una plata: chantajes con los hijos e hijas 314
- Acusación de colaborar 315
- Desplazamiento forzado: antes que maten a mis hijos 317
- Atacar a los hijos para golpear a las mujeres 319
- Persecución de la resistencia 323
- La pérdida traumática de hijos e hijas 326
VII. Impactos familiares 329
- Relaciones, proyectos, roles y subsistencia 329
- Las amenazas y el hostigamiento familiar 331
- Mal vivir: los impactos hacia dentro de las familias 336
- Dificultades económicas y sobrecarga de roles 340
229
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Muchos son psicológicos, otros también son físicos; pero yo creo que más que
todo son psicológicos, son las secuelas que quedan de estos actos de barbarie,
porque están atentando, afectan contra el cuerpo, la dignidad y se puede decir que
también la espiritualidad de una persona, más que todo de la mujer. Se destruye
algo y eso es muy difícil de volverlo a construir. Puede pasar el tiempo que pase
pero tiene que tener o un acompañamiento o la persona tiene que ser más fuerte
que el dolor que le han causado, todo esto para volver a recuperar una parte de
la vida que era antes. Puerto Caicedo, Putumayo, 1992, P.506.
Introducción
En este apartado se ofrece un análisis de los testimonios de las mujeres víctimas que hablaron
de los impactos en su identidad como mujeres, de las consecuencias en su cuerpo
y sexualidad, en sus vidas y sus afectos. Muchas de sus experiencias no han encontrado el
espacio, ni la mediación para decirse, y nos ponen en contacto con ámbitos de la realidad
del conflicto armado colombiano poco o nada tenidos en cuenta.
Las mujeres víctimas refieren un socavamiento continuo, por parte de actores armados, de
las relaciones que sostienen la vida individual y colectiva en muchas zonas de Colombia.
Las voces de las mujeres que dieron su testimonio nos hablan en su mayoría de un recorrido
de vida marcado por hechos de violencia y violaciones de derechos humanos, que
establecieron dos momentos en sus vidas –el antes y el después- seccionando su experiencia,
su forma de vida y su ser mujer.
Además del enorme impacto de los hechos traumáticos que supusieron estas violaciones
de derechos humanos, en muchos de estos testimonios percibimos cómo la violencia está
presente en todos los ámbitos y a lo largo de sus vidas. Como ya se señaló en la introducción
de este informe, esta violencia contra las mujeres tiene que ver con el acoso, el
abuso, el maltrato y la violación presente en las relaciones de convivencia en el hogar,
en el trabajo, en el pueblo o comunidad. Las violencias se replican y multiplican en otros
ámbitos sin solución de continuidad con aquellas directamente derivadas del conflicto
armado. ¿Qué ha supuesto esta continuidad de la violencia en su ser mujeres?
Las mujeres entrevistadas aluden a unos hechos que dieron lugar a pérdidas de toda índole
y a un quebranto en su ser mujeres. Las pérdidas que refieren los testimonios deshacen
una vida anterior y obligan a cambiar radicalmente las formas de vida (de espacio, de comunidad,
de trabajo, etc.). Nada es lo mismo y ellas no son ya las mismas. Hablan, pues,
de una zona cero en sus vidas. Zona cero sobrevenida a partir de la cual siguen viviendo,
sobreviven.
Así pues, desde las pérdidas y el quebranto han hecho un camino para salir adelante. Para
empezar ese camino ha habido motores que principalmente tienen que ver con las relaciones
afectivas, con la responsabilidad por los hijos, con la dignidad como persona; para
230
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
trazarlo, han tejido estrategias de supervivencia, a menudo con elevados costos personales.
En ese camino han encontrado innumerables obstáculos, pero también algunos apoyos.
Las mujeres entrevistadas no sólo cuentan qué hicieron en ese recorrido después de los
hechos de violencia, expresan también cómo se sintieron –cómo se sienten todavía- después
de esa experiencia extrema. Hablan del quebranto, de sus cuerpos, de marcas y
secuelas en la salud y la calidad de vida, de la desgana de vivir, la sensación de desnacer,
de haber dejado de ser las que eran. Hablan de la dificultad de rehacer los lazos y el placer
de la relación en la pareja, la familia, la comunidad; del vivir bajo sospecha, de no
ser reconocidas, de la pérdida de valor y la dependencia de otros; del saberse exigidas
como mujeres a cuidar y proteger y, a la vez, sentirse responsables de los seres queridos.
También transmiten una percepción fina del valor, las capacidades y las limitaciones que
pusieron en juego en ese recorrido.
En ese camino para sobrevivir, algunas mujeres siguen transitando por los dolores y las
pérdidas sin hallar nuevos sentidos para vivir, otras rehicieron lazos con la vida, alimentaron
nuevos vínculos, reencaminaron sus proyectos colocando el pasado no en el olvido,
sino en el recuerdo y el saber de la experiencia. En algunos casos, pues, son conscientes
de su heroísmo a la vez que de su sufrimiento.
De sus testimonios no sólo obtenemos narraciones de hechos y vivencias de un proceso,
de un recorrido biográfico. Encontramos también su comprensión del mundo en que
viven, y sus conocimientos del medio social en que mujeres y hombres se hacen. Un conocimiento
que procede de lo que han vivido y les da elementos para entender y orientar
su seguir haciendo.
Este conocimiento, imprescindible para comprender la realidad del conflicto armado en
Colombia, es una guía también para emprender caminos de salida al mismo que sean
duraderos y sostenibles.
Cuando mataron la primera mujer, a mí me causó mucho terror. Creo que la señora
tenía unos 35 años, ella era muy reconocida acá en el municipio y el delito
de ella era que como tenía un restaurante y mercaba bastante, pues la mataron
diciendo que supuestamente ella estaba abasteciendo a la guerrilla. La mataron
acá en la entrada de la balastrera y de ese momento para delante yo empecé a
contar las que fueron asesinando, que no las asesinaban como juntas no, así como
selectivamente. Pero sí fueron 10 mujeres de las que yo me di cuenta a ciencia
cierta que asesinaron. Mocoa, Putumayo, 2006. P.933.
I. El impacto traumático en la vida de las mujeres
Un primer aspecto a tener en cuenta son las percepciones de las mujeres sobre las consecuencias
que los hechos de violencia han tenido en ellas mismas. Este impacto forma
parte no solo del tipo de hechos o las características individuales de las mujeres, sino
231
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
también de su posición, sus roles y las situaciones de marginación social. Además, en
esta relación dialéctica entre persona y sociedad, los impactos en su identidad como
mujeres, en su cuerpo o sexualidad, tienen también un profundo carácter psicosocial.
Se producen en esa relación mujer-contexto familiar y social, y se alimentan en esa
interacción que ayuda a entender los impactos y las fracturas que esto conlleva en sus
vidas. Muchos de estos impactos en las mujeres se dan como consecuencia de las pérdidas
de seres queridos, las propias experiencias de violencia directa contra las mujeres
como la tortura, o las consecuencias de la pérdida de su vida como consecuencia del
desplazamiento.
Se le parte la vida en dos
Como a cualquier madre que le pase lo mismo que a mí, se le parte la vida en
dos, porque es muy difícil usted acostarse sabiendo que tiene un hijo así... Que se
lo desaparecieron y ya… es bien difícil eso. Zarzal, Valle del Cauca, 2005, P.599.
Los hechos traumáticos marcan un antes y un después en la vida de las mujeres –muerte
o desaparición de seres queridos, violación, convivencia forzada con victimarios, desplazamiento,
amenazas. Sin embargo, la mayor parte de las veces no son hechos aislados, y
cada testimonio de las mujeres recogido se refiere a entre dos y tres víctimas. Además de
sus propias experiencias de violencia, ocho de cada diez mujeres (78%) hizo referencia
a su vez a violaciones sufridas por personas de su entorno familiar y social cercano. El
impacto referido por las mujeres se extiende especialmente en su medio familiar más
cercano.
Cada mujer entrevistada sufrió entre cuatro y cinco violaciones de derechos humanos y
hechos traumáticos, y más de un 25% de las mujeres sufrieron más de seis.
Además de las violaciones sufridas en primera persona, el 75% expresó tener familiares
asesinados desaparecidos. Otras violaciones que en mayor medida fueron descritas fueron:
las amenazas, el seguimiento y la vigilancia, la tortura psicológica y el desplazamiento
familiar.
Todos estos hechos traumáticos se dan varios de ellos de forma simultánea o encadenada,
y son el punto en el tiempo y el lugar de experiencia desde el que se mira el pasado: una
forma de ser y de vivir que quedó atrás junto con todas las pérdidas. Las experiencias
traumáticas se definen por el sentimiento de quiebre en el sentido de continuidad de la
vida, que quedan en manos de otros y una situación de estrés negativo extremo.
Como demuestran los datos de este estudio, este trauma no es solo psicológico, sino que
afecta a todos los órdenes de la vida de las mujeres. Nueve de cada diez refirieron un gran
impacto afectivo, pero también socioeconómico y en sus proyectos de vida.
232
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Por mucho que uno quiera aparentar, siempre van a verse las falencias económicas
y en lo físico, en el vestuario, en la cara, en el rostro, porque uno comienza
a envejecer antes de tiempo. Ya casi no dan ganas de tener esa alegría que tenía
antes, porque siempre marca bastante, siempre está uno con ese pesar ahí, que
uno no lo puede dejar atrás. Desde que uno estaba en su casa, que uno estaba
en su tierra, y venir uno aquí a la tristeza… Serró Peralta, Riohacha, La Guajira,
2004, P.170.
Las mujeres desgranan la pérdida de todo aquello que configuraba su mundo. Un mundo
en el que ellas eran mujeres en un tejido de relaciones afectivas y de apoyo. Un medio
social y económico en el que se daban unas mínimas condiciones para cubrir las necesidades
materiales donde la mayor parte de ellas vivían en condiciones de pobreza o una vida
sencilla que les permitía mantenerse a sí mismas y sus familias. También un entramado
de costumbres y de modos de hacer, en la convivencia cotidiana, en el trabajo y en la
diversión, en los que ellas crecieron y se hicieron mujeres.
Antes de los hechos, a pesar de que estábamos en el campo, era una vida muy buena,
porque nosotros vivíamos bien, nos divertíamos bien con sus parrandas, sus
comidas, no nos hacía falta mucha ropa, ¡mejor dicho! nosotros vivíamos súper
bien porque teníamos de qué vivir. Samaniego, Nariño, 2007, P.444.
Mujeres con ilusiones y deseos que se realizaban en presente o se proyectaban hacia un
futuro profesional, de pareja, de maternidad, de intervención política. Sueños que quedaron
interrumpidos o distorsionados por la violencia contra los cuerpos de las mujeres, sus
vínculos familiares y su arraigo en un medio social.
Mi sueño era tener mis hijos, tener un buen marido y darle la felicidad, el estudio
y todo como pobre que no les faltara nada, y tener un hogar y una casa
y hasta el momento por medio de la violencia no lo he logrado. No tengo a mi
marido, no tengo una casa, lo único que tengo son mis hijos. Samaniego, Nariño,
2010, P.443.
Toda una en sí
Para muchas de las mujeres que dieron testimonio los hechos experimentados no se pueden
entender de una forma aislada, ni aislable. Unos hechos provocan otros o intensifican
sus impactos. En la mayor parte de los casos las mujeres han sufrido más de una violación
de derechos humanos y además muchas de las consecuencias de estos hechos las colocan
en situaciones en las que son más probables nuevas pérdidas o violaciones.
Porque en siete meses no me llegó el periodo, yo asustada, porque estaba sola. (…)
Duro, porque trabajar tanto, tanto para nada, para dejar todo botado por allá, quitarle
la vida a mi hermano, la violación, son tres cosas que… son duras. A nosotras
233
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
las mujeres siempre nos arruinan la vida, nos botaron los sueños al piso. Claro que
un hijo lo amarra a uno, pero yo no quise seguir estudiando por esto, yo me quería
dedicar el tiempo a mi hija, para estar con ella. Vereda Patio Bonito, Líbano, Tolima,
2001, P.153.
En sus narraciones ponen en relación todos los aspectos de su vida para explicar el encadenado
de pérdidas y cambios. En la mayor parte de los casos esos impactos secuenciales
incluyen pérdidas de vidas humanas, experiencias de violencia directa contra ellas y control
social sobre sus vidas.
Como dicen, estoy fracasada porque siempre en ese tiempo tenía ilusiones y estaba
joven y hoy día estoy enferma. A raíz de eso, uno se descuida hasta de uno mismo,
me frustré intelectualmente y enferma también. Y ya también los años pasaron
si poder construir una vida mejor para mí y para mis hijos, no tuve otra salida, no
tuve, no me he podido vincular laboralmente. Ha habido cosas ocasionales, pero
nada en serio. Popayán, Cauca, 1987, P.315.
El daño que se les ha hecho permea todas sus experiencias. Esto significa que los hechos
de violencia se ven como el desencadenante de consecuencias negativas en todos los
ámbitos de su vida, y también que se establece una relación de retroalimentación entre
los impactos provocados por los hechos. La comprensión de la afectación que las mujeres
transmiten es global e interrelacionada.
Toda la cotidianidad, porque yo estudiaba, el compartir con una familia, ahora
las actitudes que uno tiene son temerosas, ya uno no confía en nadie. Como madre,
como mujer, no puede creer que a su hijo se lo arrebataron, se lo asesinaron
tan vilmente (…) Psicológicamente uno quisiera morirse, no quisiera uno que
nadie le hablara. En cuanto relación en la casa, en el momento que uno tiene que
separarse de sus hijos por seguridad, uno empieza a actuar solo. La relación con
el esposo es otra, ya no, mejor dicho, todo afecta, todo, todo, ya uno no quisiera
vivir. Barrio Compartir, Soacha, Cundinamarca, 2008, P.138.
Las mujeres se ven, y se reconocen a sí mismas como una unidad de cuerpo y mente enraizada
en un medio social y económico que permite la subsistencia, y en un entramado
de relaciones que sostiene la vida individual y colectiva. Una unidad, pues, con múltiples
dimensiones que se han visto distorsionadas a partir de los hechos traumáticos rompiendo
los equilibrios interiores y del entorno de cada mujer.
Como mujer me afectó en todos los aspectos, porque psicológicamente uno queda
afectado, con temor, inseguro, se vuelve uno desconfiado, le duele a uno todo, todo
lo está afectando, la cabeza, hasta dientes se le caen a uno, porque la verdad es
que hasta eso me ha pasado. Económicamente, terrible porque no encuentra uno
donde qué hacer para uno volver a tener la estabilidad que tenía antes. Afectiva234
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
mente, terrible porque pierde uno la familia, se desintegra la familia, la amistad,
la comunidad. Todo tiene uno que volverlo a empezar. Distrito Aguablanca, Cali,
Valle del Cauca, 2003, P.158.
No tengo ya vida
Una de las experiencias más presentes en los testimonios de mujeres es el quebranto que
los hechos de violencia desencadenan. La vivencia compleja de las afectaciones, su incidencia
en la persona como un todo, que se percibe sin ánimo y sin valor, se experimenta
como un quebranto en el ser mujer.
Yo reflejaba mucho dolor, mucha angustia, y quizás también ya, como un poco de
desánimo de vivir. Porque cuando a uno, le afecta mucho la moral, pierde mucho
valor humano, como encerrarse, como que uno se enfrasca, que ya la vida no le
importa nada. Dagua, Valle del Cauca, 2001, P.867.
Se trata de un punto cero en sus vidas que algunas mujeres expresan como una ruptura del
sentido, un profundo dolor y no saber qué hacer con ellas mismas.
Nos vinimos del Putumayo, al haber dejado a mi familia muerta, y todo botado,
digamos más me dolía llegar a una ciudad así. A mí me provocaba no sé qué hacer
ni conmigo misma, y yo decía Dios mío quisiera que la tierra se abriera y me
tragara para no vivir más. Mocoa, Putumayo, P.374.
Múltiples voces desde realidades bien diferentes describen la desvinculación de todo
aquello que sostiene la vida en relación, y expresan el deseo de no estar ahí. Han perdido
los deseos de cuidado del propio cuerpo y de cuidado de otros, no encuentran fuerzas para
seguir con la cotidianidad de las tareas.
Me fui para la finca, para donde mi mamá. Yo no tenía vida, tomaba pastas para
olvidarme, me automedicaba, tomaba pastas para dormir todo el día, no quería
saber nada, mi mamá me bañaba a la fuerza, mejor dicho, la vida mía era horrible.
Apía, Risaralda, 2002, P.687.
A mí me da igual si comía o no comía, no me bañaba porque no me dada ganas.
No tenía ganas de seguir viviendo. Vereda San Cristóbal, San Jacinto, Bolívar,
1989, P.214.
Más allá del cuerpo y del cuidado de la materialidad de la vida, el quebranto es vivir la
destrucción del propio ser. Un ser que se había ido haciendo, día a día, en los lugares
de relación, como el trabajo o el hogar, que contribuyen a dar un sentido a la propia
trayectoria.
La inestabilidad es constante uno no está tranquilo en ninguna parte, con la zozobra
se destruye su hogar, se destruyen sus hijos, se acaba una moral, se acaba una
235
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
personalidad que quizás algún día la tuvo uno definida. Se terminó por completo.
La mentalidad cambia, en la vida le cambia a uno todo, totalmente, todo, y se
acaba, se destruye. Timbío, Cauca, P.392.
Quebranto es asimismo experimentar que la propia biografía queda cancelada porque
junto a los objetos asociados a la vida personal se ha perdido también la memoria de la
misma. Las mujeres expresan la sensación de que detrás de ellas no queda nada de su
historia, de lo que ellas eran.
Psicológicamente si me afectó terrible, porque parte de mi vida, de mi historia, la
he perdido (...). Distrito Aguablanca, Cali, Valle del Cauca, 2003, P.158.
En el quebranto pierde sentido el hecho de estar en el mundo. Las palabras que usan las
mujeres al hablar de ello refieren a un desapego de todo lo que llenaba sus vidas y por
tanto a un vacío, a un estar sin nada para dar y también sin vida.
En este momento yo siento mi cuerpo vacío, como cuando tú abres un cajón y ves que
no hay nada dentro de ese cajón. Así siento mi cuerpo en este momento. Siento que
se desploma, que no tengo ya vida. Terrazas, Bucaramanga, Santander, 2008, P.772.
Para tratar de relatar la experiencia de sobrevivir a graves violaciones de derechos humanos
y transmitir cómo se sintieron, las mujeres crean imágenes relacionadas con el vacío y
la muerte. Expresiones como “estoy desnuda”, “no tengo nada”, “en cero”, “como recién
nacida” son formas de nombrar el punto en que se encontraron.
Después de los hechos de estos pelados yo estoy desnuda, no tengo nada ¿Cómo
me soluciono los problemas? Si yo me valía era por ellos. Opogadó, Chocó, 1987,
P.488.
Al desplazarme me tocó venirme sin ese proyecto de vida, a iniciar de nuevo de
cero y llego aquí sin nada, sin conocer a nadie, en cero, como recién nacida. Turbo,
Antioquia, 1986, P.489.
La sensación de estar muerta en vida es una de las formas que las mujeres encontraron
para verbalizar la pérdida de sentido del vivir asociada a la fractura en su recorrido, a la
pérdida de personas queridas y espacios de vida. Para narrar la experiencia posterior a los
hechos de violencia muchas mujeres emplean la imagen de morir, aunque ellas siguen viviendo.
Expresan probablemente la vivencia contradictoria de perder la propia vida y seguir
vivas, manteniéndose en un “filo entre vida y muerte que igualmente se rechazan”33.
33 María Zambrano (1904-1991), al escribir sobre su experiencia del exilio después de la guerra civil española,
usó la idea del abandono aludiendo a la “Imposibilidad de vivir que, cuando se cae en la cuenta, es
imposibilidad de morir. El filo entre vida y muerte que igualmente se rechazan. Sostenerse en ese filo es la
primera exigencia que al exiliado se le presenta como ineludible.” Los bienaventurados, Madrid, Ediciones
Siruela, 2004..
236
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
No ser la misma
Las mujeres entrevistadas afirman a menudo no ser las mismas después de haber sobrevivido
a aquella experiencia extrema. Una experiencia que les ha partido la vida en
dos provocando una pérdida de lo que ellas eran, pero también, tal vez con el tiempo, la
apertura a una nueva visión y valoración de ellas mismas al haber sobrevivido y tener
capacidad de rehacer su vida. Esta dimensión de poder reconocer la fractura en la propia
vida, pero reconstruir un sentido de identidad que no se basa sólo en la vuelta al pasado
sino en asumir el impacto, es parte también de la experiencia de muchas mujeres en su
proceso de recuperación.
Que ya no es la misma de antes, mi vida ya no puedo decir que sigo siendo la
misma Noemí, porque la Noemí que hay ahorita no es la misma de antes. Tolima,
2002, P.155.
Las mujeres que dieron testimonio describen cómo la experiencia paradójica de ese punto
cero que es mantenerse en un filo entre vivir y morir ha generado cambios en su ser mujer.
Las reacciones emocionales como la rabia o la cólera, que por otra parte son normales
después de vivir hechos traumáticos, las sorprenden y las colocan a veces en la situación
de no reconocerse ellas mismas. Sin embargo, aún con el desconcierto que provocan, los
cambios en el carácter pueden estar también señalando, además del impacto provocado
por los hechos, una forma de iniciar el proceso de recuperación.
Han notado la últimas veces que hemos conversado, que mi comportamiento ha
cambiado mucho. Ahora, como decía mi amiga ayer, ya no me dejo de nadie, es
algo que a mí me hace sentir mal, porque no es que yo me haya vuelto conflictiva,
sino que ante las personas conflictivas y que quieren pisotear a los demás
yo ya no lo permito y entro en un momento de agresividad. Como que me tengo
que defender o defender a los que están agrediendo. Palmira, Valle del Cauca,
2007, P.167.
La dificultad de conectar con una misma, de reencontrar la correspondencia entre lo que
una era y lo que una es, pone de manifiesto otra forma de ser que emerge con el quebranto.
En los relatos de las mujeres, no ser la que una era se plasma en haber cambiado de
carácter, no encontrar placer en las cosas que antes gustaban y divertían, ser incapaz de
hacer lo que antes se hacía o de vivir como antes.
Todo cambió para mí, es que no soy nada de lo que era antes, soy la cuarta parte.
La Jagua de Ibirico, Cesar, 2001, P.122.
Es la confirmación de la desaparición de una mujer que antes existía y cuya biografía
quedó seccionada, dejando la sensación de haberse perdido para siempre.
Me afectó porque yo era una mujer también alegre. A mí me gustaban mucho las
parrandas, las fiestas. Yo bailaba mucho. Entonces de lo que hace que me pasó
237
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
eso, como que me afectó esos problemas de mis hijos... Ya todo eso se me fue
quedando atrás. Alto Baudó, Chocó, 2003, P.414.
Vivir sin el calor
La pérdida de seres queridos cambia la configuración del mundo cercano de los afectos,
también de los apoyos y el sustento que se hallan estrechamente imbricados en los espacios
de convivencia familiar. En la narración de esa pérdida se nombran muchas veces
esas expresiones que evocan la seguridad material y afectiva que las relaciones cercanas
proporcionan.
Eh…yo mucho, en la forma de que yo quedé sin el marido, quedé sin hijos, quedé
desprotegida de ¡todo! Vereda Marta, Norte de Santander, P.782
Imagínese que yo ya tengo 80 años y yo no…no trabajo, no tengo quien me dé.
Mi hijo que era el que me daba, que era mi mano derecha, me lo mataron. Ya he
quedado yo manca. Buey, Chocó, 2005, P.463.
Si las pérdidas son múltiples, cambia por completo el nudo de las relaciones íntimas que
configuran una constelación de vínculos en la que la vida de cada mujer está inserta, es
decir, en la que tiene sentido dar y recibir.
A raíz de la desaparición de mi hijo, perdí a mi esposo, murió debido a la pena
moral (…) ya quedé yo muy sola, y mi hija estaba estudiando en la universidad de
Antioquia, y empezó a recibir amenazas. Cuando ella decidió pues contarme que
la estaban amenazando tuve que vender una casita que me dejó mi esposo después
de que se murió, y la tuve que mandar para España. Y, desde eso, yo he vivido muy
triste porque me ha tocado muy duro, vivir sin el calor de mi hija. Frontino, Antioquia,
1990, P.53.
En algunos casos la pérdida ha supuesto la desaparición de una relación importante y significativa
con un hombre, en un contexto social más amplio en el que las relaciones con
hombres han estado teñidas en muchas ocasiones por la violencia o el desprecio.
Mi vida pues cambió por completo (…) porque para mí él era muy lindo, para mí
yo digo que hombre como él, poquitos en el mundo y afortunadamente a mí me toco
uno. Me tocó uno y me lo quitaron muy rápido. Comuna 1, Medellín, Antioquia,
1996, P.64.
Con esa pérdida las mujeres ven modificado el espacio que ocupaban en la relación familiar,
en el espacio de convivencia. En esa situación de desestabilización en la que se
resquebrajan las seguridades, a ellas les tocó asumir nuevas responsabilidades con el peso
de adaptación y aprendizaje que conlleva.
238
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
A mí me afectó en todos los órdenes, porque pues… desde el punto de vista de
esposa, entonces tuve que pasar a hacer los dos papeles, de ser papá y mamá,
de ayudarle a resolver las dudas a las hijas, dos niñas tan pequeñitas. Entonces
fue muy difícil pasar a asumir los dos roles. Y en esa inestabilidad, porque uno se
siente inestable… Pereira, Risaralda, 1987, P.691.
Como mujer, demasiado, mucha soledad, demasiadas equivocaciones, puesto que
yo no había estado laborando antes del secuestro, yo dependía económicamente
de él, igual me tocó sobrellevar todas las decisiones, frente lo que fuera de mi
casa. Cali, Valle del Cauca, 2002, P.891.
En algunos casos se llegó a trastocar el papel en la relación entre generaciones, pasando
las hijas a ser quienes aportan los ingresos familiares, con la consiguiente sobrecarga en
la tarea y la responsabilidad.
Entonces, ella no podía trabajar debido al embarazo, porque estaba en alto riesgo,
entonces a mi hermana y mí nos tocó que trabajar muy duro. A mí me tocó que
ir hasta a un maizal a trabajar o en casa de familia, en lo que fuera para ayudarle
a pagar el arriendo a mi mamá, los servicios o el mercado. Ituango, Antioquia,
2008, P.681.
Con la ruptura del núcleo familiar, se acaba también una forma personal de ser, de hacer,
de relacionarse. En el espacio de convivencia se crea, la mayoría de las veces, un círculo
de proximidad afectiva, de cuidado y apoyo en el que se hace el primer aprendizaje, en el
que crece y se sostiene lo que cada persona es. La destrucción de ese entramado de relación
desestructura el núcleo familiar y también a las personas que lo componen.
No tengo explicación, no sé explicarme, ni puedo expresar todo lo que he sentido,
sinceramente, pues, eso acabo con mi vida, con mi hogar, con mí. Porque ya
la familia se desintegró, ya quedamos todos desintegrados. Marquetalia, Caldas,
2001, P.129.
Pasar de rey a sapo: estatus y posición social
El desplazamiento, otro hecho que marca un corte en el recorrido de vida señalando un
antes y un después, supone la pérdida del espacio y los medios de vida. En las narraciones
de las mujeres entrevistadas, el desplazamiento forzado implicó para ellas tanto la pérdida
material de objetos y espacios que componían el universo de su vivir, como tener que
buscar nuevas formas de ganar el sustento.
Especialmente en el caso de las mujeres campesinas, el desplazamiento ha supuesto un
cambio radical en la organización del trabajo familiar y del papel que ellas desempeñaban
en el mismo, con la consiguiente transformación de su modo de vida. Todo ello implica
239
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
también un impacto en la dignidad de las mujeres que tienen que caer en la mendicidad, ir a
plazas para que les den las sobras o los alimentos deteriorados como forma de subsistencia.
Yo allá tenía todo que era sagradito, uno no comparaba el agua, la luz pero muy
poco, uno tenía la gallina, uno tenía todo. Al venir acá, lo que más me ha dolido
es tener que pedir limosna, recoger en las plazas, para mí ha sido muy duro.
Natagaima, Tolima, 1998, P.141.
Esta transformación del modo de vida y de trabajo se vive como una pérdida de autonomía
que puede llegar a la humillación.
¡Si yo estuviera en mi casa, tendría mis tierras!, no tendría necesidad de estar por
aquí, mendigando un trabajo por tres mil o cuatro mil por un día, pues al menos
tenía mis tierras, tenía mis comidas, tenía donde coger un peso sin necesidad de
ir a humillármele a otro. Riosucio, Caldas, 2007, P.613.
También el cambio de la zona rural a la zona urbana significa una merma de la calidad de
vida, por lo que se refiere a la gestión y la ocupación del espacio, así como a la libertad de
movimiento en espacios abiertos.
A mí como mujer me afecta mucho, porque… ¡yo no tengo ya la libertad que tenía
en mi casa!, porque yo en mi casa pues, me mantenía… despachaba mis hijos para
la escuela, mi hija trabajaba la tierrita…en cambio uno acá… ¡vive uno encerrado
en cuatro paredes! Riosucio, Caldas, 2007, P.613.
Asociada a estos cambios en la vida diaria y en el trabajo que supone el desplazamiento,
se produce también una pérdida de poder adquisitivo, un empobrecimiento que a veces
lleva a la dependencia. El desamparo y estar a merced de otros es parte del impacto
traumático, ya que las víctimas pierden el control de sus propias vidas. Esta pérdida del
control de sí mismo tiene consecuencias negativas en la salud mental y es un potente
estresor.
Pues económicamente yo ya no me ayudo por mí misma, porque por adulta nadie
me da trabajo. (...) Nunca necesitan una de 50 o 60 años. Tampoco me dan subsidios
ni nada. A mí, ahora, la que me mantiene es la hija. Mi yerno trabaja por
allá lejos y nos gira la plata del mercado. Ella es la que nos está manteniendo. Yo
también me ayudo rebuscando comida en la plaza, cuando hay pasaje, me ayudo
ahí por los laditos. Barrio Blanquizal, Medellín, Antioquia, 1994, P.63.
En las condiciones de desplazamiento muchas mujeres se han convertido en las principales,
o únicas, proveedoras del sustento familiar. Este cambio en su papel dentro de la
familia, si bien las sitúa más cerca de tener un mayor poder de decisión, se ha traducido a
su vez en un aumento de la responsabilidad y de la carga con respecto a los otros miembros
de la familia.
240
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Me ha tocado más duro, porque imagínese que yo en mi campo teníamos todo, mi
marido trabajaba, mi hijo trabajaba, todo me lo montaban ahí en la casa. Pero
ahora se me volteó la torta, porque ahora me toca es a mí como mujer andar luchando
para conseguir lo que necesito. Mocoa, Putumayo, P.449.
El desplazamiento conlleva asimismo un cambio en los espacios de vida y en la organización
del tiempo. Las mujeres expresan añoranza de sus hábitos en el ocio, en las formas
de diversión y relación con otras personas. Adaptarse a otro lugar supone adquirir otros
comportamientos y costumbres que, sin embargo, se siguen sintiendo ajenos.
Uno no tiene espacios, aquí uno vive con los afanes, allá por lo menos teníamos
tiempo para recreación, nosotros nos íbamos como pareja, el empezaba, mami
vámonos para tal parte, vámonos a bañarnos en la quebrada, vámonos para allá,
vamos a bailar, vamos a tomarnos un trago, ya todo eso. Fíjate que ya aquí imposible,
uno se va adaptando más uno no olvida, ni deja las costumbres de uno, ni
su dialecto ni nada, porque ya llevamos doce o trece años de estar aquí, pero yo
no puedo perder mi acento. Yo no nací aquí, ni soy de aquí. Vereda Mejía, Bolívar,
1997, P.162.
Las mujeres que vivieron el desplazamiento cuentan cómo este hecho supone perder el
lugar que una ocupaba en la comunidad, una pérdida a la que se suma el hecho de pasar a
ser una desconocida, incluso sospechosa y, sobre todo, una persona que ha perdido valor.
Nadie me daba trabajo, porque como no me conocían pensaban pues que iba a
robar, que tal cosa. Es muy difícil uno comenzar en una parte donde nadie lo conoce.
Rionegro, Antioquia, 2007, P.690.
Nocivo para mí, me dañó la vida, me cambió de la noche a la mañana, dejé de ser
alguien conocido, para llegar a ser una más del montón acá en Bogotá. Victoria,
Valle del Cauca, 2010, P.156.
En algunos casos el papel que una mujer jugaba en el espacio comunitario le confería una
autoridad y le devolvía un respeto por parte de las demás personas. El cambio que supone
dejar de ocupar ese lugar de aprecio y respeto en la comunidad puede propiciar la disminución
de la propia estima, y un sentimiento de pérdida de sentido de la vida.
Era profesora y los profesores, sobre todo en las veredas y en los pueblos, somos
respetados por toda la comunidad. Ahorita no, ahorita ya no, (...) hoy en día, uno
aquí lo ven como algo despreciable. Entonces a uno claro que sí lo marca, sentir que
era antes, que merecía respeto, que a uno lo respetaban. Aquí ahorita lo desprecian,
eso es muy duro. Es pasar prácticamente de rey a sapo, es un cambio radical. Corregimiento
Serró Peralta, Riohacha, La Guajira, 2004, P.170.
Abandonar el espacio de vida a la fuerza constituye una ruptura radical con lo que una
mujer era en su medio social. El desplazamiento es un elemento de desestructuración
241
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
personal, de las relaciones de convivencia y de trabajo. Salir del propio espacio y medio
social es también causa de desarraigo humano y pérdida de identidad por lo que se refiere
a la pertenencia a una cultura o comunidad.
Estar como alejada de todo: aislamiento social
El desencuentro con una misma en tantos territorios de sus vidas se da también en su modo
de estar en las relaciones. Las mujeres víctimas son conscientes de que los cambios en el
carácter, las afectaciones emocionales y la baja autoestima dificultan la cotidianidad de las
relaciones afectivas, familiares, de amistad y, en particular, de las relaciones de pareja.
Lo que he sentido es que ya no soy la misma de antes, soy una persona amargada,
no salgo no me reúno, me bajo la autoestima, soy una persona que ya no soy la
misma de antes, ya hasta he tenido problema con la parejas que he tenido, psicológicamente
no me concentro sexualmente, es algo que lo marca a uno para toda
la vida y lo destruye. Quibdó, Chocó, 2000, P. 479.
Sin embargo, dichas secuelas de los hechos traumáticos no son solo personales, también
afectan al contexto social. Los testimonios señalan la desconfianza, la sospecha o el miedo.
Secuelas que distorsionan la visión de los otros con los que se entra en relación.
Los efectos que tuvo fueron efectos negativos porque ya no creo en nadie, ya no
creo en mí misma, porque para mí todas las personas que se me acercan me van
hacer maldad, me van hacer daño; parece que todo el que yo miro como que me
está fichando, “esta estaba allá o esta…” entonces ya no, me afectó demasiado.
Bojayá, Chocó, 2002, P.478.
La posibilidad de ser identificada incluso después de haber cambiado el lugar de residencia
transforma las pautas de comportamiento hasta llegar al encierro físico y al mutismo
por temor al cumplimiento de las amenazas.
Uno vive ya con ese miedo de que, como dicen, lo buscan a uno donde uno esté.
Entonces yo por eso allá donde nos fuimos nosotros, yo no salía, nosotros no
salíamos, nos daba miedo, que hasta me daba miedo decir pues que yo me había
ido por ese motivo, por ese problema que tuve acá. Yo no decía nada porque nos
da miedo. Y ya por eso también yo pensaba mucho, lloraba mucho, entonces me
empezó mi enfermedad. Timbío, Cauca, 2004, P.389.
El miedo a relacionarse y la desconfianza en los demás, a partir de la experiencia de violencia,
llevan al retraimiento, al silencio, a la pérdida de relaciones sociales y de amistad
y, en muchos casos, a la soledad.
Cuando murió mi hija yo dejé de asistir mucho, yo me encerré en mi casa, yo no
salía, yo no hacia bulla, no hablaba con nadie, no me movía de ahí, me quedé
mucho tiempo sin salir de la casa. Tenía unas cobijas en el suelo y ahí me queda242
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
ba horas como perdida y fue tan extraño… me encerré plenamente, yo no salía
a ninguna parte, ni a la tienda. Barrio La Camila, Bello, Antioquia, 2004, P.68.
Saberse parte de una red de relaciones devuelve no sólo un sentido de pertenencia que
confiere identidad, también proporciona una percepción de la propia valía para los demás.
Por consiguiente, las mujeres que dejaron de relacionarse con compañeras, amigas
y amigos, perdieron el propio lugar en la red de la que formaban parte y que les permitía
sentirse una misma junto a las demás personas.
Se me refleja con traumas porque yo ya no hago lo que hacía de antes, por lo que
me siento bastante baja por lo de la autoestima, porque ya no me congrego con
los compañeros así como antes. Bojayá, Chocó, 2002, P.494.
El siguiente testimonio transmite en este sentido la experiencia de aislamiento en edad
escolar, el sentirse diferente por haber vivido unos hechos traumáticos que marcan la
distancia con las compañeras y alejan de los demás, el no querer hablar del tema para
mantener una intimidad que no se quiere desvelar, tal vez para no ser señalada.
Cuando yo iba al colegio a mí me daban ganas de no seguir estudiando, de no ir
porque ya yo era diferente porque yo ni con los profesores hablaba, yo me quedaba
así, o sea, sentada sola. Yo me sentía sola y me quedaba sola porque no me
gustaba que nadie me hablara, que nadie me dijera nada y me preguntara porque
cuando yo iba a veces, esas niñas me preguntaron que cómo habían pasado las
cosas, que les contara, que eso, pero yo no, no les conté. Eso es una cosa personal
de uno y uno no puede estar contándoselo así… Bodegas, Santander, P.787.
La vivencia del miedo posterior a una experiencia extrema llega a cambiar la percepción
que se tiene de la humanidad en general. Se abandonan los comportamientos que antes
habían sido habituales y se tiende al encierro y al aislamiento.
Cambió la forma de vivir, la forma de pensar, porque yo pensaba que el hombre
no era capaz de hacer tanta maldad. Yo no me daba por estar en las veredas,
como sembrando ni nada, yo le fui cogiendo como más bien miedo a estar en las
veredas y hasta en el propio pueblo, Estaba en mi casa como alejada de todo.
Riosucio, Chocó, 1991, P.496.
A la vez que en los testimonios se manifiesta un aumento de la desconfianza hacia el mundo,
un gran número de mujeres refieren asimismo un cambio de relación con los hijos hacia la
sobreprotección. Esta tendencia se puede deber a que ellas quedaron como únicas responsables
del hogar, al miedo a que sufran algún daño, a la voluntad de darles una vida mejor
y también probablemente al hecho de que la dedicación a los hijos se convierte en esas
situaciones extremas en una necesidad y, a la vez, en cierto modo, le da a la vida un sentido.
Trabajar, hacerle frente a lo que vaya saliendo, trabajar, y hablar mucho con mis
hijos, estar pendiente, he sido para ellos, mamá, papá, consejera, amiga, porque
243
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
igual aquí me ha tocado, y trabajar, seguir con ellos y darles amor. Me he vuelto
sobreprotectora con ellos, yo a todo momento estoy encima, mirando, fijándome,
quiero que pasen todavía como peladitos para estar ahí, encima de ellos. Corregimiento
Serró Peralta, Riohacha, La Guajira, 2004, P.170.
Llevamos las riendas del sufrimiento
A través de las mujeres entrevistadas obtenemos un conocimiento del medio social y
cultural colombiano en el que mujeres y hombres se hacen. Su percepción de los roles
que el sistema de géneros impone a mujeres y hombres se pone de manifiesto a veces en
forma de asunción o aceptación irremediable de los mismos, y otras en abierta crítica.
La expresión “como mujer” que tantas veces aparece en los testimonios, en ocasiones
parece que se utiliza, de manera consciente o inconsciente, para establecer un espacio,
una distancia entre lo que una mujer es y lo que se le pide, o se espera de ella, que sea
y que haga.
Por ejemplo, en la reflexión de la mujer que da el testimonio, el sufrimiento por las condiciones
en que viven los hijos corresponde y es gestionado por las mujeres, en cumplimiento
de los roles que mujeres y hombres tienen en el seno de la familia, y que a ellas
les atribuyen la supervisión de la salud y la crianza de los hijos.
Yo trabajaba en casa de familia porque vivía en Turbo, pero lo que él daba era
más era más de lo que yo me ganaba y si él no traía nada para comer por supuesto
nosotras como mujeres sufrimos más porque somos las que tenemos que ver lo que
comen los hijos, si se enfermaron, como los vamos a llevar al médico; entonces
nosotras somos las que llevamos más las riendas del sufrimiento y todo eso. Turbo,
Antioquia, 1986, P.489.
En muchos otros testimonios el papel de las mujeres se asocia al deber de atender a los
hijos. No sólo como una división del trabajo entre mujeres y hombres dentro de la unidad
familiar, sino como responsables absolutas de los mismos, cuando no existe una pareja
o una organización familiar que puedan cubrir sus necesidades básicas y asumir su sustento.
Las mujeres –como mujeres- se consideran pues las encargadas del cuidado y el
bienestar de los hijos en cualquier circunstancia.
Los hechos los he enfrentado porque como uno de mujer es que siempre tiene que
vivir más atento a los hijos… porque como estoy sola apenas con ellos entonces yo
soy la que tengo que solucionar cualquier problema que tengan. Quibdó, Chocó,
2011, P.456.
Como mujer me afecta mucho porque, uno como mujer está más dado a sus hijos,
a una obligación, un deber que ya tiene y también porque hay un desarraigo de mi
familia. Como le digo, tenía, me tocaba, era un deber y me tocaba salir enferma.
Santander de Quilichao, Cauca, 2001, P.381.
244
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Los deberes de las mujeres como encargadas de la familia que son principalmente cuidar
de las criaturas y conseguir el sustento, se comparten entre madres e hijas -e incluso con
otras mujeres- intercambiándose las tareas según las situaciones y las necesidades. De ese
modo, de una generación a otra, las mujeres aseguran el cuidado del hogar y de sus miembros,
mientras que se da por supuesto el papel libre de responsabilidades de los hombres
con respecto a los mismos.
Y entonces cosas que verdaderamente como mujeres nos afectan, y más como
mujeres que tenemos que estar encargadas de nuestra familia, de nuestro hogar.
El compañero se queda en Timba y yo me voy para Santander. Mientras salgo al
rebusque a mi hija le toca asumir el deber que me toca a mí como madre, ella ya
con sus hermanos a mirar, y teniendo un bebecito ahí, dejando ese bebecito al
cuidado de mi niña y también de mis compañeras, mis amigas que se encuentran
allí en ese sector. Santander de Quilichao, Cauca, 2001, P.381.
En contraste con esta visión de los roles de mujeres y hombres con respecto a hacerse cargo
de los hijos, entre las voces de las mujeres se pueden escuchar razonamientos críticos
como el siguiente que no sólo pone en cuestión la poca responsabilidad que se pide a los
hombres, sino la presión a la que se ven sometidas las mujeres para que respondan al rol
impuesto de madres. Ellas no tienen la oportunidad de argumentar si pueden o no hacerse
cargo de los hijos, y mucho menos de preguntarse si quieren hacerlo, o no.
Buenas o malas mamás tenemos que cargar con nuestros hijos, los hombres pueden
decir no tengo trabajo, no tengo dinero, las mujeres no podemos decir yo no
puedo. Yo tengo que asumir mis hijos, a mí no se me da la oportunidad de elegir
si quiero o no. Los tuve que asumir y eso no tiene que ver con que los quiera o no
sino que es la posición de desventaja, porque los hombres pueden elegir y dejar
tirado lo que sea y las mujeres no. Entonces yo te digo que en este momento yo no
sueño, porque la prioridad en este momento es que mis hijos acaben de crecer, que
necesitan que yo los acompañe, que los proteja, les enseñe. Entonces entre pensarme
la vida para 4 hijos y la mía la prioridad no es mi vida, el único espacio que
yo reclamo como mío es estar en lo social, en las asociaciones, para mí es parte
de hacer un poquito realidad ese sueño mío. Por eso yo ya no sueño. Ya como que
veo de que no tengo esa posibilidad. Medellín, Antioquia, 1993, P.44.
El mismo testimonio plantea cómo después del divorcio, el hecho que el hombre no asuma
su responsabilidad y la mujer deba hacerse cargo de los hijos, no permite que ella alcance
una autonomía personal, en particular en una situación económica precaria. Como
se ha visto anteriormente, los hombres a menudo sacan ventaja de las circunstancias de
vulnerabilidad femenina para afianzar una posición de dominio, como en este caso. La
mujer entrevistada es consciente del hecho que mantener relaciones sexuales con la ex
pareja para conseguir que ésta siga enviando el dinero para la manutención de los hijos es
un comportamiento que tiene que ver con el dominio y el sometimiento, lo mismo que las
amenazas relativas a lo que puede o no puede hacer una mujer.
245
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Me he sentido amenazada, de hecho me amenaza por teléfono. Me dice cosas
como que yo tengo muchas cosas pendientes para ir a cobrármelas allá, luego me
dijo que yo me estaba saliendo mucho del corral, yo le dije cual corral, yo ni tengo
corral, ni soy una vaca. ¡Oigan a este! Yo eso lo siento porque él me lo dice en un
tono de amenaza. Son un montón de amenazas y de cosas ¿por qué las mujeres no
nos podemos desligar de un hombre con el cual ya no quiere estar? porque él no
puede asumir esa responsabilidad de papá sin tener que involucrar el cuerpo de
una mujer que además ya no quiere? A mí no me gusta que las mujeres hablen de
perras y de putas. Porque perras y putas terminamos siendo todas, yo me siento en
esta posición con este hombre, porque a mí él no me interesa porque yo ya no quiero
nada con él, no me interesa, pero me toca ser muy querida para que el envié el
dinero, que tendría que ser una responsabilidad. Medellín, Antioquia, 1993, P.44.
El conocimiento de la realidad del sistema de géneros lleva a la mujer entrevistada a
hablar de la desvalorización de las mujeres. Un ejemplo de la misma es el menor salario
que reciben las mujeres por el mismo trabajo. Pero, con mayor profundidad, se vincula la
desvalorización de las mujeres y los niños, al hecho de considerarlas un objeto y, como
tal, a la normalización de prácticas de abuso verbal y violencia física.
Las mujeres entrevistadas conocen y describen los riesgos específicos que corren en los
contextos de violencia armada. Unos riesgos que se derivan de los roles sexuales según
los cuales se socializa a los hombres en el papel de duro o de agresor al acecho mientras
que a las mujeres se las coloca en el papel de presa. El sentimiento de vulnerabilidad que
expresa la mujer entrevistada surge de su experiencia continuada de vivir en un cuerpo
violable que se exacerba en el escenario del conflicto armado colombiano.
Emocionalmente todo lo que quieras, yo creo que son situaciones digamos diferentes,
frente a las mujeres que han perdido un hijo, frente a las que han perdido
su padre pero, no menos importantes porque el hecho de que seas mujer te
vuelve más vulnerable. Me daba mucho miedo sobre todo cuando salía, trataba
de no hacerlo en las noches pero cuando tenía que hacerlo me daba mucho
miedo porque decía: esos tipos me pueden perfectamente abordar, me pueden
violar, me pueden hacer cualquier cosa y yo qué hago, pueden hacerle daño a
mi mamá. Yo pensaba mucho en ella, a mi hermanita entonces el temor era muy
fuerte, a pesar de que yo me la daba también de fuertecita, iba a hablar con los
militares, iba y hablaba con un poco de gente pero en todo caso, el ser mujer
piensas que te van a hacer más daño o que eres más vulnerable a que te hagan
más daño. Creo que esa afectación emocional fue fuerte para esa época. Popayán,
Cauca, 2006, P. 309.
Está presente asimismo en los testimonios la conciencia de que los hechos de violencia
inciden específicamente en las mujeres en dos ámbitos: el de las relaciones, con la pérdida
de seres queridos; y el del control y la autonomía del propio cuerpo, con las violaciones.
246
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Por una parte le matan a sus hijos o esposos, por otra parte, las violaciones y eso
es lo peor porque ahí sí que las afecta de todas las maneras. Fuera de que pierden
un ser querido también ser afectadas por la violación… Medellín, Antioquia,
2002, P.73.
Del siguiente testimonio se desprende el saber que las mujeres fueron las que más sufrieron
las consecuencias del desplazamiento por las pérdidas y sobrecargas que éste supuso.
Junto a este saber está también la denuncia de la desvalorización de las mujeres y de la
imposición de un rol de género que las obligó al silencio y les negó el aprendizaje necesario
para saber defenderse.
Como mujer me sentí afectada por la desvalorización que tenía uno como humano,
como mujer. La mujer fue la que más sufrió las consecuencias quedando
algunas viudas, otras murieron, otras quedaron comprometidas con los demás
hijos de hermanas. Eso nos ha afectado mucho a las mujeres, más responsabilidad
que la que habíamos tenido. Salir como mujeres con cuatro cinco hijos nos estaba
afectando gravemente porque la responsabilidad era más grande. Nos afectaron
también como mujeres que no tuvimos como esa capacidad no fuimos capacitadas
antes para podernos defender o defender a nuestros hijos porque los arrancaban
de las manos y debíamos quedarnos calladas con el silencio que nos ponían. Eso
es también afectarle a uno como mujer ver a otras madres llorar uno como mujer
se afecta. Marbeles, Caquetá, 2004, P.576
Las voces de las mujeres, de forma más o menos consciente o crítica, hablan de papeles
femeninos y masculinos, aprendidos y asumidos, en relación a las prácticas de cuidado y
al manejo de la violencia. El conocimiento de esos roles de género les permite apreciar
los distintos papeles que mujeres y hombres juegan en el conflicto armado y los impactos
específicos que las mujeres deben enfrentar en el mismo.
II. Impactos en el cuerpo y la sexualidad
Cuando duele el alma también duele todo
También los cuerpos manifiestan cambios que las mujeres perciben en interacción estrecha
con las afectaciones derivadas de los hechos de violencia. Los testimonios ponen en
relación la experiencia extrema que se ha vivido y las transformaciones del cuerpo, la
merma de la autoestima, la disminución de las capacidades intelectuales y laborales, así
como el deterioro de la salud.
En la región donde yo vivía, cerca de mi casa hubo una masacre también. Caía
una hoja y yo brincaba para arriba del susto, o sea, no podía vivir tranquila en
ningún momento. Cualquier paso, cualquier cosa, me atormentaba y de momento
247
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
todavía. La tensión, la depresión, más que todo el estrés, eso afecta el corazón,
afecta la tensión alta, afecta el cerebro, porque a toda hora usted, piense, piense
y piense, y piense la vida, piense la vida, eso usted nunca sale de este callejón sin
salida. Puerto Berrío, Antioquia, 1979, P.739
El olvido del cuerpo y sus necesidades, el abandono de una misma, es una de las reacciones
más frecuentes cuando se afronta una situación de incertidumbre, preocupación,
miedo, etc.
Me volví pero delgadita, enflaquecí hartísimo y, de tanto pensar, yo no hacía sino
llorar y llorar, no comía, yo decía cómo lo tendrán a él, estará sufriendo, hasta
amarrado lo tendrán. Una preocupación horrible y yo no hacía sino llorar. Orito,
Putumayo, 2000, P.514
Las mujeres entrevistadas señalan que el cuerpo tiene su lenguaje para decir el sufrimiento.
Detectan signos corporales que interpretan como resultado de la tensión, el estrés y la
angustia provocados por los daños que acarrearon los hechos de violencia.
Mi cuerpo lo dice todo, porque mire que yo era una mujer que el cabello mío era
muy bonito y desde ese conflicto, ya mi cabello no es el mismo, por más que me
hago un tratamiento, siempre se vive como cayendo, también me mantengo con
muchos dolores musculares. Riosucio, Chocó, 1996, P.426.
Algunas mujeres hablan de la dificultad de mirar su propia imagen hasta mucho después
de los abusos sufridos, probablemente como una forma de evitar confrontarse con la
transformación de ellas mismas plasmada en su cuerpo. Un cuerpo que es manifestación
de su ser mujer, la encarnación de lo que una es.
Eso realmente porque yo quede mejor dicho mal, ya yo pesaba treinta y tres kilos
después de pesar ochenta y uno, yo duré un tiempo, tres años que no me miraba al
espejo. Piamonte, Caucasia, Antioquia, 2005, P.201.
A su vez, en una relación circular, los cambios corporales pueden provocar malestar o
inseguridad, deteriorando la relación con el propio cuerpo y la autoestima de las mujeres.
La vivencia del cuerpo no ya como imagen frente a los demás, sino como fuente de aprecio,
de placer y de bienestar con una misma, se desmejora.
Eso me baja la autoestima, me siento como que ya, no es que me quisiera ver bonita
para que los demás me vieran, sino que me gustaba verme bonita, siempre he
pensado que me tengo que querer y gustarme a mí misma, siempre soy vanidosa
dentro del buen sentido de la palabra porque yo me quiero sentir bien. Cali, Valle
del Cauca, 2003, P.167.
248
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Del mismo modo, y conectado con el funcionamiento del cuerpo en cuanto a sus capacidades
y habilidades, se da la constatación de una pérdida de competencia laboral derivada
de los hechos traumáticos, no sólo por la falta de energías, también por la dificultad de
realizar un buen trabajo.
¿Cómo mujer? Yo era de las mujeres más guapas para el trabajo, yo era una
mujer que… a mí no me daba pereza, yo trabajaba en lo que fuera, en esas casas
de familia, yo trabajaba ahí y me pagaban, y yo era verraca para el trabajo. Creo
que a mí me afectó o yo no sé qué me pasó, pero a mí ya no me da para trabajar,
yo siento que las fuerzas no… yo ya no soy la misma que trabaja antes, empezando
que todo me queda mal hecho… Quinchía, Risaralda, 2007, P.605
De la mayoría de los testimonios de mujeres se desprende la visión de que existe un continuo
entre el ámbito emocional y el corporal, como existe un continuo entre la salud y la
enfermedad, y entre las alteraciones físicas y las mentales.
Yo he mantenido siempre mi dignidad, aunque es imposible, impedir que esa situación
traspase también el cuerpo nuestro, que me afecte emocionalmente, que
me afecte mi cuerpo, que mi cuerpo también como somatizara toda esa situación
de impotencia, de rabia, de miedo. En la actualidad tengo problemas de salud,
bastante graves y complicados. Cartagena, Bolívar, 2007, P.134.
Las enfermedades que las mujeres entrevistadas relatan son una manifestación de esa
unicidad de la experiencia en la que el daño circula e interacciona en todas las direcciones
entrelazando afectaciones emocionales, patologías físicas y mentales. Y por lo mismo, se
asocia la posibilidad de la curación con medidas también que tienen un carácter social
como la experiencia vivida, con el conocimiento de la verdad, aunque reconociendo que
las huellas del daño recibido nunca desaparecerán del todo.
La salud mental se deteriora demasiado, uno todos los días llora, uno todos los
días se deprime, eh…todos los días sufre. ¡Es terrible! Y no hay un día que yo diga
estoy bien, todos los días tengo un dolor y yo sé que es por eso, por el sufrimiento,
por la zozobra. Entonces, nunca, nunca va estar uno bien, yo digo que hasta el día
que se sepa la verdad y que se haga justicia empezará uno a sanar un poco. Pero
las heridas que se hacen nunca sanan porque siempre quedan cicatrices, nunca se
borran. Barrancabermeja, Santander, 2000, P.794.
El cuerpo refleja las vivencias traumáticas en el decir de muchas mujeres; es una superficie
sensible en la que se hacen visibles las huellas de una experiencia que muchas veces
no se ha podido expresar en palabras. El cuerpo, como encarnación del ser, expresa el
dolor a su modo –por medio de la expresión del rostro, de la delgadez o la gordura, de la
enfermedad- y de forma inseparable a como lo expresan el corazón o el alma.
En mi cara sí se refleja el hecho, y en el cuerpo más porque la ansiedad a mí me
hace comer, abrir la nevera y sin darme cuenta estoy comiendo, comiendo por
249
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
eso no puedo dejar mi trabajo, por eso no puedo quedarme quieta. Yo antes, pues
yo no utilizaba casi el seguro y ahora me ¡duele todo! ¿Sí? Porque cuando duele
el corazón, pues duele también todo, cuando duele el alma también duele todo.
Entonces, en el cuerpo sí se refleja mucho lo que nos pasó. La Jagua de Ibirico,
Cesar, 1998, P.711
Siempre le hace falta a una esa parte de una
También el hecho de padecer violencia contra el propio cuerpo está presente en la narración
de mutilaciones y heridas que dejan marcas en las vidas de ellas y de las personas
cercanas. El cuerpo de las mujeres en ocasiones ha sido además objeto de escarnio público,
como se revela en el testimonio siguiente:
Yo le dije que yo no estaba allá porque yo quería, entonces me dijo: “Usted no es
la única persona que Mauricio le ha hecho daño, la que más le ha hecho daño sí
es, pero él tenía esa costumbre, él ya había llevado mujeres de Viterbo a Santuario
y las había desnudado y las había sacado del hotel sin ropa y las había dejado
en el parque del pueblo” y conmigo era la tercera. Apía, Risaralda, 2002, P.687.
Elaborar de nuevo los significados atribuidos al cuerpo para devolverle la dignidad y
rehacer una relación de amor y cuidado del mismo es un proceso que las mujeres deben
enfrentar. Un proceso que supone volver a dar sentido a la relación con una misma como
mujer.
Pues me siento mal, porque ya no es lo mismo, uno ya como que siente un rechazo
aunque no puede ser así, pero uno siente como un rechazo y más que todo la cicatriz
en mi rostro, que uno de mujer de por sí es muy vanidoso y le gusta el arreglo
personal. Vereda Siberia, Corinto, Cauca, 2010, P.314.
Una de cada siete mujeres entrevistadas (12.85%; n=120) describió discapacidades físicas
o sensoriales asociadas a la violencia. Convivir con las consecuencias de las agresiones
supone hacer ese proceso de volver a mirar el cuerpo y tener que reconocerlo, tener
que reconocerse en él de nuevo asumiendo en algunos casos, entre otras huellas de la
violencia, la limitación de la autonomía personal.
La pérdida de una pierna, eso no se repara con nada porque yo cuando tenía mis
piernas yo trabajaba y hacía lo que se fuera, y ya ahora no. Ahora hasta para
bajarme de alguna parte me toca pedir favor. Entonces muy duro, duro para uno.
La Clavelinas, Barrancabermeja, Santander, 1992, P.764.
Las mujeres que han sufrido discapacidad física como consecuencia de heridas o torturas
se ven enfrentadas al proceso de rehacer la imagen de ellas mismas hasta poder aceptarla.
Rehacer la imagen propia tanto por lo que se refiere a las capacidades relacionadas con la
250
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
motricidad, como a la “normalización” de la visión del cuerpo por parte de ellas mismas
y de los demás.
Emocionalmente también lo afecta y para uno es muy duro, porque perder un
brazo de un momento a otro es muy difícil, (…) Al comienzo fue duro, yo me sentía
rara, me veía en el espejo y a mí me daba rabia, ahorita no, es normal, igual antes
me daba pena hasta de mi marido, compañero, ahora no, ahorita es normal, él
me ve, mis hijas, se ha vuelto normal. Al comienzo yo me escondía, trataba de que
no me vieran y todo eso porque yo decía: como que eso se ve feo, como que no es
normal. Para una aceptar eso tienen que pasar muchos años, no es de 2 o 3 años,
pero yo creo que ahorita ya normal, ya acepté mi cuerpo así como es. Belacazar,
Cauca, 2009, P.302.
Las mujeres relatan lo que supone vivir marcadas por las huellas visibles de unos hechos
que cambiaron sus vidas. Señalan cómo llevar consigo el signo de la violencia sufrida devuelve
a veces una mirada ajena desconcertada que dificulta la normalización de la vida.
Hablan del hecho de vivir con la presencia permanente de los daños que acarrea la pérdida
de partes del cuerpo, la persistencia de cicatrices o deformaciones en el mismo. También
de cómo esas marcas de la violencia en sus cuerpos suponen un recuerdo permanente de
la misma y de las consecuencias en sus vidas.
Claro que eso nunca se le olvida a uno porque uno cada que va llegando esa fecha
o cada que yo me desvisto y me paro frente a un espejo, o cada vez que mi hijo está
en pantaloneta y le miro la pierna a mí no se me va a olvidar eso. Uno trata de
olvidar eso pero no se le olvida. Bellavista, Bojayá, Chocó, 2002, P.468.
Pues en este momento ya no es como que me extraña porque ya sé que ya me quedé
así. A veces pues a ratos uno nunca se le olvida, siempre extraña, siempre le
hace falta a uno como esa parte de uno. El Tambo, Cauca, 2004, P.303.
El impacto de la violencia sexual en el cuerpo y la identidad
Muchas de las mujeres que dieron testimonio transmiten la experiencia de violación de
los confines del cuerpo, de la expresión encarnada de su ser mujer, como un hecho que
no se olvida y que no tiene reparación posible. Un daño que permanece inscrito en una
misma, mermando su integridad.
Las mujeres aluden a la violación sexual, la convivencia forzada con victimarios y otras
formas de agresión, sometimiento y control del cuerpo femenino que traspasan los confines
de mismo, violentando la intimidad y destruyendo la dignidad. Algunas mujeres que
vivían ya sumidas en relaciones de abuso y maltrato en el ámbito familiar, experimentaron
la repetición e intensificación de las mismas después de sufrir agresiones o vivir
hechos de violencia política.
251
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Él, desde ese momento que empezó esa persecución dice que si lo hubieran matado,
era por mi culpa. Y comienza a decirme que yo era muy coqueta. Que era
porque yo seguro le había dicho algo, o como que le había mandado alguna razón.
Llegó al punto en que de una vez él me golpeó, porque ya se inventó muchas
películas, ya dice que yo soy una fácil, ¡mejor dicho! Son cosas que pasaron desde
ese tiempo. Ahora es impresionante. Yo no puedo salir a la calle, no puedo hablar
con nadie, si yo hablo hasta con una mujer me dice que soy lesbiana. Buenaventura,
Platanero, Cauca, 2000, P.839
La mayor parte de violaciones y agresiones sexuales referidas en las entrevistas tuvieron
lugar en el contexto de conflicto armado y en directa conexión con el mismo,
debido a las situaciones de desplazamiento, pérdida de relaciones familiares o de
desprotección y falta de apoyo. Como en otras situaciones de conflicto armado, la
mayor vulnerabilidad para la violencia sexual en las mujeres se da cuando se rompen
las situaciones de protección y apoyo mutuo, se da la separación forzada o en casos
de operativos y detenciones. No obstante, las violaciones a niñas y mujeres ocurren
también en muchas ocasiones en el ámbito familiar, de modo que existe una continuidad
en la experiencia femenina de vivir en un cuerpo violable al margen del escenario
en que se produzca.
La muerte de mi mamá y la violación, eso es lo que más me afectado en la vida. Mi
mamá me hace mucha falta así no la haya conocido, pero me hace falta todavía
demasiado. Y lo otro es que la violación y, más de mi papá, nunca se me sale de
la cabeza y en todo momento está en mi mente. Los años que tengo y no he podido
olvidar eso. Apartadó, Antioquia, 1997, P.40.
La experiencia de la violación supone una vivencia de enajenación del cuerpo para ser
ilícitamente usado por otro, como un objeto de desprecio. Es una experiencia de pérdida
de una misma, puesto que implica la negación de cualquier autonomía y valor a la mujer
agredida. La sensación de suciedad del cuerpo junto con las ganas de no seguir con la
vida, expresan el impacto sufrido en la propia dignidad por muchas mujeres; y lejos de
ser un efecto más o menos evidente, también es uno de los fines que persigue la política
de socavación de las mujeres.
Después de la violación de los dos militares, yo me quería desaparecer, decía
entre mí, ojalá la tierra se abriera y me tragara. Eso era lo único que yo decía,
quería desaparecer, no quería saber absolutamente nada, no quería ni saber si
llegaba a mi casa o no. Cuando llegué a mi casa, me metí al baño y me bañé,
yo le cuento que yo lloraba allá, pero absolutamente nadie sabía lo que a mí me
pasaba… Me sentía mal, me sentía no sé, tenía una cosa que inclusive llegué a
tener la idea y las cosas locas de decir: yo me voy a quitar la vida. Cosa que por
mi hija no hice, porque cuando lo iba a hacer llegó mi hija, y no lo hice por eso,
pero realmente me sentí súper mal, es algo que no sé, entonces que hasta ahí llegó
tu vida, quedé súper manchada. Jambaló, Santander, 2009, P.366.
252
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Los testimonios de mujeres que se refieren a experiencias de convivencia forzada con victimarios,
durante la cual sufrieron violaciones, agresiones sexuales y todo tipo de vejaciones,
ponen de manifiesto la gran dificultad, la casi imposibilidad, de ponerla en palabras.
Se trata de una experiencia inenarrable para muchas mujeres.
Eh…la verdad fui… violada, maltratada, eso me sucedió en Simití, Sur de Bolívar.
Me trataron mal, me pegaron, aparte de eso… hacía conmigo lo que le daba la
gana, me violaba cada vez que quería, me llevó de mí casa… incluso por eso nos
desplazamos, se desplazó mi familia por lo mismo… qué más le puedo decir. A
parte, pues, de la violación y todo… uno queda súper mal. Cuando a uno lo violan
siente que se le acaba el mundo ¿no? o sea, es una experiencia incomparable,
eso no se puede decir, no se puede describir lo que uno sintió o siente cuando
habla del tema…porque igual uno se siente ofendido y quiere que el tiempo se
retrocediera para uno decir, yo hubiera querido hacer esto y hacer esto y haber
conocido y haber… pero, bueno hoy en día le doy gracias a Dios que he tratado
de superarlo. San Blas, Bolívar, 2005, P.786.
Tal vez la dificultad de decirla tiene que ver, como ellas expresan, con el hecho de que
en esa experiencia extrema el daño infligido al cuerpo es inseparable del daño sufrido en
la integridad del ser mujer. Este es un saber que planea sobre las mujeres como amenaza
en contextos de violencia. Un saber y una amenaza que desatan el miedo hasta el punto
de preferir la muerte al abismo de experiencia que supone la agresión sexual y la tortura
del cuerpo.
Creo que es, lo que más me ha afectado, porque es mi integridad, yo siempre
pensaba en eso, como ya lo mencione, creo que el que hubieran tocado mi cuerpo,
el que me hubieran hecho algo, sobre mi cuerpo, habría sido nefasto totalmente,
siempre lo pensé, siempre pensé estos tipos me van a salir por esta calle oscura,
me van a violar, me van a pegar, a golpear. De hecho yo decía: que me metan un
disparo y quedo muerta, evidentemente mi familia se va a ver afectada, mi mamá.
Pero yo decía: prefiero eso a que me hagan algo, a que me violen o que me torturen.
Siempre pensaba, qué tal que me torturen esos tipos, qué tal que corten mis
senos, qué tal que corten mi cuerpo. Creo que en eso… en ver que la autonomía de
mi cuerpo se pudiera ver visto afectada. Popayán, Cauca, 2006, P. 309.
La intimidación por medio del uso de la fuerza, de las armas, o incluso su mera presencia,
es el lenguaje con el que se las reduce a la condición de cosa que se puede utilizar y destruir.
La conciencia de pérdida de control sobre el propio cuerpo, verbalizada por algunas
mujeres, hace visible la negación de cualquier reconocimiento a ellas, a sus cuerpos y a
sus vidas, como seres valiosos.
Claro, uno ya, o sea, es que uno, o sea, uno ya no se siente como, como que es dueño
de su cuerpo, que uno dice: en mi cuerpo mando yo. Uno se da cuenta de que,
en ciertas situaciones, y en ciertos espacios, en Colombia, vos estas, ahí, como a
la vulnerable a que otro mande sobre el cuerpo tuyo. O sea, y que te mande con
253
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
intimidación, con la fuerza, con un arma. Pero también, a través de una presencia
solamente, te está diciendo de que vos no podés, o sea, los que mandamos aquí
somos nosotros, y pues hacemos lo que queremos con las mujeres, con su cuerpo,
y con lo que queramos. Entonces uno como que no… Vereda el Manco, Huila,
2005, P.874.
Con el lenguaje de la fuerza se intenta establecer la relación de dominio que instrumentaliza
a las personas convirtiéndolas en una herramienta para un fin. Una relación especialmente
dañina porque no ser reconocida como “otra”, como un ser con una vida que merece ser
vivida, puede conducir a quedar reducida a una condición de deshumanización. Condición
deshumanizada que es propiciada por el actor armado o victimario, pero que puede llegar a
ser interiorizada por una mujer si el impacto le lleva a perder su propio cuidado.
Embarazos forzados y dilemas éticos
En numerosos casos, como consecuencia de las violaciones, las mujeres tuvieron que
enfrentar el hecho del embarazo. Si la violación supone una desposesión del cuerpo y una
pérdida de la propia integridad, el embarazo resultado de una violación exige que la mujer
afronte a la vez el trauma de la agresión a su ser mujer y la decisión de dar curso, o no,
a la gestación de otro ser que se ha concebido como resultado de la violencia perpetrada
contra ella.
En este apartado se trata el embarazo forzado, fruto de una violación, desde la perspectiva
de la experiencia de desposesión y pérdida total de control sobre el propio cuerpo
que aquel hecho supone. A la vez, puesto que la gestación pasa ineludiblemente por el
cuerpo de mujer y requiere de su colaboración para llegar a buen término, se exploran los
testimonios relativos a la difícil experiencia de enfrentar el dilema ético acerca de seguir
adelante o interrumpir el proceso de gestación.
Los sentimientos manifestados por las mujeres afectadas fueron de rechazo de esa preñez
impuesta. No obstante, los sentimientos negativos no llevaron siempre a la decisión de abortar.
Ninguno de los testimonios aportados por las mujeres entrevistadas hace referencia a
un aborto decidido por la mujer víctima de violación. Es difícil sin embargo dar significado
a este hecho a través de los testimonios, puesto que las mujeres pocas veces desgranan las
razones que las condujeron a afrontar esa gestación de un modo u otro.
En el proceso de afrontar y tomar decisiones con respecto al embarazo forzado son muchos
los hechos que cuentan. Las creencias religiosas y los principios morales de las
mujeres afectadas y de sus familiares juegan un papel importante en esas decisiones. La
posibilidad y la facilidad de acceder a servicios de salud reproductiva que atiendan adecuadamente
a las mujeres, es también un elemento clave. Y cuentan sobre todo las opiniones
y los apoyos de las personas cercanas, en particular en el caso de mujeres menores.
Sin duda cualquier decisión que una mujer pueda tomar con respecto a un embarazo
forzado ha supuesto para ella un desgaste emocional intenso y va a dejar una huella en su
254
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
recorrido biográfico. Tal vez la dificultad de la tarea de poner palabras a este proceso se
deba a que la experiencia desborda a menudo lo decible.
Las mujeres entrevistadas que narran esta experiencia señalan la fuerza con que rechazaron
el embarazo como consecuencia de una violación. Sin embargo, aunque todas partieron
del rechazo a la criatura que estaban gestando, no todas decidieron abortar o tuvieron
la posibilidad de hacerlo contando con el apoyo necesario o los servicios de salud correspondientes.
Yo, qué no haría, que no tomé, que no tomé, porque yo no quería tener él bebé,
pensaba, pues, todos mis hijos son blancos, zarcos, y yo pensaba que tal que salga
un negrito, que esto lo otro, mejor dicho, eso es algo muy, eso es algo que uno no,
mejor dicho, no me sé explicar, cuántas cosas no sentí. Yo no quería tenerlo, e hice
muchas cosas, tomé muchas cosas, para abortarlo, pero no, mi niño, se aferró a
mí, y ahí lo tengo, tiene 10 años. Marquetalia, Caldas, 2001, P.129.
En algunos casos, y en particular los de mujeres menores de edad, las presiones del entorno
familiar y social sobre la decisión relativa a seguir o no con el embarazo, impidieron
en buena medida que la mujer tomara sus propias decisiones. Otras mujeres en sus relatos
rememoran cómo se interrogaron moviéndose entre el rechazo que genera el hecho de tener
una criatura como consecuencia de una violación y la posibilidad de cuidarla y llegar
a amarla dándole un valor por ella misma, sin marcarla con la violencia que la engendró.
En el testimonio siguiente, el rechazo inicial se transforma a partir del momento del
nacimiento. Los argumentos de la mujer entrevistada para explicar ese giro se sostienen
en la no repetición del abandono vivido por ella misma y en la inocencia de la criatura
engendrada, es decir, en atribuirle la posibilidad de crecer separando su existencia de los
hechos de violencia.
Cuando estaba embarazada eso se me movía y yo llegaba y me destripaba el estómago
para que no se moviera eso, yo no la quería la verdad. Cuando nació las
cosas cambiaron. Yo a esa niña la adoro, claro que mucha gente me decía, cuando
nazca regálela, usted para qué va a tener un bebé que no va a querer. Mucha gente
me decía que por qué no la abortaba, pero yo no soy capaz, yo una vez decía cómo
le voy a quitar la vida a una criatura que no sabe porque está ahí, por qué la voy
a regalar y hacer lo que mi mamá hizo conmigo. Hoy en día la niña tiene nueve
añitos. Patio Bonito, Líbano, Tolima, 2001, P.153.
En otro caso y desde la posición de abuela, el recurso al instinto maternal y la fortaleza
que proporciona la propia identidad cultural son los recursos que la mujer que dio testimonio
puso en juego para llegar a querer a su nieto e intentar transformar el rechazo hacia
él en aceptación dentro del entramado familiar.
Como madre, a través de ese instinto de madre, de esa cultura indígena y negra
que tengo, incluso es una historia dura, dura porque era un rechazo hasta de la
misma familia mía. ¿Entiende? Enteramente yo me tuve que olvidar del hecho,
255
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
para amarlo, para quererlo y darle la importancia en la familia. A él no le hemos
contado nunca. Juradó, Chocó, 1998, P.884.
La experiencia de pérdida absoluta de control sobre el propio cuerpo se expresa en el
siguiente testimonio de una mujer cuya vida estuvo en grave riesgo debido a un embarazo
no deseado como resultado de la violación continuada durante la convivencia forzada con
un victimario. Sin apoyo familiar por hallarse secuestrada, ella estuvo a punto de morir
a causa de un aborto natural de un feto muerto, un embarazo que ella desconocía y que
no había tenido ningún tipo de seguimiento médico hasta el momento de la emergencia
debido a la situación de cautiverio.
Eso ya hacía muchos meses…me vio así y dijo “Alba ¿Usted que está haciendo
acá?”, se salió la enfermera y se quedó hablando conmigo me dijo “¿Qué le
pasó?” Y yo le dije “¿usted conoce a Mauricio de Santuario?, él me violó”. Me
revisaron varios médicos y uno dijo que me había aplicado la inyección para que
no se me viniera el bebé. Y me hicieron un examen y el feto ya estaba muerto y
él era el que me tenía que hacer el legrado, cuando dijo: “el feto lleva un mes
muerto en el vientre, esta muchacha se va morir acá”… pero mi diosito es muy
grande… ¿usted se imagina tener un hijo de todo lo que le pasó? Apía, Risaralda,
2002, P.687.
El secuestro, el encierro y las violaciones repetidas por parte de los victimarios, paramilitares
en su mayoría, fueron formas de controlar y someter los cuerpos y las vidas de
mujeres jóvenes que, como resultado, quedaron embarazadas. En estos casos, los abortos
fueron frecuentes y se debieron al desconocimiento, a la falta de seguimiento o a la necesidad
de ponerse en riesgo para tratar de escapar de la situación de cautiverio, como en el
caso que se narra a continuación.
A ella se la llevaron para San José del Nuz, a ella la tenían encerrada allá. Yo no
me acuerdo cómo se llama el tipo, pero era del grupo Metro, se la llevaron para
San José y la mantenían encerrada, por allá ella quedó en embarazo. Entonces ya
ella no aguantando más la situación se voló por la ventana. Una señora dizque
que la ayudó a salir por la ventana para ella poderse volar y debido a eso ella
perdió el bebé. El Rayo, Tarazá, Antioquia, 1996, P.51.
El embarazo como consecuencia de una violación plantea probablemente uno de los impactos
más difíciles de afrontar por parte de las mujeres. El hecho de llevar en el propio
seno una criatura engendrada en un acto de violencia extrema contra el ser íntimo de cada
mujer y de colaborar a su crecimiento durante la gestación generó impactos emocionales
imborrables.
Las decisiones que las mujeres tomaron se vieron, condicionadas por las creencias religiosas,
la ideología predominante y la normativa legal vigente. También las presiones o
el apoyo del entorno familiar, así como las posibilidades de contar con los medios nece256
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
sarios tanto para abortar como para llevar adelante el embarazo son elementos fundamentales
para la mujer que debe enfrentar tal decisión.
Cualquiera de las opciones adoptadas por las mujeres en relación a la experiencia del
embarazo como resultado de una agresión sexual exigió de ellas un enorme esfuerzo para
enfrentarla y les supuso un elevado coste emocional.
III. Consecuencias en las relaciones entre mujeres y hombres
Otras consecuencias de la violencia en las mujeres tienen que ver con sus relaciones afectivas
y/o de pareja. Por una parte, la pérdida del esposo o compañero supone un complejo
proceso de duelo, dentro del cual con el tiempo pueden plantearse la posibilidad, pero
también el dilema, de reconstruir sus relaciones o vínculos afectivos con otra persona. Si
bien esa reconstrucción de vínculos forma parte de las formas de respuesta en un proceso
de duelo, en los casos de violencia política, y más aún en los de desaparición forzada,
también plantea dilemas éticos y problemas legales en muchos casos. Estos procesos también
suponen cambios en la perspectiva de las mujeres, su manera de verse a sí mismas o
de enfrentar nuevas relaciones afectivas. Por otra parte, para muchas mujeres el centrarse
en el apoyo a los hijos e hijas entra muchas veces en conflicto con la posibilidad de reconstruir
sus propios afectos o tener en cuenta sus necesidades.
Específicamente los casos de violencia sexual conllevan un enorme impacto también en
esas relaciones con el otro sexo, o con la posibilidad de tener relaciones sexuales satisfactorias,
casarse o tener una vida sexual propia.
Cada persona es irremplazable
Al rememorar su experiencia de los hechos traumáticos y el recorrido que habían hecho
hasta el momento de la entrevista, diversas mujeres hicieron un cierto balance de lo vivido,
destacando el proceso de modificación de una misma que fue el afrontamiento y la
elaboración de esa experiencia traumática y de sus impactos. En este proceso, adquirieron
un mejor conocimiento de ellas mismas y realizaron aprendizajes que cambiaron su modo
de estar en las relaciones con los hijos, las hijas y también con los hombres en relación
de pareja.
Algunas mujeres aprendieron a reconocer su propio deseo y a no relegarlo ante el apremio
de las necesidades de los hijos, empezando así a compatibilizar sus espacios de proyección
personal con los dedicados a los hijos y también a delegar responsabilidades domésticas.
Y ahora que ellos terminaron el bachillerato es que me he puesto a estudiar yo,
porque yo me sacrifiqué, pero ahorita como mujer entiendo que yo me sacrifiqué
como mujer, el estudio para ellos cuando estos niños. Entonces yo dije yo me sacrifiqué
como que para nada, entonces ahora me decidí yo. Me levanto y hago mi
257
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
desayuno, y salgo y me voy, allá ellos verán si comen o no. Buenos Aires, Cauca,
2001, P.310.
De modo parecido, aunque las hijas y los hijos fueron para la mayoría de ellas una prioridad
indiscutible, las mujeres aprendieron a ponerles límites cuando la relación con ellas
y ellos interfería o entraba en conflicto con otros deseos, como el de mantener una nueva
relación de pareja que se narra en el caso siguiente.
Mi hija, si no aceptaba que me juntaba con nadie, me ponía problema, ella me
decía cosas, fue muy horrible al principio y el choque entre ellos dos, ninguno
de los dos se tolera son como el agua y el aceite, entonces eso para mí también
fue una situación muy difícil, porque yo tenía que escoger. Bueno yo soy mamá
primero que cualquier otra cosa en la vida y muchas veces le decía bueno qué
pena pero hasta acá porque primero está mi hija, pero yo también le hacía ver a
ella que ellos salen y se van, y yo me voy a quedar sola. Ellos están haciendo su
vida y yo qué, yo no tenía derecho a nada (…) Con ella también tuve que poner
un pare porque (…) se llegó a meter conmigo y bueno le dije hasta aquí a mí
me respeta como yo a usted. Barrio Salado, Comuna 13, Medellín, Antioquia,
2002, P.69.
En el contexto de conflicto armado, las prácticas abusivas llevadas a cabo por hombres favorecieron
el aumento de la desconfianza con respecto a ellos. Desconfianza que muchas
mujeres verbalizaron en las entrevistas como miedo y dificultad de relación que se traducía
en deseo de no volver a establecer relaciones de pareja o de convivencia con hombres.
No obstante, entre las mujeres entrevistadas las hay que describen cómo el proceso de
rehacer relaciones con hombres fue asimismo un terreno de aprendizaje. La tarea de volver
a tejer esas relaciones no sólo incumbe a las mujeres que perdieron a su pareja, también
las separaciones prolongadas obligaron a retomar la relación entre una mujer y un
hombre que en el entretanto habían cambiado. El crecimiento de las mujeres durante la
experiencia de separación, por ejemplo como en este caso, llevó a tener que afrontar todas
las responsabilidades con respecto al hogar y al sustento, además de luchar por hallar al
compañero secuestrado.
Volver a empezar no es fácil, no es fácil, porque volver a una convivencia de muchas
soledades, de mucho tiempo, donde cada uno sobrevivía según los espacios;
entonces donde hay esas ganas de amar, y esas ganas de estar construyéndolas,
entonces con detalles, a veces de pronto, sobre todo que soy como intensa,
entonces como que quiero estar mucho tiempo, y no. Entonces como he estado
tanto tiempo sola, quiero estar sola y a veces no entiendo, y me parece horrible.
Pero bueno, eso hay que entenderlo hay que irlo avanzando, irlo construyendo; y
además, porque llega y ya encuentra una mujer diferente, una mujer mucho más
fuerte, una mujer fortalecida y una mujer que ya genera ingresos, una mujer que
es visible. Cali, Valle del Cauca, 2002, P.891.
258
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
En otros casos, la apertura a crear una nueva relación con un hombre después de haber
perdido la pareja anterior, lleva a las mujeres a una reflexión profunda acerca de qué lugar
va a ocupar esa persona en sus vidas y, por consiguiente, acerca de qué lugar va a seguir
ocupando la persona amada perdida. Esta reflexión que aparentemente es acerca de la
pareja, atañe en realidad a lo que ellas fueron en aquellas relaciones y a su propio hacerse
mujeres en ese recorrido. Las mujeres señalan como un aprendizaje la constatación de
que la experiencia vivida no se borra ni se sustituye, porque eso equivaldría a negar una
parte de ellas mismas. De ahí el agradecimiento, pero también implícitamente la demanda,
de que la nueva pareja reconozca en ella “ese ser que soy”, en palabras de la mujer
entrevistada. Abordar de nuevo la relación de pareja con un hombre de forma reflexiva y
consciente proporciona a las mujeres un mayor conocimiento de ellas mismas.
Entonces yo veo que las cosas ya van mejorando, ya van madurando y ella ya no
necesita tanta protección mía, ya la otra inclusive salió de la casa, en esa medida
si empecé a tejer una relación, afortunadamente di como que con un hombre bonito
que también reconoce en mí ese ser que soy, es un hombre que es de equidad de
género, muy equitativo, muy respetuoso, amoroso pues muchas cosas, que no va
a remplazar en ningún momento a Silvio, pero a pesar de todo es un hombre muy
lindo… pero yo digo reemplazar no, nunca, y Silvio va a seguir ahí siempre, él
siempre va a estar en mí porque marcó mi vida para siempre, lo que soy hoy como
mujer, como sujeta social, como ser mujer se lo debo a él. Comuna 1, Medellín,
Antioquia, 1996, P.64.
La apertura a una nueva relación de pareja no consiste pues en buscar un hombre adecuado
para que ocupe el lugar vacío que otra persona dejó, haciendo desaparecer de ese
modo el pasado. El aprendizaje en este caso es que la sustitución y la cancelación de lo
vivido no son el camino que lleva a la elaboración personal de la experiencia traumática.
Pues, yo pensé que de pronto uno consiguiendo una persona o aprendiendo a querer
a alguien la situación iba a cambiar, iba a cambiar mucho lo que uno pensaba,
lo que había sucedido, llenar esos vacíos que le quedan a uno. Pero resulta que
no, o sea, las cosas son totalmente diferentes. Barrancabermeja, Santander, P.707.
Finalmente, la apertura que permite rehacer las relaciones con hombres significa dejar
que la vida haga su trabajo, como expresa el testimonio siguiente al decir: “no sé qué me
depare la vida”. Es decir, estar abierta a lo que suceda, teniendo presente el saber adquirido
de que cada persona es única e irremplazable y cada vida vivida al lado de alguien
es irrepetible.
Entonces ha sido muy duro, yo llevo nueve años sola, y me ha sido duro volver a
tener una relación. Mi hija todo el tiempo me dice, mamá quiero que no te quedes
sola, yo me voy a ir a estudiar cuando me gradue, y te vas a quedar solita. Y eso
es duro, eso es duro, pero yo no, no sé qué me depare la vida. Y pienso que, cada
persona es irremplazable. Yo nunca voy a reemplazar a Juan. Y si algún día llega
una persona a quedarse conmigo, será única también, y viviré otros momentos,
259
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
pero Juan, con él viví, una vida. Y cada vida será irrepetible. Cada persona es
irremplazable, como cada muerte es irreversible. Y eso es lo que me toca, seguir
hacia adelante. Cali, Valle del Cauca, 2002, P.892
De las mujeres que dieron testimonio, algunas volvieron a recrear relaciones de pareja
con hombres y lo hicieron conscientes de la huella que las violaciones de derechos humanos
habían impreso en su experiencia. Volvieron a intentarlo a menudo con miedo, con
sumo cuidado, tratando de aprovechar los aprendizajes, de los cuales el de mayor importancia
probablemente sea que tener confianza en una misma es la clave para reanudar los
lazos con la vida y las personas.
Pues, en esos casos, yo diría que tener uno más cuidado, más tanto en uno mismo,
y no volver a tratar de cometer los mismos errores que uno cometió. Yo ahoritica
empecé una nueva relación, hace cuatro años y pues al principio me trató de dar
un yeyo, yo no pensé volver a tener una persona, incluso la psicóloga decía que
uno debía tener otra persona porque los hijos crecían, se iban, y uno se quedaba
solo. Entonces todo eso me motivó, pero yo digo que más que todo es la confianza
en uno mismo. Viotá, Cundinamarca, 2000, P.131.
Cada quien coger su camino: separaciones y relaciones conflictivas
De las narraciones de las mujeres entrevistadas se desprende la especial dificultad que
reviste para ellas la posibilidad de rehacer relaciones de pareja satisfactorias con hombres
después de experimentar hechos traumáticos. No sólo se trata de la dificultad de volver a
establecer relaciones amorosas después de la pérdida de la pareja; también de mantener
cualquier relación con un hombre después de haber vivido hechos traumáticos causados
por hombres.
Los impactos de la violencia transforman las relaciones de pareja, muchas veces hacia el
deterioro o la ruptura aunque, como se narra en el testimonio siguiente, la relación puede
salir reforzada con los aprendizajes de la experiencia.
Nos unió más, nos unió más porque, (…) si yo con todo el sufrimiento de este año,
y lo superé y estoy bien y estás aquí, y estamos juntos, ya lo que venga ya no. Pienso
que el sufrimiento me dio fortaleza, me volvió más fuerte.(…) él habla de la
admiración que siente por mí, de lo que me quiere, de lo agradecido que está conmigo,
porque dice yo a pesar de que estaba allá en esa oscuridad, muchas veces
ya sin esperanza pero yo sabía, dice, yo sabía, yo tenía la plena seguridad de que
estabas haciendo algo y que te estabas moviendo. El Tambo, Cauca, 2001, P.341.
En muchos más casos, las relaciones entre mujer y hombre se transforman en otros sentidos.
A veces los cambios en el carácter y en el modo de ser que antes se han referido como
consecuencia de la experiencia traumática, son los que causan el deterioro de la relación
o el deseo de estar sola.
260
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Las personas no me entienden, el marido que tengo ahora es tenaz, es perfecto
pero como se dice “cada cabeza es un mundo” y tiene algo que a mí no me gusta,
a mí no me gusta y yo a veces digo que deseo estar sola, que cada quien coja su
camino. Buey, Chocó, 2005, P.462.
Es el tema de la autoestima, es sentir rabia, es volverme malgeniada a raíz de esos
episodios. Yo era una mujer muy tranquila y soy una mujer que tiene muy buenas
relaciones con las personas que me rodean, pero a raíz de esos episodios me volví
una mujer muy irascible, muy malgeniada y muy sensible también, soy una mujer
demasiado sensible, que a mí, medio me levantan la voz y ya pienso que me quieren
hacer el daño de la vida. Lloro y pataleo, entonces son cuestiones que me han
afectado mucho y me han afectado para poder mantener una relación sana con mi
pareja. Cauca, 2006, P.307.
El retorno constante de los abusos padecidos, particularmente en los casos de agresión
sexual, puede distorsionar las relaciones entre mujer y hombre hasta el punto de llegar a
romperla, pues esta intrusión se vive como insuperable por parte de ambos.
Pues uno siempre recuerda eso y con el compañero él ya no es lo mismo con uno.
Mire que ahí fue donde nos separamos nosotros ahí fue donde todo eso ayudó. Yo
no sé qué, pero ya no era lo mismo. Como que eso era el peor defecto para uno. Y
esas son cosas que uno nunca las olvida son para siempre hay. Después de eso, un
día me dijo es mejor dejarnos, que ya no era igual. Hasta de los hijos se despegó.
Pero uno siempre se acordaba de esas cosas, en las relaciones sexuales. Pues uno
en ese tiempo yo era como que con rabia con él, porque pensaba que era esa la
persona que estaba abusando de uno. Bogotá, D.C., 1986, P.3.
El deterioro se debe a menudo a la no aceptación por parte del hombre de la relación con
una mujer que ha sido víctima de agresiones o abusos. En el caso del siguiente testimonio
la ruptura deriva en una situación pactada pero sin posibilidad de rehacer el vínculo de
pareja.
Aquí estoy con mis hijos pasando ratos malos, tengo una casa que es de mi esposo.
Compró una casita ahí que se está cayendo, me recogió, pero no vive conmigo por
consecuencia de eso. Pero ahí estoy con él así no me vea como una mujer si no
nada más como la madre de los hijos. Me duele porque lo amo. Vereda Pereira,
Zambrano, Bolívar, 2002, P.249.
El empeoramiento de la calidad de la relación se puede deber no sólo a la falta de aceptación
sino incluso al desprecio por parte de la pareja a causa de las secuelas físicas sufridas
como resultado de agresiones o tortura.
Una que el ex compañero me decía que quién iba a cargar con todos esos cierres
(cicatrices) que yo tenía. Se ponía bravo conmigo. No sé, yo me colocaba un short
y me decía que para qué me colocaba eso, y si me colocaba una blusa, que para
261
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
qué me colocaba esa blusa. Yo no me las colocaba para que se me miren las heridas,
pero me decía que a mi quien me iba a querer con ese poco de cierres. La
Dorada, Caldas, 2001, P.591.
En relaciones que ya eran de maltrato del hombre hacia la mujer, como la que se refiere
en el siguiente testimonio, éste se agrava frecuentemente con las dificultades añadidas del
desplazamiento, las situaciones de estrés o precariedad.
Cuando nos encontraba comiendo en el piso llegaba y nos pateaba la comida a
todas, incluso a las niñas. A veces cogía agua para tomar y no se la tomaba sino
que nos las tiraba encima a nosotras. A veces estábamos dormidas las niñas y
yo, que lo hacíamos en una sola cama, y cuando sentíamos eran las patadas por
las costillas. Él estaba tranquilo en su calle y cuando llegaba era pateándome,
golpeándome, me reventaba todo. Todo lo poquito que tenía en la casa lo tiraba
contra el suelo y lo partía. Él desde antes del desplazamiento era violento. (…)
Era costumbre de los paramilitares usar botas Brahama porque tienen la punta
donde van los dedos de hierro para golpear más duro. San José del Peñón, Bolívar,
2002, P.213.
La experiencia de violencia en la relación de pareja, agravada por hechos conectados
con el conflicto armado, como el desplazamiento o la convivencia con un hombre perteneciente
a uno de los actores armados, deja una huella tal que bloquea las capacidades
personales para establecer relaciones de otro signo con hombres debido al miedo y la falta
de confianza en una misma.
Actualmente voy a tener un año de separada, tengo miedo aunque he conocido muchas
personas distintas a las que conocía, todavía le tengo miedo de encontrármelo.
Y si algún día me voy a enamorar, conocer bien a esa persona con la que decidir
algún día compartir mi vida. Pero no estoy todavía apta para eso, tengo muchos
miedos y muchas dudas. San José del Peñón, Bolívar, 2002, P.213.
Marcada para toda la vida: la extensión a las relaciones con los hombres
Algunas mujeres nombran las secuelas de los hechos de violencia, perpetrados por hombres
miembros de grupos armados, como barreras entre ellas y los hombres que difícilmente
van a desaparecer. Barreras para muchas casi imposibles de borrar incluso si ellas
son conscientes de la propia dificultad de restablecer una relación normalizada y tienen la
voluntad de querer superarla.
Porque no permitir que una persona de sexo opuesto me coja la mano eso no está
bien. Veo un médico y no permito que me examine, y pido que sea una mujer. Pero
tampoco está bien porque no todos los hombres son violadores. No lo he superado
todavía. Y físicamente, como le digo, no soy capaz de convivir con una persona
del sexo opuesto. Tumaco, Nariño, 2002, P.199.
262
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
También reconocen como una marca en sus vidas los miedos que se interponen, haciendo
que ellas no opten de nuevo por establecer relaciones amorosas con hombres.
Yo no tengo una pareja, a mí me da miedo que un hombre me hable, que me diga
que quiere tener algo conmigo. Yo ya no creo en nada, yo no creo en el amor,
mejor dicho. Admiradores muchos, pero para mí eso es una mentira, yo quedé
marcada para toda la vida allá. Marquetalia, Caldas, 2001, P.129.
Incluso en el caso de iniciar una nueva relación, de apostar por tenerla, y que ésta sea una
relación positiva, los recuerdos siguen a veces interfiriendo en las relaciones como mujer
y hombre.
Como mujer pues bastante, ya pienso mucho en tener una relación. En este momento
tengo una persona que ha sido un apoyo muy grande, (…) pero como mujer
me he dado cuenta que no puedo responderle como antes, porque me suscita recuerdos
que no... Saravena, Arauca, 1996, P.137.
Además de las condiciones de rechazo, fruto de la violencia sexual en los casos anteriores,
las razones de otras mujeres para no volver a rehacer la convivencia con un hombre
después de la pérdida traumática de sus esposos, muestran tanto el proceso de duelo como
la dificultad de compartir de nuevo la vida con otra pareja manteniendo una relación de
calidad o reconstruyendo sus relaciones afectivas.
¡Ay, pues imagínese! Creí que me moría… sentí que todo se me derrumbó… de
pronto pensé que al pasar el tiempo podía volver a encontrar un hombre igual o
mejor que él, a que me volviera a colocar en el puesto en que viví, pero no… nada.
Me afectó demasiado, no he podido volver a encontrar un hombre que valga la
pena y es así que estoy sola y estoy sola y no sé, de pronto me quede sola, ya son
53 años que tengo encima. Barrancabermeja, Santander, 1992, P.750.
Otras veces, aun con la convicción de querer tener pareja, no se han vuelto a reconocer
en la situación de enamoramiento debido a las afectaciones derivadas de la pérdida del
compañero o del duelo no tramitado.
Bueno mira si hubo una afectación en mi cuerpo de hecho yo tengo exactamente
doce años que me mataron a mi compañero y yo no me he vuelto a enamorar. Dejémonos,
como dicen por ahí, de vainas. Toda mujer necesita un compañero pero
a mí me marcó, porque el compañero mío era una persona muy especial, amoroso
era en el sentido de la palabra un caballero, entonces eso me afectó muchísimo.
Arroyo Grande, María La Baja, Bolívar 1997, P.235.
El impacto de la violencia para las mujeres en el ámbito de las relaciones de pareja no se
manifiesta únicamente en las afectaciones emocionales que la dificultan. Ser una mujer
con proyección pública, vivir amenazada o, incluso estar sometida a medidas de seguri263
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
dad o llevar escolta conlleva importantes consecuencias en la vida afectiva también de las
mujeres, dificultando tener una relación de pareja.
De hecho mi vida personal en materia… cómo se dice… emocional, yo no pude
volver a tener una pareja, nadie se me acerca… qué hombre quiere andar con una
mujer con dos hombres armados, ¿sí? lo primero que me decían era ¡no mujer,
usted se merece todo, pero yo con usted no me atrevo a salir! ¡Qué tal que a mí
me maten por ir con usted! ¡No cómo se le ocurre yo salir con usted y dos tipos
a la pata suya, tienen que darse cuenta a dónde vamos, qué nos comemos, qué
hablamos, si le doy un piquito, [besito] si le doy un abrazo, si no sé qué. Y claro a
mí eso me afectaba en gran manera, terrible como mujer. San Vicente de Chucurí,
Santander, 1990, P.745.
Por lo que se refiere a la convivencia con un hombre, muchas mujeres que testimoniaron
son conscientes en particular de la delicada situación que una mujer tiene cuando se hace
cargo de los hijos habidos con una pareja anterior. Una nueva pareja puede proporcionar
estabilidad afectiva y económica, pero no puede sustituir la figura del padre en relación
a los hijos. Algunas mujeres volvieron a acompañarse como forma de enfrentar impacto
de la soledad o las dificultades económicas y de rehacer la vida. Otras en cambio, han
seguido solas adelante.
Yo me volví a reorganizar como al año con un señor. Pero no pude vivir con él, nos
separamos y ya, hasta ahí. Ya sigo sola, con mis hijos porque me fue muy mal y
no pienso organizarme más, seguiré con mis hijos adelante. No, porque yo pienso
que una persona como era el papá de mis hijos es difícil y otra persona no les va
a ayudar como el propio papá. De todas maneras así yo me consigo otra persona,
me toca que trabajar para mis hijos, porque yo no le puedo decir que le tiene que
dar a mis hijos porque no son de él. Timba, Cauca, 2001, P.335.
A pesar de las presiones sociales para que se vuelvan a casar, algunas mujeres desconfían
de lo que una nueva pareja pueda suponer en la convivencia y la educación de los hijos.
Tal vez, después de salir adelante con ellos, valoren como un riesgo demasiado grande la
alteración del equilibrio de la convivencia y el posible cambio de las pautas educativas y
los valores transmitidos. Esta actitud de afirmación de las mujeres, frente a los estereotipos
culturales patriarcales que ven que “necesitan un hombre al lado”, trata de evitar
situaciones nuevamente revictimizantes para ellas.
Todo el mundo dice, ¿y vos por qué no te has vuelto a casar?,¿qué pasa con vos?
Entonces, la respuesta que uno les da es, no, lo que pasa es que, tener a alguien
que de pronto no se adapte a los hijos de uno, que de pronto les venga a dar mal
trato, que de pronto los venga a hostigar, que les venga a dar como un mal ejemplo…
desde, esa época, de nueve años para acá, entonces ese es el problema.
Dagua, Valle del Cauca, 2002, P.857.
264
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
El vínculo con las hijas y los hijos, que para muchas de ellas ha sido el motor para seguir
adelante, a la vez ha supuesto un motivo de sacrificio y de dejación de los propios deseos
en aras a protegerles de cualquier riesgo. Tal vez también haya sido un modo de retardar
o eludir el afrontamiento de los impactos de la violencia por lo que se refiere a la relación
con hombres.
Desde que el murió, siempre fue trabajar, estudiar y cuidar a mis hijas, siempre
muy protectora de ellas y pensar en relaciones amorosas para mí era violentar a
mis hijas y, además, no quería entrarlas en riesgos, de decir yo entro aquí a alguien
y qué tal que de pronto ese vaya a hacerle daño a mis hijas. Yo no permitiría
que les digan una sola palabra, uno siempre va a estar defendiéndolas. Comuna 1,
Medellín, Antioquia, 1996, P.64.
Numerosos testimonios hablan del miedo a que la nueva pareja maltrate a los hijos, o
abuse sexualmente de las hijas. Este miedo tiene un fundamento en hechos reales, en el
conocimiento de otras experiencias y en la conciencia de que hay hombres que buscan, a
veces, no tanto una mujer con la que compartir la vida, como una relación instrumental
de pareja que cubra algunas de sus necesidades básicas. Hay un gran temor en algunas
mujeres, sobre un abuso sexual contra sus hijas, como una práctica frecuente y de la que
existe un importante subregistro.
Hasta ahorita no he pensado porque a veces siento que por el hecho incluso de ser
mujer, ser viuda, tener una hija, yo veo muchos casos. Pasan este tipo de cosas,
sobre realidades que observo y me ha tocado acompañar incluso a mí. Incluso
compañeros que no son sus padres que terminan abusando de las hijas. Eso a mí,
a veces me detiene un poco, porque tengo una hija que quiero mucho y es la única.
A veces siento que los hombres se acercan a uno, no porque lo quieran realmente
a uno sino por utilizar, y yo no comparto eso, para eso yo prefiero quedarme sola.
Tierradentro, Cauca, 2008, P.317.
También desde el punto de vista de algunas hijas, como en el testimonio siguiente, se
manifiesta la preferencia de que la madre no se vuelva a casar cuando se presume que eso
puede tener nuevas interferencias en sus relaciones.
Sí a mi mamá le toco terminar de vivir sola, con nosotros salir adelante, no consiguió
más marido gracias a Dios, tenemos que agradecerle eso a mi mamá Medellín,
Chigorodó, Antioquia, 1989, P.36.
Son, por tanto, muchos los elementos que interfieren en la posibilidad de que las mujeres
que han padecido violaciones de derechos humanos establezcan relaciones amorosas y
de convivencia satisfactorias con hombres después. Los testimonios señalan cómo las
alteraciones en el carácter, las distorsiones en la percepción y los miedos derivados de la
experiencia vivida ponen obstáculos a la recuperación de la confianza en las relaciones
con hombres.
265
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Las narraciones de las mujeres, como la del siguiente testimonio, relatan también una
toma de distancia, una pérdida de confianza o una cierta desesperanza, con respecto a
los hombres y a la posibilidad de establecer relaciones de calidad con ellos. Relación
de calidad que se describe como una en la que haya comunicación, respeto, cariño y capacidad
de compartir. La poca confianza en que ésta se pueda dar tiene probablemente
que ver con las experiencias negativas relacionadas con el maltrato y los abusos de todo
tipo cometidos por hombres en situaciones que les confieren una posición de dominio
respecto de las mujeres en el contexto del conflicto armado.
Como mujer siento que yo por ejemplo quisiera tener una relación con un hombre
dentro del cariño, el respeto, de la compañía. No de que me preste su nombre para
ser una mujer respetable. Sino desde la comunicación como seres humanos quisiera
tener con quien contar alguien con quien yo pueda compartir mi vida. Pero
no lo hay. Entonces como mujer me siento sola, a veces me siento perdida en esta
jungla de violencias y de inequidad. Medellín, Antioquia, 1993, P.44.
Algunas mujeres pues desconfían, no pueden o renuncian a tener una relación de pareja
con un hombre.
(…) de ahí para acá no he vuelto a tener una pareja y espero no tenerla. Putumayo,
2000, P.439.
Otras mujeres no sienten la necesidad o la falta de una pareja para seguir sus vidas o, por
lo menos, dejan esta posibilidad en manos del azar y del tiempo.
En mi corazón siempre ha estado él y siempre digo si no va a haber más compañero
para mi vida, pues que no haya ¿sí? porque yo como persona, pues, yo ya
había decidido que ese iba a ser mi compañero hasta la vejez. San Blas, Bolívar,
2005, P.786.
No ha habido nadie que a mí me conmueva el corazón, entonces tampoco me afano,
eso ya depende de lo que yo a veces digo, de los espíritus de la Madre Tierra,
que llegue su momento. Tierradentro, Cauca, 2008, P.317.
A veces una se obliga a hacer cosas que una no quiere
Para seguir adelante las mujeres tuvieron que buscar caminos, trazar estrategias que les
proporcionaran unas mínimas condiciones para rehacer la vida; a saber, unos ingresos
o medios de subsistencia, un espacio para vivir con seguridad y una cierta estabilidad
en las relaciones y el entorno afectivo. Entre la diversidad de trayectorias que las mujeres
recorrieron para enfrentar los impactos de las violaciones de derechos humanos, los
testimonios narran opciones encaminadas a conseguir esas condiciones que a menudo
supusieron altos costos personales.
266
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Una de esas opciones fue el matrimonio o la convivencia con un hombre con la esperanza
de recobrar una estabilidad perdida o una seguridad económica. La necesidad, la desesperación
por la falta de empleo y la difícil situación económica es el principal motivo para
aceptar unirse a una persona con la que, en otras circunstancias, no se querría convivir.
Una convivencia que, por otra parte, se demuestra muy difícil de mantener.
Los dos vivimos situaciones muy al límite al mismo tiempo. Él necesito un tiempo
donde refugiarse y yo le ofrecí mi casa yo ya estando viuda y sola, y aunque nunca
me gustó, el hombre fue teniendo una situación económica muy solvente y casi fue
por eso que terminamos casados. Yo pensé ve, este tiene una vida muy holgada,
una ayuda muy interesante para mí, sin ser él interesante como ser. Esas son las
clases de decisiones que una mujer nunca debería tomar, porque se arrepiente
después. Medellín, Antioquia, 1993, P.44.
El análisis que las mujeres entrevistadas hacen de esta estrategia señala con claridad
cuáles fueron sus motivos, sus prioridades y cuáles sus errores. En su balance de lo que
supuso en su recorrido deslindan lo que pretendían de lo que consiguieron, que a veces
fue aumentar la carga de su situación. También distinguen entre lo que fue su decisión y
responsabilidad y lo que se debió a la necesidad por falta de apoyo para encontrar empleo
o tener un sustento.
Qué hice yo… el error que a veces cometemos las mujeres porque como no soy la
única, muchas lo habrán hecho, creyendo que de pronto unirse a una persona…
va tener esa ayuda, yo volví y me organicé porque me sentía desesperada de ver
que no encontraba un empleo, entonces acepté volver a vivir con alguien, ¡no por
amor! Porque no lo hice porque me hubiera sentido enamorada de esa persona,
sino porque honestamente me sentía necesitada de alguien que me ayudara económicamente,
pero como todo… a veces el error, no se vuelve a reparar, pero igual
tampoco uno puede ni maldecir, ni renegar por lo que le pasa. (…) Entonces, eso
fue lo que hice, que no debí de hacerlo, debí haber luchado de forma diferente si
hubiera encontrado un empleo, si me hubieran ayudado como debería de ser, pero
bueno. Barrancabermeja, Santander, 1992, P.750.
El matrimonio como solución pragmática a una situación difícil de sobrellevar, bien por
la juventud y la falta de apoyo, bien por sobrevivir y dar cobertura a los hijos y las personas
que de una dependen, se convierte a menudo en una obligación, en una tarea ardua
que se asume como única salida aun sabiendo que no responde a lo que una querría hacer
si las circunstancias se lo permitieran.
A la edad de 19 años me tocó trabajar para sacar el bachillerato porque cuando
a él lo mataron yo apenas estaba en octavo, me tocó meterme a estudiar de noche,
cosa que él nunca quería, trabajar y estudiar. Cuando salí de ahí, coger mi marido
porque era la única solución que yo veía en ese momento. Quibdó, Chocó, 2000,
P. 479.
267
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Sometiéndose a vivir con un marido que directamente a la hora de la verdad
tampoco quiere, porque no quiere uno poner ese niño a pasar trabajo, a aguantar
hambre, de pronto desnudez, enfermedad… Entonces debido a eso a veces uno se
obliga a hacer cosas que uno no quiere. Neguá, Chocó, 1995, P.474.
Sin embargo, como hemos visto en repetidos casos y por muy diversas razones, otras muchas
mujeres evitaron la opción del matrimonio o las relaciones de pareja con hombres.
Algunas de ellas consideran sin ninguna duda que ésta es una estrategia equivocada para
superar la difícil situación en que se encontraron después de los hechos de violencia. En
el fondo, se presiente un estado de vulnerabilidad para ellas y sus hijos e hijas cuando se
depende económica o emocionalmente de los hombres.
No, yo no, yo decía: “Mis hijos y son mis hijos”, yo decía: “Tanto dolor y tantas
cosas que he pasado en la vida, yo no voy a cometer el error de ponerle un padrastro
a mis hijos”, de yo ver que me los maltrate… Tibú, Norte de Santander, 2003, P.693.
Presión sexual y prostitución
La posibilidad de ejercer la prostitución como una actividad que proporciona dinero y,
por consiguiente, como un medio de subsistencia en una situación extrema está presente
en testimonios. Pedir favores, o servicios sexuales a cambio de dar dinero es un comportamiento
normalizado entre muchos hombres que se intensifica en circunstancias que
les confieren una posición de ventaja mayor con respecto a las mujeres. La situación de
precariedad en la que se encuentran la mayoría de mujeres que han sufrido violaciones de
los derechos humanos es, propicia para que se den esos abusos.
En situaciones como la de desplazamiento, que desestructuran la vida y ocasionan un
impacto en el sentimiento de valía como persona, algunas mujeres buscan la seguridad o
el reconocimiento a través de relaciones esporádicas con hombres.
Acá no valgo por lo que soy sino supuestamente por los amigos que tengo, que
tienen que ser políticos y tengo que regalar hasta mi cuerpo para poder obtener
algún tipo, de empleo, tengo que regalarme o ceder sexualmente para poder tener
un empleo. Fusagasugá, Cundinamarca, 2004, P.140.
Diversas mujeres narran cómo al pedir ayuda monetaria a otras personas –hombres-, fueran
amigos o conocidos, éstos les proponían tener relaciones sexuales con ellas a cambio
de esa ayuda.
En estos días, estaba yo sin plata y necesitaba una platica para comprarle unos
zapatos a los niños… y le dije a un señor por allá que me prestara 30 mil pesos,
entonces él me dijo: “No, yo no se los presto… Ah! Pero si usted hace esto y esto
conmigo…” y yo: “Ah no! Entonces no me preste nada, gracias”, y me dijo: “No,
268
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
yo se los regalo… ¡Venga! Y no se los cobro”, y yo: “No, no, dejémoslo así más
bien”. Aguadas, Caldas, 2004, P.597.
Porque es que lo humillan a veces cuando uno le dice a alguien mira, será que
tú me puedes hacer el favor de prestarme… Uno le dice amigo hazme un favor,
me puedes prestar por ahí 5 mil pesitos, yo te los pagos después y de una vez, en
seguida lo convidan a uno para la cama y así no es. Barrancabermeja, Santander,
1992, P.750.
Incluso una mujer sugiere a otra mujer la posibilidad de prostituirse, planteada como una
estrategia de explotación de las cualidades atribuidas al cuerpo femenino, que le permitirá
dar de comer a los hijos en su situación de falta de trabajo.
Le fui a pagar el recibo a un primo, y había una cola y una señora al lado que
no sé qué, que no tenía nada que comer, y hay personas que se dejan llevar por
consejos de otras. Una señora le dijo a otra: “¿usted no tiene una alcancía?” - me
disculpa pero así dijeron- y yo poniéndole cuidado a la conversación. La señora le
respondió, si tuviera a una alcancía ya la hubiera roto y les había dado a mis hijos
comida. Y la otra le dijo, “no, es que nosotras las mujeres tenemos una alcancía,
y se puede explotar...” Y en esas se volteó y me preguntó, ¿usted tiene trabajo?,
“no, yo estoy sin trabajo también”, “usted es bonita, usted tiene presencia, usted
tiene cuerpo”. Viotá, Cundinamarca, 2000, P.131.
Sin embargo, algunas mujeres, como se narra en los testimonios siguientes, se vieron empujadas
al ejercicio de la prostitución como un modo de obtener el dinero necesario para
sostener a la familia. Dar de comer a los hijos y mantener al esposo enfermo ingresado en
una clínica fueron las circunstancias que forzaron a la mujer entrevistada a aceptar tener
relaciones sexuales con hombres, a cambio de unos ingresos que, junto con los de su empleo,
eran los únicos medios económicos con que la familia contaba.
Yo trabajaba, pero los recursos no me alcanzaban, entonces qué pasó, pues… a
mí llegaban, hombres así y me decían que vea, que yo les gustaba por joven, por
elegante y bueno todo esto, y yo caía por la necesidad ¿sí?, yo decía : “Pues, si
me ayudan yo… yo estoy con ustedes”, ¿sí? y entonces, qué pasaba, yo me iba y
hacía lo que hacía, me daban cualquier cosa y ya con eso me iba para la casa a
llevarle la comida a mis hijos y… sucedió mucho tiempo. Con él en una clínica,
pues, me tocó aceptarlo y yo trabajaba para poder ir a Manizales, a llevarle lo
que necesitaba allá, más luchar por remedios, medicamentos para él, para poderlo
recuperar. Riosucio, Caldas, 2000, P.616.
Se trató, en palabras de ella, de una prostitución silenciosa que se ejercía en secreto como
forma de completar los ingresos familiares. Sin embargo, esta situación a la que se había
llegado para mantener al marido y a los hijos, supuso una desintegración de las relaciones
en el seno de la familia y un empeoramiento de la convivencia.
269
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Yo, pues, todos los días le pido a Dios qué debo hacer, inclusive, caí (…) caí
(…) en una prostitución silenciosa, por tener… por luchar por mi familia, estuve
casi más de cinco años en eso y mi familia no se daba cuenta. Mi esposo sí tenía
como ideas, ya se formó el problema en el hogar y todo eso. Se me destruyó el
hogar, e inclusive, en el momento todavía mi vida es un infierno... un infierno,
yo no tengo paz, no tengo tranquilidad, esa angustia todo el tiempo. Riosucio,
Caldas, 2000, P.616.
En otros casos, las situaciones de precariedad económica, necesidades urgentes para los
hijos y fragilidad social empujaron a algunas mujeres a prostituirse por necesidad.
Me ha tocado pasar mucho trabajo y hacer cosas y andar con personas que no lo
he deseado por darle de comer a mis hijos. Me ha tocado acostarme con hombres
por darle de comer a mis hijos y sufro mucho por eso, pero lo he hecho. Samaniego,
Nariño, 2010, P.443.
Del mismo modo, en otros testimonios se recalca el sufrimiento y el hecho de que ejercer
la prostitución es una posibilidad no deseada, sino forzada por las circunstancias. A veces
los núcleos familiares se desintegran al no poder superar el daño emocional, o rehacer los
equilibrios que regulaban la convivencia y que aseguraban el sustento.
Sí, él tenía una compañera de allá mismo de mi pueblo, tenía dos niñas y la mujer
estaba embarazada de un niño. Eso terminó con la familia de él, porque la mujer
viéndose sola quedo completamente desamparada, esa muchacha se prostituyó, y
en este momento creo que la dos chicas también ejercen la prostitución. Montería,
Córdoba, P.90.
Sin embargo, a pesar de la frecuencia con que se les planteó la opción de la prostitución
como modo de supervivencia, muchas mujeres se negaron a entrar en la relación de obtener
dinero utilizando su cuerpo para vender servicios sexuales y lograron otras estrategias
para salir adelante.
Yo no lo niego, a mí sí me han dicho: “Vea, le doy 30 o 40 mil pesos”, y yo necesitándolo,
pero yo digo: “No, yo mi cuerpo no lo vendo por esto”, o sea, yo necesito
la plata, si la necesito, pero que yo me la consiga trabajando, sea lavando o cogiendo
café, bueno, en cosas que yo misma las trabaje, pero no así en esa forma,
no, porque para mí esto es más duro, porque yo darles ese ejemplo a mis hijos…
Urrao, Antioquia, 2005, P.597.
Las mujeres que siguieron adelante rechazando la prostitución y sin buscar el apoyo de un
hombre por medio del matrimonio o la convivencia, obtuvieron en su mayoría los recursos
para la subsistencia en el mercado de trabajo o por medio de la economía informal. Realizaron
los trabajos más duros y humildes que nunca habían realizado ni imaginaron tener que
hacer, para que la economía familiar diera lo suficiente y los hijos salieran adelante.
270
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Ahora me ha tocado someter mi cuerpo a trabajos duros, a trabajos forzosos como
la construcción, lavar ropa de la calle y de hacer aseos a casas ajenas, trabajar
en casas de familia que fue algo que no hice ni en mi niñez, ni en los 18 años que
viví con Jaime. Putumayo, 2000, P.439.
He pasado necesidades aquí en Medellín, he salido a vender agua, a vender limonadas,
a vender por ahí confites, reciclar. Vereda Peñol, Antioquia, 1998, P.43.
Aislamiento social y estereotipos sexistas
En muchas ocasiones las mujeres que debieron enfrentar las consecuencias y los impactos
de las violaciones de derechos humanos sintieron que no tenían apoyo. Haber tomado
opciones que transgredían el canon de género de la feminidad fue una de las causas de
la negación de ayuda por parte de las personas más cercanas. En el testimonio siguiente,
la actitud de distanciarse de toda responsabilidad y sugerir que la hija tal vez merece las
amenazas por el hecho de comportarse de forma inapropiada “para una mujer”, comprometiéndose
políticamente, parece ser la respuesta del padre a la petición de ayuda de la
madre que da el testimonio.
Entonces, yo pues me llené de miedo, y de temor. Yo corrí pa’ donde el papá de mis
hijos, yo le dije, ve hola, yo qué voy hacer, mirá que están amenazando a la niña,
mirá que la van, que si no me la llevo la van a matar. Entonces lo único que me
contestó fue: “yo no la he mandado, a que se monte por allá, yo no la he mandado
a machoniar, yo siempre le he dicho que deje de estar machoniando”. Trujillo-
Venecia, Antioquia, P.831.
En el caso citado a continuación, la opción afectiva y sexual del lesbianismo se convierte
en una barrera infranqueable en la relación entre madre e hija, en el marco de unos hechos
de violencia cuyas consecuencias ambas deben enfrentar.
Mi madre es muy cruel, mi madre es muy dura, es muy pegada a su religión, a
sus costumbres, a sus cosas y, eso me está haciendo muchísimo daño; no puedo
sentarme con mamá a decirle: “mamá yo soy lesbiana” porque de pronto le puedo
causar un shock o mucho daño. ella está sufriendo muchísimo y con lo que
me pasó sí sospecha, por la mismas personas, la misma sociedad, las mismas
personas que le han comentado. Vereda Zapatero, Huila, 2000, P.773.
Los prejuicios y los estereotipos sexistas también actuaron desfavorablemente para las
mujeres que quedaron viudas, y por tanto solas por lo que se refiere a tener una pareja
masculina. Según este tipo de prejuicios, como señala la mujer que da testimonio, cualquier
mujer está en una búsqueda constante de hombre, en competencia con otras mujeres,
para tener una posición digna dentro de la sociedad. Una mujer viuda, pues, no es
vista como alguien que necesita apoyo, sino como una mujer peligrosa.
271
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
De hecho si quiero como de esta re-victimización de la cual te hable hace un rato,
es como la sociedad y como las instrucciones las mujeres viudas cambia incluso
nuestra dignidad cambia nuestra posición en la sociedad y pasamos de ser la
señora de; a ser una puta más. (…) las viudas en la policía son las putas, son las
perras… por el simple hecho de que ya no hay un hombre, que respalde y dé el
honor de señoras. Y eso también pasa con la sociedad. La sociedad del común, o
sea nos volvemos una amenaza para las mujeres casadas y esto lo viví cuando me
quedé viuda y lo volví a vivir cuando me divorcié. Una mujer sola o divorciada,
según la sociedad y el resto de mujeres casadas, es una quita maridos, de hecho
te dan ese rotulo en el pueblo (…) han pasado 18 años desde que él murió, pero
que todavía hoy en este momento pienso muchas veces en esta ausencia de este
hombre y lo que ha significado en la vida de mi hijo y mía el hecho de que él no
esté… dándonos ese lugar digno que ante esta sociedad tenemos las mujeres solo
si estamos acompañadas de un hombre. Medellín, Antioquia, 1993, P.44.
Las mujeres que quedaron viudas sintieron la respuesta social negativa, como si hubieran
perdido el respeto que merecían y se habían convertido en sospechosas desde el punto
de vista del control social sobre su cuerpo y su sexualidad. A esta pérdida de valoración
social por la falta de una pareja masculina, se sumó la existencia de una legislación discriminadora
que sólo consideraba como posibles receptoras de apoyo económico, en forma
de pensión, a las mujeres viudas que hubiesen contraído matrimonio.
Me afectó en mi dignidad como la sociedad y las instituciones, todo lo que toca
enfrentar además de la pérdida eso también que yo llamo la re-victimización, porque
eso de que ya dejé de ser una mujer digna de respeto. Para que me empezaran
a ver de otra manera. Entonces las vecinas empiezan a comentar, cada hombre
que va a mi casa es porque se acuesta conmigo. Empezar a ocupar esos espacios
de descalificación frente a otras personas es muy doloroso. Angustias económicas
no sufrí porque esas vueltas fueron muy rápidas y yo estaba sola con mi hijo,
entonces no fue difícil la parte económica, lo difícil fue enfrentar esa ausencia.
Elaborar duelos es muy complicado en ese contexto de ser viuda y no casada que
es otra cosa, aunque yo era la compañera permanente, eso a la policía no le valió,
yo no quedé pensionada, quedó pensionado mi hijo. Desde esas desventajas, esa
denigración como mujer, me sentí muy violentada… y todavía. Y es ese lugar en
que los pone a una la sociedad, cómo pasar a un segundo plano. Medellín, Antioquia,
1993, P.44.
Los estereotipos creados alrededor de determinadas figuras, como las personas desplazadas,
interponen asimismo una pantalla de prejuicios que distorsionan la relación
dificultando la comunicación y la recepción de apoyo; crean una situación humillante
para las mujeres que se encuentran en la necesidad de solicitar ayuda a las entidades o
instituciones.
¿Qué he hecho? Humillarme… en las entidades, eso lo más verraco. Vas a tocar
las puertas en una parte, entonces... lo primero que dicen “¡eso es que se hacen
272
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
los desplazados para que les estén dando!”. Eso es una humillación grande, incluso
a veces encuentra uno con unas secretarias que también lo humillan. La
Llana, San Alberto, Cesar, P.752.
Las mujeres desplazadas han sentido particularmente la falta de apoyo debido a la desconfianza
y consiguiente discriminación que su propia situación genera.
Como mujer me han afectado mucho porque al menos la integración con la familia
se ha alejado, y no hay esa integración como vivíamos antes. En la situación
económica también porque uno pasa mucho trabajo cuando uno se desplaza de
un sitio a otro, tiene que empezar a buscar trabajo, a uno lo discriminan mucho,
le ponen de todo pero, no consigue uno quien le dé un trabajo, no consigue uno
quien le brinde un buen apoyo porque ya piensan que uno es también gente que
no son de la sociedad; entonces eso afecta mucho. Neguá, Chocó, 1995, P.474.
La pérdida del propio valor que se refleja en la mirada de las otras personas es una de
las sensaciones que perciben las mujeres que han sufrido los impactos de la violencia.
Esta devolución de su propia imagen como rechazo o minusvaloración es la causa de la
pérdida de autoestima.
Yo actividad sexual no tengo, porque no tengo marido, no vivo sino con mis dos
niñas, pero yo sí me desvelo mucho, pienso mucho, no duermo bien, me preocupo
mucho por la vida, por la situación. Tengo muy baja mi autoestima, de ver como
que la gente lo rechaza a uno, me siento discriminada, la verdad. La Victoria,
Valle del Cauca, 2010, P.145.
En otros casos, como el siguiente, la dificultad de relacionarse con los demás, de cultivar
amistades, después de las pérdidas derivadas de los hechos traumáticos, propicia el vaivén
entre la sensación de desvalorización y falta de apoyo, y el emerger de la agresividad
y rabia contra aquellos que causaron el daño.
Fue mucho sufrir, sufrí mucho, sufrí mucho, ya por última uno no podía ni tener
amistades porque ya lo consideraban a uno… no sabía uno si era que los demás
eran problemáticos o porque veníamos muy obstinados con la pérdida que habíamos
tenido. Entonces ya uno se siente como… que no vale nada, o se siente
uno muy agresivo, como que uno desearía coger a los que causan daño, cogerlos
y exprimirlos y no sé. Barrio Boston, Barrancabermeja, Santander, 1988, P.754.
La falta de ayuda y asesoramiento jurídico fue particularmente grave en el caso de mujeres
jóvenes y niñas que experimentaron soledad y abandono frente violaciones perpetradas
por integrantes de las fuerzas armadas del Estado. Unos hechos que quedaron en su
mayoría impunes por falta, entre otras cosas, de apoyo legal a las víctimas.
A mí me dolía y me duele pensar que son personas que cuidan de uno supuestamente
a nosotros, y ver que a mí me hicieron eso, precisamente un tipo… a mí,
273
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
la verdad, me cambió mucho porque yo era una niña, porque yo no sabía nada
de eso, nunca tuve a alguien al lado que me ayudara con todo… por la vía legal.
Entonces, sí cambié mucho, no solo que me cambió mi cuerpo, sino que también
mi forma de pensar. Yo le cogí miedo a los hombres, precisamente le cogí mucho
miedo ¡Demasiado a los policías, a los militares! Pereira, Risaralda, 2003, P.692.
Seguir adelante después de los hechos que trastocaron el recorrido de vida de forma
violenta es un proceso que cada mujer ha realizado sorteando obstáculos presentes en el
entorno social, económico y cultural y venciendo barreras o bloqueos interiores relacionados
la mayoría de las veces con los daños sufridos. En este proceso de superación ellas
se vieron impulsadas mayoritariamente por el amor a los vínculos con otras y otros. Las
dificultades y la falta de apoyo en cambio tuvieron que ver las más de las veces con los
prejuicios de género y con la violencia estructural o la injusticia que genera el patriarcado
como forma de dominación.
Conclusiones
En los testimonios de las mujeres entrevistadas hallamos una gran riqueza de información
sobre cómo los hechos de violencia y las violaciones de los derechos humanos repercutieron
de forma brutal en sus vidas truncándolas en un momento de su recorrido y obligando
a las mujeres a enfrentar y a superar graves agresiones a sus cuerpos y situaciones de
pérdida de relaciones, de lugares de vida y de trabajo.
Aunque los testimonios se refieren a unos hechos que responden a patrones repetidos de
violencia contra las mujeres, la experiencia que transmiten presenta una gran variedad
de matices pues surge de biografías únicas e irrepetibles. Sus vidas con anterioridad a
los hechos, los sueños que se desvanecieron con los mismos, eran tan diversos que no
presagiaban un futuro compartido de dolor como víctimas de la violencia. Sin embargo,
las mujeres que dieron testimonio de su experiencia extrema, cuentan con palabras muchas
veces similares lo que ellas sintieron, lo que en ellas se desencadenó con aquella
experiencia.
La vivencia subjetiva de los hechos que se verbaliza no se puede considerar homogénea,
pero sí encontramos en sus formas de expresarla imágenes que nos remiten
a un estado emocional y de experiencia que se ha nombrado como quebranto. En el
quebranto no se rompe una forma de ser mujer, se rompe cada mujer con su singularidad,
y ello se manifiesta en todas las dimensiones de su ser. Así, si en la experiencia
del quebranto coinciden sus biografías, en los impactos que este tiene en los cuerpos y
en el modo de estar en las relaciones se dibujan diferencias importantes. Todavía más
diversos son los recorridos que estas mujeres han trazado como supervivientes de los
hechos de violencia. Los testimonios se resisten a ser agrupados en tipologías de modo
que lo que transmiten son muchas caras de la experiencia de mujeres, muchos modos
de elaborarla y significarla.
274
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Experiencia de mujeres que en muchas ocasiones ellas presentan de forma ambivalente.
La vivencia de quebranto se expresa como morir y seguir viviendo. La relación con los
hijos y las hijas se vive a la vez como una responsabilidad abrumadora y como un deseo
irrenunciable. Y también el heroísmo femenino que se explica como surgido de una extrema
fragilidad, casi de una impotencia. En esa ambivalencia reside probablemente la
capacidad de las mujeres entrevistadas de comunicar la complejidad de su experiencia extrema,
destacando a la vez su impotencia, el “no poder”, y su capacidad de recuperación,
el “seguir pudiendo”. Pues todas ellas, con mayor o menor grado de salud física y psíquica,
con mejor o peor calidad y nivel de vida, con sus sueños y sus relaciones afectivas más
o menos rehechos, han sobrevivido a una experiencia abismal y traumática provocada
por hechos violentos que constituyen violaciones de derechos humanos extremadamente
graves. Han sobrevivido a ella y decidieron contarla porque tiene sentido para ellas poner
su verdad al alcance de otras.
IV. Consecuencias en la sexualidad
Ya mi vida no es como antes en mi vida sexual, en el modo de vivir, ya no tengo
esa tranquilidad, ya no quiero acordarme de lo que me pasó. Neguá, Chocó, 2000,
P.484.
Al abordar cómo los hechos de violencia afectaron la sexualidad de las mujeres quienes
dieron testimonio hacen referencia casi de manera única a las relaciones sexuales entre
mujeres y hombres34.
Estas relaciones se vieron profundamente alteradas por las violaciones de derechos humanos
contra las mujeres. Las experiencias traumáticas incidieron negativamente en las
relaciones afectivas y, muy en particular, en las relaciones sexuales entre mujeres y hombres.
Puesto que muchas de las agresiones buscaron la mutilación y la desfiguración el
cuerpo femenino, así como la vejación sexual de las víctimas, la distorsión que las mujeres
experimentaron en la relación con su propio cuerpo, con el placer y con los hombres
en las relaciones sexuales fue especialmente aguda.
Muchas mujeres refieren cómo el comportamiento sexual en la pareja nunca volvió a ser
el mismo. La forma como ellas y ellos enfrentaron ese cambio dio lugar a muy diversas
situaciones y experiencias: el abandono, la separación o el maltrato, pero también la convivencia
sin relaciones sexuales, en la que cobró un mayor peso el hecho de acompañarse.
Asimismo, las mujeres que quedaron sin esposo o compañero como consecuencia de los
hechos de violencia, hablan de la gran dificultad que experimentaron para volver a tener
una relación íntima con otro hombre.
34 Una sola de las mujeres entrevistadas manifiestó su orientación sexual lesbiana en el análisis de estos impactos.
275
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Estos hechos son significativos porque la verdad que emerge de las mujeres, pone de
manifiesto que son hombres quienes han perpetrado la inmensa mayoría de hechos de
violencia contra mujeres; y que las agresiones sufridas por las mujeres tuvieron muchas
veces un claro carácter de ataque al cuerpo y a la sexualidad femeninas. La violencia
sexual como violación de derechos humanos y tortura sexual fue referida por casi una de
cada ocho mujeres que dieron su testimonio (13.2%; n=123), y la mayor parte de ellas
sufrieron varias formas de violencia sexual. Es decir, la violencia contra los cuerpos de
las mujeres perpetrada por hombres constituye un nudo central de la práctica de relación
entre los sexos en el contexto del conflicto armado colombiano.
Esto no quiere decir que la violencia esté presente en todas las relaciones entre mujeres
y hombres. En las voces de mujeres podemos oír que existen relaciones entre mujeres y
hombres que no están inmersas en la política sexual de socavación de aquellas, llevada
a cabo por actores armados. Las mujeres que dieron testimonio narran experiencias de
relación con hombres, de convivencia o de pareja, que no están marcadas por la violencia
sino por el amor. Pero la violencia preside otras relaciones entre mujeres y hombres,
incluso aunque ésta no tenga conexión directa con el conflicto armado. Algunas mujeres
entrevistadas aluden a relaciones sexuales forzadas y a comportamientos violentos
por parte de los hombres con quienes conviven que preexistían a las vulneraciones de
derechos humanos sufridas y que estos hechos han venido a diversificar e intensificar.
En el contexto del conflicto armado, este tipo de violencia se da con mayor invisibilidad
e impunidad.
La escucha de los testimonios transmite una atmósfera indicativa de que la violencia contra
las mujeres en el contexto del conflicto armado ha generado desconfianza de las mujeres
hacia los hombres. Muchas de ellas manifiestan su rabia y su miedo, su ausencia de
deseo de relacionarse con hombres, y algunas afirman que no volverán a mantener relaciones
sexuales ni de pareja con varones. Esas mujeres hablan, pues, de una perturbación
significativa en la práctica de las relaciones heterosexuales que llega a perfilarse como
fractura en la relación con el otro sexo. Esta brecha emerge de una experiencia de mujeres
víctimas de agresiones, en gran medida de carácter sexual, perpetradas por hombres.
No era lo mismo
Casi una de cada tres mujeres víctimas describe un fuerte impacto sobre su sexualidad
(29%; n=270), como consecuencia de las violaciones de derechos humanos. Si bien la
frecuencia de violencia sexual es menor (13.2%; n=123) estos datos muestran el fuerte
impacto de otras violaciones de derechos humanos, el duelo, estrés y sufrimiento vivido
por las mujeres en su sexualidad.
Los tipos de afectaciones que las mujeres señalan cubren un abanico muy amplio que va
desde la pérdida de deseo o el miedo, hasta la reiteración de los recuerdos, la confusión y
las secuelas en el terreno de la salud reproductiva.
276
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Las mujeres que dieron su testimonio identifican con claridad el nexo causal entre las violaciones
sufridas y los trastornos en el comportamiento sexual derivados de aquellas. No
obstante, al ser preguntadas sobre la afectación en la sexualidad, muchas de ellas mencionaron
otros impactos de la violencia como elementos encadenados que provocaron una
situación de malestar generalizado en la convivencia. En todos los casos las relaciones
con hombres cambiaron llevando a nuevos equilibrios o rupturas y en ese marco de cambio
de la relación, la práctica de la sexualidad en la pareja no sólo se vio afectada, sino
que ocupó un papel relevante.
Una de las distorsiones del comportamiento sexual con la pareja que las mujeres señalan
es la repetición de la agresión sufrida que se interpone en el momento de establecer una
relación íntima, creando confusión y rechazo. La continua intrusión de esa experiencia en
la vida sexual supone un desgaste en la relación de pareja que puede conducir finalmente
a la ruptura.
Me casé a los 17, pero tenía problemas porque yo empecé a confundirlo con el muchacho
que me violó a mí, entonces digamos que al principio lo entendió bien. Pero
fue pasando el tiempo y ya no se la aguantó más. Riosucio, Antioquia, 1999, P.92.
La persistencia de la repetición de la experiencia de violación, aunque se mantenga la
capacidad de discernir entre realidad y recuerdo, puede llegar a convertirse en una barrera
de miedo que dificulta en gran medida volver a tener relaciones sexuales con un hombre.
Estar con un hombre para es mi es algo horrible, o sea, porque la primera vez que…
yo después de eso, estuve con alguien… ¡Imagínese yo lo que sentí! Yo sentí que me
estaban violando, y no precisamente porque lo estuvieran haciendo, no, porque así
me sentía, me sentía así. Entonces, eso me ha afectado en esa parte ¡bastante!, de
tenerle miedo de tener relaciones con alguien. Pereira, Risaralda, 2003, P.692.
Reanudar la vida sexual con la pareja después de haber sufrido una violación implica
rehacer la relación con el propio cuerpo para recuperar el deseo y el placer de abrirse a
una relación íntima con el compañero. Incluso la disposición de acompañamiento y la
comprensión por parte de la pareja fueron a veces insuficientes para dejar de asociar las
relaciones sexuales con el recuerdo de los hechos traumáticos.
De ahí en adelante duré como seis meses que no me dejaba tocar ni un pelo. Él me
hablaba, me aconsejaba, me ayudó mucho pero a veces se me arrima y me parece
que esa persona que me violó está ahí. Vereda Patio Bonito, Líbano, Tolima, 2001,
P.153.
La huella psíquica de las agresiones sexuales atraviesa el tiempo y el olvido, de modo que
el recuerdo puede resurgir, espoleado tal vez por otros hechos, imponiéndose hasta crear
serias dificultades para mantener relaciones sexuales con el esposo.
277
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Desde hace tiempo que pasó eso, lo único que yo he conversado con mi esposo,
será también hasta por eso, es de los problemas que hemos tenido también con él,
porque… no permito a veces que se me acerque, como decir que venga, no. Yo no
soy, es como algo que, algo, algo… Recuerdo cosas, tremendas. Porque a mí me
ha pasado algo en la niñez, entonces, por ese motivo esos recuerdos, porque a mi
casi se me había olvidado, ya ni recordaba eso… Yo me imaginaba, que llegara
borracho, porque usted sabe que esas personas si se emborrachan con armas y
todo ahí. Yo me imaginaba que me amenazaban, que a la fuerza [la forzaban]…
era tremendo. Platanero, Cauca, 2000, P.839.
El miedo a mantener de nuevo relaciones sexuales después de haber sufrido una agresión
es una de las afectaciones que las mujeres refieren al tratar de explicar cómo los hechos
de violencia cambiaron su vida sexual.
¡Umm! Sí. O sea, yo iba hacer el amor con mi esposo y me daba miedo (sollozos)
y sentía como temor, no, no sentía deseos de hacer el amor. Río Negro, Antioquia,
2001, P.698.
La interferencia del miedo como distorsión del comportamiento sexual no se relaciona
sólo con las agresiones al cuerpo femenino; en el caso que se cita a continuación, es el
temor a hacer daño a la otra en la relación corporal, después de una prolongada separación
debida a un secuestro, lo que impide al esposo volver a tener intimidad sexual con
su esposa. Sin embargo, el diálogo en el seno de la pareja permitió superar los temores y
la desconfianza mejorando la relación en un sentido general.
Los primeros meses sí, porque mi esposo decía que a él le daba miedo tocarme.
Me decía que le daba miedo hacerme daño, porque fueron como 3 meses en que,
yo decía qué pasó… yo pensaba que de pronto él estuvo con otra persona allá. Yo
le pedía que me cuente, pero ya no después no, en todos los aspectos después del
secuestro mejoró nuestra relación. El Tambo, Cauca, 2001, P.341.
En la mayoría de los casos, los hechos traumáticos quiebran el sentido de la propia vida
provocando una pérdida de la disposición y la capacidad de gozar. La apatía, el decaimiento
y la falta de gusto o deseo por las cosas afectaron negativamente las relaciones
íntimas entre mujeres y hombres.
Las mujeres que sufrieron una violación u otra agresión sexual a una edad temprana
quedaron marcadas por esta experiencia antes de tener relaciones sexuales adultas. Este
hecho, como en el testimonio siguiente, dejó como secuela el bloqueo de la capacidad de
sentir placer en las relaciones íntimas durante mucho tiempo.
Pues yo no sé si normal, ya cuando yo vine a tener mi primer novio a los 18 años
bueno si un muchacho normal y desde yo no sé cuándo tuve mi primera relación
278
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
sexual… o sea si me preguntan qué es un orgasmo, yo no sé qué se siente. Con esa
persona… nunca sentí nada. Cañasgordas, Antioquia, 1995, P.11.
Otras mujeres entrevistadas hablan de la desaparición del deseo sexual en la pareja como
consecuencia de experiencias traumáticas.
Como que no era lo mismo, así como que el mismo ánimo de… o esa misma ansia
o la misma pasión, no… (llora). Urabá, Antioquia, 1985, P.46.
Porque, a ver, uno cómo hace para uno pedirle algo a la pareja al verla así como está.
No y es que no, no, no siente uno deseos de nada. Puerto Toledo, Meta, 2005, P.111.
Vivir en una tensión permanente debida al miedo o las amenazas empeora la calidad de
vida desde el punto de vista físico y mental, disminuye la propia estima y contribuye a la
pérdida del deseo sexual.
Imagínate con ese trauma que sufrimos aquí, todo se me ha bajado, la autoestima,
sufrí de esa tensión de que si estas comiendo estás mal, si te vas a acostar estás
mal. Y si tú estás mal mentalmente tu deseo sexual baja, no tienes deseo de, porque
siempre estás pendiente de que van a venir, eso, eso es tenaz. San José del Playón,
María La Baja, Bolívar, 1999, P.203.
La falta de deseo sexual expresa un conjunto de impactos derivados de las violaciones de
derechos humanos. Es decir, en la experiencia viva, las afectaciones se dan de manera simultánea
o sucesiva, interaccionando entre ellas e intensificándose en algunos casos. Los
relatos de mujeres transmiten esa complejidad. En el caso siguiente, la pérdida de sentido
de la vida y de la propia estima, asociadas a una prolongada separación de la pareja, junto
con el envejecimiento que conlleva el paso de los años, es un hecho devastador para la
relación de pareja que conduce a la desaparición del deseo, del placer y al rechazo de las
relaciones sexuales.
Pues prácticamente debido a lo que me sucedió, porque parece como que el goce
se acabó, una autoestima digo yo, ya la vida no tiene sentido, entonces eso afecta
mucho, la vida, cuando ya pude volver a unirme con mi esposo (…) pues ya tampoco,
si durante ese tiempo ya se perdió toda la emoción sexual y todo pues ya
ahora menos. Vereda Porvenir, Turbo, Antioquia, 2000, P.124.
En las narraciones de mujeres entrevistadas las distorsiones y dificultades en la práctica
sexual con la pareja no se desvinculan de los cambios que las violaciones de derechos
humanos sufridas supusieron para la relación en su conjunto. Los impactos de la violencia
como los cambios en el carácter, la dificultad de relacionarse con las personas cercanas,
las afectaciones en la salud, etc., tuvieron repercusiones directas en la vida de pareja,
entre las que se hallan las afectaciones en la vida sexual.
279
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Con respecto a lo íntimo siento mucha amargura. Insisto en poder reconstruir
mi sueño aunque para lograrlo tenga que volver a desplazarme. Siento mucho
miedo. Con relación a la vida de pareja todo cambia. Puerto Colón, San Miguel,
Putumayo, 2001, P.545.
Afectaciones en la vida sexual… me daba como esa cosa que yo lo maltrataba, yo
lo gritaba, le decía que no quería saber nada, nada. Riosucio, Chocó, 2006, P.136.
Los trastornos emocionales asociados a una experiencia extrema también influyen, aunque
de forma tal vez más indirecta, en el comportamiento sexual. La falta de tranquilidad,
la tensión nerviosa, la dificultad para expresar los sentimientos no propician las condiciones
en las que se pueden tener unas relaciones sexuales satisfactorias.
De nervios, en la vida sexual también. Tampoco volví a ser la de antes que hablaba,
me expresaba. Yo ahora soy poco expresiva. Patio Bonito, Líbano, Tolima,
2001, P.153.
Cuando la vida se trastoca totalmente, como en el caso del desplazamiento que conlleva
la ruptura de la propia vida en todos sus ámbitos, se dislocan los funcionamientos básicos
de la persona, lo que desencadena comportamientos y estados emocionales muy difíciles
de gestionar. En ese contexto se deteriora frecuentemente la vida de pareja en todas sus
dimensiones.
Se hace complicado porque ya no tiene uno esa, esa paz, ya no tiene uno la tranquilidad
que tenía antes, entonces ya, ya no quiere… o sea, es tanto el estrés que
ya uno de pronto a veces no duerme, eso le afecta a uno, eso lo vuelve a uno irritable,
ya no quiere que le hablen, que lo toquen, que nada, o sea, es un espacio de
tiempo muy, como muy difícil para uno… o sea, un estrés terrible, una ansiedad
¡tremendo! Entonces eso, pues como que dificulta la relación personal con la pareja.
Puerto Wilches, Santander, P.695.
No he podido tener una vida normal
En la vivencia de los impactos y las afectaciones sufridas como consecuencia de agresiones
es difícil establecer una separación entre afectación física y psíquica. Lo mismo
ocurre en lo relativo a la vida sexual y a los problemas que conciernen a la fertilidad y el
embarazo. En los casos más problemáticos, las afectaciones de tipo emocional, se unen
a trastornos en la gestación y en la fertilidad, viviéndose, junto con las dificultades en la
vida sexual, como una unidad de experiencia.
Me mantengo muy enfermosa, últimamente los nervios me mantienen muy alterada.
No sé si a raíz de las amenazas de aborto y aunque tuve al niño, me mantengo con
mucho dolor bajito, ya no menstrúo. Relaciones de pareja no he podido tener una
relación bien, porque todo eso se me revuelve ahí y me vuelve un caos, no he podido
tener una vida normal. Alto Baudó, Chocó, 2001 y Bogotá ,D.C., 2006, P.483.
280
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Las mujeres que sufrieron violación sexual tuvieron que enfrentar no sólo múltiples afectaciones
en la vida íntima, sino en la salud reproductiva. Los impactos de las violaciones
sexuales comportan secuelas de todo tipo en las que se entrecruzan dolencias corporales,
como infecciones debido a lesiones o por contagio, y trastornos emocionales.
Yo le cogí miedo a los hombres. Yo duré muchos años sin tener una relación con
nadie, no le hablaba a nadie, me reprimí de todo, no quería hacer nada, no quería
seguir viviendo, fuera de todo me tocó… fuera de todo lo que me hizo ese desgraciado,
por no decirle más… me enfermó, me tocó durar dos años, dos años
y medio en tratamiento en la Liga Contra el Cáncer, por una infección que me
produjeron las violaciones de él. Entonces por eso como que no me ha… o sea, le
cogí miedo a los hombres y yo no era capaz de estar con nadie y tener una relación
con nadie. San Blas, Bolívar, 2005, P.786.
Uno de los problemas añadidos al malestar del cuerpo y del espíritu después de haber
sufrido una violación puede ser la imposibilidad de tener hijos.
Después de eso, de lo que ese tipo me hizo… yo quedé con unos dolores, como en
la parte… estar, por ejemplo, con mi compañero a veces duele, pero no porque
sea grosero o brusco sino porque… pues, no sé, siento… me duele y no solo pasó
con él, sino con algunas otras relaciones (…) Y no solo eso, igual yo no puedo
asegurarlo, pero casi que puedo decir que yo quedé con un problema para tener
hijos. Pereira, Risaralda, 2003, P.692.
Algunas de las agresiones contra las mujeres tuvieron como consecuencia directa la incapacitación
física para procrear. En este testimonio, se pone de manifiesto que la orientación
sexual y el deseo de la maternidad pertenecen a dos ámbitos diferentes de la vida. La denuncia
de los abusos sufridos que la incapacitan para la gestación es también una reivindicación
de la maternidad al margen de la institución familiar y la heterosexualidad “obligatoria”.
Debido a todas esas consecuencias tuvieron que sacarme la matriz y ahí tengo las
pruebas, ahí tengo todas las cosas de todo el proceso que me ha tocado con respecto
a la salud. No pude, como dicen, realizarme como nada….claro, porque a
pesar de ser lesbiana uno anhela tanto tener un hijo, porque que uno sea lesbiana,
o sea homosexual puede anhelar un hijo, ¡claro que sí! Y esto aquí lo hablo no
solamente en mi nombre, sino en nombre de todas las lesbianas. Zapatero, Huila,
2000, P.773.
En algunos casos otra consecuencia de la violación fue el contagio de enfermedades o
problemas de salud como el VIH. Tanto un hecho como el otro se mantienen ocultos las
más de las veces. Haber sufrido una violación es habitualmente silenciado por las mujeres
debido a razones que tienen que ver con exponer la propia vulnerabilidad y también con
exponerse a los prejuicios socioculturales del entorno. Por su parte, el sida es una enfermedad
que se asocia a conductas de riesgo como la promiscuidad sexual sin protección o
el uso de drogas por vía parenteral sin condiciones higiénicas, pero frecuentemente estig281
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
matizante. Alrededor de ambas realidades, en el testimonio que se cita a continuación, las
mujeres que conocen los hechos tejen un silencio protector.
Cuando la fui a ver así estaba súper flaquita y la traje acá, mi tía me la había
ingresado al Hospital San Pedro donde la tuve 15 días por una neumonía y ahí
fue donde le detectaron un VIH. Desde un principio le pregunté a mi mamá que si
ella había tenido alguna pareja. Mi mamá también siempre me lo negó, entonces
no sé de donde según me dicen que la gente que la llevaban para allá siempre les
inyectaban, pero no sé qué tan cierto haya sido. Prácticamente mi mamá murió
fue por esa enfermedad. Tumaco, Nariño 2006, P.506.
Dificultades en las relaciones de pareja
Las dificultades surgidas en la vida sexual, en el marco del matrimonio o la pareja, no
fueron un terreno fácil de abordar en las entrevistas cuando se habló del impacto de la
violencia. La práctica sexual es un ámbito ligado a la intimidad de las personas que se
resiste a ser traducido en palabras. Pero también es difícil dialogar, desde las experiencias
distintas de mujeres y hombres, sobre los comportamientos sexuales porque están sujetos
a las constricciones culturales, y en particular a las creencias de tipo religioso, que los
asocian al sentimiento de vergüenza, al pudor, al pecado y al honor.
Lo que pasa es que las relaciones sexuales con mi marido son más bien pocas
porque nuestra relación es más de compartir que de sexo, porque yo con el sexo
tengo muchas aversiones en la medida de que como yo no me alcancé a casar
en lo católico con mi esposo y me casé por lo civil, pero yo era muy católica,
por ejemplo, no hacía el amor con mi esposo los domingos porque era pecado,
yo lo evitaba mucho y mamá encima diciéndome que me tenía que casar por lo
católico… la Iglesia influyó mucho en mi sexualidad y él ha sido un sufrido en ese
sentido. Como todos los hombres, ellos buscan la penetración y todo ese tipo de
cosas, siempre he tratado con él de que nuestra relación sea menos sexual y más
de compartir. Barrio La Camila, Bello, Antioquia, 2004, P.68.
Algunos esposos o compañeros rechazaron a las mujeres después de experiencias de violencia
o vejación sexual por parte de otros hombres. La imposibilidad de enfrentar esa
experiencia de manera compartida con la pareja se debe la mayor parte de las veces a
una combinación de factores, incluyendo estereotipos sexuales o sexistas, dificultades
de comunicación, o sentimientos de un ataque directo a los valores de la feminidad y la
masculinidad asumidos.
Lo que pasó fue que ellos me manosearon toda delante de él y de mis hijos, toda
me manosearon. Él ya no más nunca quiso saber nada de mí. A mí me dolía eso
porque es mi compañero, y eso así está. Nosotros dos jugamos, usted ve un hogar
bonito, pero más nunca fui mujer de él. Pereira, Zambrano, Bolívar, 2002, P.249.
282
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Los comportamientos establecidos por los roles de género en la práctica de la sexualidad
están estrechamente relacionados con la identidad sexual; cualquier desajuste o perturbación
en los mismos puede ponerla en duda o hacer que se tambalee. El desconcierto creado
por la situación de desajuste favorece el deterioro de la relación precisamente por la
dificultad de afrontar los trastornos en el comportamiento sexual. El grado de sensibilidad
hacia la satisfacción sexual de la pareja puede ser decisivo para pedir ayuda o afrontar de
modo cuidadoso y dialogado los trastornos en la vida sexual.
Yo tengo un problema y no sé si será de eso pero dicen que es falta de concentración
pero de ese tiempo para acá no ha habido satisfacción en el acto sexual. Eso
me lo había dicho un doctor, que era hasta peligroso [riesgoso] que nos dejemos
por esa incomprensión, y que tenía que ir con mi esposo a una cita. San Marcos,
Putumayo, P.540.
Son numerosos los casos en los que las mujeres no han sentido el apoyo de sus parejas
masculinas para superar los trastornos en la vida sexual después de haber sido víctimas de
vulneraciones de los derechos humanos. La falta de diálogo, de comprensión de la difícil
situación y, en definitiva, de compromiso con el vínculo establecido, son las carencias que
numerosas mujeres viven a partir de las afectaciones sufridas y que hacen que su relación
de pareja se haya ido desmoronando hasta llegar a la ruptura. También es fuente frecuente
de sentimientos de culpa al no encontrar una manera de entender y/o de hablar de las
secuelas de la violencia sexual como parte de un proceso de recuperación.
Porque yo tuve, yo llegué a notar que al esposo no lo miraba, yo no sentía deseos
de estar con mi esposo, nada… era como él… pues yo… él me estorbaba, me fastidiaba,
hasta que no se si era que se me notaba, yo me hacia la enferma, porque yo
no quería estar con nadie y eso me afectó harto porque, de pronto, será que uno,
yo lo pienso así, pero desde otro punto de vista, cuando uno ama no echa atrás, o
no echa a buscar culpables, ni excusas. él al ver que yo estaba así, había estado
buscando por otro lado. Pero no hubo ningún diálogo, de decir qué pasa, ni qué
se siente, está enferma, nada. Villagarzón, Putumayo, 2002, P.345.
La dificultad para afrontar los impactos derivados de experiencias de sufrimiento, como
la pérdida del deseo o de la capacidad para el placer en la relación corporal con el otro,
o el hecho de considerarlos insuperables, puede llevar a eludir la intimidad y a retardar
el proceso de superación junto con la pareja. En otros casos, las consecuencias para las
mujeres tienen que ver también con los impactos en la sexualidad de los hombres.
La vida de sexualidad, también no es lo mismo. Porque él dice que ya la gente,
cuando tiene sufrimiento, no es lo mismo, no se puede, no tiene la mente fresca,
ya no hay... Entonces usted se deja un poco.. Él dice que espere un tiempo, que
tenga paciencia, que, algún día cambia eso. Y todo. Olaya Herrera, Nariño,
2008, P.878.
283
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Otras mujeres expresan los problemas derivados de los impactos de la violencia en las
relaciones sexuales como una dificultad compartida con el hombre que no siempre han
sabido cómo afrontar.
En lo sexual, mal todo…tanto en él como en mí, nos afectó mucho eso… Ituango,
Antioquia, 2008, P.672.
No obstante, la imposibilidad de reanudar su vida sexual, o la pérdida de calidad en la
misma, debida al impacto de los hechos traumáticos no siempre supuso la ruptura o la
separación de la pareja. Algunas parejas hallaron nuevos equilibrios que, de todos modos,
no siempre resultaron ser igualmente satisfactorios para los dos. Especialmente la pérdida
de un hijo como consecuencia de la violencia puede tener efectos también en la relación
de pareja por los distintos ritmos y estilos de duelo, que aumentan el sentimiento de incomprensión
y la dificultad de proporcionarse apoyo mutuo.
Lo único que hemos tenido es esa la pérdida del hijo que eso si nos afectó un poquito
en cuanto a lo sexual, cierto, pero tampoco fue una cosa así como también
de separarnos, no. Urabá, Antioquia, 1985, P.46.
Algunas parejas, pues, siguieron acompañándose en la vida en común y la convivencia
sin recuperar las relaciones sexuales.
Nosotros como compañeros, ahí estamos, como pareja nos afectó mucho eso…
los dos nos desmoronamos, nosotros vida sexual no tenemos. Ituango, Antioquia,
2008, P.672.
Recuperar la relación que existía entre un hombre y una mujer antes de los hechos
que truncaron sus recorridos de vida supone volver a crearla, rehacerla de nuevo. Las
separaciones prolongadas, debidas a detenciones o secuestros, dan lugar a un lapso de
tiempo en el que la relación queda en suspenso, se convierte en “un espacio de sueños”,
que debe volver a cobrar realidad en el reencuentro. Rehacer la relación en todas sus
dimensiones, sexual, de acompañamiento, de convivencia, es una apuesta que requiere
un proceso y un compromiso.
Hay una cosa muy clara, que la relación empieza en el momento en que la persona
llega, ese espacio de ausencia, es un espacio de sueños, un espacio ambiguo, ambiguo
que construye sueños, pero no real; y la realidad empieza, es cuando llega
cuando te dice si quieres seguir, si no quieres seguir, igual dices quiero seguir o
no quiero seguir… Cali, Valle del Cauca, 2002, P.891.
Volver a empezar
Las mujeres que perdieron o se separaron del compañero como consecuencia de hechos
violentos o vulneraciones de derechos humanos tuvieron que enfrentar numerosas difi284
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
cultades al plantearse la posibilidad de volver a tener una pareja masculina. Dificultades
que no siempre desaparecieron por el hecho de tenerla. Los obstáculos que ellas refieren
se relacionan con las afectaciones y su permanencia en el tiempo, pero también con los
cambios de roles que las mujeres realizaron para afrontar los hechos que modificaron
drásticamente su trayectoria vital.
Hay que recordar la variación de las relaciones de pareja en las mujeres víctimas dado que
mientras una de cada dos mujeres entrevistadas tiene pareja estable, la mayor frecuencia
es en uniones de hecho en un 31.9% (n=245), y en un 17.6% (n=135) matrimonio. Mientras
que el 22.9% (n=176) es soltera, un 16.9% (n=130) es viuda y el 10.7% (n=82) está
separada.
Una barrera difícil de franquear para las mujeres que fueron víctimas, a la hora de iniciar
de nuevo una relación, es la presencia del pasado y sus secuelas. Ellas llevan consigo una
historia que temen compartir y que a la vez forma parte de lo que son. Así ante la posibilidad
de tener una nueva pareja se plantean el dilema de explicar o no la experiencia vivida,
en especial si se trata de una agresión sexual, por temor al rechazo que puede suscitar en
la otra persona. Pero también existe el temor a que desvelar un pasado doloroso pueda
desencadenar la repetición de los recuerdos y con ello se confirme la imposibilidad de
llegar a estar con otra persona.
La sexualidad se afecta en el sentido de que uno no puede estar con otra persona,
uno piensa que uno en un futuro puede tener a otra persona, pero es que es un
poquito complicado. Porque si uno confía en esa persona tiene uno que decirle lo
que pasó, o sea el pasado de uno, y uno no sabe si esa persona lo acepte o no lo
acepte. No sé, creo que uno puede recordar y no puede uno tener una persona así
como bien, una pareja, no creo. Belalcázar, Cauca, 2009, P.365.
Los recuerdos intrusivos, el peso del pasado, efectivamente dificultan la normalidad al
establecer una nueva relación con un hombre incluso cuando éste, conociendo los hechos
acaecidos, puede aceptar y comprender a la mujer que es su pareja.
Como mujer pues bastante, pues considero yo en que ya pienso mucho en tener
una relación, en este momento tengo una persona que ha sido un apoyo muy grande,
cuando salió lo que me sucedió en los diarios, que él lo leyó, en vez de recriminarme
llegó a abrazarme, pero como mujer me he dado cuenta que no puedo responderle
como antes, porque me suscita recuerdos que no… es complicado para
mí tener situaciones con él, diría yo normales. Saravena, Arauca, 1996, P.137.
Otras mujeres optaron por casarse de nuevo buscando un refugio para evitar la soledad y
superar las afectaciones provocadas por las violaciones de derechos humanos. Sin embargo,
en muchos de esos casos en que la relación tuvo un carácter más formal, el matrimonio
no resultó ser tal refugio por la imposibilidad de sostener una relación de calidad con
la pareja sobre esas bases, como observa la mujer que da el testimonio.
285
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Tengo un niño. Pero más que todo no me casé por amor sino por la soledad que
sentía, de pronto por refugiarme en esa persona, y pues yo veo que eso me causó
problemas. Me causó dificultades porque a raíz de eso o sea como yo no siento
amor lo suficiente para con él y no le demuestro ese amor, entonces él se llenaba
como de rabia por esto. Mocoa, Putumayo, 2005, P.531.
Contraer matrimonio de nuevo puede ser también un intento de normalizar la vida superando
los hechos traumáticos del pasado, reconstruyendo las relaciones afectivas. Sin
embargo, las afectaciones derivadas de una agresión sexual son huellas que permanecen
y resurgen a lo largo de la vida dando lugar a trastornos en la vida íntima de la pareja.
Después de los años cogí marido, pero ya no es como antes o sea, no tengo relación
sexual con él como antes, porque me da asco cuando se acuesta a mi lado. He
tenido una baja autoestima y me ha afectado mucho en la vida sexual, que por eso
hasta ahora estoy en problemas con el marido por eso… porque no puedo tener
relación sin sentir asco. Río de Kennedy, Quibdó, Chocó, 2003, P.415.
También con respecto a reanudar una vida matrimonial después de la pérdida del esposo
podemos escuchar reflexiones complejas y ambivalentes de las mujeres que narran su experiencia.
Por una parte, la mujer entrevistada, siguiendo los consejos de su padre, acepta
las ventajas y valora positivamente tener un compañero para no estar sola cuando los
hijos varones abandonen el hogar, respondiendo al cumplimiento de los roles de género
según los cuales una mujer debe contar con la compañía de un varón y las hijas mujeres
deben ser las encargadas del cuidado de los padres.
No obstante, al evaluar la experiencia de volver a tener marido, ella misma señala la dureza
del proceso de adaptación cuando una mujer se ha sobrepuesto al asesinato de su esposo,
ha asumido en solitario sus responsabilidades con respecto a los hijos y también se ha acostumbrado
a actuar con libertad. Retomar la convivencia íntima con un hombre después de
diez años se describe como algo difícil. En ello influye tanto el tipo de relación actualmente
establecida, como el impacto de los hechos vividos y las bases de un modo de ser mujer que
ha variado con los cambios de rol acaecidos y los aprendizajes realizados.
Muy duro porque por ejemplo uno, ya ha tomado sus propias libertades, sus propios
cuentos, o sea es como una responsabilidad menos, uno sabe que tiene responsabilidad
con los hijos, pero que ya no tiene la responsabilidad de un marido,
y es durísimo volver a empezar. Si es traumático. Llevo año y medio pero ha sido
durísimo adaptarse. Adaptarse de nuevo a tener marido ha sido para mí terrible.
Popayán, Cauca, 2001, P. 323.
Para algunas mujeres la situación creada por la pérdida del compañero ha supuesto en
unos casos la imposibilidad y en otros la renuncia a un nuevo matrimonio o relación de
pareja. La imposibilidad, tiene que ver a menudo con los prejuicios derivados de los roles
de género con respeto al comportamiento sexual de mujeres y hombres, y también con las
286
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
responsabilidades que se asignan a cada uno de ellos. Mientras que la renuncia se debe
muchas veces al miedo, al deterioro de la propia imagen, a la frustración o al rechazo de
la posibilidad de sustituir a la persona amada.
Uno de los prejuicios más corrientes de la cultura patriarcal que impregna el sistema de
géneros es dar por hecho que una mujer está sola cuando no tiene una pareja masculina.
La falta de un hombre al lado de la mujer se asocia en el imaginario masculino con el desamparo,
la necesidad y la baja probabilidad de que un hombre sea rechazado por ella. Sin
embargo, el compromiso estable de un hombre con una mujer que tenga hijos a su cargo
se convierte en una opción improbable por la responsabilidad que conlleva.
Inclusive después ya de yo ser adulta ha habido hombres que creen que porque
uno es una mujer sola, que porque uno anda en proceso social, que porque uno
va a eventos es a buscar macho. Si lo hacen con uno, cómo será con una pelada.
Han tratado, se le meten a la cama de uno a forcejarlo, a tocarlo, ¡claro que sí he
sido víctima de eso! Pero es más como por ese lado de que los hombres creen que
las mujeres cuando estamos solas y hacemos trabajo social es porque andamos
buscando macho. San Vicente de Chucurí, Santander, 1990, P.745.
Por lo que se refiere a la actitud de los hombres con respecto a las mujeres que quedaron
sin esposo y a cargo de los hijos, el testimonio que se cita a continuación señala la
diferente forma en que los dos sexos se colocan frente a la sexualidad. Mientras que la
mujer entrevistada habla de una relación “seria y placentera” con un hombre como una
aspiración propia, ella misma observa que para los hombres una madre sin un varón como
pareja es considerada una mujer accesible desde el punto de vista sexual, pero no deseable
como pareja estable.
Es que es muy distinta la sexualidad como la vivimos los hombres y la vivimos
las mujeres. Por ejemplo, una mujer sola como yo, entonces tener sexo
es como hagámosle el favorcito a esta pobre. Que está solita o no asume una
relación seria... Sino que esta es “la para el rato”. O con tantos hijos yo no
me meto con ella de lleno… entonces me tocaría darle plata. Y eso es algo
que es doloroso, que es muy molesto y es muy complejo de verdad iniciar una
relación seria, placentera y con un hombre teniendo cuatro hijos. Medellín,
Antioquia, 1993, P.44.
Muchas mujeres no han vuelto a casarse después de perder al marido, aunque no hayan
renunciado a tener relaciones sexuales. El hecho de que ellas sean las responsables de los
hijos puede haber influido aumentando las dificultades para tener de nuevo pareja.
Bueno, en mi cuerpo, no, o sea de allá para acá mi salud ha estado bien. Mi sexualidad,
pues no, no, desde que murió mi esposo, no he vuelto a conseguir marido.
Tal vez, la necesidad de algo por ahí, pues sí, pero de resto, nada de eso. Desde
287
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
que murió él, estoy viviendo no más con mi papá y mis dos hijos. Dagua, Valle del
Cauca, 2002, P.857.
Las huellas de la violencia en el propio cuerpo, como la pérdida de extremidades o las
desfiguraciones, han jugado también un papel importante en las dificultades de las mujeres
para recuperar su vida sexual y para establecer nuevas relaciones con hombres. En el
testimonio siguiente la mujer entrevistada señala una conexión clara entre la pérdida de
atractivo de su cuerpo y la pérdida de las parejas sucesivas que la llevan a la decisión de
no querer reanudar ningún tipo de vida amorosa.
Hasta ahora yo me siento así, mi vida sexual cambió y no he vuelto a tener relaciones
amorosas. No, porque yo pensaba, porque uno no tiene una pierna y no, primero
tuve el niño de ahí, el papá se fue, y ahora tuve la niña y también se desapareció el
papá por eso ya no... Florida, Valle del Cauca, 2001, P.322.
También otro tipo de impactos fueron decisivos para que las mujeres desecharan la posibilidad
de tener una nueva intimidad de pareja. La huella psíquica del trauma y el miedo a
la repetición de los hechos son los motivos aducidos por la mujer que da testimonio para
explicar su negativa a volver a tener marido y su renuncia a la vida sexual.
En mi vida sexual me afectó totalmente, porque yo decía, “yo que voy a estar cogiendo
marido para que me pase lo mismo o de pronto no me pase”. Es decir es
un trauma que uno no tiene con que compararlo. Opogadó, Chocó, 1997, P.477.
Con la pérdida del ser querido, algunas mujeres sintieron que una parte de sí mismas se
moría. Si bien esto forma parte del proceso de duelo normal, también puede dar lugar a
vivirse como la muerte de la parte de sí misma que concierne a la sexualidad y la intimidad
compartida con un hombre. La solución de convivencia con un varón que describe
la mujer entrevistada responde con toda seguridad a la estrategia, por parte de ambos, de
cumplir los papeles de género según los cánones de la heterosexualidad obligatoria para
no ser señalados.
En todo sentido porque después de que me pasó eso, no he sido capaz de tener mi
pareja, lo he intentado porque a veces yo me he sentido tan sola, ¡no soy capaz!
No soy capaz. Ahorita convivo con un muchacho, pero él es…digamos a él le gustan
los mismos hombres. Convivimos ahí como para presentarle a la mamá de él.
Él tiene su pieza, yo tengo mi pieza, y sí, nos hicimos como un favor mutuo, pero
no, yo digo que… eso se me murió no sé, no sé qué pasa, pero yo digo que, yo
volver a tener una pareja…no. Vereda Peralonso, Meta, 1998, P.774.
Para otras mujeres, el factor que les ha llevado a no acompañarse de nuevo es la vivencia
de que la muerte del esposo no se puede reemplazar porque el espacio de su ausencia sigue
lleno de dolor. Se trata pues de una pérdida insuperable que lleva consigo la renuncia
a la vida sexual y a la posibilidad de tener otra relación con un hombre.
288
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Para mí no hay hombre que yo diga que me va hacer feliz, no nada. O sea no creo
que pueda haber otra persona. La Jagua de Ibirico, Cesar, 2001, P.122.
Esclavitud sexual y violencia contra las mujeres
Diversos testimonios de mujeres narran experiencias en las que la violencia de tipo sexual
estuvo presente en su vida cotidiana de convivencia con un hombre. Forma parte de la
cultura patriarcal un sistema de géneros que define los roles femeninos y masculinos en
términos de poder y dominación de los hombres sobre las mujeres. Un poder que se ejerce
a veces por medio de la violencia directa. El uso de la violencia en la convivencia y las
relaciones sexuales no consentidas son prácticas de relación entre mujeres y hombres no
mediadas por el amor sino por la fuerza y, en esa medida, no son formas de sexualidad
sino ejercicio de la violencia.
Esto se hace evidente en los casos en que mujeres adultas o menores han sido obligadas a
convivir y mantener relaciones sexuales con victimarios o con hombres armados que han
controlado y forzado sus cuerpos y sus vidas por medio de la violencia física y el uso de
las armas, en el contexto de conflicto armado en Colombia.
Él era como una obsesión yo no podía mirar a nadie porque por eso me pegaba,
eh… a mí no me daba... o sea, qué ganas le pueden dar a uno como mujer de estar
con un hombre que a usted no le gusta, que no le apetece, que no siente nada por
él y fuera de eso si está con usted le está pegando, la está obligando, le está poniendo
un revólver en la cabeza… San Blas, Bolívar, 2005, P.786.
Yo tomé la decisión de irme, pero nunca me imaginé que estaba embarazada, yo
no sabía, yo sé que eso fue un 10 de septiembre, porque la última vez…a él lo
mataron el 13 y él hacía dos días había estado conmigo…él me dijo a mí que me
podía ir y yo me demoré tres días y me fui. Apía, Risaralda, 2002, P.687.
Por su parte, cuando el acoso y la violación se dan en el seno del matrimonio o la vida de
pareja su interpretación como mero ejercicio de violencia se ha prestado a mayor confusión,
pues la posición de dominio del varón en la institución familiar ha legitimado comportamientos
brutales que le daban acceso sin consentimiento al cuerpo de la esposa y, en
ocasiones, de las hijas. En el testimonio que se cita a continuación se pone de manifiesto
este modo de poder masculino. La familia es el ámbito donde el varón ejerce violencia
sexual contra su pareja y su hija.
Eso fue terrible porque a mí el prácticamente me acosaba sexualmente, yo llegaba
cansada de trabajar, él nunca me le dio nada a los niños, o sea, siempre porque
decía que los niños eran hijos míos que yo era la que tenía qué responder. O sea,
me tocaba terrible, triple trabajo porque me tocaba con los niños, la labor de la
casa y todavía salir a trabajar a afuera y más encima de eso ya la violación, porque
muchas veces yo no tenía relación sexual con él o lo que me le había hecho a
289
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
la niña, él me cogió obligada y me tocaba. Vereda del Indio, Carmen de Chucurí,
Santander, 1998, P.757.
Hay mujeres que han vivido inmersas en relaciones de violencia y violencia sexual
a lo largo de su recorrido biográfico. La reiteración de la violencia se va sucediendo
en sus vidas desde el lugar del primer aprendizaje, la casa familiar. La sucesión de
relaciones violentas se sostiene en la socavación del valor de la mujer basada en los
prejuicios de género, como por ejemplo el de la virginidad, vinculados al control del
cuerpo femenino.
Entonces él cada nada me pegaba y me echaba de la casa, que me fuera de su
casa, que yo no era nada, que tampoco valía nada, me decía. Y así, cuando cumplí
como 14 años me fui de la casa a caminar… ahí me conocí con un muchacho.
Después ya le comenté a él y cada nada me echaba eso en cara, me decía que yo
tampoco valía nada porque yo cuando me metí con él, no era virgen, o sea, siempre
era eso. Puerto Wilches, Santander, 2003, P.785.
El peso de los prejuicios de género hace que las mujeres pierdan valor frente a los hombres.
Las experiencias de maltrato psicológico, asocian frecuentemente el manejo de la
culpa y la desvalorización de las mujeres.
La violencia hacia las mujeres adopta múltiples formas en un continuo que se materializa
en violencias de diversa índole que afloran en ámbitos de relación diferentes. La violencia
contra las mujeres que tiene conexión directa con el conflicto armado y la violencia presente
en las relaciones entre mujeres y hombres en distintos ámbitos de la convivencia, se
da en un continuo que las entrelaza justificándolas y reforzándolas. El nexo de unión entre
todas ellas es que atentan contra la integridad y la dignidad de las mujeres destruyendo su
ser más íntimo por medio de la agresión a sus cuerpos. Esta violencia, aunque incidiendo
en la dimensión sexual del cuerpo, nada tiene que ver con la práctica de la sexualidad entre
mujeres y hombres que, para ser tal, debe fundarse en el consentimiento mutuo. Pero
las huellas del daño causado por las agresiones sexuales sí tienen impactos significativos
en la relación entre los sexos en el marco del conflicto armado colombiano.
Un repudio a los hombres
En las voces de las mujeres entrevistadas se puede escuchar que, más allá de los impactos
que las vulneraciones de derechos humanos tuvieron en su vida sexual, algo se ha roto
en la relación entre mujeres y hombres a raíz de la violencia sufrida por las mujeres en el
contexto del conflicto armado. El miedo hacia los hombres que generan las actuaciones
abusivas y de agresión como victimarios, se manifiesta mezclado con la rabia de saber
que se ha recibido un daño injusto. Fruto de esas experiencias, algunas mujeres expresan
una ruptura de la confianza en general hacia los hombres, al percibirlos como seres
incapaces de actuar con bondad, sin hacer daño. Esta percepción negativa, que hallamos
290
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
en algunos de los testimonios, señala la apertura de un nuevo espacio de conflicto entre
los sexos.
Una de las consecuencias de los hechos de violencia es el miedo a reanudar la vida sexual,
el pánico a cualquier relación con un hombre que pueda implicar finalmente el inicio de
un contacto corporal. En esos casos, junto al pánico generalizado hacia los hombres, está
también la rabia ocupando todo el espacio de posible apertura hacia el otro sexo.
No, ahorita no sé, me da como miedo, me da como cosa… a veces me pongo a
pensar y digo no, yo no lo voy a hacer o no sé, quedo con ese pánico, como con
algo de miedo, no sé, algo así terrible. Siento esa rabia, o siento algo como que
no sé qué es. En pocas palabras, no sé, a mí me da muchísimo miedo. Jambaló,
Santander, 2009, P.366.
El miedo y la rabia hacia los perpetradores, que en este caso fueron hombres pertenecientes
al ejército, se dan de nuevo mezclados en el testimonio siguiente. Rabia por haber sido
una niña a quien dañaron la vida. Miedo por sentirse amenazada ante la posibilidad de la
repetición de los hechos. Es decir, a los ojos de la mujer entrevistada, cualquier militar se
convirtió en un agresor potencial.
Si yo veía un militar yo quería correr, matarme. Pero, miedo porque… yo los veía
y sentía como si me fueran a hacer algo. Ese fue… y lo otro pues, la depresión, los
intentos de suicidio, que no fue uno, fueron varios. Entonces… pues pensaba, yo
tan pequeñita, como si me hubieran dañado la vida. Yo le decía a mi mamá que
yo me quería era morir. No podía ver por ejemplo noticias donde mostraran gente
así, con uniformes, así militares y eso porque me ponía a llorar. Me encerraba,
me llegaba a golpear. Me acuerdo que a veces me bañaba como con asco. Pereira,
Risaralda, 2003, P.692.
Las experiencias de agresiones vividas por mujeres, especialmente las de violencia sexual,
pueden dar paso a rechazo y absoluta intolerancia al contacto físico con un hombre,
abriendo una brecha de desconfianza que adquiere un carácter general de rabia y de rechazo
hacia todos los hombres.
En este momento yo no soy capaz de convivir con una persona, me volví muy
desconfiada. Solo el hecho de pensar que un hombre me va tocar… no lo aguanto.
Tengo rabia de los hombres. Incluso de mi hijo. Tumaco, Nariño, 2002, P.199.
Así, hay mujeres que después de vivir una experiencia de violación u otro tipo de agresión
dan por finalizada, o se niegan a tener, cualquier relación con hombres que pueda involucrar
la propia intimidad.
Yo no volví a tener pareja, y decidí no tener contacto físico con hombres, y así
vivo. Bajo Atrato, Chocó, 1998, P.139.
291
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
O bien expresan la determinación de seguir con su vida y sus responsabilidades sin compartir
la vida ni desear ser acompañadas por hombres. El alejamiento de los varones es
una muestra del temor y la falta de confianza después de experimentar hechos traumáticos
que fueron perpetrados por otros hombres.
A causa de lo que me sucedió, siempre los hombres para mí eran lejanos, yo
siempre trataba de estar más con mujeres que con hombres, y creo que todavía.
Distrito Aguablanca, Cali, Valle del Cauca, 2003, P.158.
Al manifestar su condena de los comportamientos violentos de esos hombres hacia las
mujeres, algunas de ellas pasan cuentas generalizando la conducta de los varones como
asociada a carecer de atención hacia los otros, ignorando el valor de la relación entre las
personas.
Un repudio a los hombres. Inclusive aun con mi papá porque nunca me puso cuidado,
siempre la mala del paseo era yo. Caquetá, 2003, P.196..
El rechazo contra los perpetradores, en el contexto de la violencia contra las mujeres más
amplia, puede llevar a que los normales sentimientos de desconfianza y rabia frente a todo
lo que recuerde a los responsables, generalice el comportamiento abusivo de hombres que
utilizaron y abusaron de las mujeres como objetos.
Para mí más que todo a los hombres, es una desconfianza y una rabia, eso de que hayan
utilizado mi cuerpo como si yo fuera un objeto. Icononzo, Tolima, 1999, P.166.
La pérdida total de confianza en el otro sexo se expresa en el siguiente testimonio como
resultado de la constatación de su reiterada forma de actuar con crueldad hacia las mujeres.
La mujer entrevistada alude también a la operación de deshumanización de las mujeres
–“como un objeto para ellos”- que autoriza el ejercicio de la violencia contra ellas
por parte de los victimarios. Pero también señala la degradación de la humanidad de los
perpetradores que han perdido la capacidad de reconocer en la otra, mujer, un ser humano
y se han convertido en hombres “sin corazón”, “sin sentimientos”, “malvados”.
Tensión, mucha tensión, afectación en la vida sexual, si se puede decir que sí,
porque uno dice ya no creo en los hombres, son todos malos. Tantas cosas que se
le vienen a uno a la cabeza, que uno es prácticamente como un objeto para ellos,
entonces es raro el que de pronto se te acerca, queriendo ayudarte. Eso es algo,
porque son hombres malos, malvados, sin corazón, posiblemente sin sentimientos
dice uno. Una más, una menos, para ellos, es normal. Bogotá, D.C., 2008, P.193.
Los testimonios que se refieren a los impactos de las vulneraciones de derechos humanos
en la sexualidad de las mujeres hacen visible además una importante perturbación en las
relaciones íntimas entre mujeres y hombres. Las afectaciones derivadas de hechos violentos
incidieron directamente en los comportamientos y las prácticas sexuales de mujeres y
292
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
hombres creando distorsiones en las relaciones de pareja, dificultando el establecimiento
de nuevas relaciones y levantando a veces barreras insalvables entre ellos y ellas.
Algunas de las narraciones de mujeres indican que, en el contexto del conflicto armado
en Colombia, se ha abierto una brecha de conflicto entre los sexos. En repetidos casos se
escuchan en las voces de mujeres sentimientos negativos hacia los hombres –la rabia, el
miedo, el rechazo- ocasionados por la experiencia de haber sido víctimas de violencias dirigidas
contra ellas. La crueldad que los perpetradores muestran hacia las mujeres da pie
a que se configure una percepción general de los hombres como agresores potenciales capaces
de infligir un daño injusto. Esta percepción conduce a la desconfianza, a la pérdida
de fe en la bondad del otro sexo y, en buena lógica, también al alejamiento y a la desaparición
del deseo de relacionarse o compartir la vida con aquel. La condena expresada por
mujeres con respecto al hacer de los perpetradores que se funda en la deshumanización
de la otra, mujer, define tal vez el territorio de conflicto entre los sexos en el contexto de
los enfrentamientos armados en Colombia.
Este cuestionamiento de la relación con el otro sexo como un colectivo, es parte de las
consecuencias de muchas de estas formas de violencia contra las mujeres. El compromiso
de los hombres contra la violencia, las relaciones de apoyo y el proceso de recuperación
de las fracturas producidas por la violencia forman parte de las necesarias acciones para
restituir esta confianza. Globalmente las víctimas de violaciones de derechos humanos
sienten cuestionado su sentido de seguridad, que el mundo sea un lugar con sentido y
propósito y la propia estima y la confianza con los otros. En este caso, los otros son especialmente
los hombres. Estos impactos deben ser tenidos en cuenta tanto para las medidas
de reparación y reconocimiento, como para entender las respuestas de muchas mujeres
como reacciones normales frente a las experiencias atroces de la guerra.
V. Consecuencias en la maternidad
Yo con mi bebé pues también me pegué un susto, que es algo que a uno le duele
el corazón. La criatura se empieza a mover, también el bebé empezarse a mover,
tener ese susto uno empieza a sentir ya lo físico también. Santander de Quilichao,
Cauca, 2001, P.381.
La experiencia de la maternidad está presente en múltiples lugares de las entrevistas puesto
que éste es un hecho capital en las vidas de las mujeres madres, que se extiende a lo largo de
toda la vida. No obstante, en este apartado nos referirnos a la maternidad desde la perspectiva
de la gestación y la responsabilidad por los hijos e hijas, especialmente en referencia a
las decisiones tomadas en situaciones extremas. Con respecto a ello, los testimonios hablan
de pérdida y desposesión en el contexto del conflicto armado de Colombia.
Los impactos de la violencia en la maternidad que las mujeres relatan tienen diversas
naturalezas y significados. En unos casos, se trata de la maternidad impuesta por medio
293
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
de embarazos no deseados ni consentidos que son el resultado de una violación sexual. En
otros, la violencia parece tener como objetivo, o por lo menos tiene como consecuencia,
poner en peligro o malograr el hacer crecer otra vida en el propio cuerpo. Y aún en otros,
la afectación en la maternidad se significa como la irreparable pérdida de la relación única
que vincula a las mujeres madres con sus criaturas.
Las mujeres cuentan cómo las violaciones sexuales no sólo atentaron contra la integridad
de sus cuerpos, también las obligaron a enfrentar decisiones o situaciones relacionadas
con la maternidad que marcaron toda su vida. Hablaron en su mayoría acerca de sus
propias experiencias, pero algunas de ellas narraron agresiones sexuales con resultado de
preñez que acontecieron a mujeres menores de edad o a sus propias hijas, poniendo en
juego, en este último caso, su saber y su sufrimiento como madres al hacerlo.
Numerosas mujeres relatan cómo las vulneraciones de derechos humanos afectaron
negativamente su embarazo y cómo, en ocasiones, perdieron a sus criaturas. Pero las
pérdidas no sólo tuvieron lugar durante la gestación; la separación de las madres,
la muerte o la desaparición de hijas e hijos e incluso la desposesión por adopción,
fueron también impactos de los hechos violentos que marcaron la experiencia de
maternidad de las mujeres entrevistadas. Los testimonios muestran así mismo cómo
algunas mujeres tomaron la decisión de no tener más hijos en el contexto de conflicto
armado colombiano.
El amplio abanico de impactos en la maternidad vividos por las mujeres víctimas remite
a una experiencia colectiva de expropiación de la maternidad en el marco de la guerra, ya
sea por la brutal imposición de un embarazo por violación, porque se malogró una gestación
o por la pérdida de las criaturas nacidas. Pone de manifiesto el ataque deliberado
a la libertad de las mujeres que supone la violencia contra sus cuerpos y la maternidad
forzada, para marcarlos con el signo del control por parte de los actores armados en ese
contexto. En todos los casos se trata de acciones encaminadas a desposeer a las mujeres
de su deseo y su libertad de decidir entorno a la capacidad de ser madres.
Dejarnos el recuerdo del hijo
Se ha visto en un apartado anterior cómo el hecho de enfrentar el embarazo como consecuencia
de una violación es probablemente una de las experiencias más difíciles de manejar
por parte de una mujer. En este apartado se recogen testimonios de mujeres que en
su mayoría fueron madres de las criaturas engendradas en una violación. La potencialidad
de una gestación, que pasa necesariamente por el cuerpo femenino, es convertirse en maternidad
si la mujer lo decide. Las mujeres que se encontraron en esa situación debieron
resolver la delicada cuestión de acoger la maternidad de una criatura que es resultado de
un acto violento de dominación y desprecio hacia ellas y su cuerpo.
294
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Algunas mujeres ocultaron el origen del embarazo debido a una violación. Uno de los
motivos que les llevaron a la ocultación de los hechos fue, probablemente, el impacto
emocional que el conocimiento de la verdad podía suponer para el entramado de relaciones
de la mujer víctima de los mismos.
Con lo del niño, pues yo lloraba mucho, porque ellas eran inocentes de que yo
estaba en embarazo, entonces ella me decía mami, cuénteme, a usted qué le pasa,
usted por qué se lo pasa así, por qué llora tanto, dígame qué le pasó porque usted
no es así. Entonces lo que les dije es que había tenido un desliz por ahí, y que estaba
en embarazo, y que para mí era duro afrontar esto, y que yo no quería tenerlo,
y que esto y lo otro. Marquetalia, Caldas, 2001, P.129.
La ocultación de los hechos violentos que dieron lugar a un embarazo puede prolongarse
toda la vida. Junto a razones relacionadas con la estigmatización y los prejuicios
sociales o familiares, uno de los motivos para tomar esta opción pudo ser evitar a la
criatura la marca que supondría saber que el origen de la propia vida se debía a una
violación.
Sentía el impacto en todo mi cuerpo porque, de hecho, y espero que esto sea muy
confidencial, tengo un hijo de esa violación, entonces nadie lo sabe. Bogotá, D.C.,
P.000.
La mayoría de casos recogidos en las entrevistas refieren agresiones sufridas por mujeres
menores de edad. Fueron pues mujeres adolescentes, incluso niñas, las que debieron
enfrentar el hecho del embarazo como resultado de una violación. El dilema sobre qué
decisión tomar con respecto al embarazo no deseado de una mujer joven debió involucrar
necesariamente a las personas cercanas que la tenían a su cargo. La intervención de los
familiares a la hora de enfrentar la situación dio lugar a opciones muy diferentes. En el
caso siguiente, la voluntad de la madre parece haber sido determinante para la continuidad
de la gestación de la mujer menor, asumiendo ella misma parte de la responsabilidad
y el cuidado de la criatura.
A ella le cayeron un día a la casa, pero no estaba, estaba en el hospitalito llevando
un nietecito. A una de las hijas la violaron dizque unos hombres, pero no supimos
quién… a ella como que la cogieron unos hombres y la violaron, tenía apenas
12 años y debido a eso ella quedó embarazada y tuvo un bebé. Y el bebé pues la
mamá lo tuvo. Caño Bonito, Antioquia, 2000, P.732.
Por contraste, en el testimonio que se cita a continuación, la decisión de las personas cercanas
llevó a la opción de abortar la criatura fruto de una violación. La mujer entrevistada
narra este hecho como una experiencia de enajenación del propio cuerpo y las decisiones
sobre el mismo.
295
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
La verdad es que quedé embarazada y los médicos con mi papá ya aquí no sé qué
es lo que hicieron, pero yo aquí en Cartagena me enteré que me habían hecho
abortar, porque no puedo recordar. Blas de Lezo, Antioquia, 1995, P.211.
Para una mujer menor de edad enfrentar la maternidad fruto de una violación tuvo que implicar,
además de superar el trauma de la agresión y enfrentar la decisión de interrumpir
o llevar a término la gestación, el abandono de la adolescencia para asumir una responsabilidad
no buscada. Un cambio de vida para el que no estaba preparada. Sin embargo, la
mujer entrevistada explica cómo, gracias al apoyo de otra mujer, pudo finalmente elaborar
y significar positivamente la relación con la criatura.
Me agarraron, me violaron…”Jorge” me entregó a los hombres de él como un
trofeo… mmm… me violaron, de esa violación quedé embarazada… dejé de ser
esa niña estudiosa como para pasar a una responsabilidad que nunca esperé. De
ahí supo mi mamá que yo estaba embarazada, me vine a trabajar acá en Bucaramanga
donde la profesora, que yo digo que esa fue la persona que me llenó de…
como que de apoyo, de…valor… y ahorita mi hija es una bendición, es un tesoro.
Vereda Peralonso, Meta, 1998, P.774.
Las mujeres menores de edad que sufrieron una violación debieron enfrentar también los
prejuicios de género que las marcaron con la deshonra y les impidieron ser adecuadamente
atendidas. Para la mujer que dio testimonio, las consecuencias de aquel hecho no sólo
fueron el señalamiento social. También el desconocimiento y la falta de control sobre las
intervenciones en el propio cuerpo pudieron acarrear daños relacionados con la salud reproductiva
y la fertilidad, dejando como secuela la imposibilidad de acceder a la maternidad.
La mujer tiene que ser virgen hasta que se case... Entonces, yo era como la mancha
de la familia, o sea, a mí me pasó eso… y lo otro, que yo nunca me di cuenta
de qué fue realmente lo que me pasó, nunca se supo qué fue lo que me dieron, con
lo que… y lo otro, fue que yo quedé con un problema, no se sabe bien porque la
verdad no me he hecho estudios profundos, pero por ejemplo ahorita, con mi compañero,
estábamos intentando tener hijos y no, al parecer no… Pereira, Risaralda,
2003, P.692.
El comportamiento de los actores armados, en particular los paramilitares, con respecto a
las mujeres jóvenes fue la mayoría de las veces el de disponer sin límites de sus cuerpos.
Las familias, conocedoras de las agresiones sufridas por otras mujeres jóvenes, recurrieron
a veces al desplazamiento de las hijas como forma de protegerlas del peligro de ser
objeto de la conducta abusiva de aquellos.
Tengo una prima, que a ella pues la… la violaron, ella tiene una niña. Entonces
a nosotros nos mandaron para acá, no porque nos amenazaran sino por la edad,
porque les daba miedo que nosotras le gustáramos a un tipo de esos. Pereira,
Risaralda, 2003, P.692.
296
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
Los perpetradores actuaron mayoritariamente por medio de la violencia directa, pero también
hicieron uso de la amenaza, e incluso la seducción, para conseguir la sumisión y el
control de mujeres jóvenes que acabaron teniendo hijos de esa relación de dominación y
abuso sexual.
Tuvo una niña del compañero del paramilitar Morado, pero eso fue porque la
cogió a la fuerza si no, no, porque ella no. Pero él la amenazó y por el miedo no
puede decir nada esa niña porque ya lo mataron. Medellín, Antioquia. 1993. P.48.
En una situación de convivencia forzada con un victimario, la mujer que dio testimonio
supo que estaba embarazada cuando fue atendida por peligro de aborto en el cuarto mes
del mismo. Al narrar esta experiencia de desposesión del propio cuerpo y la propia vida,
ella transmite la confusión que experimentó al conocer que esperaba un hijo del perpetrador
con quien convivía y preguntarse cómo podría ejercer la maternidad de un bebé
engendrado en una situación de confinamiento forzado y esclavitud sexual.
“Usted está entre tres y cuatro meses de embarazo, pero a mí me toca hacerle unos
exámenes” y yo “yo no estoy embarazada”, me hizo los exámenes y me remitieron
para el hospital. Allá me atendió un viejito y me aplicó una inyección para que no
se me viniera el bebé… yo no paraba de llorar y pensaba yo qué iba hacer con un
bebé y con un hijo de… Apía, Risaralda, 2002, P.687.
La maternidad forzada se dio también en relaciones de pareja. Algunas mujeres sufrieron
la experiencia continuada de agresiones y violaciones, a veces durante años, dentro del
espacio de convivencia. En estos casos se dieron numerosos embarazos no deseados.
Yo he sufrido muchos casos de violencias, desde antes del desplazamiento como
después de él. Mi ex compañero me mantenía prisionera en la casa que nunca
podía abrir y me hacía pasar mucha vergüenza en público, porque en el pueblo
todos sabían de las paleras que me daba... Yo viví con él 12 años, pero bien los
primeros 2 años, después fueron 10 años de tortura. Los dos últimos embarazos
no fueron deseados porque las relaciones no eran a gusto Corregimiento San José
del Peñón, Bolívar, 2002, P.213.
A los testimonios que las mujeres entrevistadas dieron en primera persona, se suman
aquellos que se refieren a violaciones sufridas por otras mujeres cercanas a ellas. Se trata
de mujeres adultas que refieren casos de agresiones a mujeres menores. Algunas de ellas
son madres de las víctimas de violación o abusos por parte de actores armados. En estos
casos se redobla el impacto de las vulneraciones de derechos humanos, pues la experiencia
de agresión sexual y de maternidad forzada de las mujeres jóvenes se ve acompañada,
por la experiencia de sufrimiento de las madres que debieron enfrentar el hecho de que
sus hijas fueran víctimas de violación por los perpetradores.
297
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
Una de las estrategias de los paramilitares fue la seducción de mujeres jóvenes como
forma de mostrar su dominio o como castigo para la familia. Este es el caso que narra el
siguiente testimonio de una madre que no pudo evitar la seducción y el embarazo de su
hija por parte de un victimario. La mujer entrevistada habla de su sufrimiento al presenciar
este proceso con impotencia.
Todo lo tenemos para perder nosotras, ellos no tiene nada que perder. No la molesté
mucho porque más la hace tragar [enamorarse] de él. En fin oiga, van y
cogen a este tipo pues por eso me imagino yo que él no me mató. En fin y empieza
esta peladita a caminarle a la cárcel y a madrugar y a caminarle a la cárcel y yo
lloraba lágrimas de sangre y yo decía Dios santo, cuando un día me va diciendo
mami estoy embarazada, ella me da esa noticia. Barrio Manrique, Medellín, Antioquia,
1995, P.47.
No obstante, a la vez que vivía como insuperable la realidad de que la criatura fuera hija
de un padre al que ni siquiera podía nombrar debido al dolor y la rabia, la misma mujer
hizo consciente el dilema moral de sentir rechazo por “el niño que no tiene la culpa”.
Finalmente, y tal vez debido a la inmadurez del cuerpo de la mujer joven, hubo que practicar
un aborto que significó una liberación para la mujer entrevistada.
Mi nietecito que hubiera tenido de papá a ese tipo, el Orejas. Fueron tanto las
súplicas y como mi hija no se había desarrollado bien, el feto nació fuera de la
placenta. Mire que fue un milagro porque yo decía que no iba a ser capaz, y yo no
soy de las personas que sé disimular si yo tengo rabia, en ese momento usted se
da cuenta que estoy enojada. Y decía, yo soy capaz de mirar mi niño que no tiene
ninguna culpa, porque soy muy consciente de eso y no ser capaz de decir quién es
el papá o de pronto la reacción maluca con el niño que no tiene la culpa. Barrio
Manrique, Medellín, Antioquia, 1995, P.47.
Otras mujeres tuvieron que afrontar la violación de sus hijas menores por parte de actores
armados o de desconocidos, con riesgo de muerte en algunas ocasiones, y debieron asumir
el hecho de tener una nieta o un nieto fruto de aquella violación. Las madres y abuelas
de mujeres violadas debieron hacer, al igual que las mujeres afectadas, un ejercicio de
separación entre la realidad traumática vivida y la existencia de una criatura sin culpa a la
que hubo que aprender a querer.
Mi hija tenía 16 en ese entonces… y pues… cuando ella me dice que al otro día,
ella se siente sin ropa, y en una finca, y habían un poco de uniformes colgados,
ellas dicen que ellas no saben cómo se escaparon de ahí, no saben cómo se escaparon
con la otra muchacha, a la otra peladita sí la mataron. Ella desde ahí me
dijo mamá, a mí me da miedo, yo ya tengo mi hija, y yo quiero mucho mi niña,
porque pues, a pesar de todo lo que nos ha pasado, es mi niña, y tiene ya… va a
cumplir años ahora. Gabarra, Norte de Santander, 2001, P.896.
298
La Verdad de las Mujeres. Víctimas del conflicto armado en Colombia
El proceso de afrontamiento de la experiencia de agresión sexual a una hija y el recuerdo
permanente de la misma que supuso tener un nieto del perpetrador requirió sin duda una
gran capacidad de sobreponerse, como madre, para poder dar además apoyo a la propia
hija en el camino de la recuperación.
Fue uno de esos actores armados. Ahí yo tengo el recuerdo, el nieto, ahí lo tengo.
Pues yo, a mi hija, le tuve que dar bastante terapia, como madre. Juradó, Chocó,
1998, P.884.
En este mismo testimonio se expone una reflexión sobre la paradoja que viven las mujeres
colombianas de haber sido reconocidas como ciudadanas, es decir como sujetas de derechos,
y no haber sido reconocidas como mujeres, es decir como diferentes.
Y la manera, de una cosa que debe de quedar bien clara, nosotras las mujeres hoy
en día, la manera de violentarnos, desde que nosotras somos ciudadanas como
mujeres, es que siempre a nosotras no nos han reconocido como mujeres, ni el
papel de la mujer que nosotras somos. Siempre nos han mirado no más, como las
que tenemos que ser, la vagina no más. Y fuera de eso, la manera del machismo
que ellos tienen contra nosotras, y también la manera también de humillarnos, de
cómo jodernos la vida es dejarnos el recuerdo del hijo del paraco. Es dejarnos el
recuerdo que la hija quedó embarazada, que la otra fue de este y así sucesivamente.
Juradó, Chocó, 1998, P.884.
La igualación formal en derechos, como señala la mujer entrevistada, no es equivalente a
su ejercicio, ni al respeto a la libertad de las mujeres de disponer de su cuerpo en un contexto
de violencia. La violación y el embarazo forzoso son la manifestación del ejercicio
violento de control del cuerpo femenino y una forma de expropiación de la maternidad
por parte de los victimarios. El recuerdo permanente de la humillación femenina que
supone un embarazo por violación es el arma que utilizan para negar el valor humano y
la libertad de las mujeres, acentuando la fractura que el conflicto armado ha abierto entre
las mujeres víctimas y los hombres perpetradores de violencia. Por otra parte, estos hijos
deberían ser reconocidos también como víctimas de la violencia.
Tenía mi embarazo
Numerosas voces de mujeres entrevistadas aluden a su estado de gestación en el momento
en que vivieron experiencias traumáticas de vulneración de derechos humanos
que afectaron su maternidad. En muchos de los casos se trata del asesinato del marido
o compañero a manos de actores armados.
Volví y quedé embarazada del niño que tengo ahora del difunto marido. Había
quedado embarazada del niño, cuando lo asesinaron a él. Los responsables fueron
alias Sino, Colacho, Marino y Pipeta; pertenecían al grupo los Centauros de las
AUC. Alto Baudó, Chocó, 2001 y Bogotá ,D.C., 2006, P.483.
299
Capítulo 3. Consecuencias e impactos específicos en las mujeres
La muerte del marido o compañero durante el embarazo desencadena un proceso complejo
y contradictorio en el que se experimenta a la vez el quebranto, la desdicha, y el hecho
rotundo de crecimiento de una nueva criatura cuya existencia, sin embargo, no tiene ya el
mismo sentido después de la pérdida del esposo. Las voces de mujeres hablan de desesperación,
de falta de deseos, del cambio en la propia vida, de la dificultad de superar la situación.
Pues cuando recién me di cuenta de la muerte de él, que en medio de la desesperación
de pronto corrí y me tocaba que pasar un puente en la cual me caí y estaba
ya con los 8 meses de embarazo. Me fracturé un pie, me lastimé la cadera, me ha
quedado también un dolor en la cintura a causa de ese día, de mi desesperación.
Había quedado afectada, tenía mi embarazo y todo, para mí fue muy duro. Buenos
Aires, Cauca, 2001, P.377.
Afrontar esa maternidad que quedará asociada a una muerte no sólo implica afrontar impactos
emocionales graves y persistentes. También otras dificultades derivadas del cambio
radical de vida que supuso la nueva situación de viudedad y orfandad, por ejemplo el
empobrecimiento o el cambio de roles familiares, fueron obstáculos que cambiaron a peor
las vidas de las mujeres afectadas.
Llevarlo a ese grado de maltratarlo, de dejarlo en él, y yo creo que se lo hicieron
vivo, o sea… cada vez que cuento esto… (llanto) Cada vez, que uno cuenta esta
historia, se hace muy difícil, porque, yo digo esa gente no pensó que había un bebé
de él, que estaba yo, o que diga esta vieja pues que se consiga otro marido, y listo,
ya. Santa Maria de Dagua, Valle del Cauca, 2002, P.864.
En otros casos, la gestación se vivía como un proyecto de futuro, una ilusión compartida
y cargada de sueños, que los hechos de violencia vinieron a truncar con la muerte de la
pareja. El modo de contar las expectativas que el embarazo abría para la pareja es una
forma de expresar la pérdida de una vida que no se pudo vivir.
Iba a cumplir dos meses de embarazo. Teníamos proyectos, ya en esos días nos
desocupaban una casa, y él me decía, ya vamos a la lucha, ya vamos a ganar más.
Y ya no tengo que irme para la montaña, voy a estar ahí. O sea, y pensar yo en los
sueños que él tenía. Santa Maria de Dagua, Valle del Cauca, 2002, P.864.
La pérdida del esposo estando en embarazo supuso para muchas mujeres una experiencia
de dolor que afectó profundamente sus vidas, no sólo desde el punto de vista emocional de
la pérdida, también por el cambio de perspectiva para afrontar la nueva maternidad. Sin la
figura de un padre y un marido se produjeron sin duda cambios en la situación económica y
en la organización del núcleo familiar que conllevaron una sobrecarga afectiva y social, de
múltiples responsabilidades para las mujeres que quedaron como cabezas de familia.
Otras situaciones, como el desplazamiento forzoso, tuvieron también secuelas importantes
en las vidas de las mujeres y en su experiencia de la maternidad en esas circunstancias.
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